El señor Luis acaba de cumplir 63 años en un albergue en Tapachula.
—Un mexicano me puso el dinero —recuerda— y me dejó aquí.
—Yo nunca había salido de Cuba —dice, con la voz temblorosa, como sus años, como la soledad misma. Cuenta que su propósito era trabajar: «Vine para cambiar mi vida». Pero al llegar a la ciudad fronteriza, su guía cortó toda comunicación, «desapareció».
El hombre que le había prometido ayuda desapareció, dejándolo a su suerte. Durante un mes, durmió en la calle.
En su trayecto desde Cuba, el señor Luis atravesó Nicaragua, Honduras y Guatemala. Asegura que todo fue tranquilo y que se sentía emocionado por llegar a su destino: «Venía contento por conocer otro lugar y otros países».
Y ese lugar de ensueños resultó ser la colonia zona Nuevo Milenio, un área urbana en Tapachula donde se han asentado temporalmente personas migrantes y solicitantes de refugio debido a la saturación institucional y la espera de los trámites. «Estuve 30 días o más en la calle».
Mientras trataba de regularizar su estancia en México a través de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), fue acogido primero en un albergue y, más tarde, por el proyecto Hospitalidad y Solidaridad (HIS).
La ayuda llegó a tiempo para conmemorar su cumpleaños bajo techo. «Cumplí mis 63 años en el albergue». Sus palabras revelan la mezcla de miedo, cansancio y esperanza que acompaña a quienes migran por rutas peligrosas buscando un futuro mejor.
Cuando piensa en la isla, lo primero que le viene a la mente es su familia y lo «apreta´o» que está «aquello allá». Aquí, por lo menos, dice, que sí hay mucha comida
Tapachula, entre tránsito y destino
La historia de este abuelo cubano refleja un fenómeno sistémico. Tapachula, la segunda ciudad más poblada de Chiapas, con 353 706 habitantes, es una de las primeras ciudades mexicanas que reciben a migrantes provenientes de Centroamérica y el Caribe.
Como Luis, otros también llegan con promesas previas de trabajo y oportunidades, pero en ocasiones se encuentran con abandono y desafíos inesperados tras una arriesgada travesía.
Aunque históricamente Tapachula ha sido un lugar de paso, tras las caravanas de 2018, los servicios de atención colapsaron. En parte, debido a la inmovilidad forzada generada por los tiempos de resolución de la Comar, lo cual impulsó la creación de nuevos espacios de atención en este nodo crítico de la frontera sur.
Desde diciembre de 2020, el albergue Hospitalidad y Solidaridad ha atendido a miles de migrantes. «Nuestro objetivo es dar soporte emocional y material. Muchas personas llegan confundidas, con miedo, y necesitan orientación sobre derechos y procesos», explicó en exclusiva para elTOQUE Fernanda Acevedo, quien fue la coordinadora general del proyecto hasta el primero de enero de 2026.
HIS prioriza tres pilares en la cobertura de necesidades básicas: «alimentación, descanso, proveerles insumos de aseo personal»; el acompañamiento en trámites legales, «se van trazando rutas personalizadas»; y la facilitación de «actividades lúdicas, recreativas, formativas e informativas».
A diferencia de otros centros de paso, HIS se alinea con los tiempos legales del proceso de asilo («corto y mediano plazo»). Ha atendido en los últimos cinco años las necesidades específicas de miles de migrantes provenientes de distintas regiones de Centroamérica y el Caribe. Nimsy Arroyo, coordinadora de comunicación del proyecto, advierte que estos plazos administrativos transforman el tránsito en una estancia sin condiciones claras de integración ni certeza jurídica.
El paso de los cubanos por Tapachula: resiliencia y esperanza
La población cubana —aunque su estancia suele ser breve— resulta significativa para la variopinta comunidad debido a su alto nivel educativo. Fernanda subraya que la mayoría de los 128 cubanos atendidos en los últimos cinco años han sido profesionales en el área de la Salud.
