El asesinato de una madre y su hija de 12 años en Batabanó, ocurrido en la madrugada del 22 de abril de 2026, vuelve a poner en primer plano la violencia feminicida en Cuba. El caso, reportado por el Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT), no solo evidencia la persistencia de estos crímenes, sino que coincide con un momento especialmente crítico: la reducción de las iniciativas ciudadanas dedicadas a documentarlos.
La plataforma feminista Yo Sí Te Creo en Cuba (YSTCC)—integrada por un grupo de activistas que opera de manera anónima— anunció el 16 de abril de 2026 en su página de Facebook, el cierre de su Observatorio de Feminicidios. «El desgaste emocional y mental», «la falta de recursos humanos y materiales» y un «contexto represivo, de censura y crisis humanitaria» hicieron insostenible continuar, explicaron. La iniciativa se consolidó durante más de cinco años como uno de los referentes independientes más importantes para documentar la violencia de género en la isla. El comunicado subraya que la plataforma mantendrá activa su Línea de Apoyo a víctimas y sobrevivientes, pero ya no podrá mantener el registro sistemático.
La publicación de despedida también rindió homenaje a las observadoras anónimas, la prensa independiente, las familias sobrevivientes y las aliadas regionales. «Si conoces algún caso de violencia extrema de género, contacta al Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT)», concluía el texto, con el enlace al formulario anónimo de OGAT y el hashtag #NiUnaMenos. El observatorio impulsado por YSTCC se detiene, pero la documentación de los feminicidios en Cuba no desaparece; continúa a través de otros esfuerzos independientes.
OGAT —proyecto pionero activo desde 2019 que ha trabajado de forma articulada con YSTCC en la verificación de casos— también sostiene esta labor en condiciones de precariedad, censura y riesgo.
De las verificaciones ciudadanas a un registro con estándares regionales
La plataforma Yo Sí Te Creo en Cuba se creó en marzo de 2020, en el contexto de la emergencia sanitaria por COVID-19, con el objetivo de ofrecer acompañamiento, asesoría legal, atención psicológica y apoyo social a mujeres en situación de violencia machista. «El observatorio de feminicidios de YSTCC surgió como una consecuencia lógica de la respuesta, desde el activismo, a la violencia de género en Cuba», explica la plataforma a elTOQUE. Los primeros registros fueron posibles gracias a las alertas ciudadanas, el monitoreo de redes sociales y los contactos directos con las familias, lo que constituyó la base de su rutina de trabajo. Pronto se sumaron observadoras independientes —en su mayoría mujeres— que, desde el anonimato y bajo condiciones precarias, comenzaron a construir una base de datos.
Con el paso de los años, la metodología se profesionalizó gracias a la colaboración con la red regional MundoSur —a la que se integraron en 2023— y, especialmente, con OGAT. Se adoptó una matriz de registro con enfoque de derechos humanos e interseccional, que incluyó tipologías adaptadas —feminicidio de pareja o expareja, familiar, sexual, social, vicario, transfeminicidio y ginecobstétrico—. La verificación de los reportes se basó en la triangulación de fuentes: prensa independiente, testimonios directos, redes sociales y contactos locales, siempre priorizando la seguridad ante la censura y la represión.
Entre 2019 y 2025, los dos observatorios verificaron en conjunto 315 feminicidios en Cuba: 16 en 2019, 33 en 2020, 36 en 2021, 36 en 2022, 90 en 2023, 56 en 2024 y 48 en 2025. Las cifras, detalladas en el Informe Anual 2025, constituyen un subregistro, debido tanto a las limitaciones metodológicas y la opacidad de los datos oficiales —incluidos los producidos por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC)— como a las dificultades para monitorear y verificar casos en el terreno porque el Estado cubano criminaliza a las organizaciones independientes.
Los 48 feminicidios verificados en 2025 muestran patrones que reproducen dinámicas ampliamente documentadas en años anteriores y en distintos contextos de la región: el 83.3 % fueron cometidos por parejas o exparejas, el 62.5 % ocurrieron en el hogar y más del 60 % de las víctimas tenían personas dependientes, sobre todo menores de edad. Los datos no solo cuantifican la violencia, sino que revelan su carácter estructural y su relación con la crisis humanitaria que vive Cuba.
