—Gracias, Oliver, por la deferencia de entrevistarme. ¿Cómo te va con Rusia?
—Me va bien Today. Ojalá se mantenga Tomorrow.
—¿Qué tópico propones a nuestros oyentes?
—Presidente, las transformaciones que se han anunciado, más que tener la vocación de perfeccionar la construcción socialista, dan idea de una formación político-social que se va a unas perfectas vacaciones.
—Merecidas se las tiene. Son casi setenta años en las mismas, tratando de saltar sobre las dificultades.
—Y las dificultades con más poder de salto que uno.
—Exacto. Nos empeñamos en construir una sociedad completamente nueva, de la que no se tenían referencias, salvo por los soviéticos, que duraron más o menos eso, y el resto de los restos, a quienes tampoco les fue nada bien. A nosotros nos está saliendo peor, hay que decirlo, pero es muy fácil salir a criticar a un Gobierno al que nadie le explica qué demonios es el comunismo, pero se empeña en aprenderlo.
—Según usted, algunos cambios venían aplazándose en el tiempo porque «tienen riesgos, implican desafíos», y todavía hay que trabajar mucho «para que se entiendan mejor». Además, hay modificaciones que deben ser aprobadas en «un contexto sumamente complejo». ¿Por qué no se aprobaron bajo un contexto más benévolo?
—Los contextos benévolos están hechos para disfrutarse, y eso hicimos. Si dichas transformaciones se hubieran realizado cuando Venezuela nos entregaba petróleo, el pueblo iba a pensar que íbamos hacia el capitalismo, y fíjate si fuimos cuidadosos, que al final fuimos, pero la gente ni cuenta se dio.
—Ya los chavistas no son todo lo chavistas que eran con Maduro.
—Ni el petróleo es todo lo petróleo que debía ser. Fíjate que «hace seis meses que no llega un barco de combustible, solo llegó un barco ruso».
—¿Quiere decir que ya los hermanos no son todo lo hermanos que eran antes, que los lazos de consanguinidad como que se han perdido?
—Estamos convencidos de que las relaciones entre Rusia y Cuba pasan por su mejor momento, y de que existe la voluntad del Gobierno de Putin de enviar un segundo barco. El viaje es largo, no creas.
—Cuando plantea que la esencia de las transformaciones que se plantean es que «desaten las fuerzas productivas para crear riqueza» y que esa riqueza «seamos capaces de distribuirla con justicia social», ¿está diciendo acaso que el socialismo las ha mantenido atadas hasta hoy?
—Ten un poco de justicia social. Para que una fuerza se haga productiva, tiene que existir primero como fuerza improductiva. Teníamos que estar lo suficientemente seguros de ello, para no errar. Ese tipo de experimento (lo saben otras transformaciones sociales que han tardado siglos en establecerse) suele tardar una decena de centurias, y a nosotros nos han bastado solo seis décadas para darnos cuenta de que para llegar al socialismo hay que pasar por un capitalismo que se haga insostenible. Me parece que lo estamos logrando.
—Me resulta curiosa su frase: «Vamos a empezar a trabajar, vamos a corregir lo que salga mal, vamos a multiplicar lo que salga bien, y vamos a asimilar lo nuevo que se proponga». ¿Más o menos a partir de cuándo se va a empezar a trabajar?
—Estamos sentando las bases. Algunos compañeros, con su habitual entusiasmo, darán próximamente un recorrido por todo el país para orientar las pautas a seguir en el empeño de comenzar a pinchar de una vez y por todas. Lo de multiplicar lo que salga bien lleva su estudio, porque mira cuántas cosas que pensamos salieron bien en el pasado no estuvieron bien cuando llegó el presente porque ya pintaban muy mal para el futuro. No sé si me explico.
—Así son las utopías.
—Por ahí va la cosa. Si asististe a clases en el pre debes recordar que el término «socialismo utópico» fue creado por Engels en 1880, en su texto «Del socialismo utópico al socialismo científico», como una manera de distinguir la filosofía política que él y Marx proponían. Yo vengo con una onda diferente.
—La de Eduardo Galeano.
—Preferiría llamarla «De Galiano y San Rafael», pues quiero que sea una manera de construir el socialismo bien cubana, como los cacerolazos. El socialismo utópico casi desapareció a finales del siglo XIX, pero dejó un importante legado que yo me he empeñado en recuperar. Henri de Saint Simon, Robert Owen y Charles Fourier proponían sociedades ideales sin tener un método ni un plan para establecerlas, yo mucho menos. Si Henriquito, Robertico y Charli se dieron ese lujo, ¿por qué no puedo dármelo yo?
—El socialismo utópico pretendía rechazar el progreso industrial para volver de cierta manera al mundo rural y al sistema de producción artesanal.
—Ellos lo pretendieron. Yo lo alcancé y pasé de largo: ni producción ni mundo rural. Hice de la utopía la base de todo.




