—¿Puedo ayudarla en algo, señora? Me pregunto qué hace ahí sentada hace tanto rato.
—Es que hoy, muy temprano, mientras preparaba el horno de leña en el patio, oí por la radio que en estos días se retoma tres veces a la semana el tren Bayamo-Manzanillo. Y me dije: ¡Vayamos a Manzanillo! Tengo una hermana allá, hace más de dos años que no la veo.
—Creo que mañana es que sale el primero. No pretendo restarle entusiasmo, pero ¿sabe cuánto vale?
—Ni idea.
—Cuatrocientos pesos.
—¡¿Cuatrocientos?! Céspedes se hubiera sublevado si tiene que pagar esa cifra por llegar a La Demajagua.
—Hasta hace unos años se podía viajar por cuatro.
—Ese tren tiene que suspenderse sobre levitación magnética y llegar al Golfo de Guacanayabo en solo cinco minutos para valer esa barbaridad.
—De eso nada. El viaje tiene una duración aproximada de dos horas y cuarenta minutos, y puede suspenderse no precisamente por levitación magnética.
—¡Pero estamos hablando de dos ciudades separadas por solo sesenta kilómetros!
—Así mismo. Si restamos dos minutos a cada una de las dieciséis paradas intermedias, vienen quedando poco más de dos horas para un trayecto que en trenes modernos significa un pestañeo. Hay yuntas de bueyes que, si se empeñan, pueden llegar más rápido.
—Pensemos que se quiere rendir homenaje al aniversario 189 del primer ferrocarril de Cuba e Iberoamérica, que el 19 de noviembre de 1837 recorrió los veintisiete kilómetros entre La Habana y Bejucal en cuarenta y cinco minutos. Los compañeros de la Unión de Ferrocarriles no querrán que los maquinistas de hoy pretendan reproducir un viaje tan temerario.
—Sobre la conformación de las tarifas, leí que «se hizo una ficha de costo para llegar al precio que debían establecer, la cual contempla, además del combustible, salarios, reparaciones, mantenimientos y lubricantes».
—¿Y mi ficha de costo qué? A los ochocientos pesos de ida y vuelta de un viaje netamente intermunicipal súmele lo que me cuesta un triciclo para llegar hasta aquí, con una pensión de tres mil y un poquito que no repara en lo que tengo que dejar para mi mantenimiento.
—A quien se le ocurra llevarse la bicicleta para pedalear Manzanillo, la gracia le costará la friolera de novecientos sesenta pesos adicionales. Y si no tiene tiempo de pasar por taquilla, tendrá que pagar un recargo consistente en el doble del pasaje.
—Ni vendiendo la bici.
—«Lo poco que tenemos y que tanto trabajo ha costado retomar, debemos cuidarlo», ha dicho la directora de la Unidad Empresarial de Base Ferrocarriles Granma.
—No es poco lo que tendrán si se multiplican los ochocientos pasajeros por cuatrocientos pesos y se le agregan las demás menudencias.
—Ella cuida de las finanzas de su empresa.
—Y yo de las mías.
—Es un asunto de planificación, de «conjugar los intereses colectivos con los individuales», que es, según ellos, la lógica del socialismo.
—El nuestro no tiene lógica. Basta que yo analice mi jubilación o mi salario y concluya que son una porquería, para que se aparezca un analista y me diga, con tono de reunión de núcleo del Partido, que estoy poniendo mi individualidad por encima de lo colectivo, no importa si hablo del transporte colectivo.
—Que estemos ahora mismo en esta terminal hablando de estos asuntos indica que, como los trenes prácticamente no salen, tenemos tiempo suficiente para hacerlo. Y que hay minutos también para leer que «Los daños generados al transporte en el último año alcanzan la cifra de 202 010 740 dólares».
—Que se convierten en 202 010 741 si sumamos el equivalente que tendré que gastar en poder ver a mi hermana.
—«Esta cifra condensa en un solo número la sumatoria de múltiples afectaciones: rutas suspendidas, infraestructura deteriorada, programas inconclusos, ingresos turísticos perdidos, horas de trabajo no remuneradas y gastos adicionales asumidos por la población para acceder a transportes alternativos».
—Transportes alternativos que salen tan caros como volar en avión.
—¿Por qué no prueba a telefonear al presidente? Aseguró que «todas las llamadas se transcriben y se entregan. Se han visitado la mayoría de las personas que acudieron a nosotros y se les ha ido dando respuesta».
—Los funcionarios que van a visitarme, ¿se moverán en el tren Bayamo-Manzanillo?











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