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27/02/2015

Está en Cuba por primera vez. El reciente estreno en La Habana de su más exitosa obra, Cloaca, lleva a María Goos a aterrizar en este suelo caluroso donde, de inmediato, se siente bienvenida. Su temor a las intervenciones públicas en inglés, segunda lengua suya, queda ahora deshabitado en esta Isla hispanohablante. Por el contrario, la candidez inesperada en la más célebre dramaturga holandesa viva de ese panorama teatral lo confirma.

Rachel D. Rojas

Fotos: Kako

Presentada por el colectivo teatral El Ingenio, la obra fue dirigida por el controvertido Carlos Cremata. Todo comienza a través de la embajada, explica Goos: “No sabía que la obra iba a ser puesta aquí. Es cuando me avisan y me dicen: ‘Queremos representar tu texto, pero no te pueden pagar los derechos. ¿Estarías de acuerdo si te invitamos a venir?’ Y me pareció una fantástica idea, porque nunca había estado en Cuba y desde hace tiempo quería conocerla”.

En una entrevista previa, Cremata alertó a la dramaturga. “Estamos tratando de avisar, de advertirle de alguna manera a Maria Goos (…) que va a ver su obra, pero contextualizada con nuestros problemas, y con un lenguaje más coloquial, más cubano”.

Una vez frente a la escena, Maria supo que, en efecto, se trataba de “una versión bien libre: El director hizo uso de su libertad para interpretar mi obra a su manera. Agregó muchos comentarios políticos que no están originalmente, además de bromas internas sobre el teatro de aquí y sobre la desconexión… Todo tipo de tópicos cubanos. Lo cierto es que me resultó difícil reconocer mi obra”.

El desencuentro remite, nuevamente, a un extendido pero no acabado intercambio sobre los límites de la dirección y los derechos de autoría (o viceversa) en la representación de las obras. Sobre la posibilidad del trabajo en equipo, o no. Intercambio que, por demás, no ha desembocado en acuerdo concluyente alguno.

 

 

Cloaca fue un éxito sensacional en Ámsterdam. El texto está traducido al francés, español y alemán, y fue escogida por el actor Kevin Spacey para inaugurar una temporada teatral en el Old Vic Theatre, en Londres.  En aquella oportunidad, en 2004, fue también el estreno del trabajo de Goos frente al público de ese país.

“Una vez, en Buenos Aires, donde la obra se presentó durante dos años, pregunté a qué se debía su éxito, y me dijeron dos cosas. Una, como los hombres y mujeres allá parecen tener culturas tan separadas, para ellas Cloaca fue una oportunidad especial de conocer la interacción entre ellos. La otra razón es que la amistad entre heterosexuales y homosexuales está descrita en la obra como algo normal. En Holanda eso no constituye un tema de conflicto, pero en muchos países todavía es tabú”, opina.

Goos ha escrito mucho para cine y televisión, y como muchos otros, confiesa que “es en el teatro donde está mi corazón. Los otros discursos son más visuales, y en el caso de la televisión siempre se trata de dinero. Pero en el teatro el público se concentra en el lenguaje, en los diálogos, y es eso lo que me gusta escribir”.

Lo más asombroso de su visita reside, para ella, en los fuertes contrastes. El escenario en el que la dramaturga se desarrolla está marcado por un teatro independiente,  con una política cultural en la que ya casi no interviene el gobierno, completamente contrario a lo que sucede en Cuba, donde todas las salas y la mayoría de los grupos son gestionadas por instituciones estatales. “En Holanda hay cerca de 400 escritores de teatro ahora mismo, y quizás solo unos 35 pueden vivir solamente de eso, sin tener que buscar otros trabajos”, explica. Y añade:

“Me pareció increíble que la entrada aquí fuera tan barata. Allá ninguna de mis dos hijas se puede permitir ir al teatro. Van al cine, o a las representaciones gratis en festivales, pero una entrada puede costar alrededor de 35 dólares. Esto es un cambio negativo que ha ocurrido en los últimos 10 años. Antes, al menos, había otras opciones, como pases o tarjetas para jóvenes que permitían entrar al teatro gratis o por solo 5 dólares. Y eso ya no existe hoy”.

Maria Goos había escuchado mucho sobre Cuba, como el resto del mundo desde que hace un par de meses el país más poderoso del planeta admitiera el fracaso de una política de aislamiento sostenida durante más de medio siglo contra el gobierno cubano, por la cual ha sido su pueblo el más perjudicado. “Hay algo maravilloso aquí, dice. La gente es muy franca, te mira directamente a los ojos cuando le habla. Eso no sucede en Inglaterra, o en Tailandia. Y ya sé que la vida es difícil aquí, pero desde mi perspectiva como extranjera, no percibo enojo o frustración en las personas. Me gusta la vida que veo en las calles; y me siento muy segura. Vivo en país muy frío, donde los días transcurren mayormente en espacios cerrados, y aquí ocurre todo lo contrario. Pero los cubanos son abiertos, caminan despacio, se divierten, sonríen”.

La autora de Cloaca ha sido alcanzada por sus 56 años durante esta visita. Y las experiencias atesoradas hasta el momento la hacen pensar en un regreso: “Tengo una obra también traducida al español, Ayuda, que está en temporada en Madrid, adonde iré próximamente. Pienso que sería muy interesante buscar la manera de montarla aquí, que podría funcionar”. María Goos ha caído conscientemente en la trampa de la insularidad y se deja llevar, se deja sorprender por Cuba. 

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