¿Mansiones abandonadas? ¿Un teleférico en La Habana? ¿Túneles secretos? Los lugares que Eduardo Ceballos Pérez, de 38 años, muestra en su programa Despingovery Channel sorprenden no por la opulencia del pasado, sino por su involución. Eddy Jones, como le gusta presentarse, pretende convertirse en el Indiana Jones de La Habana al descubrir «tesoros» en lugares que ya nadie visita y que han quedado sepultados entre el olvido y el deterioro.
De Guanabacoa al cementerio chino, en Tarará, o tras la ruina de los campismos populares hasta el paraíso «bachológico» de La Cuevita, Eddy recorre la capital en busca de la destrucción y las historias de inmuebles que antes fueron populares entre los cubanos. En el camino, se inventa palabras para describir sus hallazgos, engola la voz e intenta hacer reír mientras reenfoca los problemas más viejos del país: el abandono y la desidia.
Su proyecto humorístico parodia los documentales de naturaleza de Discovery Channel. Natural de Luyanó, La Habana, grabó su primer video en la calzada de San Miguel de Padrón. En la actualidad, trabaja como comediante en el grupo Pagola La Paga, hace stand up —monólogos de comedia en vivo— y antes de Despingovery no había incursionado de manera seria en el audiovisual. En entrevista concedida al Noticiero de la Gente, de elTOQUE, Eddy reveló cómo nació el canal, anécdotas de interacción con las personas, los retos de grabar un bache en La Habana y algunos estrenos que está a punto de publicar.
¿Cuál es la historia detrás de Despingovery Channel?
Nace de la manera más inocente y, al mismo tiempo, orgánica que puedan imaginar. Siempre lo usé como chiste. Cada vez que hacíamos alguna fiesta o que andaba con mis amigos en la calle y veía algún derrumbe lo describía en un tono documental y ellos se morían de la risa. Yo empezaba: «aquí vemos cómo esta muestra de la cultura afrocubana»… y me iba montando en mi película, todo muy narrativo. No sé cómo funcionaba tan bien».
Lo probé con mi círculo más cercano y ellos me impulsaron: «oye, compadre, ¿por qué no haces eso?».
El nombre es otra historia. Es de esas cosas que tú sabes que no te va a salir dos veces. Fue una epifanía.
Me gusta hacer juegos de palabra y lo uso en mi trabajo como humorista. Despingovery salió de ese entrenamiento de mezclar comienzos de una y terminaciones de otra. Así surgió y a mí me fascina.
¿Cómo seleccionas las locaciones para grabar?
No es de los problemas más complicados que tengo en el programa porque, básicamente, desde que pongo un pie en la calle estoy viendo un video de Despingovery en potencia, en cualquier lugar.
Sí me ha llamado la atención muchas veces los lugares que visito. Son resultado de la retroalimentación que se ha creado con la comunidad. Muchas personas me sugieren. Otras me mandan fotos, videos, como si yo fuera el delegado del barrio: «oye, mira este bache».
Es un intercambio muy rico que se ha formado a raíz del proyecto. Me llena de una alegría inmensa que la gente lo haya hecho suyo.
También me he enterado de historias, de lugares, que nunca en mi vida había visto. Eso es espectacular y forma parte intrínseca del proceso de búsqueda y selección de los lugares que vamos a grabar.
¿Tienes ayuda para producir los videos?
¡Uf! El equipo de producción de Despingovery Channel es muy «extenso», compuesto por una persona y media. Digo una persona y media porque soy yo y casi siempre mi amigo, el cámara; a veces él no puede porque está complicado y pruebo suerte con otro camarógrafo o me voy solo.
Edito yo mismo. Hago el proceso de producción, la fotografía, indico qué planos tomar.
Muchos piensan que detrás del resultado de los videos hay muchas personas y no, están hechos de manera creativa y ahorrando al máximo.
Me gusta que se mantenga así y, más que crezca la producción, me gustaría que creciera el presupuesto. En algún momento sí va a tener que crecer porque uno quiere hacer proyectos más grandes. Estoy loco por ir a un lugar lejos y eso implicaría a personas más especializadas.
La disponibilidad técnica ha variado a medida que el proyecto ha evolucionado. Actualmente, usamos un teléfono de gama alta que tiene una cámara bastante buena, con un estabilizador. Así podemos tener escenas de caminar, de acción y, al mismo tiempo, la toma se mantiene fluida.

A la hora de editar, he sufrido algunos cambios porque comencé con una PC, pero le cayó un rayo y se rompió. Desde entonces, el aparato de edición de Despingovery ha sufrido varias metamorfosis.
La edición que hago es bastante básica. No tiene grandes efectos especiales. Creo que tener una idea clara del resultado al que quiero llegar, hace que el proceso sea un poquito más sencillo, porque ya lo formulé en la mente: hago el plano exacto y lo llevo a edición.
Muchas veces voy a los lugares y no tengo un guión, sino que empiezo a improvisar con lo que voy viendo, con lo que estoy interactuando en el lugar. Eso provoca que a veces tenga que corregirme durante el montaje.
Por eso me gusta mantenerme en la edición, al menos por un tiempo, porque gestiono de manera más exacta lo que sale.
