Cubanos deportados en Villahermosa. Apátridas invisibles en tierra de nadie

12 de mayo de 2026 a las 12:00 p. m.

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Cubanos deportados desde Estados Unidos a la capital de Tabasco. Foto: Josuel M. Leal.

Cubanos deportados desde Estados Unidos a la capital de Tabasco. Foto: Josuel M. Leal.

El calor húmedo fue lo primero que sintió Erick cuando bajó del autobús en el que recorrió más de 3 370 kilómetros desde el punto fronterizo más extremo del noroeste mexicano en Tijuana, Baja California, hasta Villahermosa. La humedad del trópico del sureste lo golpea de inmediato. Le cuesta trabajo respirar el aire caliente y pesado que envuelve, aún en la madrugada, a la capital del estado Tabasco, donde nada conoce y oficiales de Migración le dijeron que allí era el destino final del recorrido que duró más de 40 horas ininterrumpidas de viaje por carreteras. 

Erick comienza a explorar, junto a otros 20 migrantes que también fueron deportados desde Estados Unidos, las calles del centro de la ciudad. La mayoría de sus acompañantes son cubanos. Ninguno conoce este lado del mundo. El clima húmedo y cálido de Villahermosa se asemeja bastante al de Cuba y al del sur de Florida. La ciudad tabasqueña está rodeada de vastos humedales y espejos de agua, donde abundan cocodrilos y otras especies depredadoras. También, una densa vegetación selvática amuralla la metrópoli, ubicada a 50 kilómetros de la línea costera del punto más sureño del golfo de México, donde empieza a unirse con la península de Yucatán.

Tras horas de exploración para rentar la habitación más aceptable para su bolsillo, Erick encuentra un lugar que puede compartir con otros tres paisanos, mientras llega alguna ayuda de la familia que quedó en Estados Unidos: una esposa y tres hijas. Al igual que sus compañeros de viaje, viste un conjunto gris claro de pants con el que los uniformaron al salir rumbo a México. También calza unas chanclas tipo Crocs de color naranja y en una de sus manos lleva un costalito rojo donde le devolvieron sus pocas pertenencias: 100 USD, un reloj, el teléfono celular y medicamentos para controlar la hipertensión arterial que padece a sus 52 años. 

No tiene pasaporte. Tampoco otro documento de identidad. Nada lo identifica oficialmente como cubano, solo la memoria de haber nacido en Matanzas y haber emigrado a Estados Unidos cuando tenía 20 años. Una pequeña etiqueta en las medicinas refiere su nombre y lugar de nacimiento, un país que también le negó la repatriación durante más de dos décadas, y al que ahora ni le interesa volver. Suramérica quizá sea su próximo destino, dice, aunque aún no ve con claridad el futuro después de ser un migrante invisible y deportado, sin patria que lo acoja. Ahora ya es mediodía en Villahermosa. Erick intenta descansar del largo viaje, luego de que pasara ocho meses bajo detención del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) en California, donde siempre se negó a que lo deportaran hacia territorio mexicano. 

«Hay que buscar trabajo», analiza como segunda medida de sobrevivencia, después de encontrar un primer refugio con el dinero que pudo conservar durante los últimos meses de encierro. Aunque sirvió como marine en Estados Unidos, antes de cumplir una condena federal de nueve años por entrenar a pandilleros, prefiere cocinar o limpiar. La ayuda familiar puede que llegue pronto para buscar una mejor renta y comprar ropa, valora en otra de sus meditaciones. En comparación con otros deportados, él dice que «ha navegado con suerte». La mayoría sigue en la calle a la espera de un «milagro».

Las flores de los macuilis alfombran el piso de los parques y calles durante el mes de abril. Foto: Katia Monteagudo.

En la medida en que avanza el día, el calor es cada vez más insoportable. En Villahermosa, la sensación térmica puede sobrepasar los 50 °C durante la primavera y el verano, alerta una nota de un medio local. Es mediados de abril de 2026, el único mes del año en el que florecen los macuilís y se alfombran de rosa las avenidas y parques de la ciudad, pero Erick no tiene tiempo ni cabeza para admirar la flora local. Se siente perdido en medio de una urbe caliente con casi 1 millón de habitantes y una rara mezcla de arquitectura tradicional y contemporánea.  

