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José Ariel Contreras, beisbolista cubano. Foto: Getty Images.

José Ariel Contreras, beisbolista cubano. Foto: Getty Images.

José Ariel Contreras: Ir al Clásico, lo que le faltó como beisbolista

El lanzador pinareño José Ariel Contreras, toda una leyenda del montículo en Cuba y los EE. UU. conversó con el escritor de béisbol Francys Romero, en el espacio Toque de bola. Disfruta de esta entrevista.

Francys Romero: Contreras, ¿Qué es lo que más extrañas del béisbol?

José Ariel Contreras: Pues todo. Estar en el terreno, esa es la pasión de uno, lo hice durante 27 años. Se extraña a los compañeros, competir, el contrario, esa guerra entre pitcher y bateador, el juego. Independientemente de que sigo dentro del terreno, trabajo aquí en Atlanta, trato de ayudar a los muchachos que comienzan y trato de transmitirles mi modesta experiencia.

Romero: ¿Cómo es un día normal en la vida de Contreras?, ¿cuál es tu rutina diaria?

Contreras: Ahora mismo, levantarme a las 6 de la mañana, preparar al niño para llevarlo a la escuela. Para que yo no lleve a mi hijo a la escuela tiene que ser que esté trabajando en Chicago (a veces nos mandan a las Ligas Menores). Es la única razón por la cual no llevo a mi hijo a la escuela. Estuve durante siete años fuera de la casa y el día que estaba en la casa tenía que descansar para el partido; no me podía levantar a esa hora a llevarlo. Ahora trato de hacerlo todos los días, aprovechar eso.

Después voy a trabajar con los niños. Trabajo con niños desde los 8 meses hasta 105 años. Todo el que quiera aprender de béisbol. Me retiré, pero todavía juego en la Liga de Veteranos. Juego los domingos con los muchachos jóvenes. Juego en primera, soy malo bateando pero disfruto. Pitcheo mi inning y sigo disfrutando del béisbol, no a nivel de Grandes Ligas, no de la Liga Mexicana, no al de la Serie Nacional de Cuba, pero se disfruta; incluso en la computadora lo disfruto.

Romero: En 2017 fuiste nombrado asistente especial o embajador de Ligas Menores de los Chicago White Sox. ¿En qué consiste básicamente esta nueva responsabilidad?

Contreras: Kenny Williams, que ahora es el presidente de la organización, en aquel tiempo que yo jugaba era gerente general mánager, me dijo: «cuando te retires tú vas a trabajar para la organización». Yo pensaba que estaba bromeando, que era un juego, pero definitivamente 2013 fue mi último año en Grandes Ligas. Al año siguiente, me fui a México hasta 2016, él siempre me llamaba y me preguntaba si estaba listo. Yo le respondía: «estoy lanzando 92, 93 millas por hora, puedo trabajar con ustedes, aunque sea de relevo», y él me respondió: «no, no, no, tú no picheas más con nosotros».

Me retiro oficialmente y él me llama: «quiero que trabajes con nosotros». Le respondí: «dame un año para quitarme de la cabeza el competir». Todavía no estaba en mi cabeza ser coach. Me dice entonces: «tengo tu trabajo». Yo esperaba que me dijera que iba a ser coach en Ligas Menores, pero me propone ser el embajador de la organización. Entonces me explica: «sabemos que a ti te gusta demasiado el béisbol, tú vas a estar con nosotros. Sabemos que aprecias mucho la familia, que quieres estar siempre con ella. Te vamos a dar la oportunidad de que vengas una vez a la semana, una vez o dos veces al mes, a Chicago, a la comunidad, la gente en Chicago te quiere y te respeta muchísimo, para que trabajes con el equipo en el spring training, deportistas muy jóvenes, especialmente con los latinos». Ese es mi trabajo ahora en Chicago.

Romero: Me parece muy buena noticia. Fue en 2017, si no me equivoco, cuando te nombraron para este cargo. Ya que estamos hablando de los White Sox, tu franquicia, cuéntame qué te pareció este año el equipo, los muchachos, la nueva sangre.

Contreras: El equipo llevaba tiempo intentando pasar a los playoff para ir a discutir el título. Son 4 o 5 años de trabajo reconstruyendo el equipo y ahora en 2020 por lo menos salió el fruto, gracias a Dios, por una buena producción de la tropa de nosotros como [José] Abreu, [Luis] Robert [Moirán], [Yoan] Moncada, [Yasmani] Grandal, Gio González… Robert es increíble, ese muchacho tiene un gran talento, que mostró, y ojalá siga saludable. Creo que va a ser uno de los mejores peloteros de las Grandes Ligas.

La organización este año también se fortaleció con uno de los mejores cerradores de la Liga, Liam Hendriks; independientemente de que Álex Colomé hizo un gran trabajo. Por otro lado, Rick Rentería trabajó muy bien, pero estamos hablando de Tony La Russa como mánager, es una gran diferencia. Va a hacer mucha diferencia y Chicago va a estar de nuevo en la pelea.

Romero: Eso esperamos todos. Es un equipo que está en el corazón de todos los cubanos, por la historia de Minnie Miñoso desde hace mucho tiempo y que después se concretó con el campeonato del cual tú fuiste protagonista. Veamos un pequeño video, porque vamos a entrar en la parte de tu carrera en Cuba y tenemos una sorpresa de un compañero tuyo que te envía un mensaje afectuoso. Si quieres después nos comentas sobre él, sobre el debut tuyo en Series Nacionales.

Remigio Leal: Hola, Francys, te saludo desde Barcelona. ¿Qué tal, amigo? ¡Feliz año! Para mí ha sido un honor conocer a José Ariel Contreras. Tuve el gran orgullo de compartir muchos años en los inicios de su carrera en Pinar del Río, «el Titán 52». Con Contreras compartí momentos lindos, tanto en Cuba como aquí, cuando ha venido por Europa, y son inolvidables.

