Dos pomos de aceite, dos bolsas de arroz, dos de azúcar blanca, un pomo de mayonesa, otro de jugo concentrado, puré de tomate, carne en conserva, sardinas, un paquete de coditos y una lata de leche condensada. Ese es el contenido, con variaciones según el lugar, de la caja de cartón –decorada con la bandera de Estados Unidos y el emblema de la organización católica Cáritas– que han recibido decenas de familias cubanas afectadas tras el paso del huracán Melissa.
Si un cubano quisiera comprar esos productos al precio que tienen hoy en el mercado informal, tendría que desembolsar, aproximadamente, 20 000 CUP. Las personas que fueron a recoger la caja de Cáritas tuvieron que aportar su nombre, apellidos, firma y carné de identidad. Además, había que tomarse una foto o grabar un video junto a la donación.
El sistema parece excesivo, pero en el contexto cubano –argumentan varios sacerdotes y laicos entrevistados por elTOQUE– la transparencia es indispensable. La sede cubana de Cáritas, la organización benéfica internacional de la Iglesia católica, ha sido muy escrupulosa con el tratamiento de los cargamentos humanitarios enviados desde Estados Unidos a la isla.
Se le entrega a sobre todo a embarazadas, madres solteras, enfermos y discapacitados que han sido identificados por Cáritas, y que han recibido atención –incluso antes del paso del ciclón– por parte de diferentes parroquias y entidades benéficas.
Escuetos pero efectivos en la comunicación de su trabajo, Cáritas Cuba ha publicado en su sitio web fotos que permiten reconstruir las generalidades del proceso. Las cajas que traen los cargamentos son recogidas en terminales aéreas o portuarias por camiones con chapas particulares y voluntarios con pulóveres de Cáritas.
Cada zona trabaja según sus recursos. En Santiago se utilizaron camiones, pero en Holguín tractores y motonetas, y en Bayamo bicitaxis. En Baracoa, la descarga se hizo a medianoche, en apagón y con linternas.
«En las ciudades grandes del país hay algunas mipymes de transporte que han colaborado con proyectos sociales de la Iglesia y de Cáritas», asegura a elTOQUE el sacerdote santiaguero Rogelio Dean Puerta, uno de los supervisores de la distribución de ayudas en Oriente. «Nosotros –en las zonas rurales de Oriente– no tenemos esa experiencia. Quizá el volumen de facilidades e ingresos de las mipymes urbanas es mayor, pero nosotros contratamos el transporte a través de una serie de tractores para llegar a las zonas más intrincadas».
En Matanzas, un sacerdote que no desea revelar su identidad afirma que pedir ayuda a los privados no es una práctica que ni la Iglesia ni Cáritas desconozcan: «Yo he distribuido ayuda en mi zona personalmente, nunca por terceros. A veces, Cáritas paga a bicitaxis o algunos transportes para distribuir y así ayuda a los transportistas».
Cargamentos del norte
El 16 de enero de 2026, Cáritas Cuba informó sobre un envío de ayuda humanitaria desde Estados Unidos. El cargamento –528 kits de alimentos no perecederos y 660 kits de higiene– llegó por avión al Aeropuerto «Antonio Maceo» de Santiago de Cuba. Con ellos, se preveía ayudar a la subsistencia de algunas de las 6 000 familias afectadas por Melissa. A finales de enero, un cargamento idéntico llegó al aeropuerto de Holguín, con ayuda de la organización Catholic Relief Services y Cáritas Alemania.
El 10 de febrero, Cáritas comunicó que siete contenedores con una carga valorada en 7 millones de dólares habían llegado al puerto santiaguero. En su página web, la institución realizó un desglose de lo entregado provincia por provincia. Dean Puerta formó parte de la distribución. «Se ha hecho un trabajo fuerte, de terreno. Es muy difícil repartir poco entre muchos. Como Iglesia, gracias a la misión en los barrios, estamos de lleno y en contacto directo con la necesidad de la gente. Podemos ir haciendo diagnósticos», afirma.
¿De dónde vienen estos cargamentos? De donantes privados en Estados Unidos y de organizaciones como Friends of Caritas Cuba, que realiza varias recaudaciones cada año en Nueva York, Miami o Boston. La más reciente se hizo en Miami, con una subasta de arte y una pequeña recepción en un jardín del sur de la ciudad.
