En las calles irregulares de la ciudad de Matanzas, en el occidente de Cuba, donde conseguir gasolina en 2026 puede ser más difícil que reparar un motor antiguo, un pequeño automóvil polaco ha captado las miradas.
No es nuevo ni potente ni lujoso. Pero sí distinto. Este «polaquito» —como se conoce en la isla al Fiat Polski 126p— ya no depende del combustible fósil: ahora funciona con electricidad.
La transformación es obra de un joven mecánico, Harvey Soblado, de 27 años y su equipo, quienes decidieron llevar a la práctica una idea que comenzó casi como un experimento.
En conversación con elTOQUE, Soblado contó su historia con naturalidad, como quien todavía se sorprende del resultado.
«Tengo 27 años y soy mecánico de motos eléctricas. Comencé a experimentar en la mecánica como una necesidad para resolver mi problema, pues en aquel momento no tenía trabajo», relató.
La iniciativa, sin embargo, no nace únicamente de la urgencia económica. También hubo curiosidad y desafío técnico: «cambiamos este polaquito a eléctrico por un capricho. Queríamos ver qué salía de esto. Un proyecto nuevo que teníamos en la cabeza un grupo de compañeros desde hacía un tiempo».
El proceso no fue simple. El equipo —integrado por el dueño del vehículo, otros mecánicos y colaboradores— tuvo que desmontar el sistema original del auto.
«Fue un grupo amplio que estuvo vinculados en el proceso de las pruebas que se hicieron hasta que pudimos dar con la solución. Tuvimos que modificar lo que viene siendo la unidad técnica. O sea, quitamos el motor, el clutch y también la parte del combustible. Tuvimos que modificar la parte de atrás de ese carro», agregó.
El nuevo corazón del «polaquito» es un motor eléctrico alimentado por una batería de triciclo, que se recarga con energía eléctrica.
«Es una batería tipo TM KTL de 72 V 75A. Puede alcanzar 70 km por hora, quizá un poco más en dependencia de la controladora que tenga (...). La durabilidad dependerá de lo buena que nos salga la batería», precisó.
El vehículo no está pensado para uso comercial, sino familiar. Su autonomía ronda los 100 kilómetros por carga, suficiente para la dinámica urbana de una ciudad como Matanzas. «Es un carro para el dueño transportarse con su familia, dentro de la ciudad», añadió.
El costo del proyecto, sin embargo, refleja las dificultades de innovar en Cuba. «El costo aproximado fue 3 000 USD porque fue nuestra primera invención y hubo que rectificar cosas, pero bueno, la cifra viene siendo 2 500 para estar seguros».
Semanas antes, otro cubano acaparó titulares en medios internacionales al adaptar un «polaquito» para funcionar con carbón vegetal, una solución más rudimentaria pero ingeniosa ante la crisis energética.
Para el mecánico matancero, estos esfuerzos forman parte de un mismo impulso colectivo.
«Estoy seguro que muchas personas van a escribir después de esto porque van a estar interesados en el tema. Hay otro polaquito que funciona con carbón y mis felicitaciones para el dueño, ojalá nos podamos conocer algún día (...). Sé que hay varios inventores que se me adelantaron, ojalá podamos formar parte de una gran comunidad y podamos seguir haciendo estas conversiones», detalló.
«Este es el prototipo, luego vamos haciendo las mejoras».