Cuando Contreras llegó en el año 91 al equipo Pinar del Río, él traía bastante dominio del knuckleball. Acababa de salir de las manos del difunto Jesús Guerra cuando llegó a la Serie Nacional. Somos de campo los dos y esa humildad se le notaba. Yo le dije «entrena conmigo, así vamos cambiando y madurando». Y así fue, nos preparamos ese año. Unas semanas antes de empezar la Serie, él se peló al rape y le dije «vas a tener tremendo año porque hay que tener coraje para poderse pelar a rape con el tamaño que tienes». Desde entonces hasta hoy que te estoy hablando, te deseo lo mejor del mundo. Un feliz año a ti y a tu familia. Si algo te caracteriza es la humildad y, aunque no lo creas porque soy mayor que tú, he aprendido muchísimas cosas bonitas de ti, una de esas es la humildad. Los saludo y deseo que tenga mucho éxito el nuevo programa de Francys. Ya nos veremos a lo largo del camino. Un fuerte abrazo a todos. Éxitos para tu programa. Los quiero.

Romero: Escuchábamos a Remigio Leal, uno de los lanzadores más longevos de la historia del béisbol cubano, quien continuó su carrera después de emigrar hacia España. Estuvo en la selección de España a punto de integrar el equipo del Clásico. Dime qué te pareció.

Contreras: Fue una sorpresa muy grande. Hace 20 años me está diciendo lo mismo de su último año. Me alegro mucho por él. Estaba escuchando lo que decía mientras veía las imágenes del 91. Increíble. Fue uno de los pocos que me dio la mano. Me acuerdo que dormíamos juntos en el mismo cuarto y a las 3, 4 de la mañana no me dejaba dormir. Se le quiere mucho, lo visito mucho cuando voy a España. Siempre está al tanto de la familia. Se le respeta mucho como persona, como pelotero y está todavía tirando pelota.

Romero: Yo recuerdo algo de Remigio. Soy de Santa Clara y mi papá siempre fue fanático de los equipos de Pinar del Río. Él nació en Minas de Matahambre y un día Remigio explotó en el Sandino. A mí no se me olvida que el público empezó a gritarle «Remigia». Yo era un niño, no entendía, eso era una falta de respeto y pregunté: «papi, ¿por qué le están gritando eso?». No se me olvida.

Contreras: Uno de los estadios más calenticos para pichear es el de Santa Clara, el Sandino. Recuerdo que me sacan de relevo en un playoff en el 93 y la gente gritaba «¡Un, dos, tres, paʼ allá!». Yo me quedé mirando, parecía que las manos me iban a sacar los ojos; el estadio cerrado, cerrado.

Romero: Hablemos ahora de tus inicios. ¿Quién era José Ariel Contreras entre los 15 y 20 años y cómo fue esa casi mitológica captación del maestro Jesús Guerra?

Contreras: Yo en la secundaria (11, 12, 13 años) practicaba judo para no ir al campo a cortar naranja. Lo disfruté muchísimo y me ayudó después en mi carrera como pelotero, como atleta, porque es un deporte de combate y la preparación es fuerte. Después estudié técnico medio en Zootecnia. Estuve cuatro años, me gradué. A los 18 años (a una semana de discutir mi tesis), estoy jugando en mi campo: tercera base, la bola se me va a un lado y del piso, de rodillas, tiro a primera. Guerra pasaba, vio la jugada, bajó al campo y me dijo: «Vamos conmigo a la Academia y en dos años tú estás en el equipo nacional». Yo le respondí «¿Academia? A mí lo que me gusta es el béisbol». Le dije que no y un muchacho que hizo después equipo Pinar del Río también, José Jesús Linares, me dijo: «Oye, vete para la Academia. Tú nunca vas a ser pelotero, pero sales de aquí de Las Martinas y te quitas esa peste a vaca que tienes todo el tiempo arriba». Así fue, al otro año hice el equipo Vegueros. Después, los menores de 23 años de la selección de Cuba fuimos al mundial de Japón y en ese mismo año entré a la selección de Cuba.

Romero: Hablando de los inicios: ¿Cuándo fue el momento en que tú tocaste una pelota de béisbol como para ser pícher? ¿Con qué edad fue, exactamente?

Contreras: 18 años. Nunca, nunca, nunca, nunca había picheado en mi vida. Me daba miedo.

Romero: Hay una cosa que quiero preguntarte, a ver si tú me puedes responder. Quiero entender cómo es que tantos grandes lanzadores de Pinar del Río llegaron tan tarde al béisbol y aun así pudieron tener tanto éxito.

Contreras: Estaba hablando con el mismo Remigio, con Michel Arronte, Yobal Dueñas sobre eso. No sé qué pasó en Pinar del Río porque todos esos muchachos pasaron por la EIDE, pasaron por la ESPA. Alguien tiene que hacer un estudio algún día sobre ese tema. Mis respetos para todos esos entrenadores porque definitivamente fue una cantera grande del picheo cubano. Me acuerdo de Eduardo Bustillo, Eliécer Malagón, Miguel Ángel Quintana, Rolando del Hoyo, Ariel Alpízar, todos esos caballos que eran caballos en la EIDE, en la juvenil; desbarataban la Liga. Después de diecisiete años ninguno pudo pichear más porque tenían problemas en el brazo.

Yo comencé a los 18 años y antes había arado la tierra. Nunca hice ejercicios ni fui a un gimnasio porque ese era mi trabajo. Cuando llegué a la Academia se reían de mí, me decían abuelo; yo tenía 18 años, los muchachos eran jóvenes. Y le dije a mi papá: «no voy más a la Academia». Él me preguntó qué pasaba y yo no quería responderle. Me dijo: «está bien, coge la guataca» y me metí el día guataqueando boniatos. Por la tarde le digo: «Tú sabes, papá, creo que me voy a la Academia». Claro, ¿qué es más fácil, jugar pelota o meterte en el surco todo el día? La pelota me hizo persona, me hizo mejor ser humano. Gracias a Dios la gente conoce de Las Martinas y de la familia Contreras por el béisbol. Yo tengo que agradecer a la vida.