La Iglesia católica media entre los donantes, Washington y el Gobierno cubano para que faciliten la entrada de ayudas. La labor de Arturo González, obispo de Santa Clara y presidente de la Conferencia Episcopal, ha consistido en moderar junto a sus colegas el diálogo entre esas instancias, si bien no han faltado las tensiones.
«El Gobierno ha aceptado la ayuda porque no les ha quedado más remedio», explica a elTOQUE una fuente protegida vinculada a la jerarquía eclesiástica. «En medio de este desamparo, ellos no pueden obstaculizar algo que abiertamente se está brindado. Y el embajador estadounidense Mike Hammer ha jugado un gran rol: él ha visto lo que está pasando en el país, ha podido ver y hablar con muchos a lo largo de la isla. No obstante, el Gobierno no ha podido tocar nada de estas ayudas, por eso están llegando a tantos necesitados».
Los donantes están satisfechos, confirma Dean Puerta: «Se hace un trabajo detallado y muy consciente. Cada vez que recibimos a los donantes, se quedan admirados y nos dicen: “¿Cómo ustedes con tan pocos recursos y escasez de espacio y personal pueden distribuir las donaciones con tanto rigor?”».
Varias instituciones –entre ellas la Casa Blanca– han prometido que las donaciones a Cuba seguirán, y la idea es que abarquen todo el país y no solo Oriente, dice el cura santiaguero. «Ellos nos preguntan cuáles son los artículos más necesarios. Hay un diálogo para que llegue lo que más urge. Realmente, nos hace falta mucha ayuda y lo más rápido posible, porque hay mucha necesidad».
De hecho, aunque las diócesis orientales fueron las más afectadas por el paso de Melissa, las recientes ayudas de Cáritas han llegado a otras de la isla. «A Cáritas Santa Clara han entrado cosas, pero no por el ciclón», dice una fuente en la diócesis de Santa Clara. «Se han distribuido cajas con variados productos: aceite, sardinas, arroz, azúcar, etcétera. Ello se destinó, sobre todo, a los comedores de desamparados, pero en Santa Clara también lo recibieron algunas parroquias y proyectos, como Corazón Solidario y el proyecto Hermanos, con su comedor frente a la Catedral, que cada domingo ofrece comida a más de 400 personas. Cada vez se hacen más comedores en las iglesias, porque la situación es cada vez más complicada».
La Iglesia católica y el sector privado
Según Dean Puerta, la labor de la Iglesia católica –necesitada de fuentes de ingreso, como cualquier organización– pudiera beneficiarse de la actividad privada, como ocurre en otros lugares. Sin embargo, su alcance actual en Cuba es muy limitado dada la inestabilidad del país. «Es muy difícil meternos en el mundo empresarial privado», explica el sacerdote. «Lo que más hemos logrado está en la cuestión agrícola, alguna hacienda que tenemos, pero no más allá».
La Iglesia ha trabajado con particulares en las guarderías, pero los proyectos ejecutados hasta ahora en varias diócesis han sido incipientes y discretos, para no llamar la atención del Estado. «A los sacerdotes y religiosas nos hará falta con el tiempo algunos cursos de administración», bromea Dean Puerta. «Depende de los caminos que tome el modelo económico cubano. El Estado está enfrentando muchas dificultades en el ámbito económico. Evidentemente, hay muchas trabas que quitar y muchas cosas que cambiar. En sentido general, es importante que en Cuba haya un proceso de liberación de las fuerzas productivas. Urge esa liberalización. Urgen procesos de descentralización. Pero en estos momentos lo que toca es esperar, atendiendo también a la coyuntura internacional».
En el mundo, la situación de Cuba por fin se está conociendo mejor. Ya no se trata de una coyuntura tras el paso de un ciclón, sino de una crisis sistémica que lleva años deteriorando cada esfera del país. La Conferencia Episcopal de las Antillas —que agrupa a los obispos caribeños de habla no hispana— reclamó el 3 de marzo de 2026 un «cambio» y un cese del «silencio» sobre las dificultades del país. El 9 de marzo, el cardenal Parolin, secretario de Estado del Vaticano, aseguró que la Santa Sede ha dado «los pasos necesarios» para que sea posible una «solución dialogada de los problemas que existen» en Cuba.
Dean Puerta recuerda que la Conferencia Episcopal cubana también le ha dicho al Gobierno, y más de una vez, que «está disponible» para conversar sobre el futuro. «Hay que buscar entendimiento, pero el entendimiento tiene que ser efectivo y general. Que responda al cubano que sufre, que necesita respuestas concretas y las necesita ya».









