Uruguay registró en 2025 el mayor ingreso de ciudadanos cubanos de su historia reciente. Más de 22 000 nacionales de la isla entraron al país ese año, según datos de la Dirección Nacional de Migración (DNM), en un contexto marcado por la crisis interna en Cuba y el reordenamiento de las rutas migratorias en la región.
En paralelo, unos 7 000 cubanos salieron de Uruguay, lo que deja un saldo migratorio positivo que explica parte del crecimiento reciente de la población. El salto es significativo si se compara con años anteriores.
El saldo migratorio de ciudadanos cubanos pasó de 5 870 en 2024 a cerca de 15 000 en 2025, lo que supone un crecimiento de casi tres veces en solo un año, según datos oficiales citados por El Observador. El contraste es aún mayor si se retrocede a 2022, cuando se registraron 3 552 llegadas de cubanos a Uruguay.
El dato más revelador, sin embargo, está en la regularización. Unos 13 852 cubanos obtuvieron por primera vez la cédula uruguaya en 2025, superando ampliamente a otras nacionalidades. La cifra quintuplica los documentos otorgados a argentinos (2 635), brasileños (2 564) o venezolanos (2 042), consolidando a los cubanos como el principal grupo migrante en proceso de formalización en el país.
Uruguay: de destino marginal a polo de atracción
En 2024, autoridades uruguayas ya alertaban sobre el incremento de solicitudes de refugio por parte de ciudadanos cubanos. El vicecanciller Nicolás Albertoni señaló entonces que alrededor de 20 000 cubanos habían solicitado esta figura, en muchos casos como mecanismo para poder ingresar al país debido a la exigencia de visado.
Este aumento tensionó el sistema migratorio. La Comisión de Refugiados acumulaba más de 24 000 solicitudes pendientes, en su mayoría de nacionales de países que requieren visa, especialmente cubanos.
Ante esta situación, el Gobierno uruguayo aprobó un decreto que crea la figura de «residencia por arraigo», diseñada para regularizar a unas 20 000 personas.
La medida permitió ofrecer una salida legal a quienes no calificaban como refugiados, pero ya se encontraban integrados en el país, facilitando el acceso a la residencia por vías laborales, familiares o de formación.
Luis Estrada, presidente de la asociación Cubanos Libres en Uruguay, aseguró a elTOQUE que el crecimiento de la migración responde a un proceso sostenido en el tiempo: «En Uruguay se han creado las bases de un exilio muy fuerte, de una diáspora muy grande. Ha existido un flujo constante de migración y hoy ya es una comunidad establecida».
A su juicio, el país suramericano se ha convertido en destino por varias razones. «Uruguay es un país de fronteras abiertas, con una población muy solidaria, y donde las leyes permiten acceder relativamente rápido a documentación, salud y trabajo».
Pero insiste en que el origen del fenómeno está en Cuba: «La situación es asfixiante en lo social, político y económico. Los cubanos nos dicen que el problema no es solo la economía, es el sistema», explica.
De la crisis estructural en Cuba al éxodo sostenido
El aumento de la migración cubana no es un fenómeno reciente, pero sí se ha intensificado en los últimos años en paralelo al deterioro de las condiciones de vida en la isla.
Cuba ha perdido más de un millón y medio de habitantes en menos de cuatro años, según cifras oficiales, en lo que ya es considerado uno de los mayores procesos de despoblación de su historia contemporánea. A esto se suma una crisis energética persistente, marcada por apagones prolongados, escasez de combustible y dificultades para acceder a alimentos básicos.
Este contexto ha convertido al país en un expulsor neto de población, empujando a miles de cubanos a buscar alternativas en el exterior, incluso en destinos que históricamente no formaban parte de sus rutas migratorias tradicionales.
Estrada advierte que la emigración responde a un desgaste acumulado durante años. «Hay personas que nos dicen: “nos hubiésemos quedado a luchar en la isla, pero es imposible”», señala.
Según explica, la crisis no es reciente: «Después de la pandemia ya se veía un declive total. Son décadas de políticas que han limitado el desarrollo de las personas y eso termina empujando a la gente a irse donde pueda instalarse».
Caridad, una cubana que emigró a Uruguay con más de 60 años, describe su salida de la isla como una decisión forzada por las condiciones de vida. «La pensión no me alcanzaba para nada. Había que hacer colas para todo, para el pollo, para cualquier cosa», cuenta.