Al igual que otras zonas del sureste mexicano —en las que se incluyen los estados Tabasco, Yucatán, Campeche, Quintana Roo y Chiapas—, en el centro de Villahermosa hay lugares donde sobresalen las construcciones típicas de la fusión prehispánica y colonial española que se adaptaron al clima tropical regional: edificaciones de piedra caliza, fachadas coloridas, techos altos, grandes ventanales y patios centrales para mitigar las altas temperaturas ambientales. 

Pero otros barrios de la ciudad exhiben aires mucho más modernos, sobre todo, desde el boom petrolero de los años setenta y ochenta del pasado siglo, décadas en las que se incentivó la construcción de edificios privados y públicos muy semejantes a los mejores centros de negocios del país. El impulso petrolero se volvió avivar en 2019 —y hasta la fecha— gracias al favor del Gobierno federal. En Tabasco se extrae actualmente casi el 60 % del crudo nacional mexicano, cerca de medio millón de barriles diarios de combustible. Incluso, pese al alto costo ambiental, han estado reactivando nuevos campos de hidrocarburos y en 2024 comenzó a funcionar la nueva refinería Olmeca, ubicada en la terminal marítima Dos Bocas, en el municipio Paraíso.

Cubanos en los alrededores del hospital Juan Graham Casasús, donde muchos duermen sobre cartones. Foto: Josuel M. Leal.

Quizá por esa extraña fusión arquitectónica bajo los influjos petroleros, en medio de la selva y cerca de los cruces de ríos como el Grijalva, Usumacinta y varias lagunas, la capital de Tabasco se vende ante los ojos del mundo como la «Esmeralda del Sureste», una belleza inusual del estado que se considera el principal bastión político del expresidente Andrés Manuel López Obrador, tabasqueño de nacimiento y fundador del actual partido gobernante (Morena) de México; aunque datos —al cierre de abril de 2026— de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) refieren que allí la percepción de inseguridad se mantiene en niveles críticos. El 83.8 % de los entrevistados en Villahermosa consideraron que vivir allí es inseguro. Tal porcentaje es cercano al de Culiacán, Sinaloa, considerada la ciudad más violenta del país, con un 90.8 %.

No obstante, en el «paraíso» tropical mexicano tampoco parece importar ahora esas estadísticas ni la presencia de decenas de cubanos, entre otros migrantes latinos, que allí «discretamente» han estado llegando desde inicios de 2025 a la fecha, deportados forzosamente desde Estados Unidos luego del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Según datos oficiales del Gobierno de México, —obtenidos por transparencia por el Instituto para las Mujeres en la Migración (Imumi), a los que elTOQUE tuvo acceso—, en ese período han llegado al sureste mexicano —principalmente a Villahermosa (Tabasco), Palenque y Tapachula (Chipas)— cerca de 13 000 migrantes. La mitad nacieron en Cuba.

Mientras Erick, como tantos otros deportados, intenta sobrevivir sin redes de apoyo, documentos de identidad, acceso a la salud o trabajos formales, los residentes locales de la urbe tabasqueña parecen vivir en un universo paralelo. Ahora, ellos concentran sus energías para la cercana feria estatal que se celebra durante los primeros diez días de mayo; y para el certamen que cada año, entre 17 embajadoras municipales, elije a finales de abril a la mujer más hermosa del estado, titulo reconocido como la Flor de Tabasco. Es un premio que todas quieren ganar como lo hizo la actual Miss Universo, Fátima Bosch, quien nació en estas tierras, consideradas por muchos la «Tailandia de México» debido al furor que despiertan los concursos de belleza.

Las embajadoras municipales que este año concursaron por ser la mujer más bella del estado de Tabasco. Foto: Katia Monteagudo.

El muro mexicano

Para Josuel M. Leal, uno de los directivos del albergue católico «Amparito» —el único refugio que atiende a migrantes en la ciudad—, no es casualidad que Villahermosa sea una de las principales ciudades del sureste mexicano escogida para concentrar a migrantes de terceros países que la Administración Trump ha estado deportando forzosamente desde inicios de 2025.

Leal considera que en esta ciudad «no hay una cultura de incidencia o de lucha para la protección de los derechos de las personas migrantes» y eso es «otro de los motivos por los cuales los mandan para acá», apunta. 