Romero: ¿Cuál fue de todos tus entrenadores el que más te aportó en la parte física, técnica y en los entrenamientos?

Contreras: El entrenamiento en el nivel que estés tiene que ser el mismo. En clase A, hay que entrenar como se entrena en Grandes Ligas. Mi niño de 12 años tal vez mañana no sea pelotero, pero voy a tratar de inculcarle los valores y el respeto hacia los seres humanos, que estudie y tenga una línea correcta. Voy a hacer con él lo mismo que hizo mi papá conmigo, lo mismo que hicieron conmigo Jesús Guerra, Jorge Fuentes, Román Suárez. A veces, mi esposa me dice «tú te crees que él está en Grandes Ligas, tiene 12 años». Tiene que entrenar como Grandes Ligas. Claro, la carga de trabajo es diferente. Pero la preparación mental y sicológica tiene que ser la misma que la de las Grandes Ligas, porque cuando llegas allí, tienes que estar preparado. Tienes que enseñar al atleta a trabajar lo más duro que pueda.

Romero: De todos los entrenadores que tuviste, ¿cuál fue el que más te ayudó a pensar? Me refiero a la parte de tu carrera en Cuba.

Contreras: Jesús Guerra Hernández. Ese me ayudó a pensar como pícher, como persona, independientemente de que tuve muchos entrenadores buenos en mi carrera: Pedrito Pérez, un sabio del béisbol; Julio Romero; Rogelio, el Peje. Pero Guerra estaba en otro nivel; veía las cosas de una forma y te convencía. Creo que eso es bueno. Pedro Luis Lazo salió de la Academia; Norge Luis Vera salió de Guerra. Llegó el momento en que en el equipo Cuba había 7 pícheres y 6 de ellos habían pasado por las manos de Jesús Guerra. La forma de entrenar, de hacerte ver las cosas, de hacerte creer lo que necesitabas hacer. Estando aquí, incluso, yo conversaba con él y me ayudaba en mi preparación mental. Es lo mismo que yo hago con los muchachos. Y me preguntan de dónde saco eso y yo respondo: «eso lo hacía el coach mío 30 años atrás».

Romero: Un grande de verdad Jesús Guerra. ¿En qué momento exacto empezaste a creer que José Ariel Contreras podía triunfar en grande dentro del béisbol?

Contreras: Cuando yo llego a la Academia ni por la mente me pasó que iba a jugar con el equipo Pinar del Río ni mucho menos. Pero fueron pasando las cosas. Pasó todo demasiado rápido y hubo un momento que me dije: «¡mi madre!». Cuando Jorge me llama y me dice «Tienes que estar en La Habana que vamos para México a entrenar», yo le pregunté «¿cómo?».

Ese mismo año durante la Superselectiva fue el Mundial en Nicaragua. Entonces en el equipo estaba Orlando «el Duque» Hernández, Omar Ajete, Pedro Luis Lazo y ellos tuvieron que irse para Nicaragua. Jorge «Pascualito» Abreu, que se quedaba de mánager cuando Jorge Fuentes salía, me dijo: «negrón, vas a tener que pichear bastante». Recuerdo que hubo gente en el equipo que le dijo: «tú estás loco, ese muchacho no está listo». Y empezaron a salir las cosas bien. Me acuerdo un juego contra Matanzas, ganamos dos a uno: un batazo que metió Emilio Carrillo, me la desapareció; dos hits, jonrón de Emilio Carrillo. Cuando Jorge regresa, le pregunta: «oye, ¿cómo fue?». Y Pascualito le responde: «tienes que seguir al negrón aquel». Entonces yo dije: «¡caramba, yo puedo!» Pero no pensé que fuera a ser tan rápido; creí que tal vez en tres, cuatro años, tendría la oportunidad de ir a una preselección del equipo Cuba. Pero ese mismo año me llaman, creo que si Liván Hernández no se queda en México no se hubiera dado la oportunidad de esa manera.

Romero: Algunas de las estadísticas de Contreras: 14 y 0, 1.87 de efectividad, no ha perdido nunca lanzando en eventos internacionales con el equipo Cuba y actuaciones gigantes (Olimpiada de Sídney, el Mundial de Taipéi de 2001 y Winnipeg). Una vez que llegas a la élite de estar con los grandes, qué casualidad que siempre te tocaba pichear la semifinal. Picheaste la semifinal en Winnipeg, en Sídney y en la del Mundial 2001. ¿Eso fue coincidencia? La gente se quedaba sorprendida, porque todos te querían ver en la final.

Contreras: Es coincidencia y estrategia de los mánager. Fue más suerte porque en ese tiempo el equipo Cuba estaba bien. Teníamos buena ofensiva y defensa, y el picheo estaba encendido. En ese tiempo estaban en el equipo Lazo, Norge Luis Vera (uno de los mejores pícheres que he visto en mi vida), «Cheo» Ibar, Ormari Romero, Danys Báez (quien se quedó), Faustino Corrales. El picheo cubano en esa fecha era de lujo. Es un lujo que me haya tocado pichear en las semifinales y algunas finales. Gracias a Dios que tuve un poco de suerte y las cosas salieron bien.

Romero: Fuiste campeón olímpico en Atlanta; luego llegaron los Panamericanos de Winnipeg, ahí también estuviste espléndido. 0.98 en 18 entradas. Pero en la Olimpiada de Sídney… ¿qué pasó en esa final?

