Habanos, mapa de un imperio en decadencia

18 de septiembre de 2026 a las 06:40 a. m.

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Foto: AP Foto/Ramón Espinosa

Foto: AP Foto/Ramón Espinosa

Cuando murió Heinrich Villiger, el 25 de julio de 2026, en Cuba se publicó una sentida «nota de dolor». El gran señor del puro en Suiza —como lo llamaba la prensa europea— había fallecido a los 95 años, dejando atrás un imperio tabacalero que controlaba desde 1989. Alérgico a la tecnología, gestionaba su empresa con su máquina de escribir. «Lo más importante en la vida es saber usar una máquina de escribir», le advirtió su padre cuando era niño. Sus viajes juveniles lo hicieron recalar en Cuba y allí se hizo amigo de Fidel Castro. 

Villiger le cayó en gracia al caudillo. Fue nombrado distribuidor exclusivo del tabaco cubano en Alemania, Austria y Polonia. Fidel también salía ganando. El joven Villiger no solo tenía detrás un negocio multimillonario, sino una gran influencia política en Europa: su hermano Kaspar llegó a ser presidente de Suiza en dos ocasiones. El idilio entre Villiger y La Habana duró casi cuatro décadas, y el gran señor del puro no viviría para ver su derrumbe. 

En septiembre de 2026, 5th Avenue Products —la empresa de Villiger que distribuía los puros— envió un correo electrónico a sus clientes. «No podemos aceptar nuevos pedidos ni realizar envíos de mercancías hasta nuevo aviso», decía la carta. Alegaban «una revisión en curso sobre cumplimiento normativo y sanciones que afectan a uno de nuestros accionistas». 

Aunque 5th Avenue Products no identificaba al accionista en cuestión, bastaba conocer un poco el mundo del puro para saber que se trataba del capo del ciberfraude chino Chen Zhi, dueño del 28.55 % de las acciones del monopolio Habanos S. A., según la revista especializada Halfwheel

Halfwheel, que divulgó el mensaje de la empresa, recordó que al ser dueño de acciones en Habanos, Zhi tenía también acciones en 5th Avenue Products, su distribuidor. Por esta y otras dificultades financieras, la empresa ha solicitado al Gobierno alemán que la declare insolvente

En enero de 2026, Zhi fue extraditado desde Camboya a China por todo un repertorio de delitos, entre ellos fraude digital, lavado de dinero, tortura y secuestros. La pena que pide para él la Fiscalía de Pekín oscila entre los diez años de prisión —en el mejor de los casos— y la condena a muerte. 

El proceso de Zhi está provocando que el negocio de los puros cubanos se tambalee en todo el mundo, y especialmente en la Unión Europea. Otra revista del sector, la francesa L’Amateur de Cigare, reveló el 12 de septiembre de 2026 que las cuentas bancarias de Tabacalera SLU, con sede en Madrid y en La Habana —y dueño del 50 % de Habanos—, han sido congeladas por el Estado español. 

De acuerdo con fuentes de la empresa entrevistadas por L’Amateur, cada pago que Tabacalera realice a partir de ahora debe ser supervisado por Hacienda y el Tesoro españoles, debido a las sanciones europeas contra Zhi. La situación se conoce ahora, pero se informó a los empleados —cuyos pagos se retrasan por culpa de las inspecciones— en agosto. Otras entidades que hacían negocios con Tabacalera, como el banco ING España, han cesado toda colaboración con ella. 

Según su web, Tabacalera es dueña de la mitad de Habanos desde 2020, cuando se puso en manos de «un grupo de inversores internacionales», eufemismo para caracterizar a varias empresas fantasma dirigidas por magnates asiáticos, entre ellos Chen Zhi.  

Las dificultades de 5th Avenue Products y Tabacalera para comerciar puros cubanos en Europa son la punta del iceberg de lo que podría esperarle a La Habana en los próximos meses. Si los Gobiernos europeos cumplen —y están obligados a hacerlo— con las sanciones dictadas por el Consejo Europeo el 30 de julio de 2026 contra Zhi y otras seis personas «responsables de serias violaciones de derechos humanos», el negocio del puro cubano tiene —como Zhi— sus días contados. 

EL IMPERIO EN NÚMEROS

Chen Zhi estuvo en Cuba en 2022, durante la visita oficial del primer ministro de Camboya. Las cámaras de Televisión Cubana captaron el momento en que le daba la mano a Miguel Díaz-Canel. A la hora de enumerar a los miembros de la delegación camboyana, los periodistas omitieron su nombre. En su formidable reportaje sobre la caída del capo chino, Financial Times asegura que sus empresas están ahora en liquidación y que buscan «compradores potenciales». 