También explica a elTOQUE que la ciudad se ha convertido desde 2019 en una «unidad receptora concentradora» de migrantes deportados desde otras partes de México, y ahora desde Estados Unidos. Igualmente, señala, que a unos 130 kilómetros al oeste de Villahermosa se ubica el retén de La Venta —«el punto migratorio más fuerte y vigilado del sureste»—, situado en la carretera federal Coatzacoalcos-Villahermosa (carretera 180), entre Veracruz y Tabasco, específicamente en el municipio Huimanguillo, cerca de la comunidad de Villa La Venta. Es la única vía terrestre por donde se puede salir del estado tabasqueño hacia el centro o norte del territorio nacional.

En ese punto —una especie de embudo o cuello de botella—, las personas que intentan subir irregularmente son detenidas y regresadas a Villahermosa. «Pero si te agarran en un mal momento o le caíste mal al oficial del retén, te pueden mandar para Tenosique o Palenque o Tapachula, porque eso es parte de la política de desgaste que ha implementado el Gobierno mexicano desde 2001: ser el muro, el que hace el trabajo sucio de Estados Unidos, con la directiva de contener y rechazar a los migrantes que vayan hacia el norte», subraya Leal, quien desde hace seis años investiga el tema como psicólogo social y futuro doctor en Antropología Social.

También refiere que esa política se ha ido perfeccionando. Desde 2019, bajo la presidencia de López Obrador —quien tiene en Tabasco a su mayor baluarte político—, comenzó a operar la estación migratoria de Villahermosa, considerada la más grande del sureste, con capacidad para alrededor de 5 000 personas migrantes. «Esa estación es un monstruo, pero tampoco se dice», señala Leal, quien refiere que la instalación forma parte de la dinámica de desgaste de los retornos. 

Entrada del refugio Amparito, único albergue que atiende a migrantes en Villahermosa. Foto: Katia Monteagudo.

«Toda persona migrante detenida en el norte, centro o sur del país es trasladada para allí. Este estado es controlado por Morena en todos los ámbitos y nadie va a decir nada, por eso los mandan para aquí, aunque a las personas de origen centroamericano sí las deportan a sus países. (…) Pero ¿qué pasa con las personas cubanas, haitianas, venezolanas y nicaragüenses que no son admitidas en sus países? Que se queden en el sur, porque tampoco México les va a costear sus gastos, que se llene Tapachula, que se llene Villahermosa, que tampoco va a pasar nada», argumenta Leal y cuestiona cómo el Gobierno de Cuba también invisibiliza a los ciudadanos que no les admite retornar.

«Estas personas no existen para ellos. No los consideran ciudadanos porque no cumplen con los perfiles de aceptación en la isla. (…) La Embajada cubana ha negado el retorno a quienes lo han intentado. Tampoco tramitan documentos oficiales a menos que haya un familiar en Cuba que haga la petición, lo cual es difícil porque muchos allí ya no tienen familia o sus familiares no pueden acercarse al Gobierno», explica.

Para Leal hay una encarnada postura de necropolítica de tres países, sobre todo, hacia los adultos mayores que están llegando a Villahermosa. Primero, fueron descartados por Estados Unidos que los consideró «un gasto público que no estaban dispuestos a seguir manteniendo». Después, fueron «aventados» hacia México, donde no hay ninguna política de integración o protección para ellos; y, finalmente, el Gobierno de Cuba está ausente y tampoco le importan esas vidas, «no pasa nada si se mueren».

Un acuerdo no escrito

Refugees International (RI) advierte en su más reciente informe que Estados Unidos está «utilizando tácticas coercitivas y engañosas, incluidas desapariciones forzadas» para deportar a miles de nacionales de terceros países hacia México, incluso «en contra de la legislación estadounidense».

RI señala, además, que entre México y Estados Unidos no existe ningún acuerdo escrito vigente que detalle los términos de esas deportaciones. En cambio, desde mayo de 2023, el Gobierno mexicano ejecuta con Washington «un acuerdo verbal» —que no es público ni está documentado formalmente— para recibir deportados de siete nacionalidades: Cuba, Haití, Nicaragua, Venezuela, Guatemala, Honduras y El Salvador, indica a elTOQUE Gretchen Kuhner, directora de Imumi.