Contreras: Hay algo que en el béisbol se llama la preparación sicológica, la preparación mental. Si a mí me tienen que avisar que el mes siguiente le tengo que pichear a Industriales, yo prefiero que me lo digan con tiempo, porque así me preparo sicológicamente. Voy estudiando al contrario, hago mis ajustes y la preparación pensando en ese contrario. Lazo no es mi compañero, es mi hermano y el mejor pícher de Cuba de todos los tiempos. Mis respetos para Lázaro Valle, Rogelio García, Tati Valdés, El Duque, pero los números de Lazo hablan por sí solos. Recuerdo que ganamos el juego contra Japón y estaban entrevistando a Servio Borges, nosotros vamos pasando por detrás y le preguntan quién pichea mañana y él responde: «mi pícher es Pedro Luis Lazo». Todo el mundo sabe que el Jíbaro (sobrenombre con el que se conoce a Lazo) en el equipo Cuba era el relevo. Muy pocas veces ha abierto Lazo el equipo Cuba y en ese torneo nunca abrió. Después de escucharlo, Lazo dice: «qué abusador, no me ha puesto a abrir en todo el torneo y me va a poner a abrir mañana en la final». Él no sabía que iba a abrir. Yo le dije: «si él lo está diciendo, no es por gusto, estate listo». Al otro día en el meeting le dice: «Lazo, tú eres el hombre», y Lazo estaba sorprendido. Si yo soy el mánager en ese momento, no lo pongo, ya tú sabes que no está preparado; eso fue lo que pasó. Independientemente de todos esos detalles, el equipo de Estados Unidos era un tanque de equipo; no había arreglo.

Romero: De todos los equipos a los que le lanzaste en Series Nacionales, ¿cuál fue el más complicado? Tengo una anécdota. Tú fuiste entre 2000-2001 a Sandino, una subserie de un sábado, y había un novato en Villa Clara que se llama Eliecer OʼConnor, jugador que te bateó de 4-4 y perdiste. El domingo volviste a pedir la pelota, era Jorge el mánager, y saliste con un juego 4-4 en el quinto; es decir, no pudiste ganarle el sábado ni el domingo. ¿Era un equipo complicado para ti Villa Clara?

Contreras: La serie cubana no es jamón, yo le digo aquí a los dominicanos: «vete a Cuba a pichear». En ese tiempo en Cuba no había equipos flojos: Villa Clara, Industriales, Santiago, Camagüey, la Isla. Para ganar en la Serie Nacional tenías que prepararte bien y en verdad, no tuve mucha suerte con Villa Clara.

Romero: Vamos a 2001: fuiste el mejor lanzador derecho del Mundial. ¿Cómo evalúas el nivel de ese Mundial? En veintiún innings y dos tercios no te hicieron carreras. Eso hay que decirlo, fue la parte más elevada en cuanto a nivel tuyo en el equipo.

Contreras: Ese fue uno de los mejores juegos que yo pichée en mi carrera. El equipo de Japón era bueno. Te voy a hacer una anécdota. Yobal tenía el número 24 en la espalda con el equipo Cuba y me dice: «Yo sé que tú vas a arrimarle la pelota a uno, por favor, no le des a Takahashi». Y yo le dije: «tranquilo, no le voy a dar». Yobal tenía su camisa cambiada con Takahashi y ya la había vendido, le iban a dar 20 000 dólares por las dos camisas, ¿te imaginas 20 000 dólares en Cuba? En el primer inning me dan doble y viene Takahashi, yo lo miré, le metí las 98 millas por hora en la espalda. Le dolió más a Yobal que a Takahashi. Me lo llevé y ahí empecé a caminar el juego. Recuerdo que cuando se acabó el juego, Yobal para el cuarto de Takahashi, le abrió la puerta, le puso el cartelito de «no moleste» y le cerró la puerta otra vez. Japón nunca ponía un pícher en más de 3 innings. Ese zurdo [Shugo Fujii] se subió 8 innings o más, el animal ese.

Te voy a contar algo que la gente no conoce: Ariel Pestano es el mejor cácher que yo tuve en mi carrera, uno de los mejores cácheres de Cuba. Mis respetos para todo el mundo, yo tuve buenos cácheres en Pinar de Río: Yosvany Madera, Lázaro [Arturo Castro]…. Esa vez me dieron dos dobles. El primer bate para la pared y el otro para otro lado. Llamo a Pestano y le digo: «Algo está raro aquí», entonces me pregunta: «¿tú crees que están bateando avisado?», y yo estaba seguro que estaban bateando avisado. Luego me dice: «tira lo que tú quieras para acá». 11 innings sin señas me recibió Pestano. En el onceno me enredé con un out o dos y vino el animal atrás a cerrar con broche de oro [se refiere a Lazo].

Romero: ¿Recuerdas cuál fue tu último partido en Series Nacionales antes de tu salida de Cuba?

Contreras: No recuerdo.

Romero: Fue ese partido, creo, en la semifinal contra Sancti Spíritus. Fue un juego sufrido porque fue el último tuyo y también el de Omar Linares, que termina con el batazo de Linares al centerfield contra Maels Rodríguez que captura Yuniesky Gurriel. ¿Nunca pensaste que iba a ser tu último juego en Series Nacionales?

Contreras: En ese momento no me pasó por la mente, pero te voy a hablar claro: ya yo había tomado la decisión a mitad de la Serie Nacional de que cuando saliera de Cuba no regresaba. Esa parte sentimental de que era mi último juego no me pasó por la mente cuando estaba en el juego. Pero había tomado la decisión de no regresar.

Romero: Vamos a cerrar esta parte de Contreras en Cuba y vamos a ir a un video con su compañero, del equipo Pinar de Río, Yobal Dueñas.

Dueñas: José Ariel Contreras, ante todo, es como mi hermano. Nos hemos mantenido unidos en este país y nos llamamos todos los días para hacer el noticiero o los titulares; a las 7 de la mañana nos llamamos todos los días para hablar de lo que sea. José Ariel Contreras es la persona más humilde, sincera, que no tiene nada de él, todo lo da… su corazón. José Ariel Contreras está entre los cinco héroes de la pelota pinareña: Linares, Casanova, Lazo, Rogelio y Contreras. Él sabe eso. Sabe que lo hizo bien en Pinar del Río, en el equipo Cuba, campeón olímpico, lo hizo bien con White Sox. Él sabe que esto se lo he dicho. Si se hubiera hecho pelota en la luna, él lo hubiera hecho también representando a Pinar del Río. Lo quiero resumir: hombre, amigo, sinceridad, humildad y corazón. Ese es José Ariel Contreras.

