A finales del siglo XVIII, el historiador habanero Martín Félix de Arrate escribió que en La Habana había personas negras reconocidas por su habilidad como pintores y escultores. Dos siglos y medio después, esa constancia histórica se ha vuelto una pregunta incómoda: si aquellos artistas existieron y produjeron obras apreciadas en su época, ¿por qué no aparecen sus nombres en la historia del arte cubano?
Esa ausencia funciona como punto de partida de dos exposiciones que coinciden hasta el 12 de septiembre de 2026 en el Lowe Art Museum de la Universidad de Miami, en 1301 Stanford Drive, Coral Gables, Florida 33146.
El Pasado Mío / My Own Past: Afrodescendant Contributions to Cuban Art y Afrocubanismo: Highlights from the Ramón and Nercys Cernuda Collection reúnen más de un centenar de obras y proponen observar cerca de 200 años de producción artística cubana desde dos perspectivas diferentes pero conectadas.
La primera coloca en el centro la creación de artistas cubanos afrodescendientes y reconstruye una genealogía que comienza en el siglo XIX y llega hasta el presente. La segunda se detiene principalmente en el movimiento afrocubanista que ganó fuerza durante las décadas de 1930 y 1940, cuando la cultura de origen africano comenzó a ocupar un espacio mucho más visible en la búsqueda de una identidad nacional cubana moderna.
La diferencia entre ambas resulta fundamental: una mira la historia desde quienes vivieron y produjeron como afrodescendientes; la otra permite observar también cómo una parte de la vanguardia cubana miró, representó y reinterpretó ese universo cultural.
Juntas plantean una pregunta que trasciende las paredes del museo: ¿quiénes fueron considerados protagonistas de la historia del arte cubano y quiénes quedaron fuera de ese relato?
Una historia que comienza mucho antes de Wifredo Lam
El Pasado Mío reúne obras de artistas afrodescendientes activos desde la década de 1820 hasta la actualidad.
La investigación que sustenta la exposición parte de una paradoja. La presencia africana fue decisiva en la formación cultural de Cuba, pero identificar la producción visual de sus descendientes durante buena parte del período colonial resulta extraordinariamente difícil.
El Afro-Latin American Research Institute (ALARI) de Harvard, institución que organizó originalmente el proyecto, explica que muchos africanos llegados a América procedían de sociedades con extensas tradiciones de producción visual. En Cuba reconstruyeron conocimientos, técnicas, sensibilidades y redes culturales que terminaron formando parte de las culturas visuales colonial y moderna. Sin embargo, sus contribuciones rara vez fueron identificadas, atribuidas o estudiadas.
Uno de los primeros nombres que la exposición consigue recuperar es Vicente Escobar y Flores (1762-1834), pintor retratista afrodescendiente que trabajó entre finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.
Su presencia resulta importante precisamente por la información que desconocemos. Fuentes de finales del siglo XVIII documentaban la existencia de «comunidades de artistas negros y pardos en La Habana». Sin embargo, gran parte de sus nombres y de las obras que produjeron no llegaron hasta la historia del arte que posteriormente se escribió en Cuba. El propio proyecto reconoce que reconstruir ese período continúa siendo una tarea incompleta.
Por eso, El Pasado Mío no propone simplemente agregar artistas negros a una cronología ya existente. Su planteamiento es revisar la cronología misma y preguntarse de qué manera los prejuicios raciales y de género participaron en la construcción del canon artístico nacional.
Ese cuestionamiento también dio origen al libro El pasado mío: contribuciones afrodescendientes al arte cubano, editado por Alejandro de la Fuente y Cary Aileen García Yero y publicado en 2025. La investigación estudia, entre otros aspectos, cómo durante el período colonial se fue construyendo una asociación entre las llamadas «bellas artes» y la blanquitud, y cómo esa relación continuó influyendo posteriormente en las narrativas sobre el arte cubano.
De 55 obras en Harvard a 83 en Miami
La exposición no nació en Miami. Su primera versión fue presentada entre 2022 y 2023 en la Ethelbert Cooper Gallery of African & African American Art de Harvard University. Fue desarrollada por un equipo encabezado por el historiador cubano Alejandro de la Fuente, director del Afro-Latin American Research Institute de Harvard, junto con Bárbaro Martínez Ruiz y Cary Aileen García Yero.
Pero su llegada al Lowe Art Museum permitió ampliar considerablemente el proyecto. La versión original tenía 55 piezas. En Miami, El Pasado Mío presenta 83 obras en distintos formatos, incorporando piezas procedentes de colecciones locales y ampliando particularmente la representación del período anterior a 1959. Las obras recorren un arco temporal que va de 1822 a 2022.
La muestra incluye pintura, escultura, fotografía, instalaciones, video y otras formas de producción visual. En sus salas conviven nombres internacionalmente reconocidos con otros que difícilmente ocupan el mismo espacio en los relatos tradicionales sobre el arte cubano.
Aparecen Wifredo Lam, Agustín Cárdenas, Manuel Mendive, Belkis Ayón, María Magdalena Campos-Pons, Roberto Diago, Juan Carlos Alom, Alexandre Arrechea y Elio Rodríguez, entre otros, junto con figuras históricas menos conocidas como Pastor Argudín, María Ariza y Delance, Antonio Argudín Chon y Tony Ximenez.
La cronología comienza con Vicente Escobar y llega hasta artistas nacidos en las últimas décadas del siglo XX, como Harmonia Rosales.