«Es de mucha ayuda para los albergues cuando llegan estos perfiles, y reconocemos que tienen disponibilidad para echar la mano cuando se da una situación médica que requiere una atención urgente».
Destacan también por una red de apoyo y de conocimientos más amplia que otras nacionalidades. «Por ejemplo, tenemos personas que llevan seis, nueve meses con nosotros, y hay personas cubanas que están dos, tres meses y se van». Las colaboradoras comentan que en HIS han acompañado principalmente a personas mayores de 18 años; y agregan: «infancias o familias cubanas hemos recibido muy pocas, han sido más personas adultas mayores que viajan solas o en grupo».
Sin embargo, el capital cultural no siempre protege de la precariedad. Muchas mujeres cubanas terminan en el mercado sexoerótico local.
Explica Nimsy que esta inserción también está atravesada por estereotipos raciales y de género: «las mujeres cubanas han sido percibidas como “exóticas”, de piel más clara, con acento distintivo y, en algunos casos, con niveles educativos más altos, lo que influyó en su demanda en ciertos espacios».
En México, aunque el trabajo sexual no es ilegal, la falta de regulación laboral vulnera a las migrantes, según la RedTraSex. En Tapachula, se les exige un carné de Salud, pero no tienen derechos laborales, de acuerdo con el reglamento de sanidad municipal.
«El trabajo sexual implica la práctica de sexo con clientes, así como el servicio de acompañantes en bares, bailarinas exóticas, entre otros», agrega Nimsy. Comenta, también, que (aunque el reglamento estipula zonas de tolerancia), la actividad se ha extendido a muchos espacios de la ciudad.
«Hubo una pelea entre cubanas y hondureñas porque, antes de que llegaran las cubanas, las hondureñas eran las más “populares”». Ahora, a los hombres les llama más la atención ir a lugares donde puedan tener contacto con alguna mujer cubana a través del «fichaje».
Un texto de Animal Político explica qué es fichar: «La ficha es un sistema que involucra a un cliente, una fichera y un antro/bar/cantina. La fichera (típicamente mujer) invita al cliente a consumir bebidas alcohólicas. Por cada bebida que el cliente compre, el antro/bar/cantina da una ficha a la fichera. La fichera se lleva una comisión por cada ficha que cambie en la caja del antro/bar/burdel. En ocasiones, las ficheras tienen relaciones sexuales con el cliente, pero eso no está incluido en la ficha».
Sin embargo, las colaboradoras aseguran que algunas cubanas asumen esas ocupaciones como estrategias temporales de supervivencia durante los meses —o años— de espera por una resolución migratoria. «No es algo que haría en mi país, pero aquí necesito comer y pagar una renta», estas palabras han escuchado las activistas Aceves y Arroyo de varias mujeres cubanas jóvenes.
No obstante, las trayectorias no son homogéneas. Mientras algunas mujeres se insertan en el sector sexoerótico, otras trabajan en servicios de belleza (también feminizado). Quienes cuentan con redes más consolidadas han logrado emprender pequeños negocios (como restaurantes de comida cubana).
La posibilidad de construir una vida en Tapachula, coinciden Acevedo y Arroyo, depende en gran medida de las redes de apoyo y de los recursos disponibles durante el proceso de espera.
La barrera invisible: burocracia y control
Tapachula concentra el 70 % de las solicitudes de refugio a nivel nacional en México. Pese a ser un «trampolín», el sistema parece haberle quitado el impulso. Fernanda denuncia que el proceso con la Comar se prolonga cada vez más, generando una carga emocional de incertidumbre. «Lleva prácticamente casi dos años que no se dan las visas por razones humanitarias con la justificación de que no hay plástico», explica la colaboradora de HIS. Ello convierte a la ciudad en un embudo burocrático.