No sabemos quién será el nuevo dueño de la mitad extranjera de Habanos, ahora que Zhi está en la cárcel. Lo que sí podemos saber, de forma increíblemente exacta y gracias al sitio web de Habanos, es la magnitud geográfica del imperio tabacalero. 

Habanos divide su gestión en cuatro regiones: África y Oriente Medio, las Américas y el Caribe, Asia y el Pacífico, y Europa. Cada una de ellas cuenta con un puñado de distribuidores oficiales, que controlan las ventas gracias a su amistad con los Castro —como hicieron los Villiger o los Freeman, dueños de la casa británica Hunters & Frankau— y que suelen visitar la isla con frecuencia. 

De los 37 distribuidores, cabe destacar, además de a Hunters & Frankau, a Maori Tabacs, en Andorra; Phoenicia Trading en el Medio Oriente —dirigida por Mohamed Zeidan, el hombre que pagó a los abogados en el caso de Elián González—; Importadora y Exportadora de Puros y Tabacos, en México; y Tabacalera, cuya sede en Madrid está en la misma calle que la Embajada de Cuba, el Paseo de La Habana. 

Cada uno de estos distribuidores funciona, de hecho, como embajada cubana extraoficial. La dirección suele ser bicéfala: por cada directivo del país de origen hay uno cubano. En París, por ejemplo, hay dos gerentes, uno por Cuba (Damarys Maldonado) y otro por Francia (Antoine Bathie). El mismo patrón se repite en Rusia (Mikhail Smirnov y Onil Rodríguez), en Suiza (Tony Hoevenaars y Dayli Torres) o Chipre (Mohamed Zeidan y Eridania Guzmán). 

Las directrices políticas del Partido Comunista o la ideología de la Revolución poco importan a la hora de hacer negocios. Habanos vende sus puros en países «enemigos» —o enemigos de sus amigos— como Ucrania o Israel. Las distribuidoras encargadas de llevar tabaco a estas dos naciones están en Chipre. Una la administra Zeidan y la otra, Barone Tobacco, la dirige un tal Moshe Devidas. Gracias a ellos hay —o solía haber: ya no están en el mapa— varias Casas del Habano en Kiev; y nada menos que 42 establecimientos que venden tabaco cubano en Israel. 

Se puede comprar un Cohiba en la capitalista Seúl, pero no hay ningún estanco que venda puros cubanos en la comunista Pyongyang. En Dubái hay 34 tiendas de tabaco cubano y en Abu Dabi, 13, muy cerca del estrecho de Ormuz. Hay una Casa del Habano en Irak, pero curiosamente no figura ninguna en Irán. 

Un americano solo tiene que manejar unos pocos kilómetros más allá de la frontera, hasta Tijuana, para encontrar una caja de Cuban cigars. Si vive en el norte, basta con ir a Vancouver, Calgary o Winnipeg. Si por casualidad usted vive en Detroit, Michigan, tiene la vida todavía más fácil: solo debe cruzar el puente Ambassador hasta Windsor, pequeña ciudad canadiense donde hay —estratégicamente— una Casa del Habano y un Havana Palace. 

Habanos tiene varios tipos de establecimientos en cada país. Están las célebres Casas del Habano, unas 180 en todo el mundo —generalmente en capitales—, con humidores y salones de fumador de lujo; Habanos Specialist, que no es una tienda de Habanos sino una etiqueta que se le ha concedido a unos 1 000 locales con permiso para vender puros cubanos especializados; Punto Habanos, unos 1 700, venden tabaco cubano con menos rigor que la categoría anterior; y por último estancos de mediana o pequeña calidad, que reciben puros y puritos hechos a máquina. Son unas 100 en todo el mundo. 

Una última categoría, Cohiba Atmosphere, está dedicada al consumo exclusivo de esta marca en ciudades tan caras como Macao, Pekín, Shanghái o Cancún. Tienen incluso un vino especial —del mismo nombre— para maridar con esa clase de puros, producido en la región española de La Rioja y vendido por 42 euros la botella. 

Según la web de Habanos, y atendiendo a estas cinco categorías y regiones, se pueden comprar tabacos cubanos en miles de establecimientos. En África y Oriente Medio hay 1 609 locales; en Asia y el Pacífico, unos 410; en las Américas y el Caribe —excluyendo a Estados Unidos, donde la venta de puro cubano está prohibida— hay 518; y en Europa, unos 1 900 lugares. 

La suma es apabullante. Cuba puede vender su tabaco en 4 437 establecimientos del mundo entero. 

