Amar y proteger, hablar y proteger

Ilustración: Mary Esther Lemus

Amar y proteger, hablar y proteger

16 / octubre / 2023

Karina fue la primera persona que me mostró la obra de Legna a mediados de 2017. Me habló de un poema, del cual recuerdo la imagen de una chica curiosa que tira con la boca de un hilo hasta sacar de una vagina un tampón que manchó su rostro de sangre menstrual. Lo que a mí me cuesta describir en infinitas oraciones, Legna lo logra en un par de versos. Recordar la imagen de ese poema seis años después me parece genial.

De Legna solamente conozco lo que publica en redes, sus columnas en varios medios independientes cubanos en las que escribe sus verdades, en las que se desahoga y sobrevive un mes más a la renta. La Legna que primero migró de Camagüey a La Habana y un día llegó a Miami. Cargada con un gusano lleno de libros sin saber qué era Miami o Estados Unidos, como llegamos todos. Años después narra sus peripecias de migrante con la poesía que le falta a Miami y le lee a su hijo la literatura infantil que la acompaña desde Cuba. 

No conozco a Legna en persona, por eso digo que la imagino, aunque hemos hablado por WhatsApp y ha surgido esta entrevista. En su obra está plasmado un sector de la emigración cubana. Los bohemios, los soñadores, quienes no fueron «normales» y se tuvieron que marchar a formar el nido en otros árboles. 

¿Cómo logra una escritora criar a su hijo en Miami, la ciudad donde trabajar a lomo partido para pagar los bills ocupa el tiempo de la lectura? Ha sido la pregunta que más me ha intrigado. Porque sí, el dinero cuenta y en los mercados no se paga con las páginas de una novela, sino con las ventas de la novela, con los artículos que a veces los periódicos se demoran en pagar, con un extra que aparece de último momento cual salvavidas. Quizá ha sido su fuego sagitariano la fuerza para sobreponerse ante los obstáculos que ponen en los extremos de una balanza el arte y la cocina de un McDonald. Igual que ella, varias generaciones de artistas y escritores se han ido de Cuba para renacer en otros sitios. Algunos logran conservar viva la creación después del trance. Otros se mantienen creando a la par de algún part-time en un bar, y los más desdichados dejan de apostar por sus talentos. 

De vez en cuando Legna y Cemí aparecen en las redes, por instantes parecen madre e hijo; en otros, dos niños felices. La sonrisa del pequeño en cada imagen es la prueba de que se puede ser madre, migrante y escritora.

Foto: Zaidenwerg.

Legna Rodríguez Iglesias ha obtenido el Premio Iberoamericano de Cuentos «Julio Cortázar» (2011) y es ganadora del Premio Casa de las Américas (teatro, 2016) con la obra Si esto es una tragedia yo soy una bicicleta. Es autora de varios libros, Hilo+Hilo (poesía, Editorial Bokeh, Leiden, 2015); Las analfabetas (novela, Editorial Bokeh, Leiden, 2015); No sabe/no contesta (cuento, Ediciones La Palma, España, 2015); Mayonesa bien brillante (novela, Hypermedia Ediciones, 2015); Dame Spray (poesía, Hypermedia Ediciones, 2016); Chicle (ahora es cuando) (poesía, edición bilingüe de la Editorial Letras Cubanas, 2016); Todo sobre papá (poesía para niños, Ediciones Aguadulce, 2016); Transtucé (Editorial Casa vacía, EE. UU., 2017); La mujer que compró el mundo (cuento, Editorial Los libros de la mujer rota, Chile, 2017). En 2016 mereció el Paz Prize que otorga The National Poetry Series con Miami Century Fox (51 sonetos, Akashic Books, 2017). La Editorial Alfaguara publicó Mi novia preferida fue un bulldog francés (narrativa hispánica, España, 2017). En 2023 fue una de las finalistas que obtuvo la beca de la Fundación Cintas, en la categoría de escritura creativa. 

