La columna de Fernández Era: Protección

Ilustración: Danilo
Estimado jefe:
Dice el periódico Granma que una de las principales debilidades internas «es la creciente desconexión que perciben sus ciudadanos entre los ideales proclamados y la cruda realidad política, económica y social en la que viven». Tal aseveración (referida, como es de suponer, a nuestro enemigo del norte), junto a la que le precede («Todo indica que el imperio estadounidense corre la misma suerte que sus antecesores; aunque su poder no se ha extinguido, ya no es ni hegemónico ni indisputable»), pudiera llevarnos a una visión triunfalista frente al probable escenario de que se repita con Cuba lo que ha pasado en Venezuela.
A tenor por cómo van las cosas en Caracas, donde Delcy Rodríguez, hasta por señas, implora que a Maduro lo maduren más, sería aconsejable desde ahora variar la redacción de los discursos de Miguel Mario, de manera que se haga explícita (para que todo el mundo vea que la Isla se opone a todos los imperialismos, no importa el signo ideológico) alguna que otra crítica a los rusos por la invasión a Ucrania, a China por sus pretensiones con Taiwán o al Gobierno iraní por la masacre de personas que salieron a protestar por causas tan legítimas como las del 11 de julio de 2021.
De ahí que en el Plan de Contingencia que usted me ha pedido para proteger de un posible secuestro a nuestro presidente y también primer secretario del Partido en caso de que las tropas norteamericanas osen entrar en Punto Cero, más que en debilidades de los enviados de Trump me centre en aprovechar las nuestras en aras de una victoria más que segura. Será la manera contundente y rotunda de callar la boca a aquellos pusilánimes que ansían ver de cerca a las Delta Force y aluden al presidente designado en términos como «Delta no se salva».
Mi primera propuesta se centra en agregar Punto Cero a uno de los tantos circuitos con los que la Empresa Eléctrica organiza su política de apagones, y ensañarse con él en los horarios de la noche y de la madrugada, de manera que a los yanquis no les sea fácil discernir en qué áreas de la ciudad se vive a tutiplén, y si las ojeras del compañero Canel se deben a su cargada agenda de trabajo o al desafuero con que le irán pa’rriba los mosquitos del río Quibú.
En el horario del día, para evitar la localización de la residencia de nuestro magno dirigente, deben eliminarse de cuajo los arribos a su casa de camiones de Jagüey Grande que normalmente le abastecen de cítrico para sus regulares limonadas. Quizás puedan sustituirse con la apertura de una guarapera en el cercano recinto de Pabexpo o algún carrito de helado que vocee en Quinta Avenida y no haga sospechoso un inminente capricho del primer secretario.
Sería más que irresponsable dejarlo dormir a diario en esa casa. Propongo como lugar alternativo el Paradero de Playa. El recorrido hacia el Palacio de la Revolución podría camuflarse con la salida de alguna de las guaguas de dicha terminal. Sería poco probable que los radares enemigos logren identificar a Canel dentro de una ruta 8, pero en el caso extremo de que ello suceda, es de imaginar la desesperación de los imperialistas por la demora o la indefinición en el horario.
Comprendo que Bermúdez tiene un detallado programa con el que se propone visitar cada provincia no menos de veinte veces en los próximos cinco años. No es de mi incumbencia cuestionar esa obsesión de observar sobre el terreno que el país va de mal en peor, pero su desgaste físico es evidente, casi tanto como el de la gente que lo ve en el noticiero día a día diciendo exactamente lo mismo. Súmele la liturgia de un desmesurado cuerpo de seguridad personal que lleva a cualquiera que vea las imágenes de sus visitas a creer que todo el mundo le da la espalda al presidente. Con el propósito de hacer menos identificable por los drones invasores el grupo que lo rodea en cada encuentro con el pueblo, sugiero que en lo adelante se visiten solo las provincias de donde son sus guardaespaldas, de modo que pueda introducirse al entorno del primer secretario, en un ambiente familiar y distendido, algún que otro pariente o chiquilla que recite un poema de ocasión. Claro que ello limitaría las visitas a las provincias de la mitad para allá del país, pero lo que se ahorre en materia de gastos de transportación y de hospedaje podría emplearse en duplicar la cantidad de periodistas que acompañan al Doctor en Ciencias y le hacen preguntas simpáticas e innovadoras.
Se agrega a las propuestas señaladas otorgarle al mandatario vacaciones anuales pagadas de seis meses en bases de campismo alternativas de todo el territorio nacional, de manera que su imponente anatomía pueda difuminarse en la inmensa floresta de nuestra geografía y sea imperceptible para los helicópteros norteamericanos. «Sería alejarlo demasiado tiempo de sus funciones», alegaría usted, y yo le respondería: «Pa lo que hace…».
Por último, aclaro que el Plan que suscribo está pensado para dos personas. Nuestro pueblo no nos perdonaría que, igual que protegemos al presidente Canel, no hiciéramos ídem con la primera combatiente. Si van a cogerlos, ¡que los cojan juntos!










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