Contreras: Yobal es mi hermano. En el diario mío, me levanto a las 6:00 de la mañana, llevo al niño a la escuela, de regreso voy hablando con Yobal media hora. El día que él no me llama o yo no lo llamo algo raro está pasando. Te cuento algo: el primer jonrón que me dieron en mi vida fue de Yobal Dueñas. Fue en un juego de la Academia contra el equipo Pinar del Río: dos strikes sin bolas. Me acuerdo que le tiro un slider y desde que suelto la bola Guerra dijo: «¡Nooooo!». En aquel tiempo yo me sentí contento de que Yobal me diera jonrón. Yobal era jovencito, tenía 17 años, en el Mundial Juvenil de La Habana.

Romero: La salida tuya de Cuba causó una gran conmoción en los fanáticos. Eras más que un ídolo, un símbolo del béisbol. Se te veía como el pícher número uno en Cuba, en el que siempre confiábamos en los momentos difíciles. ¿Cómo tomó tu familia en general, tu papá en específico, el tema de tu salida, de quedarte en México e intentar llegar a las Grandes Ligas?

Contreras: Mi hermano, te voy a hablar de corazón. Mi papá tenía 82 años, yo me quedé y mi papá murió al año y medio. Una de las cosas que más yo sentí fue mi papá, mi familia, la que era mi esposa. Mi niña nació el mismo día que le picheé en octavos de final a Australia y yo sentía que estaba traicionando a los fanáticos. Me decía: «cuando esta gente vea que yo me quedé van a decir que soy un traidor». Sentía en el corazón que estaba traicionando a la fanaticada. Cuando le pregunto a mi familia, luego de haberme quedado, qué dice la gente, todo el mundo muy contento, la gente dice que tenía haberlo hecho y sentí un alivio.

Mi familia no sabía nada de mi decisión. Un amigo mío y la que era mi esposa en ese momento eran los que sabían. Cuando yo me quedo llamo a mi casa. Mi papá era militante del Partido, jefe de núcleo del Partido de Las Martinas: Florentino Contreras. Cuando llega la reunión del Partido él va con su carnecito en el bolsillo y dice: «aquí está mi carné, hasta hoy soy militante del Partido. Ese es mi hijo, aquí van a hablar basura de él y delante de mí nadie va a hablar mal de él».

Cuando hablé con él empecé a llorar y a decirle «papi, yo me quedé porque…» y él me interrumpió y me dijo «a mí no tienes que darme explicaciones. Yo soy tu padre aquí, en China y en Estados Unidos. Y el día que me muera voy a seguir siendo tu padre. Lo único que quiero es que sigas siendo un hombre de bien. El día que metas la pata voy paʼ allá y te voy a coger por los pelos». Oye, yo sentí un alivio, caballo, porque yo pensé que me iba a rechazar. Fidel le dio la tierra como a todos los campesinos y él era fidelista a morirse.

Romero: Para seguir cronológicamente con este viaje: estuviste en México, fuiste a Nicaragua a obtener la residencia de un tercer país, allá firmaste. El mánager de Boston iba allá, se sabía que eras el pícher más deseado. Entonces, los Yankees te firman un contrato récord para un cubano, que fue de 32 millones por cuatro años. Llegas muy rápido al nivel de Grandes Ligas, con 31 años no ibas a estar mucho tiempo en Ligas Menores. ¿Cómo comenzaste a lidiar con el tema de la fama dentro de Nueva York, de los Yankees, la incursión en el profesionalismo, la separación con tu familia? ¿Cómo se fundieron todos esos temas en ti?

Contreras: Fue duro, un cambio muy brusco. La vida del emigrante es dura en todos los sentidos. Llegas, bien o mal, tienes que llegar a una ciudad nueva, comida nueva, idioma nuevo. Es difícil. Yo soy de Las Martinas. En Las Martinas había un edificio de dos pisos, era de madera, se pudrió y se cayó. Imagínate llegar a Nueva York, en Manhattan. Me acuerdo que El Duque me dijo que cuando llegara a Manhattan no mirara para arriba. Muchacho, llego a Manhattan y miro hacia arriba, por poco me caigo de espaldas. Es difícil. A mí me pusieron en el locker con Roger Clemens de un lado y Mariano Rivera del otro.

Yo no hablo inglés ahora, imagínate en aquel tiempo. Mariano por respeto me decía: «saca la cabeza de ahí, muchacho, te vas a ahogar». Gracias a Dios tuve un buen traductor, que trabajaba con los Yankees y comenzó a ayudarme.

El mejor compañero de equipo que yo tuve en mi vida se llama Derek Jeter, grande como pelotero, pero más grande como persona. Después las cosas fueron saliendo mejor. Cuando me cambiaron a Chicago por un año y medio o dos años ya conocía la Liga, la cultura y las cosas salieron mucho mejor.

Romero: Según FanGraphs en esa temporada de 2004 te conectaron para más de 28 % de conexiones fuertes; fue el año que más fuerte te conectaron. ¿Dónde te encontrabas el día que te dijeron que te estaban cambiando, que era el último día del trade deadline de julio de 2004?

Contreras: Lloré como un niño, yo jugué con Pinar del Río toda mi carrera y cuando me cambiaron lo que pensé fue que esa gente no me quería. Había soñado con ser yankee, mi papá quería que yo fuera yankee. Y me estaban botando. Uno no entiende y no lo ve como negocio. Uno juega más por la camiseta, por el que tiene al lado o por la ciudad o el equipo. Yo lo aprendí después. Pero eso me chocó fuerte y fue algo nuevo para mí.

Romero: La primera temporada no fue para nada mala, lo que en esa salida de la postemporada quizá tú estabas trabajando en otro contexto o eras abridor y sacan a un pícher de un contexto para traerlo a otro. Eso te pudo haber afectado en la postemporada. Pero a tu llegada a White Sox, un coach de picheo como Don Cooper, si mal no recuerdo, te dice que hay un problema: «estás enseñando el lanzamiento». Entonces, empiezas a corregirlo y de verdad vemos tu evolución.