Desde 2023 a la fecha, en el territorio mexicano se aceptan a más de 10 000 nacionales de terceros países, una cifra mucho mayor en comparación con la que reportan Honduras o Ecuador (menos de 1 000 por año), dos países con los que Estados Unidos sí tiene acuerdos formales establecidos, subraya la organización defensora del refugio. 

En la construcción algunos migrantes han encontrado trabajo en Villahermonsa. Foto: Katia Monteagudo.

La situación es mucho más grave, señalan, porque el Gobierno mexicano «no ha publicado directrices para la recepción de nacionales de terceros países ni mecanismos para otorgarles estatus legal» pese a una sentencia de 2022 de la Suprema Corte de Justicia de México.

Refugees International denuncia también que Estados Unidos está expulsando hacia el territorio mexicano a personas de terceros países que ingresaron legalmente a EE. UU., o a solicitantes de asilo, o personas con décadas de residencia en ese país, o que ya habían obtenido protección contra la deportación por persecución o tortura en sus naciones de origen.

«Para posibilitar esta práctica, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS, por sus siglas en inglés) oculta las identidades y el estatus legal de las personas deportadas a México, incluso las traslada desde el interior del país a centros de detención en la frontera y las expulsa hacia México sin

notificación previa, sin una evaluación adecuada del temor a la deportación y sin documentos. Estas expulsiones dejan a los nacionales de terceros países en una situación precaria e insegura en México, o expuestos a ser repatriados por las autoridades mexicanas a los países de los que huyeron», señala la evaluación de esta organización humanitaria independiente.

Asimismo, confirma, que una vez que esas personas cruzan la frontera terrestre, el Instituto Nacional de Migración de México (INM) las traslada en autobús hacia el sureste del país, a ciudades como Tapachula, Palenque y Villahermosa, donde «tienen poco o ningún acceso a protección o servicios». 

«Estas políticas de deportación y recepción están empujando a las personas deportadas a un limbo cuasi apátrida: con frecuencia carecen de documentos legales de identidad, no pueden regresar a sus países de origen, han sido privadas de su estatus legal previo en Estados Unidos y no pueden obtener de manera factible un estatus legal en México», subraya la organización.

«La narrativa oficial del INM es que estas personas son “encontradas casualmente” cerca de la frontera, lo que invisibiliza las deportaciones y evade la responsabilidad de las autoridades», comenta la directiva de Imumi.

«Los deportados cruzan la frontera terrestre de Estados Unidos con México y son trasladados en autobuses hacia ciudades del sureste durante 40 o 45 horas de viajes, por lo que el INM viola la ley al detenerlos por más de 36 horas. En Villahermosa, y más recientemente en Tapachula, son liberados con un “oficio de salida” (una orden para abandonar el país por sus medios en diez a 30 días), aunque rara vez reciben una copia o instrucciones claras. Esto los deja indocumentados e imposibilitados de trabajar y mucho más vulnerables», argumenta.

El recibo que muchos exhiben como única documentación cuando llegan desde Estados Unidos. Foto: Katia Monteagudo

Kuhner señala también que son pocas las mujeres en esta situación, ya que la mayoría de los deportados son adultos mayores o cercanos a esas edades, quienes vivieron durante décadas en Estados Unidos y fueron expulsados por delitos menores, ya saldados, o por ser considerados «fáciles de deportar». Muchos padecen enfermedades crónicas y carecen de redes de apoyo familiar o documentos de identificación. 

Datos de la Unidad de Política Migratoria, Registro e Identidad de Personas de la Secretaría de Gobernación de México (Segob) apuntan que de enero a marzo de 2026 casi 800 cubanos recibieron un «oficio de salida» para abandonar el país «por sus propios medios» en un lapso no mayor a 30 días. Mientras, en ese período solo se reportan 20 cubanos deportados y 59 que se acogieron al retorno voluntario.

El camino incierto del refugio

A la abogada Lizbeth Guerrero, directora de la organización «Apoyo a Migrantes Venezolanos en México», nadie la puede convencer de que los servicios de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) no estén «colapsados».

