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La no militancia

Foto: Lilibeth Alfonso Martínez

La no militancia

3 / junio / 2016

Hace más de 15 años me negué por primera vez a ser militante de la Juventud, y no me arrepiento. A la Revolución le he dado lo que tengo,  sin papeles ni intermediarios.

Desde la Universidad me acostumbré a que me miraran con suspicacias. Contribuyó a ello que no procediera de una familia humilde, ni quisiera parecerlo, y cierto de que aunque a veces se confundía con anarquismo, era y sigue siendo más hijo de una entraña que vive la revolución en minúsculas.

Será que siempre me he negado al blanco y negro, y me apego sin remilgos a la concupiscencia de los tonos de gris. Será que cuando todo el mundo dijo sí, yo dije no, y viceversa.

O, más seguramente, el hecho de que ni siquiera cuando en la Secundaria Básica alguien se me acercó al cuello para soplarme que quien no fuera militante de la juventud no podría entrar a la vocacional, decidiera, quizás solo por la advertencia, que no quería.

Por suerte, aquello era mentira y entré a la vocacional y, contra cualquier tiñosa, a la universidad más tarde a estudiar nada más y nada menos que Periodismo -en la prueba de aptitud, no recuerdo, pero casi podría jurar que nadie me preguntó por ello.

Y que conste que no lo digo como un mérito: ser no militante es una decisión con la que he tenido que lidiar todos estos años.

En la Universidad de Oriente, por cierto, fui dirigente de la Federación Estudiantil Universitaria en la base pero me negué una vez más al “crecimiento”, aunque una y otra vez incluían mi nombre en el “universo juvenil”.

Mis razones no fueron las más conocidas de “no estoy preparado” o el “debo crecer más” que escuché como ensayo más de una vez en los pasillos: cuando me preguntaron solo expliqué que no quería. Sin porqué. Sin justifique su respuesta.

Era sincera. Me aterraba, sobre todo, la retahíla de actividades y tareas, el hecho de que no pasaba nada si faltabas al aula pero bien podías esperar una sanción si faltabas a una sola de las reuniones del comité de base.

No fue por miedo al compromiso: a la Revolución, en mayúsculas, le he dado lo que tengo, sin intermediarios ni papeles.

Y que conste que no lo digo como un mérito: ser no militante es una decisión con la que he tenido que lidiar todos estos años.

No es una maldición, pero ciertamente sí una desventaja aunque cualquiera diría que mi caso es un ejemplo típico de que los rumbos van cambiando, aunque alguna que otra vez he sentido que mis “faltas” –mi falta de carné, para ser más precisos- han pesado más que mis méritos.

En Cuba, por algo que no acabo de entender, cualquier expediente laboral, formulario para entrar a una organización…, pregunta si el sujeto en cuestión es militante o no, y en más de una ocasión he asistido a deliberaciones en las que tener un carné ha hecho la diferencia.

Como si ser de la juventud fuera una garantía de ser bueno, íntegro…, cuando sobran los ejemplos de gente con carné que no entiende de vanguardias ni ejemplos, y otros que llevan la militancia en el corazón y en las manos.

He tenido la suerte, no obstante, de conocer excelentes militantes. Gente que lo fuera por cuenta propia, sin carné, sin reconocimiento. Gente que más de una vez han salido mal heridos, que no se calla cuando hay algo que decir y que no gusta de escucharse a sí mismo cuando no hay nada que argumentar.

Muchachos y muchachas que salvan, con su ejemplo, la esencia misma de la militancia, aunque por desgracia, a la hora de las marchas, casi nunca sean los que cargan las banderas: si ellos fueran, quizás, otra sería mi historia.

Lilibeth Alfonso
Soy periodista en Guantánamo, una provincia a más de 900 kilómetros de La Habana y a unos 30 de una base naval norteamericana. Todo ello condiciona mi visión del mundo. El otro color de mi prisma es mi hija, para ella y su futuro, escribo.
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Maria Hernández León

Este artículo me recuerda mi propia existencia, por sobre todas las cosas amo la LIBERTAD, la libertad vista desde que mis derechos terminan donde comienzan los de los demás, donde es vista como la altura de decidir yo misma sobre mi propia vida, sobre mis decisiones y responsbilidades, sobre actuar coherentemente en mi andar. También decidí ser de los “NO MILITANTES”, pero no implicó jamás que diera la espalda a la revolución, a nuestro proceso y siempre di y doy desde donde estoy mi propia esencia por servir a la construcción de un mundo mejor en mi Patria, pero es difícil a veces optar por esa posición ante algunos ignorantes y personas sin una visión de los derechos que tenemos todos para elegir nuestras posturas, incluso como bien dice el artículo, que hasta oficialmente aparecen en documentos que lejos de sumar excluyen, se ha evolucionado bastante en estos temas pero queda mucho por hacer, mucho y confio en que desde la justeza de siempre en nuestro país se logre pasar este tema. Buen artículo
Maria Hernández León

