Manzanillo, la ciudad donde las fábricas dejaron de hacer ruido

17 de julio de 2026 a las 06:30 a. m.

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Durante buena parte del siglo XX, Manzanillo consolidó su desarrollo alrededor de su puerto y de un entramado de industrias. Hoy la realidad es otra. Foto: Radio Granma/Archivo.

Durante buena parte del siglo XX, Manzanillo consolidó su desarrollo alrededor de su puerto y de un entramado de industrias. Hoy la realidad es otra. Foto: Radio Granma/Archivo.

En el lugar que durante décadas miles de obreros entraban y salían de fábricas, talleres y astilleros que abastecían a buena parte del oriente cubano, hoy predominan las naves semivacías, la producción intermitente y los trabajadores reubicados.

Ese es el retrato que llegó a elTOQUE a través de un reporte ciudadano enviado por una jubilada de Manzanillo, quien reunió información sobre el estado de algunas de las principales industrias de su ciudad para describir cómo la crisis económica ha ido erosionando, poco a poco, uno de los polos industriales más importantes de Granma.

Durante buena parte del siglo XX, Manzanillo consolidó su desarrollo alrededor de su puerto y de un entramado de industrias metalúrgicas, navales, eléctricas y vinculadas al sector azucarero. El reporte recibido por elTOQUE no describe un cierre masivo de empresas, sino un fenómeno más silencioso: fábricas que siguen existiendo, pero producen muy por debajo de su capacidad, sobreviven con enormes dificultades o han perdido la función para la que fueron concebidas.

«La fábrica de acumuladores XX Aniversario, aunque no ha cerrado definitivamente, sigue funcionando con muchas dificultades desde, al menos, 2018 debido a la falta de materias primas y a los problemas económicos», explica la fuente, que pidió mantener el anonimato.

Su descripción coincide con lo que las autoridades cubanas han reconocido en los últimos años. La Empresa de Acumuladores XX Aniversario —la única industria del país dedicada a fabricar baterías para equipos automotores— llegó a producir a inicios de la década de 2010: 160 100 baterías, más de la mitad de las aproximadamente 300 000 que demanda Cuba cada año. Sin embargo, en 2021 apenas entregó 33 200 unidades, la cifra más baja de su historia. Según explicó entonces al diario Granma su director, Reynier Estrada Olivera, la caída obedeció principalmente a la escasez de plomo y otros insumos importados. Cerca del 65 % de los componentes necesarios para fabricar una batería provienen del exterior.

Durante una visita gubernamental a Manzanillo en febrero de 2024, las autoridades reconocieron que la empresa tenía una severa escasez de materias primas y que no esperaba estabilizar sus suministros a corto plazo. 

El deterioro también se refleja en el empleo. De acuerdo con el Directorio Comercial de Cuba 2017-2019, la empresa contaba entonces con 333 trabajadores — entre técnicos, obreros y directivos—. No existen datos oficiales actualizados sobre el tamaño de su plantilla, pero el reporte recibido por elTOQUE sostiene que la reducción de la producción ha venido acompañada de una disminución del personal y de salarios insuficientes para quienes permanecen en la fábrica. «No está cerrada, pero opera con capacidad limitada y mantiene personal activo, aunque con salarios bajos», señala la denunciante, quien atribuye la situación no solo a la falta de materias primas importadas, sino también a «las ineficiencias en la gestión, la falta de modernización tecnológica y el impacto de la crisis energética».

En una ciudad donde la empresa fue durante décadas una importante fuente de empleo, su deterioro repercute mucho más allá de la fábrica y alcanza a numerosas familias que dependían directa o indirectamente de su actividad.

La situación, asegura la fuente, no es exclusiva de XX Aniversario. «Algo parecido sucede con los Talleres Fajardo, motor esencial de la reparación de la maquinaria azucarera».