«Es cada vez más difícil, porque ahora es menor su capacidad para procesar solicitudes por falta de fondos», explica a elTOQUE. También señala que los recortes en la financiación estadounidense al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) han implicado una reducción del personal en la Comar, lo que genera más demora para tramitar solicitudes y menos financiamiento para organizaciones jurídicas que brindan apoyo a solicitantes de asilo. 

La Acnur reportó, al cierre de septiembre de 2025, el registro en México de más de 58 800 solicitudes de refugio, principalmente de cubanos (más de 28 700) y de haitianos (más de 7 000), pero datos obtenidos por Latinus, vía transparencia, refieren que las solicitudes de refugio para cubanos en México se duplicaron en 2025. Durante 2024, la Comar recibió 18 341 solicitudes, pero al finalizar el último año se registraron 34 581. Sin embargo, estas cifras contrastan con las aprobaciones que reciben esas solicitudes. Durante el primer semestre de 2025, solo se otorgaron 4 129 tarjetas de visitantes por razones humanitarias, de ellas el 79 % fueron entregadas a ciudadanos cubanos (3 284)*.  

La mayoría de los cubanos deportados a México, especialmente a Villahermosa, son adultos mayores que ahora se encuentran en condiciones de vida precarias, enfermos, en situación de calle y sin acceso a un trabajo formal por sus edades, padecimientos de salud y falta de papeles, razona la abogada venezolana, quien en su organización ha estado incluyendo casos de nacionales de la isla.

Cubanos deportados desde Estados Unidos en Villahermosa, Tabasco. Se calcula que más de 6 000 han sido desplazados para el sureste de México. Foto: cortesía Josuel M. Leal.

También a Guerrero le resultó significativo el alto grado de xenofobia y racismo que constató en una reciente visita a la capital tabasqueña, tanto en la población local como en reportajes periodísticos amarillistas. «A pesar de la historia de explotación, discriminación y racismo que enfrentaron y enfrentan los mexicanos en Estados Unidos, básicamente México hace lo mismo a los demás», lamenta la abogada y advierte sobre la proliferación de juristas fraudulentos, con falsas promesas a cambio de dinero, y el cierre de las operaciones, por falta de apoyos, de muchas organizaciones sin fines de lucro que se encargaban de estas gestiones.

Tran Dang, directora ejecutiva del Centro Rizoma del Migrante en Guadalajara —una de las pocas organizaciones que se dedica a apoyar legalmente a deportados— apunta a elTOQUE que «tradicionalmente han atendido a migrantes mexicanos expulsados de Estados Unidos, pero en el último año han observado un aumento de personas cubanas, haitianas y venezolanas solicitando sus servicios». 

Dang, estadounidense de origen vietnamita, señala que estas personas están «muy perdidas» y no comprenden los procesos de regularización porque en México es «complicado y demorado». Llegan en total desamparo, sin saber qué hacer y, en muchos casos, «no hay opciones» para legalizarlos en este país, comenta.

Asimismo, destaca que muchos son jubilados, pero sin sus contribuciones de Seguro Social tras ser deportados, por lo cual se ven obligados a buscar trabajos para los que ya no están preparados como la construcción, cargue y descargue de mercancías o en servicios de restaurantes como ayudantes generales. «Muchos son analfabetos y no tienen acceso ni a Internet ni a teléfonos inteligentes, lo que les impide obtener información u otros apoyos. Esa falta de oportunidades los lleva a situaciones peligrosas, como la vinculación al narcotráfico, lo que ha resultado en varias muertes, alega Dang.

Estas personas son totalmente invisibles para México, dice. También subraya que aunque se autoproclaman no ser un territorio receptor de deportaciones de otras naciones, lo son en la práctica, con la agravante de no tener una política o un plan claro, dejando a muchas personas en la indigencia. Reflejan, además, la misma discriminación que sus connacionales enfrentan en Estados Unidos, afirma la abogada sobre la llegada de personas de terceros países a ciudades del sureste mexicano como Villahermosa; donde ahora Erick se prepara para sobrevivir otro día más mientras siguen arribando autobuses con más cubanos desplazados forzosamente al país de las fosas clandestinas y que también parece que se convertirá en otra gran fosa común para migrantes sin patrias.


*Este medio no obtuvo respuesta del organismo cuando solicitó la actualización de este dato. Tampoco la Acnur respondió a igual pedido de información.
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