Fransi

¡Excelente, sencillamente!
Fransi

Juan Carlos

La militancia no es “..una garantía de ser bueno, íntegro…” es un mecanismo de control más que tiene el estado para agrupar, clasificar y controlar gentes. Saludos
Juan Carlos

Alexey

Desde mi punto de vista que me da la experiencia de haber dedicado 9 años de mi juventud a ser cuadro profesional de la UJC diré que son muchos los errores q se cometen sobre todo cuando se buscan números y se crece en las filas para cumplir metas , entonces sucede lo que mencionas no te sientes motivada porque no reconoces en los militantes la verdadera vanguardia que lleva adelante la construcción de la sociedad , si a esto sumas un CB apático que solo se preocupa por su vida interna y no por las inquietudes de sus militantes y su universo juvenil no convencemos a nadie cuando mas lo vencemos , la verdadera esencia del CB esta en atender a los jóvenes sean o no militantes es la voz de los jóvenes en esa famosa reunión de los 4 factores y debe conocer como piensa y que le gusta a cada joven para sumarlo a las actividades aun cuando no sea militante y se identifique y vea que una reunión del CB no es un sacrificio sino un espacio donde se debate temas de su interés y donde su aporte también cuenta , pero desgraciadamente todavía eso no funciona tan así , s una tarea pendiente para las nuevas generaciones …..un abrazo muy buen articulo
Alexey

Autor

Es un asunto de elecciones como usted dice, y de coherencia, como usted y yo hay mucha gente que aporta a la revolución desde otros frentes, a pesar de las incomprensiones. GRacias por comentar.
Autor

Autor

Es sobre todo, no solo la proyección del comité de base hacia adentro sino hacia afuera. Para mucha gente que no sabe cómo es por dentro, lo que nota son reuniones, más reuniones, y más de una gente cuadrada. No es solo ser, hay que parecer también si se quiere atraer a personas realmente valiosas. Gracias por comentar, es valioso tener una mirada desde adentro.
Autor

Autor

Y si es a una organización política lo es más, y de alguna forma se ejerce control sobre las personas sobre todo a nivel de códigos de comportamiento, no creo que ese sea el problema, pero son bienvenidos todos los comentarios. GRacioas.
Autor

Major Tom

La evaluación y el examen de los ciudadanos es una actividad permanente, la principal de las actividades sociales en los países comunistas. Si a un pintor se le ha de autorizar una exposición, si un ciudadano debe obtener un visado para poder ir durante las vacaciones al mar, si un futbolista debe formar parte de la selección nacional, primero hay que reunir todos los dictámenes e informes sobre él (de la portera, de los compañeros de trabajo, de la policía, de la organización del partido, de los sindicatos), luego éstos son analizados, sopesados y resumidos por funcionarios especiales designados para esos fines. Pero aquello de lo que hablan esos dictámenes no se refiere a la capacidad del ciudadano para pintar, jugar al fútbol o a si su salud necesita que pase las vacaciones junto al mar. Se refiere única y exclusivamente a lo que se dio en llamar «perfil político del ciudadano» (o sea, a lo que el ciudadano dice, a lo que piensa, al modo en que se comporta, a si participa en reuniones y en manifestaciones del primero de mayo). Dado que todo (la vida cotidiana, la carrera profesional y hasta las vacaciones) dependen de la evaluación que se haga del ciudadano, todo el mundo (si quiere jugar al fútbol en el equipo nacional, exponer sus cuadros o pasar las vacaciones junto al mar) tiene que comportarse de modo que la evaluación sea positiva.
Major Tom

Maricelis

Lamento profundamente que las creencias políticas pesen más que los méritos. Soy de Venezuela, y hoy, que podemos ver que muchos dirigentes incompetentes nos han conducido a la quiebra y nos tienen pasando hambre, amenazados por la delincuencia. Hoy, lo lamento mucho más.
Maricelis

Camilo

Que me desmienta alguien , si no eras de la juventud te quedabas en la pagina cero, ahora eso a pasado a otro plano, conveniencia , es todo falsos cambios para gente mas joven que sueña, tres generaciones tronchadas , ahora si , no no soy militante , soy negro y guy , pero las conquistas de la revolucion, la palabra clave . Para mi como simpre todo es un circo, somos nada mas marionetas del poder llmase capitalismo, socialismo, o todos los ismos.
Camilo

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