La minera canadiense Sherritt International anunció este jueves la suspensión inmediata de su participación directa en las empresas mixtas que operan en Cuba, en medio de la nueva ofensiva de sanciones impulsada por la Administración de Donald Trump. La compañía confirmó además la renuncia inmediata de tres miembros de su junta directiva —Brian Imrie, Richard Moat y Brett Richards— tras la firma de una Orden Ejecutiva estadounidense emitida el pasado 1 de mayo, que amplía las restricciones contra negocios vinculados con Cuba.
Aunque Sherritt todavía no ha sido incluida formalmente en la lista de entidades sancionadas por Washington, la empresa reconoció que el nuevo escenario hace «materialmente imposible» operar con normalidad. La corporación informó que comenzó el proceso de repatriación de sus empleados en Cuba y pidió a sus socios cubanos hacer lo mismo con el personal desplazado en Canadá. La decisión marca uno de los golpes empresariales más severos sufridos por La Habana en los últimos años dentro del sector estratégico del níquel y el cobalto.
La compañía mantenía operaciones clave en Moa, Holguín, mediante la empresa mixta Moa Nickel S.A., considerada una de las principales fuentes de divisas del régimen cubano. Sin embargo, desde hace años Sherritt venía alertando sobre los crecientes riesgos financieros y operativos de trabajar en la isla. En mayo de 2025 la empresa reportó pérdidas por 40.6 millones de dólares en el primer trimestre y señaló directamente el deterioro económico cubano como uno de los factores centrales de la crisis.
El deterioro del sistema eléctrico cubano ha sido otro elemento determinante. La producción de níquel en 2024 quedó apenas en el 83.3 % del plan previsto debido a apagones constantes, falta de combustible y problemas industriales. Según reportes financieros de la propia empresa, los cortes eléctricos redujeron la capacidad operativa de las plantas y afectaron también la extracción de cobalto, mineral utilizado por Cuba para pagar parte de su deuda con la compañía canadiense.
La Habana mantiene además una pesada deuda con Sherritt. El Gobierno cubano reconoció en 2019 adeudos por 150 millones de dólares, cifra que posteriormente escaló hasta unos 344,1 millones de dólares al cierre del segundo trimestre de 2025. Ante la falta de liquidez, ambas partes acordaron desde 2023 un mecanismo de pago basado en entregas de cobalto. Sin embargo, la caída de la producción energética y minera provocó incumplimientos parciales del acuerdo durante 2024, agravando aún más las tensiones financieras entre ambos socios.
La crisis también alcanza al sector energético. Sherritt participa en Cuba a través de Energás, empresa mixta encargada de generar electricidad mediante plantas de gas. No obstante, el sobreuso de esas instalaciones para sostener el colapsado Sistema Eléctrico Nacional redujo significativamente su rendimiento. Paralelamente crecieron denuncias ciudadanas por contaminación y fugas de gas en zonas como Santa Cruz del Norte, en medio del empeoramiento general de la infraestructura energética cubana.
Pese al retiro anunciado este jueves, Sherritt aseguró que su refinería de Fort Saskatchewan, en Alberta, Canadá, continúa operando con normalidad y produciendo níquel y cobalto refinados para el mercado norteamericano. La empresa indicó que cuenta con inventario suficiente de materia prima hasta mediados de junio, aunque admitió que futuras restricciones financieras o comerciales derivadas de las sanciones podrían afectar también esa cadena de suministro.
Durante décadas, la minera canadiense fue uno de los socios extranjeros más importantes del Estado cubano. Ahora, bajo presión de Washington y en medio del deterioro económico interno de la isla, esa alianza entra en su momento más crítico.







