—«No lo voy a contar como me lo contaron, sino como lo viví, aunque los jubilados que conversaban de temas como este en la cola del banco para cobrar la pensión, si leen estas líneas, encontrarán la esencia de lo que dijeron acerca de un problema de alcance nacional».
—Si la cosa fue en la cola del banco para cobrar tu pensión, podría decirse que se trata de un problema de «alcancía nacional».
—Nada que ver conmigo. He leído el primer párrafo de un interesante trabajo publicado por el periódico Trabajadores, con título «El pan y los cinco pesos».
—¡No me digas que le bajaron el precio!
—No, qué va. Lo de los precios en Cuba va en contra de la lógica filosófica que estudia el razonamiento como proceso natural, como arte de razonar y de descubrir metódicamente la verdad. La verdad es que se elevan al infinito, y no precisamente como espiral dialéctica.
—Pobre Jesús si quisiera multiplicar los panes y los peces en estos confines, sin flota pesquera y con una Empresa Cubana del Pan que se hunde. Aclárame el título, ardo en deseos de saber cuánto puede hacerse con un pan y cinco pesos.
—Dice el autor que es «un periodista que se jubiló después de 45 años de trabajo, válidos para recibir lo máximo establecido y que, por dos aumentos, ahora son 3 653 CUP de los cuales el banco me dio 1 000 en papel moneda (200 unidades con la imagen de Maceo) de 5 pesos».
—¿En serio que tras casi medio siglo de trabajo le pagan el «máximo establecido», equivalente a 6,24 dólares según la Taza (como la del baño) de Cambio Oficial que publica hoy Cubadebate?
—No te pongas a criticar al benefactor Gobierno que hace como nadie por su pueblo y que ha sido capaz de estamparle dos aumentos a la jubilación del pobre hombre.
—Para ser tan arrastrao hay que tener más timbales que el Titán de Bronce. Quizás por ello le dieron doscientos billetes de los verdes de Cuba, que no valen ni dos de los verdes verdaderos.
—Oye lo que agrega el jubilado avalado al que han echado de lado: «Sin carbón, porque había que ir a buscarlo, con un apagón de casi 24 horas, los equipos de frío vacíos, esos panes y una lata de spam eran la esperanza para el almuerzo, que se frustró cuando no admitieron los 100 billetes de 5 pesos».
—¡Su almuerzo se frustra no porque su retiro es una mierda, sino porque un establecimiento comercial privado se niega a aceptar una centena de papelitos que le paga el Estado como reconocimiento a su larga carrera de guataca!
—El tipo como que se revira ante las circunstancias: «Al no lograr nada con explicar mi condición de viejito de 74 años y una esposa diabética de 78 que no puede estar tanto tiempo en ayunas, como todo ser humano, perdí el control, debo de haber dicho varios disparates, pero ninguno tan fuerte y ofensivo como los que logré callar».
—Perdió el control que tuvo toda la vida frente a sus empleadores. Antes de escribir semejante bazofia, hubiera sido un verdadero logro habérsela callado.
—¡¿Qué dices?! Si no se calla el mismísimo Ricardo Ronquillo Bello, que es el adalid del «perriodismo» oficial…
—¿Y qué escribió ese ahora?
—Un extenso «artígluteo» con nombre «Cuba, Revolución y contrato social: ¿un eje incómodo?».
—Hablando de extensión: ¿sabes si el contrato social que le abrieron incómodamente en la Upec al susodicho es por tiempo determinado o indeterminado? ¡Son ocho años revolucionando el periodismo en Cuba!
—Otros ocho años se ganará con esto: «Si con la primera Constitución después de 1959, la de 1976, se desmontaba el orden burgués en el país para iniciar el camino de la construcción de una sociedad socialista, con la del 24 de febrero de 2019 y las transformaciones que ahora se fundamentan en ella se apunta a superar el modelo de socialismo del siglo XX».
—Así que se desmontó el orden burgués, se inició un camino constructivo y ahora se supera el modelo de socialismo del siglo XX.
—Modelo que nunca llegó a amoldarse.
—Al Bello de Ricardo le privan las modificaciones: basta que Raúl, Canel y Marrero se reúnan y decidan que hay que mover el búcaro de la ventana que da a la Plaza para que aparezca él encantado con los «cambios». Su entusiasmo es tremendo con los que se anuncian: «Nadie con un mínimo de amor por el destino de Cuba dejaría de admitir que el calado y magnitud de los cambios nos sitúan frente a la concertación de un gran contrato, el más movedizo y desconcertante de los concebidos en estos años».
—Movedizo y desconcertante como esos periodistas que buscan que les cambien cien billetes de Maceo a cambio de panes que no son nuestros ni de todos los días.