El impacto en la visibilización y el activismo feminista independiente
Los observatorios contribuyeron a hacer visible, mediante la producción de datos y registros sistemáticos, el alcance de la violencia feminicida en el país; una realidad ignorada de forma sistemática en el discurso oficial: el Estado no la reconocía como un problema estructural y, hasta la actualidad, el feminicidio no está tipificado en el Código Penal cubano.
YSTCC contó a elTOQUE que, antes de la creación de los observatorios, no existía en Cuba información sistematizada ni visible públicamente sobre la violencia feminicida. Desde 2020 la documentación de casos se convirtió en una herramienta preventiva, al facilitar la identificación de situaciones de riesgo y el acompañamiento a familias y redes de apoyo.
El trabajo de la plataforma no se limitó al registro: generó incidencia internacional — con la participación en iniciativas como Spotlight—, presionó a organismos multilaterales y obligó a la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) a reconocer, tardíamente y sin transparencia, la existencia de feminicidios, aunque utilizaron otro término para nombrarlos (femicidio).
El observatorio de YSTCC se distinguió por su enfoque asistencial: canalizaba casos a la Línea de Apoyo, orientaba a las familias de las víctimas en trámites legales para menores huérfanos, ofrecía apoyo psicológico y acompañaba a sobrevivientes. Investigaciones recientes han profundizado en esta dimensión menos visibilizada de la violencia machista: un estudio conjunto impulsado por Casa Palanca, en diálogo con los datos producidos por YSTCC y OGAT, evidencia que los feminicidios dejan tras de sí una red de víctimas indirectas —niñas, niños, personas mayores y dependientes— que enfrentan desprotección institucional, precariedad económica y ausencia de acompañamiento psicosocial.
«El observatorio era otra puerta de entrada para la atención, sobre todo de familias sobrevivientes», explica YSTCC. Una víctima no mortal de violencia machista recibía orientación; una familia víctima de feminicidio, apoyo para no quedar en el olvido. Este enfoque lo hacía único frente a otros registros.
El impacto social del observatorio fue profundo. Las familias encontraron un espacio seguro para denunciar cuando las instituciones fallaban. La prensa independiente amplificó los casos y convirtió la violencia feminicida en tema de investigación. Internacionalmente, los datos alimentaron informes regionales y presionaron al régimen cubano en foros de relevancia de Naciones Unidas, como el 89 período de sesiones del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (Cedaw).
Un cierre marcado por la represión, la crisis y el agotamiento
El cierre no es una decisión voluntaria, sino el resultado inevitable de condiciones estructurales. «Un observatorio tiene que seguir un protocolo de verificación que es muy exigente. Ya sabemos lo difícil que resulta contar con fuentes en Cuba, donde la censura es brutal, incluso bajo condiciones de anonimato», explica YSTCC. La desconexión frecuente —apagones, ausencia de Internet—, la represión contra el activismo feminista y LGBTIQA+ y la crisis migratoria han debilitado las redes de voluntariado. «En Cuba, se opera en condiciones extremas; no se puede hacer ni un taller presencial de capacitación. Todo esto, más la fuerte represión sostenida desde 2021, (...) hicieron más difícil el recambio de observadoras y operadoras».
Estas dificultades no son exclusivas de YSTCC, sino que han afectado de forma más amplia el trabajo de otras organizaciones feministas y de derechos humanos que realizan monitoreos independientes en el país. Yanelys Núñez, coordinadora del Observatorio de Género de Alas Tensas , comenta: «El trabajo del Observatorio de Género de Alas Tensas, desde el inicio, se realiza en condiciones precarias. Somos un grupo bastante pequeño para el volumen de trabajo que hay».
Núñez apunta que esta situación se agrava porque no existe acceso a datos públicos confiables y actualizados, y la información proveniente de fuentes policiales y médicas está, en la práctica, reservada a la prensa oficial. Esta, además, solo aborda los feminicidios cuando existe interés institucional, lo que aumenta la dificultad para verificar cada caso.