HIERBA, ELECTRÓNICA Y ACOSO DIPLOMÁTICO 

Nadie que revise la web de Habanos S.A. diría que el monopolio tabacalero del régimen está en alerta roja. Tan optimista como el Noticiero Estelar o el periódico Granma, el departamento de prensa de Habanos informa a sus clientes no de la debacle de Zhi sino de la apertura de una nueva casa de puros en Suiza. 

En agosto, cuando se anunció la suspensión del Festival del Habano —una medida grave e inevitable, dada la situación en la isla—, invitaron a mirar «más allá» del fracaso, concretamente a Londres, donde el 7 de octubre se celebrarán los 60 años de Cohiba con todo el lujo que exige la marca inventada por Fidel Castro. 

En la cita londinense habrá, sin embargo, muy poco que festejar. Como si los problemas con Zhi no fueran suficientes, el Gobierno británico ha declarado la guerra al tabaco, y no por razones financieras sino sanitarias. Según el diario The Telegraph, el primer ministro Andy Burnham está en plena batalla diplomática con Cuba por la intención de su gobierno de acabar con el consumo de tabaco en el país. 

Desde 2024, asegura el periódico, los embajadores de Cuba, Honduras y República Dominicana —competidores fuertes de La Habana, junto a Nicaragua— han escrito al Gobierno británico preocupados por los planes para reducir y, a la larga, extinguir el comercio tabacalero. El argumento de los diplomáticos es que estos intentos suponen un peligro para la libertad comercial de sus países, e insisten en que no se rebajen los puros a la categoría de los cigarrillos. Cuba pasó por un proceso judicial similar contra el gobierno de Australia en 2025, y lo perdió. 

Una de las cartas, firmada por los tres jefes diplomáticos (la firma cubana era la de la embajadora Ismara Vargas Walter), decía que el tabaco no era solo fuente de «estabilidad económica, sino también un elemento vital de nuestro patrimonio cultural, de la misma manera que el whisky escocés, la ginebra inglesa o la sidra galesa tradicional lo son para el Reino Unido». 

La oficina del primer ministro dejó de responder desde febrero a estos llamados de atención, aunque es probable que la fiesta del Cohiba el 7 de octubre —organizada en el palacio de Kensington por Hunters & Frankau— eche más leña al fuego. 

Las entradas, ya a la venta, cuestan 841 euros. Nada mal, si se considera que cada invitado recibirá tres tabacos Cohiba Talismán, la nueva joya de Habanos, del que solo se producirán 6 500 cajas. También habrá «champán fino, canapés exquisitos y cócteles especialmente elaborados, todo ello acompañado por los evocadores sonidos de la música cubana». 

Habanos ya no halla qué hacer. El 6 de agosto de 2026 se lanzó el Manifiesto del Habanosommelier del siglo XXI, un libro digital con inteligencia artificial que se presenta como «bitácora sensorial» para fumadores. Su autor, Roberto Álvarez, asegura que acaba de inventar la «gastrofísica del humo», un nuevo concepto para los interesados en «las propiedades organolépticas del tabaco, factores relacionados con el entorno, la percepción sensorial, la neurociencia cognitiva y la actividad cerebral». 

Pero la metafísica tabacalera se enfrenta a la economía y a la geopolítica, que no son entelequias para pescar a los turistas sino fuerzas implacables. La última vez que Habanos aportó a sus clientes un número sobre sus negocios fue en 2025: 827 millones de dólares, facturados el año anterior. 

Las cifras correspondientes a 2025 son desconocidas, puesto que solían revelarse en el Festival del Habano y la edición de este año fue suspendida. Lo que sí se conoce son las ganancias de la competencia. 

El sector tabacalero de República Dominicana facturó, en 2025, 1 359 millones de dólares, un 1.4 % más que en 2024, cuando la cifra fue de 1 340 millones. Honduras, más modesta, generó más de 300 millones en exportaciones. Mientras que Nicaragua —sometida a la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo— logró rebasar los 400 millones. 

Los tres países pueden acceder a un público vedado al régimen cubano, el de Estados Unidos. El sandinismo, más pragmático en lo económico que el castrismo, le aporta al país norteamericano nada menos que el 60.1 % del tabaco que consume. 

Esos números, la caída de Chen Zhi, Donald Trump, los apagones, la falta de insumos, las tramas judiciales y económicas, la corrupción e inestabilidad del régimen cubano: hay demasiadas variables en la ecuación empresarial de Habanos. Para salvarse, el monopolio tiene pocas armas. El Manifiesto del Habanosommelier las enumera: la «gastrofísica del humo», la «biotecnología del gusto», la «antropología de los ritos ancestrales». Con semejante arsenal, ¿quién podría tenerle miedo a unas cuantas sanciones? 

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