¿Cómo se diseña el conductor de un programa de baches y abandono?
Vengo del teatro. Estudié actuación y dirección escénica. Ese bagaje ha influido mucho en el resultado actual de Despingovery Channel.
Para mí es un personaje, no un conductor. Lo veo como Indiana Jones en La Habana, entre los desastres que va descubriendo. Se trata de lugares sorprendentes, pero en un estado deplorable. No hay una manera mejor de describirlo: es el tipo que encuentra tesoros donde nadie espera. Por ahí va la filosofía de ese personaje.
El chaleco y la boina le dan un toque militar, pero al mismo tiempo eso es característico de los grandes arqueólogos. Va en esa línea de lo aventurero, alguien que doma día a día la flora y la fauna «bachísticas» de nuestro país.
A mí me gustaba siempre vestir de camuflaje. Lo incorporé también como parte de esa narrativa, quizá, de supervivencia. Por ahí la onda de Eddie Jones, el conductor de Despingovery Channel.
¿Cuántos lugares de La Habana has grabado y cómo ha sido la experiencia según los barrios o la gravedad del desastre?
Estamos aproximándonos a los 90 videos en Instagram, que fue la primera red social en la que tuvimos relevancia En YouTube empezamos mucho después y tenemos menos materiales ahí.
Casi 90 videos significan la misma cantidad de lugares diferentes grabados. El 99 % son en La Habana. No he salido prácticamente de la capital y sé que por ahí para allá se pueden hacer muchos más videos.
La experiencia varía en dependencia del lugar o de lo que vayamos a grabar. En un sitio abandonado donde no hay personas trabajo más cómodo. Puedo tomarme más tiempo para generar mejores guiones. Puedo improvisar más. Tengo más libertad creativa que cuando estoy en la calle grabando un bache; eso es totalmente distinto. Tienes que jugar con el tráfico, con la gente, con quién pasa por ahí y, al mismo tiempo, con el bache.
Cuando grabamos baches, recibo una retroalimentación que no ocurre cuando estoy en otro sitio. La gente te ve grabando los baches en la calle e interactúa muchísimo. Y eso da una alegría tan grande que suple cada problema que pueda haber.
¿Cuál es el propósito de este tipo de contenido? ¿Cómo te gustaría que la gente lo viera?
Esa pregunta la puedo responder con una frase que me encanta: «es privilegio del bufón decir lo que otros temen».
Es igual a la imagen del látigo con cascabeles en la punta. Los cubanos somos muy dados al humor. Esa picardía nuestra nos hace estar súper predispuestos a buscar siempre la comicidad o satirizar nuestra realidad. Así es como quiero que se vea Despingovery Channel.
Quiero lograr esa genialidad de decir cosas positivas, pero con tanto sarcasmo por detrás que realmente sea una crítica. Esa contraposición en la que no me meto con nada y, a la vez, estoy confrontándolo todo.
Esa retórica es la que quisiera que la gente captara y lo veo en los comentarios, lo que los usuarios escriben es muy revelador y capta perfectamente la esencia y adónde quiero llegar.
Muchas veces no hablo de algo específico, me monto un universo paralelo en un país que no existe —Despingolandia y Apagonía— y bajo esos estamentos construyo una realidad que calza con la de muchos, pero al mismo tiempo no es la realidad que estoy nombrando.
¿Qué es lo más interesante que te ha sucedido durante la grabación del programa?
Me han pasado muchas cosas, pero a finales del año pasado algo me marcó muchísimo.
Lamenté varias pérdidas en mi familia, pilares importantes para mí, por eso esta anécdota me toca de manera específica.
Me contactó un señor mayor, como pasa muy seguido, para que fuera a grabar al cementerio chino. Me dijo que fue a visitar a una familiar enterrada ahí y se encontró aquello en muy mal estado y le molestó porque debería ser un lugar de respeto.
Me gustó la idea y me puse en ese proyecto. Nos mantuvimos en contacto y un día me dijo: «veo que tu apellido es Ceballos. Sabes, tuve una media hermana con ese apellido que falleció».
Ese señor era descendiente chino, al igual que su familia. Le respondí: «si tú supieras que tuve una tía, nunca tuve una relación cercana con ella, también descendiente china con el apellido Ceballos».
Estábamos hablando de la misma persona. Su hermana era mi tía y con él pude visitar la tumba exacta donde ella está enterrada.
Eso me marcó muchísimo porque cuán probable puede ser que de las personas que ven el canal me haya escrito una sin saber quién soy y resulte que seamos familia.
¿Qué saldrá en Despingovery Channel próximamente?
Queremos llevar Despingovery a un show en vivo en el que interactúen las personas.
Con respecto a los videos, estamos a punto de terminar una serie que grabamos en Tarará y se la recomiendo a todos. Queremos hacer también otra serie dedicada a los centros deportivos.
Trato de mantenerme siempre informado y buscando la manera de llevar esa inmediatez a esta suerte de documental.
En los próximos estrenos tendremos cosas muy locas. No quiero dar muchos detalles porque si digo para dónde voy, después no puedo entrar.