A pesar del esfuerzo de algunas instituciones, la temporalidad es costosa y pasa por la discriminación económica: «Hay muchos gestores o abogados que tienen tarifas de acuerdo con la nacionalidad; y a las personas de Cuba les toca el costo más elevado». A lo anterior se suma el costo de la vivienda en especie de cuarterías, que cobran entre 3 000 y 4 000 MXN por persona en espacios mínimos (entre 173 USD y 233 USD según la tasa de conversión), lo cual representa el 44 % con respecto al salario mínimo en el país azteca.
La falta de documentos deja a los cubanos en un limbo legal peligroso. La seguridad en Tapachula se ha endurecido con la presencia más visible de oficiales del Instituto Nacional de Migración y la Guardia Nacional, quienes realizan retenes y redadas incluso cerca de hospitales y albergues. «Eso implica, comentan, que tengan que salir con los documentos en trámite. Eso no garantiza que les vayan a respetar el proceso en otros territorios o escenarios», advierte Fernanda Acevedo. A lo anterior se suman los peligros derivados del crimen organizado.
La ciudad fronteriza registra un flujo constante de personas que esperan cruzar hacia el norte, y sus calles y centros de atención reflejan tanto los retos y despojos como la solidaridad que se encuentran en la antesala del «sueño americano».
Pero el camino no siempre es hacia el norte. «Tenemos casos documentados de personas de Cuba que retornaron a su país por las condiciones en México; estas no fueron las ideales para que pudieran restablecer su proyecto de vida aquí».
Sin embargo, el Diario del Sur reporta que el paisaje de Tapachula está cambiando: lo que fue una parada temporal se ha transformado en un proceso de asimilación con impacto económico local.
Nixi reconoce: «Últimamente, se ven más negocios, hasta de comida cubana». Ese fenómeno de asimilación revela que muchos isleños han comenzado a «olvidar» el sueño americano ante el endurecimiento de las políticas migratorias estadounidenses. Es común encontrar locales de «ropa vieja» o cubanas trabajando en servicios de belleza.
Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el dinamismo de los procesos internacionales y las restricciones a los flujos irregulares han transformado la migración histórica de la zona en un fenómeno de asentamientos temporales masivos en el área urbana.
La supervivencia en la frontera sur mexicana también es una batalla contra los rumores y la desinformación alimentada en grupos de Facebook o TikTok que difunden noticias falsas, como supuestas aperturas de la frontera con Estados Unidos en fechas festivas. «Mucha gente, en esa esperanza de cruzar o de avanzar, tomaba la decisión de continuar su camino basándose en desinformaciones», explica Arroyo.
Cuando la espera es un destino
Frente a la hostilidad del sistema, organizaciones como HIS apuestan por la dignidad y la integración de los migrantes. Nimxi es clara en su enfoque: «Buscamos siempre proyectar una imagen de las personas en contexto de movilidad resilientes y valientes».
Rompen la barrera entre el migrante y el local iniciativas como la Escuelita «Sin Fronteras», el coro musical infantil y los equipos de fútbol que compiten en ligas locales. Logran que los residentes de Tapachula vean a los refugiados como pares.
Al final de la jornada, ayudan a que gente como Luis mantenga la fuerza. Pero el deseo de este señor cubano, al final de este texto, ya resultaba muy distinto al de muchos de sus compatriotas que buscan seguir al norte o establecerse en México. Para él, «los años van cayendo». Tras sobrevivir al engaño y al desamparo en las calles, mira hacia el futuro que imaginó con honestidad cortante.
—Nada. Ya quiero regresar.
Tapachula sigue ahí, como antesala melancólica donde la resiliencia se mide en la espera. Imaginemos este territorio y quizá, solo quizá, sabremos hacia dónde apunta un cubano cuando mira al horizonte.










Comentarios
En este sitio moderamos los comentarios. Si quiere conocer más detalles, lea nuestra Política de Privacidad.
Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *