Vitrina cultural y ceremonia política en tiempos de crisis: así vuelve la Feria Internacional del Libro

6 de agosto de 2026 a las 06:45 a. m.

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Asistentes se pasean por la Feria Internacional del Libro en el Castillo Morro en La Habana, Cuba, el miércoles 16 de febrero del 2011. (Foto AP/Franklin Reyes)

Asistentes se pasean por la Feria Internacional del Libro en el Castillo Morro en La Habana, Cuba, el miércoles 16 de febrero del 2011. (Foto AP/Franklin Reyes)

La 34.ª edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana (FILH) se celebrará en agosto de 2026 a pesar de que la crisis económica y energética obligó a suspenderla en seis meses atrás. Para hacer viable su retorno, los organizadores trasladaron la sede principal, distribuyeron la programación entre varias instituciones y acortaron el calendario nacional. Sin embargo, la decisión de sostener el evento contrasta con una crisis que no ha remitido, sino empeorado, y con el deterioro sostenido de la industria editorial cubana.

El evento cultural más grande de Cuba debía celebrarse del 12 al 22 de febrero de 2026 en la Fortaleza San Carlos de La Cabaña, pero el 6 de febrero, seis días antes de la apertura, el Comité Organizador la aplazó sin anunciar una nueva fecha y presentó la medida como consecuencia de la «situación extraordinaria que vive el país». La decisión llegó al día siguiente de que Miguel Díaz-Canel anunciara una «Opción Cero» actualizada ante el «desabastecimiento agudo de combustible» y advirtiera que el país viviría «tiempos difíciles». Cuatro meses más tarde, el Instituto Cubano del Libro (ICL) reprogramó la etapa habanera del 10 al 16 de agosto y fijó el recorrido nacional del 21 de agosto al 6 de septiembre. 

Las actividades provinciales se concentrarán en tres fines de semana consecutivos: primero en el occidente, luego en el centro y, por último, el cierre en Santiago de Cuba. El presidente del Instituto Cubano del Libro, Juan Rodríguez Cabrera, ha reconocido que organizar la edición exigió «un esfuerzo extraordinario» y ha defendido su continuidad por el valor cultural y político que las autoridades conceden al evento. La cita está dedicada al centenario del nacimiento de Fidel Castro, homenajea a Marilyn Bobes y José Bell Lara y tiene a Rusia como país invitado de honor.

Las cifras oficiales de la cantidad de títulos en venta cambiaron entre una conferencia de prensa y otra. En junio, el ICL proyectó distribuir unos 4 millones de ejemplares y producir más de 3 000 títulos digitales. El 30 de julio, en cambio, anunció «más de 1 300 novedades en formatos impreso y electrónico» y 2 400 000 ejemplares para comercializar en el país. Esta segunda proyección reproduce exactamente las dos cifras centrales del balance oficial de 2025: más de 1 300 novedades y unos 2 400 000 libros físicos comercializados. Las fuentes institucionales no explicaron la rebaja entre junio y julio ni aclararon si el dato más reciente incluye inventarios de la edición anterior.

La Feria del Libro se mantiene como la principal vitrina editorial de Cuba, aunque el sistema que debería abastecerla dispone de menos capacidad para producir y hacer circular libros. La reducción reciente de la prensa impresa, con Granma y Juventud Rebelde limitados a una edición semanal y la suspensión de los periódicos provinciales en papel, confirma, además, que las restricciones materiales y logísticas actuales rebasan el ámbito literario y afectan al conjunto de la industria gráfica.

De la «sede permanente» de La Cabaña a Línea y 18: ¿cuánto se redujo la Feria?

La FILH se celebró por primera vez en 1982 y mantuvo una frecuencia bienal hasta 1998. En el 2000, pasó a realizarse cada año y La Cabaña se convirtió en su sede permanente. La pandemia interrumpió ese calendario, pero no desplazó la fortaleza: la Feria no pudo celebrarse en 2021 y la edición de 2022, prevista para febrero, fue pospuesta hasta abril debido a la situación epidemiológica. Para evitar aglomeraciones y cumplir con las medidas sanitarias, el Centro Histórico se incorporó como segunda sede, pero la inauguración y el núcleo del evento permanecieron en Morro-Cabaña. 

La cita de agosto de 2026 será la primera en 20 años cuya sede principal no estará en La Cabaña. Los organizadores eligieron como sede la Estación Cultural de Línea y 18 para facilitar la llegada del público en medio de la crisis del transporte y el combustible. El cambio hace visible, a priori, una reducción de escala: en 2025, la etapa habanera de la Feria recibió más de 400 000 personas en sus sedes y subsedes, lo que representa un promedio superior a 36 000 visitas diarias. Según MatTicket, una plataforma privada de venta y gestión de entradas para eventos en Cuba, el recinto sede de 2026 puede acoger a 1 000 personas. Ese aforo equivale a menos del 2.8 % del promedio diario de asistencia registrado el año anterior: una diferencia de escala de al menos 36 a uno. Juan Rodríguez Cabrera informó en conferencia de prensa que la Feria volverá a su sede permanente «cuando las condiciones lo permitan».

La reducción puede medirse también en calendario. La etapa habanera de 2026 durará siete días. Son cuatro jornadas menos que en la edición anterior, cuya etapa en la capital concluyó después de 11 días de actividades. Se acorta la ventana entre la apertura en La Habana y el cierre nacional: de 39 días en 2025 a 28 en 2026, según el cálculo basado en las fechas de inauguración y clausura de ambas ediciones.

En 2025, se anunciaron inicialmente 18 subsedes en la capital y, al cierre, las autoridades contabilizaron 19, además de La Cabaña. Para agosto de 2026, la relación más amplia publicada hasta ahora enumera nueve instituciones junto a Línea y 18, con actividades en el Centro Fidel Castro Ruz, la Casa del ALBA Cultural, la Biblioteca Nacional, Casa de las Américas, la Oficina del Programa Martiano, el Centro Cultural Vicente Revuelta y el Pabellón Cuba. El costo de acceso para el público, sin embargo, aumentó. En 2025, la entrada diaria a La Cabaña costaba 15 CUP y existía un pase permanente de 100 CUP. En 2026, la entrada a Línea y 18 costará 25 CUP por jornada y los menores de 12 años no pagarán

La contracción también alcanza a Cuba Digital, el espacio dedicado a los libros electrónicos, los audiolibros y las tecnologías aplicadas a la lectura. Inicialmente, estaba previsto durante ocho jornadas en La Cabaña, con talleres, estands, muestras tecnológicas y transmisiones en directo. Tras la reprogramación, se mantuvo, pero quedó reducido a cinco días.

Ese recorte resulta significativo porque los formatos digitales se han promovido como alternativa ante la escasez de libros impresos. Su acceso, sin embargo, requiere electricidad, dispositivos cargados y, con frecuencia, conexión a Internet. La digitalización reduce la dependencia del papel y de las imprentas, pero depende de condiciones que el país no puede garantizar de manera estable. Promover una «Cuba Digital» en un país de apagones prolongados y conectividad deficiente expone la brecha entre el discurso institucional y la realidad de los cubanos.

Ante la falta de papel y capacidad de impresión, la publicación electrónica permite concluir procesos editoriales y anunciar nuevos títulos, pero no resuelve la espera de quienes aspiran a ver sus obras impresas ni garantiza que estas lleguen efectivamente a los lectores. 

Una industria con muchos «pendientes»

Para un escritor de La Habana que pidió mantener el anonimato, uno de los efectos más dolorosos de la crisis editorial es no saber si la obra llegará alguna vez a convertirse en un libro físico. Según recuerda, antes era habitual que un título premiado en un concurso nacional se publicara en un plazo de seis meses o, como máximo, estuviera disponible en la Feria del año siguiente. Ahora, afirma, las demoras pueden prolongarse sin una fecha definida. Tiene un libro terminado cuya publicación continúa pendiente. La alternativa que le han planteado es editarlo en formato electrónico. No cuestiona la existencia de ese formato, pero duda de la circulación que tendría su obra: «No hay promoción», dice, y considera improbable que las descargas le proporcionen algún beneficio económico.

También cuestiona las prioridades de publicación cuando los recursos son escasos. Asegura que las instituciones encuentran papel para determinados títulos de contenido histórico y político, mientras dejan pendientes las obras de autores más jóvenes: «Priorizan un libro de “reflexiones” de excombatientes de la Sierra» antes que «la primera novela en físico» de un escritor que permanece en el país por la razón que sea. Las explicaciones que recibe, cuenta, se repiten: falta papel, no hay diseñador para la cubierta o no existen otros recursos necesarios para completar la edición.

Su experiencia ha debilitado su interés en participar en concursos y también su relación con la Feria. Dice que no asistirá a una edición dedicada al centenario de Fidel Castro y considera que, en años recientes, la literatura y la venta de libros han perdido espacio frente a la comercialización de productos ajenos al ámbito editorial. «La crisis es tan violenta y tan molesta que casi no tengo ganas de escribir», afirma.

El Sistema de Ediciones Territoriales (SET), creado en el 2000, reúne 22 editoriales y había producido más de 5.5 millones de ejemplares durante sus primeros 25 años. Llegó a la Feria de 2025 tratando de saldar atrasos de producción, en medio del déficit de papel y de las dificultades para completar equipos editoriales preparados. A esos problemas, se han sumado las limitaciones con las cubiertas, sus diseños y la distribución de los ejemplares. Casi un año después, los atrasos seguían formando parte del balance oficial. En diciembre de 2025, Granma informó que el SET trabajaba en la terminación de 160 libros pendientes y otras 320 novedades. A la vez, una segunda entrega de la colección Biblioteca del Pueblo reunía 93 títulos que se irían imprimiendo «en la medida en que hacerlo sea posible».

Ante las dificultades asociadas al costo y la disponibilidad del papel, el sistema amplió la producción electrónica: durante 2025, se terminaron más de 1 200 libros digitales y más de 70 editoriales cubanas se incorporaron a la elaboración de títulos en ese formato. La expansión digital, sin embargo, no elimina las limitaciones estructurales del sector. Un análisis publicado por Cubaliteraria señala que el libro electrónico todavía está lejos de sustituir al impreso, que varias tecnologías modernas resultan demasiado costosas para el país y que el sistema editorial cubano, profundamente subsidiado, necesita desarrollar nuevas estrategias comerciales.

En abril de 2026, 14yMedio documentó imprentas paralizadas por la falta de electricidad, papel y recursos; editores y correctores obligados a detener su trabajo durante los apagones; equipos averiados; presentaciones suspendidas y tiradas reducidas a cantidades simbólicas.

Una escritora residente en Pinar del Río, contó a elTOQUE que siente una profunda desilusión con la editorial provincial y la Asociación Hermanos Saíz. Afirma que participó en lecturas, presentaciones y otros trabajos culturales por los que no recibió remuneración, incluso cuando se le había asegurado que serían pagados. A esa experiencia, se suman demoras y dificultades para reclamar derechos de autor, pues las instituciones trasladaban de una oficina a otra la responsabilidad de gestionar los pagos.

Igual situación se repetía en peñas, cafés y otros espacios culturales. Por una de esas participaciones debía recibir 300 CUP, una cantidad inferior a los gastos de transporte y a los costos de completar los trámites para cobrar. Para obtener el dinero, debía acudir a varias oficinas, llenar formularios y gestionar después el depósito bancario. «Uno tiene que corretear tanto que dice: por 300 CUP no vale la pena», resume.

Realizó trabajos de promoción cultural cuya remuneración quedó pendiente tras la suspensión de la Feria prevista para febrero. El aplazamiento alteró, además, planes personales y profesionales que había organizado con anticipación para viajar a La Habana. Aunque el evento fue reprogramado para agosto, asegura que ya no piensa asistir. A los impagos y la desorganización añade su rechazo a que la edición esté dedicada al centenario de Fidel Castro. Después de participar durante años en ferias y actividades institucionales, decidió mantenerse al margen: «No participo en nada porque realmente no vale la pena».

El problema se repite. En una publicación de Facebook del 14 de mayo de 2026, un autor denunció impagos de varias instituciones culturales por una beca, trabajos realizados y derechos de autor. Atribuyó a cada institución una deuda distinta: al Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, el pago de una beca; a la Asociación Hermanos Saíz de Guantánamo, resoluciones pendientes y su trabajo en Canción Política; al Centro Provincial del Libro y la Literatura de Guantánamo, los derechos de autor de uno de sus libros; y al Centro Provincial de la Música, otro pago que no especificó. «Todo eso a más de un año», escribió.

El «arsenal ideológico»

Las restricciones, sin embargo, no han afectado por igual a todas las líneas editoriales. Otros proyectos sí han contado con ediciones físicas de gran volumen. Las Obras Escogidas de Raúl Castro Ruz, compiladas por Ediciones Celia, reúnen más de 500 documentos y superan las 5 000 páginas distribuidas en nueve tomos. De acuerdo con Abel Prieto, los ejemplares de la primera edición «se imprimieron gratuitamente» en China; la prensa oficial informó además que el Partido Comunista y el Gobierno de ese país donaron 3 000 colecciones completas, equivalentes a 27 000 volúmenes. Las fuentes consultadas no detallan si la contribución incluyó otros costos, como derechos o distribución. El historiador Elier Ramírez Cañedo la describió como un manual de dirección, un tratado de ética revolucionaria y un «arsenal ideológico».

A finales de mayo de 2026, se presentó Revolución, la obra más hermosa, una compilación de Ediciones Celia en dos tomos que reúne 138 intervenciones públicas de Raúl Castro durante la última década. El 3 de junio, con motivo de su cumpleaños 95, la obra volvió a presentarse en el Pabellón Cuba y sus ejemplares fueron entregados gratuitamente a jóvenes participantes.