Sin embargo, en esta ocasión no hablo con la escritora —quien se define como una persona que «escribe más de lo que habla»—, sino con la madre migrante que apuesta por mantener viva la creación.

¿Cómo llegó la maternidad a tu vida?

Tener un hijo fue mi plan bien preciso desde que me fui a vivir sola a La Habana. Lo intenté con mi amigo Rogelio Orizondo en 2015, pero yo no estaba ovulando y no lo logramos. Ahora habría un pequeño Orizondo de 8 añitos en Miami. 

Legna, debe ser común para ti saber que los periodistas trabajamos con el chisme pues nos da indicios. Cuba es una gran fuente de ellos. He escuchado que tu niño nació del convenio con un amigo, pero nunca lo he investigado. Te pregunto al respecto, pues periodísticamente y a nivel personal me parece una historia interesante si estuvieras dispuesta a contarla.

He hablado de eso en varias de mis columnas. Escribí un libro cuando estaba embarazada que da cuenta de esa experiencia. Lo más importante de todo es que yo no quería que mi hijo fuera el resultado de un proceso médico. No quería inseminarme en un hospital y mucho menos comprar una muestra de semen desconocido. Entonces hablé con mi amigo José Portela, que vive aquí en Miami, para ver si él quería ser el donante, y hacerlo de la manera más natural y humana posible. José Portela aceptó. Lo hicimos dos veces y las dos veces quedé embarazada. Mi hijo es el resultado del segundo intento, porque el primer embarazo lo perdí a las cinco semanas más o menos. Es algo que puede pasar a las mujeres primerizas, pero yo no lo sabía y sufrí mucho. A los dos meses del aborto volví a menstruar, ovulé y me embaracé. El 15 de septiembre de 2017, seis días después del paso del huracán Irma. Miami era un mar de árboles caídos. 

¿Cómo es criar a un niño con dos mamás en una sociedad prejuiciosa, en la que los niños repiten el bullyng que heredan a veces del pensamiento retrógrado de los padres?

Mi hijo percibe eso con absoluta normalidad. Yo vivía con una mujer cuando me embaracé y el niño nació en esa circunstancia. Fui honesta y compartí mi maternidad con ella, a un nivel legal que en este país es irrevocable. Recomiendo a las mujeres emigrantes que quieren tener un hijo y ser madres que estudien las leyes de este país antes de dar algún paso legal, porque los ambientes sociales no tienen nada que ver con las leyes. En el sistema legal es una victoria ganada. Al igualar a dos mujeres como madres, e igualar sus derechos, anulas sus diferencias. Hipocresía ideológica, banalidad del mal. En fin, nada que vayamos a cambiar. Mi hijo nunca ha sufrido intimidación ni burla, que yo sepa, hasta el momento. 

Tu hijo nació en Miami, pero sus raíces son cubanas. ¿Cómo es el fenómeno cuando no es cien por ciento estadounidense pero tampoco cubano?

No lo sé a cabalidad. Es un fenómeno que fluye como el lenguaje, como la emoción. Él es un niño perspicaz y a veces dice que es camagüeyano o cubano, pero definitivamente es estadounidense. Por ahora, la bandera cubana le gusta más que la otra, debe ser porque hay demasiadas estrellas en un espacio pequeño. Igual, sabemos que una bandera solo representa lo que uno quiera que represente.

¿Cómo es criar a un niño en Miami, una sociedad llena de armas y drogas al alcance de los niños y de los adolescentes?

Es una preocupación latente, una preocupación pegada a la nuca. Yo escribo más de lo que hablo, pero con mi hijo, como con mis amigos, he alternado esa dinámica. Lo único que se puede hacer contra eso es hablarlo, decirlo, saber que existe y que es una verdad tan real como las flores. También he aprendido a «hacer lo que hay que hacer». Amar y proteger, hablar y proteger.

¿Cómo logra subsistir y mantener a un niño una escritora en Miami?