Tras más de cuatro años separada de su hija, que emigró siendo doctora, decidió salir de Cuba. «Yo no estoy para esto, sácame de aquí en cuanto puedas», recuerda haberle dicho.
Hoy, con tres años y medio en Uruguay, resume su experiencia con claridad: «Estoy muy contenta de estar aquí, en un país donde hay libertad y democracia, aquí puedo comprar mis cosas, ayudar a mi hija y no depender de nadie», añade.
Integración con dificultades
El crecimiento de la migración también ha tenido impacto en los servicios sociales. Datos del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) de Uruguay muestran que las solicitudes de ayuda de migrantes aumentaron un 83% en los últimos cinco años.
Solo en 2023, cerca de 4 000 cubanos acudieron a oficinas del Mides en busca de asistencia, principalmente relacionada con alimentación, documentación y acceso a servicios básicos.
Para Leydis Aguilera, la primera diputada uruguaya de origen cubano, la integración es positiva. «Los que emigramos de Cuba venimos con muchas cosas a cuestas: escapando de hambre, de violencia, de una dictadura», afirma.
Según explica, la adaptación tiene varias fases. «Hay una primera etapa de emergencia, en la que necesitas documentos, trabajo, acceso a la salud y a la educación. Ese proceso puede tomar meses, incluso más de un año».
Aguilera advierte que, pese a las facilidades del país, existen obstáculos importantes. «El acceso a la documentación, sobre todo la cédula de identidad, sigue siendo un desafío porque, sin eso, no puedes acceder a un empleo formal».
También menciona problemas en la reválida de títulos, el alto costo de vida y el acceso a la vivienda. «Para alquilar necesitas estabilidad laboral y garantías, algo difícil para quienes acaban de llegar».
Además, señala una situación más compleja: «Hay miles de cubanos que están quedando en un limbo migratorio tras el fin de programas como la residencia por arraigo».
Esto refleja un patrón común en los procesos migratorios recientes. Aunque Uruguay ofrece estabilidad institucional y mejores condiciones que la isla, muchos recién llegados enfrentan dificultades iniciales para insertarse plenamente en el mercado laboral y acceder a vivienda.
El cierre de rutas tradicionales
El auge de Uruguay como destino también se explica por el cierre progresivo de otras rutas migratorias. Durante años, Estados Unidos, España y México concentraron los principales destinos de la emigración cubana, tanto por redes familiares como por oportunidades de regularización y empleo. En el caso español, los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) reflejan un flujo sostenido de llegadas, más de 53 000 cubanos entre 2023 y 2024, mientras que en México, cifras de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) sitúan a los cubanos entre los principales solicitantes de asilo, con casi 18 000 solicitudes en 2024.
En Estados Unidos, los cruces de cubanos por la frontera sur se desplomaron en 2025. De más de 6 000 en enero a solo 150 en diciembre, según datos reportados por el Departamento de Seguridad Nacional. Este descenso coincide con un endurecimiento de las políticas migratorias y mayores controles.
A esto se suma la decisión de Nicaragua de eliminar el libre visado para ciudadanos cubanos, una medida que durante años facilitó el tránsito hacia Estados Unidos a través de Centroamérica.
El resultado ha sido un redireccionamiento de los flujos migratorios hacia países del sur del continente, entre ellos Uruguay.
Nuevas rutas, nuevos riesgos
El cambio de rutas también ha traído consigo nuevos peligros. Investigaciones recientes en Brasil apuntan a la existencia de redes de trata de personas que operan en la frontera con Guyana.
Según estimaciones policiales, al menos 200 cubanos fueron víctimas de estas redes entre noviembre de 2025 y principios de 2026, en una de las células investigadas en la llamada Operación Malecón.
El crecimiento también se refleja en la presencia acumulada de cubanos en el país. Según datos del censo de 2023, unas 11 862 personas nacidas en Cuba residían en Uruguay, lo que las convierte en una de las principales comunidades extranjeras, solo por detrás de argentinos y venezolanos.
Sin embargo, el fuerte aumento de llegadas registrado en los últimos años y especialmente el salto de 2025 sugiere que esa cifra ha quedado rápidamente desactualizada.
La evolución reciente confirma que la migración cubana hacia Uruguay ha dejado de ser un fenómeno puntual para convertirse en una tendencia sostenida, cada vez más visible en la estructura demográfica del país.