Contreras: Así mismo es, yo estaba enseñando los picheos con el guante. Ozzie Guillén que era coach de tercera del equipo de los Marlins fue otro que me advirtió. Él, como estaba en tercera, veía los picheos y les chiflaba a los bateadores. Hice el ajuste y gracias a Dios los números empezaron a mejorar. La mejor temporada que tuve en las Grandes Ligas fue la primera, sacando la postemporada, claro. 3.30 de carreras limpias. Tuve una lesión en el hombro que me dejó dos meses fuera, pero esa fue mi mejor temporada.

Romero: Ahora viene un momento doloroso del programa. ¿En dónde estabas en el momento en que recibiste la noticia del fallecimiento de tu papá y cuánto significó él para ti?

Contreras: Mi papá era mi ídolo. No porque fuera mi papá, pero es la mejor persona que he conocido en el mundo, la persona más pura, más sana, más correcta. Después de tomar la decisión de estar separado de él año y medio, yo estaba en la playa y veo que el teléfono suena. Cuando me lo dijeron no sentí nada, no lloré en ese momento. Apagué el teléfono y le dije a todo el mundo «mi papá murió» y la gente «Jose, no jodas». Cuando llegué al carro que me senté a manejar me caí como si me hubieran dado un palo. Fue entonces que me desmayé. Ese fue el momento más duro de mi vida, el más doloroso. Después perdí a mi hermano en 2013, tuve que regresar a Cuba, le dio un infarto masivo. Mi hermana hace dos semanas falleció con 55 años. Tuve que ir a Cuba. Es duro, pero lo del viejo fue fuerte.

Romero: Siento mucho todas las pérdidas de tu familia y estoy seguro que tienes a tu papá en un lugar alegre dentro de tu corazón. Para hablar del tema de Chicago, fueron cuatro aperturas de calidad y abriste el primer juego de la Serie Mundial 2005. ¿Qué significó para ti haber ganado esta Serie Mundial? ¿Cómo fue para ti? Un periodista de AP te entrevista y le dices que no estabas nervioso, que estabas feliz de estar allí.

Contreras: Yo tengo que agradecerle mucho a Orlando «El Duque» Hernández. Cuando yo llego a Nueva York a él lo cambian, no pudimos jugar juntos allí. En el segundo año en los Yankees, firman a El Duque y a mitad de temporada cuando él viene, a los dos o tres días, me cambian a mí. Él vino, me abrazó y me dijo: «caramba, es como que quieren que nosotros no estemos juntos, un día vamos a estar juntos y a hacer cosas grandes». Al año siguiente, llega El Duque a Chicago.

A mitad de temporada, yo tenía dos ganados, cuatro perdidos y todo el mundo «pero qué le pasa a Contreras». Me dice El Duque: «caballo, yo te veo que estás de aquí paʼ allá, tú no picheabas así en Cuba; ese tenedor tuyo no se batea y esa piedra no se batea, yo estoy más flojo que tú y la tiro paʼ ahí. Tira esa basura contra el medio». Y yo: «verdad, peor no me va a salir esto». Diecisiete líneas después de eso.

Me ayudó a mí y soy testigo de que ayudó a muchos peloteros cubanos y no cubanos. Yo llego aquí y me dan los 32 millones por lo que hizo El Duque en Nueva York, por lo que hizo en los Marlins Liván Hernández. Llegaron René Arocha, Ariel Prieto, Osvaldo Fernández, y tenemos que agradecerles a todas esas personas que vinieron antes que nosotros, Miñoso en ese tiempo, Tony Oliva. En la pelota cubana de Estados Unidos yo me voy atrás de El Duque.

Romero: Vale decir que después de temporada recibiste una extensión de contrato de 29 millones por tres años más. Continuaste con el equipo, en medio de eso sucedió el Clásico Mundial y también chocaste con que viniera Lazo acá, tu equipo Cuba. En aquella época, ustedes, los peloteros emigrados que estaban en Estados Unidos ¿tuvieron algún tipo de contacto, de conversación con federativos del béisbol cubano para ver si podían ir al equipo? Porque sé por reportes que estuviste celebrando esa victoria de Cuba en Arizona. ¿Existió algún tipo de conversación?

Contreras: Nunca me llamaron ni me preguntaron. Algunos periodistas me preguntaban si volvería a jugar con Cuba y yo les decía que claro. Yo no tengo nada que ver con política, si yo fuera político el primer presidente negro de Estados Unidos hubiera sido yo, no Obama. Aguanté tanto tiempo porque tenía la esperanza de que los cubanos pudieran regresar a jugar con Cuba. Por eso me fui a México, para tratar de ver si podía representar a Cuba en el Clásico. Creo que es la única medalla que me falta. Y el sentir de todos los que están aquí, que jugarían por Cuba.

Un día me dijeron, tú eres comunista y le pregunté a Freddy: «¿tú eres chavista?». Él me respondió: «No. ¿Por qué?». «Tú juegas por Venezuela», le dije yo. Ese es mi país, esa es mi bandera. ¿Cuál es la diferencia? Nosotros cubanos, si jugamos por Cuba, ¿somos comunistas? Todo el mundo tiene su forma de pensar, pero esa es la mía.

Romero: Así mismo. Ese es el sueño de casi todos los cubanos, ver a los Grandes Ligas representando a su país. Quizá se dé en el futuro, pero en tu carrera no ocurrió. Después pasas de Chicago a Colorado y te firma después Filadelfia. Entre 2010 y 2012 estuviste con Filadelfia. ¿Cómo te sentiste en Filadelfia? Incluso ahí te ganaste una extensión de contrato 5.5 por dos años. 2010, según FanGraphs, fue el año que más duro tiraste tu recta, 94 de promedio. ¿Cómo te sentiste?