Durante décadas, esos talleres fabricaron y repararon piezas para centrales azucareros de buena parte del país. Hoy, su actividad depende de un sector reducido a mínimos históricos. Mientras Cuba llegó a operar más de 150 centrales azucareros durante el siglo XX, en las últimas zafras apenas una veintena ha logrado moler caña, tras años de cierres, desmantelamientos y falta de inversiones. Los medios oficiales reconocen que los Talleres Manuel Fajardo, perteneciente al Grupo Azucarero AZCUBA, producen actualmente componentes para los pocos centrales que permanecen activos.

Otro de los símbolos del declive industrial, según el reporte, es la fábrica de transformadores. «La desarticularon y se la llevaron para Bayamo. Pero ante la situación que se generó, pues todos los obreros se quedaron sin trabajo, la retornaron».

elTOQUE no ha podido verificar de forma independiente ese traslado. Sí existen evidencias de que la planta continúa operando con importantes limitaciones. La prensa oficial la identifica como la única fábrica de transformadores del oriente cubano. En 2025, Granma informó que, de los 306 transformadores cuyo mantenimiento estaba previsto ese año, la empresa solo pudo realizar 75 reparaciones capitales debido a la falta de materiales y piezas. Para el resto, los trabajadores han recurrido a la reutilización de componentes y a soluciones alternativas para mantener operativo el sistema eléctrico.

Quizá la imagen más elocuente de la decadencia sea la del antiguo astillero Andrés Luján Vázquez, conocido durante años como Astigol. «Hoy está en paro total; sus trabajadores fueron ubicados en otras empresas y algunos permanecen allí realizando labores de limpieza y chapea», escribió la jubilada.

Y añade una comparación cargada de nostalgia: «Imagínense un puerto por donde entraba en los años cincuenta una buena parte de las mercancías que se distribuían por todo el oriente».

El deterioro del astillero quedó de manifiesto también en julio de 2023, cuando un incendio de grandes proporciones consumió un almacén de resinas. El siniestro obligó a movilizar equipos de emergencia para evitar que las llamas alcanzaran depósitos de combustible e instalaciones industriales cercanas. Aunque las autoridades anunciaron una investigación, no divulgaron públicamente sus conclusiones.

Lo que ocurre en Manzanillo trasciende el ámbito local. Refleja un proceso de desindustrialización que la economía cubana arrastra desde hace años. La falta de divisas para importar materias primas, el envejecimiento tecnológico, la crisis energética, las dificultades para acceder a financiamiento y el desplome de sectores estratégicos, como la industria azucarera, han reducido la capacidad productiva de numerosas empresas estatales.

En la mayoría de los casos no se trata de fábricas clausuradas oficialmente. Muchas continúan en los registros empresariales y conservan parte de sus plantillas, pero producen apenas una fracción de lo que fueron capaces de fabricar durante décadas o sobreviven gracias a actividades ajenas a su objeto social.

Mientras ciudades como Manzanillo son testigo del deterioro de industrias que durante décadas simbolizaron la empresa estatal socialista, el Gobierno impulsa ahora un paquete de reformas que rompe con buena parte de los principios que defendió durante casi 70 años. Entre ellas figuran la creación de asociaciones entre empresas estatales y privadas, la conversión de empresas estatales en sociedades por acciones, el arrendamiento de activos públicos a inversionistas extranjeros e incluso procedimientos para liquidar empresas con pérdidas sostenidas. Manuel Marrero admitió ante la Asamblea Nacional que el presupuesto estatal destina 92 500 millones de pesos a subsidiar el sistema empresarial y presentó estas medidas como indispensables para intentar rescatar una economía cuyo aparato productivo lleva años perdiendo capacidad. 

En Manzanillo, las naves industriales siguen en pie. Lo que escasea ya no son los edificios, sino la producción que durante generaciones dio empleo, impulsó la economía local y convirtió a la ciudad en uno de los principales centros industriales del oriente cubano.

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