Tampoco lo sé. La gente aquí vive en pareja para compartir los gastos y se queja de que no alcanza. Hay mucha gente que vive junta solo para compartir los gastos. Yo vivo sola con mi hijo. El trabajo que encontré después de la pandemia consiste en distribuir libros, literalmente. No alcanza. Entonces escribo en revistas digitales (que también están tratando de subsistir) para completar mis pagos. Por eso escribo con tanta sinceridad. Porque después de eso, no queda energía ni pensamiento para otra cosa. Mi escritura es mi subsistencia. 

¿Tu hijo te pregunta por Cuba? En caso positivo, ¿qué le dices?

Llevé a mi hijo a mi casa a los cuatro meses de nacido. No tengo pasaporte y por eso no he regresado. Cemí sabe todo de Cuba, todo lo que interesa a un niño de cinco años. Sabe que en mi casa hay una mata de guayaba y otra de ciruela, y que mi mamá recoge las guayabas y las guarda para él en una cesta. Y que un día iremos y nos divertiremos mucho.

Foto: Evelyn Sosa.

¿Qué ventajas hay en Miami para criar y educar a un niño en estos tiempos, en comparación con Cuba?

Estoy un poco cansada y las ventajas se distorsionan. Pensé directamente en su nacimiento, en su alimentación y en sus bronquios, que se contraen igual que los míos y necesitan algunos miligramos de albuterol y algunos de budesonide diarios.

¿Qué valores de la Cuba en la que tú te criaste te gustaría inculcarle a tu hijo?

La honestidad y la limpieza. Lo cual no responde a ninguna Cuba. Responde a mi familia.

¿Qué extrañas de Cuba?

Casi todo. Oler y dormir. Qué ganas tengo de ir a dormir. En paz y tranquilidad.

Tu hijo es de la generación pandemia, como le he llamado a los niños nacidos en ese lapso, el cual todavía no sabemos qué fue a ciencia cierta, pero nos cambió la vida. ¿Cómo fue la vida de ustedes en ese tiempo, la crianza entre paredes y la transición a una nueva realidad en la que a veces parece que ni hubo pandemia, pues no se habla casi de ello en los medios?

Cemí no había cumplido dos años cuando empezó la pandemia. No sentí tanta diferencia, y él tampoco, supongo, porque yo aún lo cuidaba en la casa. Todavía no me había separado y no me había ido a vivir sola con él. Estábamos juntos todo el tiempo. Era hermoso.

¿Hubieses tenido a tu niño en Cuba?

Hubiera tenido a mi hijo en cualquier lugar del mundo.

Con el actual desarrollo tecnológico cada vez los niños leen menos. Imagino que todavía el tuyo no lee, pero cómo inculcarle la lectura en la posteridad, dado que tú eres escritora y en esta sociedad, según yo, se salvarán los que piensen, pues los sistemas se alimentan de las personas mediocres y manipulables.

Mi hijo está rodeado de libros desde que era un deseo y un puntico de sangre. Yo trabajaba en una librería antes de quedar embarazada y compré libros pensando en él. Compré lo que me faltaba que yo creía importante: Tove Jansson, los Hermanos Grimm, Charles Perrault, algunos de Nöstlinger, una edición pequeñita de Alicia, y muchos más; porque mis libros imprescindibles de literatura infantil vinieron conmigo desde La Habana. Los libros para niños me apasionan y he seguido comprándole, incluso me he robado libros para él (no se lo digas). En mi trabajo, a veces, hacen donaciones de libros para niños en español y encuentro maravillas. Hemos leído mucho, desde que nació. Mi hijo sabe que su mamá es escritora o, al menos, que lo que más le gusta hacer es escribir. Además de la cama, la mesa, las sillas y el estante de los platos, tenemos dos muebles más que no nos pueden faltar: un librero para mí y un librero para él. A veces me ha dicho que va a ser escritor y a mí me brillan los ojos.

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