Contreras: Me sentí muy bien, creo que Filadelfia fue una de las mejores organizaciones donde jugué, la que mejor trataba a los peloteros y una fanaticada en el estadio de 45 000 personas todo el tiempo. Fue nuevo para mí trabajar desde el bullpen. Me gustó tanto que me quedé y llegué a ser cerrador de la organización hasta que me lesioné. Pero definitivamente disfruté la ciudad, los fanáticos. Charlie Manuel fue uno de los mejores mánager que tuve en mi carrera, todavía lo llamo y conversamos.

Romero: Tuviste el tema de la cirugía Tommy John, como dice un refrán entre los coachs: «todos los lanzadores están a un lanzamiento de no lanzar jamás». Es un refrán más que vigente. Después llega 2013. Tu mamá tuvo una enfermedad, vas a Cuba. Fue tu primera vez en Cuba. Te tengo una sorpresa, un periodista amigo mío escribió una historia sobre ti en este hermoso libro La tribu: «José Ariel Contreras, el pícher negro de las medias blancas». Él estuvo en ese recibimiento y vamos a ver si lo recuerdas.

Carlos Manuel Álvarez: Buenas noches.

Contreras: Ese es uno de los artículos más bonitos sobre mi carrera, de verdad. Gusto en saludarte, caballo. Con el artículo se te fue la mano, con todos los detalles, bien bonito, muchas gracias.

Álvarez: Eso fue, imagínate, en enero de 2013, acababa de entrar en vigencia la reforma migratoria, porque antes no podía entrar a Cuba nadie. Todos los peloteros que se hubieran quedado en un evento oficial no podían volver y Contreras fue el primero en hacerlo, porque a su mamá, Modesta, hubo que operarla en La Habana. Yo ni me había graduado de la universidad, tenía 22 años. Estaba en quinto año, estudiando Periodismo, y en la revista OnCuba, por Hugo Cancio, sabíamos que tú habías ido. Coordinaron una entrevista con Contreras. Le avisan como a cuatro periodistas, pero nadie quería meterse en candela, la rechazaron y yo quedé como el quinto abridor. Me dijeron «tienes que abrir tú». Dije: «si me toca a mí, voy para allá». No iba a perder eso, es un regalo. Yo tenía 12 años cuando Contreras se quedó. Recuerdo el dolor, partido a la mitad, el niño que yo era fanático del béisbol, cuando dieron la noticia en la televisión, una noticia de luto, porque Contreras era un símbolo que trascendía el deporte completamente. Una de las caras más queridas del imaginario cubano. Aquello en mi cabeza no cabía, que yo iba a estar en casa de José Ariel Contreras cuando él volviera a Cuba. Dentro de mi carrera de periodista es uno de los momentos que yo señalo como más emotivo.

Después que operaron a tu mamá, se fueron a Guanabo, al Mégano. El día que ibas a Las Martinas yo salí de La Habana, pero llegué antes porque tú te quedaste en Pinar con Lazo. Yo estoy en casa de Contreras, con tu hermano Humberto, que lo mencionaste ahorita, que en paz descanse. Estoy ahí con toda tu familia que estaban asando un puerco. Me pusieron a pinchar los Contreras, rallando maíz, y yo, feliz. Fui a visitar a tus vecinos, a preguntar ahí en el pueblo sobre el niño que eras y a recoger toda la información para esa crónica que después escribí. El momento cuando llegaste no se me olvida porque es la escena de un filme. Tú ves que va doblando un cuatro por cuatro, un carro grande, va lento, entrando y todo el pueblo va sumándose, acompañando a Contreras hasta que llega el carro a la casa. Parecía una escena de una película, ver a Contreras entrando en Las Martinas. Yo era un niño de 22 años, totalmente impresionado.

Tú no sabes qué vas a decir, las palabras se te atragantan, pero eso fue para mí un debut como periodista espectacular, como amante del béisbol y como cubano… como todo. Pensé que no se iba a acordar. Hablamos muy lindo ese día en la entrevista, en la casa. Yo siempre te he seguido. Gracias por este momentico aquí, por poder hablar con Contreras después de tantos años. Independientemente de mi experiencia personal, esa llegada de Contreras a Cuba va a ser histórica si ya no lo es, por muchas razones. Es el primer beisbolista que puede regresar al país después de haberse quedado como parte de una delegación oficial; de esas restricciones absurdas que había hasta ese momento y que todavía sigue habiendo en cierta medida, no tan drástica como antes, pero igual de arbitraria. Además, ¿quién regresa? Para muchos, el pícher más grande que ha habido en Series Nacionales. Ese fue un momento para mí que quedó tatuado. Los dejo para que sigan. Yo estaba escuchando y sigo atento a lo que están diciendo. Es un debut de programa espectacular, con una leyenda.

Contreras: Te la comiste con este programa, ha estado de cinco estrellas.

Romero: Muchas gracias, mi hermano. Para terminar la parte de la carrera. Te costó mucho irte del béisbol. Regresaste en 2013 a Pittsburg, ganaste el primer puesto, al final te subieron, te dieron release después. Empezó una parte de Contreras trotamundos. Fuiste a México, luego a Dominicana, volviste a México, te surgió un contrato en Taiwán y te retiras en Quintana Roo. ¿Te costó irte o te sentías fuerte para seguir?

Contreras: Yo me sentía fuerte. Mucha gente criticaba que estuviera en México, en Taiwán, que si estaba loco. Me costó trabajo irme del béisbol y tomé la decisión por mi hijo, quien me dijo que no quería ser estudiando online. Hice aquel juego en Cancún, ganamos el juego y recogí los matules. Pero la decisión fue dura por el amor que siento por el béisbol. Yo disfruté en México, en Taiwán, y no me arrepiento. La pelota se disfruta, mi familia lo disfrutó. Diferente nivel, pero igual de disfrutable.

Romero: Es muy difícil para ustedes determinar el momento de irse. Tenías 45 años, 11 temporadas de Grandes Ligas. Veamos un último video de un compañero y amigo de Contreras, y regresamos con los 20 toques de bola.