Yanelys Núñez señala las desigualdades en el acceso a fondos: mientras una organización paraestatal como la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) recibió casi 2 millones de dólares de Canadá en 2025, sin rendición de cuentas públicas, las plataformas independientes enfrentan criminalización y barreras para legalizarse o recibir financiamiento. «El cierre del observatorio de Yo Sí Te Creo en Cuba también está marcado por la violencia del régimen, por la imposibilidad de acceder a fondos de cooperación de manera legítima», apunta la activista.
El desgaste de las voluntarias es múltiple: emocional —exposición constante a fotos, videos y testimonios de violencia extrema—, mental —presión por no equivocarse temiendo posibles campañas de descrédito del régimen— y logístico —falta de electricidad, Internet—. «Estas iniciativas se nutren mucho del voluntariado, de colaboraciones, y entre tanta represión, y la crisis migratoria y humanitaria interna, la red de apoyo del observatorio se ha debilitado», concluyen desde YSTCC.
Yanelys Núñez expresa el impacto personal y colectivo del cierre de YSTCC: «Nos afecta emocionalmente, es una plataforma con la que hemos trabajado, son personas con las que hemos construido vínculos de cercanía, de colaboración, de diálogo (…) Por supuesto que el proceso de monitoreo de los feminicidios también se ve afectado porque quedamos menos personas sistematizando el asunto y eso va a tener consecuencias a largo y mediano plazo en los registros».
OGAT asume ahora una mayor responsabilidad con un equipo reducido y recursos limitados en un contexto donde, como ha ocurrido en otros momentos de crisis, la violencia de género se agrava y las redes de apoyo se debilitan. Los observatorios independientes han sido el único contrapeso real a la negación institucional del impacto de los feminicidios en la sociedad cubana. El cierre del observatorio de YSTCC subraya la fragilidad de los activismos en contextos autoritarios, aún cuando su labor resulta vital.
Mensaje a las víctimas y una puerta abierta al futuro
YSTCC insiste en la importancia de actuar a tiempo y buscar apoyo a través de la Línea de ayuda de la plataforma para prevenir desenlaces fatales. En los casos en que, lamentablemente, ocurra el feminicidio, las activistas recomiendan a familiares solicitar orientación legal y psicológica sobre los pasos a seguir, en especial para atender las necesidades de niñas y niños que queden desprotegidos. Apuntan, también, la importancia de la denuncia, y subrayan que los mecanismos habilitados por los observatorios son seguros. Es fundamental que estos casos no queden en el olvido, para evitar que se repitan en otras familias. Asimismo, señalan que el acceso a la justicia restaurativa podría estar más cerca de lo que parece, y que su construcción y sistematización dependerá en gran medida de la participación de las familias vinculadas a los casos registrados.
La plataforma insiste en que el observatorio no era solo un registro: era prevención. «Estas iniciativas tienen la misma importancia en todos los contextos, lo que se ha reafirmado con la actual ola conservadora mundial. La violencia de género es estructural y se resiente en cada crisis. En el caso de Cuba, donde se negó y ocultó por muchos años, pues son más importantes [los observatorios] y deberían protegerse socialmente».
YSTCC afirma que «el observatorio pudiera reabrir cuando se recuperen las condiciones necesarias, o reaparecer con un enfoque más adecuado a las necesidades, por ejemplo, de una Cuba en transición hacia la democracia», apuntan las activistas.
«Quedamos menos personas sistematizando el asunto», advierte Núñez, pero el compromiso persiste: «Recuperar el país y poder tener un estatus legal que nos permita como organización de la sociedad civil trabajar en Cuba. Van a seguir siendo necesarios los observatorios independientes».
El Observatorio de Feminicidios de Yo Sí Te Creo en Cuba deja un legado irremplazable: 315 nombres en la memoria colectiva, patrones de violencia documentados que desafían la opacidad estatal y la demostración de que, incluso en las condiciones más adversas, el activismo feminista cubano ha registrado la verdad que el poder pretende silenciar. Su cierre no borra lo construido; solo evidencia, una vez más, cuánto cuesta defender la vida de las mujeres en una Cuba donde la represión y la crisis convierten cualquier iniciativa en un acto de resistencia.