La programación de agosto mantiene ese énfasis político. El Instituto Cubano del Libro anunció las presentaciones de Fidel, siempre abogado; Fidel Castro: ¿Qué se encontró al triunfo de la Revolución?; y las Obras Escogidas de Raúl Castro. Los programas detallados disponibles muestran, además, una presencia continua de títulos dedicados a Fidel. El Memorial José Martí presentará Buenos días, Fidel el 10 de agosto; 62 batallas diplomáticas de Fidel, el día 11; una trilogía sobre su infancia, juventud y liderazgo, el 12; y Caravana de la libertad junto con Fidel Castro: ¿Qué se encontró al triunfo de la Revolución?, el 13 de agosto, fecha del centenario. El programa del Sistema de Ediciones Territoriales incluye también El libro de Fidel, previsto para el día 15.

El título 26, recuperado y digitalizado por la Editorial de Ciencias Sociales, fue presentado el 25 de julio y puesto al día siguiente a disposición gratuita en formato electrónico. La edición de 2026 retoma una compilación publicada originalmente en 1970 y reeditada en 1971.

En medio de la contracción, las publicaciones relacionadas con la legitimación ideológica del poder mantienen su visibilidad, con espacios privilegiados para su presentación y capacidad de atraer apoyo internacional.

La Feria frente a la economía doméstica

Una artista de La Habana dijo a elTOQUE que no tiene grandes expectativas sobre la edición de agosto. Después de revisar el programa, lo consideró «mediocre» y recordó que el Festival del Habano —pospuesto en febrero y finalmente cancelado— no pudo celebrarse, mientras que el Jazz Plaza siguió adelante, pero sufrió apagones, esperas y al menos una actuación cancelada por falta de combustible. «Es que ni siquiera sé por qué están organizando una Feria del Libro», concluyó.

Aunque la ubicación de Línea y 18 puede facilitar la llegada del público con respecto a La Cabaña, el acceso a la Feria no depende únicamente de la distancia. Intervienen el precio del transporte, la entrada, el costo de los libros y las ofertas gastronómicas disponibles dentro del recinto. Para una familia que permanezca varias horas en el evento, comer o beber forma parte del gasto de la jornada, en un contexto en el que los ingresos se destinan principalmente a insumos de primera necesidad.

En junio de 2026, elTOQUE reseñó una estimación publicada en mayo por el economista Javier Pérez Capdevila. A partir de precios recopilados mediante una encuesta en 51 municipios, el experto calculó en 96 060 CUP el costo mensual mínimo de una canasta de alimentos, productos de aseo, vestimenta, medicamentos y transporte. La cifra, que excluía gastos como electricidad, agua, telefonía e Internet, equivalía entonces a unas 14 veces el salario medio estatal de 6 930 CUP. El 17 de julio, la Resolución 14/2026 estableció un salario mínimo nacional de 3 210 CUP, vigente desde el primero de julio. Si se mantiene la estimación de Pérez Capdevila únicamente como referencia, esa canasta equivaldría a casi 30 salarios mínimos.

Hasta el 5 de agosto, las fuentes consultadas no mostraban un catálogo oficial con los precios de los libros de la Feria de 2026. Como antecedente público, CiberCuba reportó, a partir de un video grabado en la Feria de Matanzas de 2025, títulos infantiles por encima de 1 000 CUP y ejemplares de hasta 3 000 CUP. Esos precios representarían entre el 31 % y el 93 % del salario mínimo vigente. Compar un libro en Cuba hoy es, muy probable, un lujo.

Una lectora residente en Mayabeque contó a elTOQUE que durante años asistir a la Feria del Libro con sus primos fue una tradición en su familia. La costumbre se perdió a medida que casi todos emigraron y el evento dejó de parecerse al que recuerda. En aquellas ediciones, dice, algunas personas la llamaban «la feria del pollo frito», por la abundancia de cajitas de comida y ofertas relativamente baratas. «Quizá había más pollo frito que libros buenos», cuenta. Como tantos niños, habría querido tener en su biblioteca «la colección de Harry Potter, pero costaba miles de pesos». Aun así, su familia comía junta, permanecía durante horas en La Cabaña y convertía la visita en una especie de campamento. Para ella, que ya no quede siquiera aquella dimensión familiar y popular demuestra que «todo puede ser peor».

La Feria conserva una función cultural como espacio de circulación de libros y encuentro con los autores. Pero, en medio de una crisis que ha reducido su escala y debilitado la capacidad editorial que la sostiene, la edición de agosto deja ver con especial claridad su dimensión política: ha sido defendida oficialmente con el propósito de que el evento «creado por Fidel no muera».

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