Yuniesky Maya: Saludos a Contreras, Titán de Bronce. Para mí es alguien grande, ya que desde pequeño estoy a su lado. Tengo el honor también de ser su compadre. Contreras ha sido una inspiración, no solo para mí, sino para muchos lanzadores, muchos cubanos, y es un ejemplo a seguir. Hombre, amigo, hermano. Es un tremendo placer y una dicha poder disfrutar de su amistad, de su familia. Su familia es mi familia, y mi familia la de él. Ha sido la inspiración más grande para tener estos logros a través del tiempo. Un gran hombre, un gran ser humano, dentro y fuera del terreno, con mucha disciplina.

Contreras: Otro grande, campeón otra vez, cinco títulos en Dominicana.

Romero: Tengo unos últimos 20 toques de bola para ti.

Foto: Tomada de Getty Images.

Foto: Tomada de Getty Images.

  1. ¿Por dónde te era más complicado a ti cuando te daban la bola de sorpresa, por la tercera o por la primera base, cuando te pasaban?

Contreras: Hermano, por los lados, las manos mías eran malas. Si la agarraba, tiraba mal; entonces, cuando veía la bola pasar por el medio me quedaba unos segundos con las manos cruzadas, como diciendo «agarra la bola». Yo era mal fildeador y peor aún bateando.

Romero: Compañero de equipo más cercano.

Contreras: Pedro Luis Lazo.

Romero:

  1. Lo que más te desconcentraba dentro de un terreno de béisbol.

Contreras: Cuando el bateador pedía tiempo, me encendía eso.

Romero:

  1. Bateador más complicado que enfrentaste, lo mismo en Cuba que en las Grandes Ligas. Si quieres me das uno de Cuba y uno de las Grandes Ligas.

Contreras: Miguel Caldés Luis y Manny Ramírez.

Romero:

  1. ¿Regresarías alguna vez a vivir a Las Martinas?

Contreras: No, yo voy y quiero salir corriendo. Voy de visita, a ver a mi gente y salgo.

Romero:

  1. ¿Qué hiciste con tu primer salario en las Grandes Ligas?

Contreras: Lo primero que hice fue ir con unos amigos a comer alitas de pollo en Hooters.  Wilfredo, Danielito, un grupo de gente de Las Martinas nos fuimos a comer alitas de pollo y, cuando voy a pagar (imagínate, era un carretón de gente), eran como 300 dólares. Yo dije: «¡Estás loco, eso es demasiado dinero!». Cuando pago, Danielito me pregunta por la propina. Y yo: «¿Propina? ¡Estás loco!». Entonces me dice que tengo que dar una propina del 20 % porque, si no, me iban a sacar las tiras del pellejo. Yo no dormí del dolor de cabeza.

Romero:

  1. Esta me la manda un amigo que es fanático a fumar tabaco. ¿Todavía fumas tabaco y cuál es tu marca favorita?

Contreras: Todavía. Montecristo número 2 para mí es el mejor.

Romero:

  1. Algo que faltó en tu carrera como beisbolista.

Contreras: Ir al Clásico.

Romero:

  1. Tu recuerdo más triste dentro de un terreno de béisbol.

Contreras: En el año 91, en mi primer juego, mi mánager era Juan Castro, hizo dos visitas en el primer inning y me sacó. Mi primera salida en Series Nacionales y tuve que irme.

Romero:

  1. Tu mejor día encima del montículo.

Contreras: Serie Mundial contra Clemens.

Romero:

  1. Conteo favorito para lanzar.

Contreras: 3 y 2.

Romero:

  1. Equipo más difícil de lanzar en Series Nacionales y en Grandes Ligas.

Contreras: El equipo más difícil era la aplanadora naranja, Villa Clara, en ese tiempo. El más difícil aquí fue Boston, me costó trabajo.

Romero:

  1. Pedro Luis Lazo en una palabra.

Contreras: Mi hermano.

Romero:

  1. ¿Capitán San Luis o Yankee Stadium?

Contreras: Capitán San Luis por la añoranza, pero pichear en el Yankee Stadium es el sueño de todo el mundo.

Romero:

  1. Tu lanzamiento favorito.

Contreras: La gente dice que el tenedor. Eso fue lo que me dio de comer a mí.

Romero:

  1. ¿Te expulsaron alguna vez de un juego?

Contreras: Nunca.

Romero:

  1. Lanzador favorito.

Contreras: Pedro Luis Lazo Iglesias.

Romero:

  1. ¿Cuánto de todo lo que es José Luis Contreras fue gracias a tu familia?

Contreras: Todo lo que fui en mi carrera.

Romero:

  1. ¿Por qué el número 52?

Contreras: De casualidad, en mi primera serie me dieron el 34. En la segunda serie, me dieron el 52 que era el de Lazo. Lazo armó tremendo lío con aquello y me quedé con ese número.

Romero:

  1. Por último, un mensaje final que tengas para todos tus seguidores, en Cuba, fuera de Cuba. Todas las personas que te amaron y te aman dentro y fuera de Cuba.

Contreras: Me gustaría agradecer a toda la fanaticada mundial por el apoyo durante mi carrera en Cuba. Después de venir para acá los fanáticos en Cuba me apoyaron y me respetaron más. La fanaticada en Chicago, mucha gente que tengo alrededor del mundo que me sigue y me respeta. Esa es una de las razones por la cual uno se motiva para dar lo mejor de uno en cada salida al terreno. Retirado, todavía la gente me sigue respetando, me sigue admirando y la muestra está en este programa al que me han invitado. Gracias por el programa y por darme la posibilidad de dirigirme a los fanáticos, a los seguidores del béisbol, el mejor deporte del mundo. Gracias por la oportunidad y un abrazo grande para toda la gente grande del béisbol.

Romero: Gracias a ti, Titán. Voy a estar eternamente agradecido contigo por esta entrevista, por romper el show contigo que has sido una persona ejemplar, el corazón del béisbol en un gran tiempo de la pelota cubana. Te estimo y te quiero mucho. Cuídate y mucha suerte con todo lo que sigue a partir de aquí en tu vida.

Contreras: Gracias, mi hermano. Saludos a toda la familia. Aquí estamos. Un abrazo.

 

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