También hay otro elemento que atraviesa el proyecto: la presencia femenina. Entre los artistas reunidos se encuentran 11 mujeres cuyas obras son presentadas juntas dentro de esta genealogía afrodescendiente, una dimensión que obliga a mirar no solamente las exclusiones relacionadas con la raza, sino también con quiénes tuvieron acceso al reconocimiento institucional dentro del mundo artístico.
Otro de los argumentos de la exposición es que no existe un único «arte afrocubano». Ser afrodescendiente no determina una estética, una técnica ni obliga a abordar temas similares.
Precisamente por eso aparecen juntas obras muy diferentes. Una pequeña pieza de Wifredo Lam de 1937, por ejemplo, convive en el recorrido con una obra de gran formato de Belkis Ayón, cuya producción construyó un universo visual estrechamente relacionado con la sociedad secreta masculina Abakuá, y con trabajos de generaciones contemporáneas que abordan el cuerpo negro, la memoria, la migración o el racismo desde lenguajes completamente distintos.
También aparece Jungla carnal (2020), de Elio Rodríguez, una obra que dialoga directamente con La jungla de Lam, de 1943. Ese tipo de conexiones permite observar algo que tradicionalmente resulta más difícil de percibir: artistas afrodescendientes cubanos hablando, respondiendo o reinterpretando a otros artistas afrodescendientes cubanos.
En otras palabras, no aparecen solamente como casos individuales dentro de una historia general, sino como parte de una posible genealogía propia.
La exposición de al lado cambia la pregunta
Ese recorrido adquiere otro significado cuando el visitante pasa a Afrocubanismo: Highlights from the Ramón and Nercys Cernuda Collection.
Las dos exposiciones fueron concebidas para dialogar, pero no cuentan exactamente la misma historia.
Afrocubanismo... reúne 27 obras de 14 artistas procedentes de la colección de Ramón y Nercys Cernuda y se concentra en el movimiento cultural que alcanzó especial fuerza en Cuba durante las décadas de 1930 y 1940.
Fue un momento en el que escritores, músicos, intelectuales y artistas comenzaron a mirar hacia las raíces africanas de Cuba como parte fundamental de la definición de lo nacional.
Aquello produjo algunas de las imágenes más reconocibles de la modernidad artística cubana, pero también dejó una contradicción.
Según la explicación curatorial recogida alrededor de la muestra, con excepción de Wifredo Lam, los artistas incluidos en Afrocubanismo… eran blancos. Es decir, en una sala se encuentran artistas afrodescendientes hablando desde experiencias, historias y lenguajes muy diversos; en la otra puede observarse cómo una parte de la vanguardia —mayoritariamente blanca— representó la cultura afrocubana.
Esa diferencia convierte la segunda exposición en algo más complejo que una celebración del afrocubanismo.

Cuando África se convirtió en símbolo de lo cubano
El afrocubanismo como corriente artística surgió en un contexto de enormes transformaciones intelectuales. Artistas cubanos que viajaron a Europa durante las primeras décadas del siglo XX entraron en contacto con las vanguardias y con el interés que París había desarrollado por las artes tradicionales del África subsahariana.
Al regresar o producir desde esos circuitos internacionales, algunos comenzaron a incorporar máscaras, cuerpos, religiones, fiestas, ritmos y referencias afrocubanas a sus trabajos.
Por un lado, ese movimiento contribuyó a reconocer que lo africano no era un elemento marginal de la nación, sino uno de sus componentes fundamentales.
Por otro, abrió una pregunta que sigue siendo contemporánea: ¿qué ocurre cuando quienes representan una cultura históricamente discriminada no pertenecen a ella?
Algunas de aquellas representaciones ayudaron a colocar la cultura afrocubana en el centro de la imagen de Cuba. Otras reprodujeron caricaturas, exotización y estereotipos sobre las personas negras. Esa tensión —apropiación, reconocimiento, fascinación y representación— forma parte explícita del diálogo que propone la exposición.
Por eso resulta significativo encontrar allí obras como Comparsa (baile de carnaval), de Oscar García Rivera, fechada en 1940, junto a trabajos de Wifredo Lam.
Lam ocupa una posición particular dentro de esta conversación. Fue afrodescendiente y, al mismo tiempo, una de las figuras fundamentales de la vanguardia internacional. Su producción dialogó con el surrealismo y las vanguardias europeas, pero también con la espiritualidad y las culturas de origen africano presentes en Cuba.
Entre ambas exposiciones se exhiben varias obras suyas, incluidas piezas tempranas poco vistas, lo que permite observar cómo su producción fue transformándose y por qué su obra resulta difícil de encerrar únicamente bajo etiquetas europeas o cubanas.

Dos exposiciones, dos maneras de mirar
Vistas por separado, las muestras cuentan recorridos diferentes. Vistas juntas, revelan una misma historia.
El Pasado Mío pregunta qué ocurre cuando la historia del arte cubano se reconstruye desde los propios artistas afrodescendientes. Afrocubanismo muestra qué ocurrió cuando la cultura negra se convirtió en materia de representación para la construcción de una identidad nacional moderna.
En una aparecen sujetos que producen sus propias imágenes. En la otra también aparece la mirada que se proyectó sobre ellos. Esa comparación permite entender por qué las exposiciones no intentan definir un supuesto estilo afrocubano. Lo que reconstruyen son relaciones entre arte, raza, poder, memoria e identidad nacional a lo largo de aproximadamente dos siglos.
Hay además una dimensión geográfica difícil de separar de la muestra. El Pasado Mío se presenta ahora en Miami, una ciudad que alberga una de las mayores comunidades cubanas fuera de la isla y una importante red de artistas, coleccionistas, investigadores e instituciones vinculadas al arte cubano.
De la Fuente ha explicado que desde la concepción del proyecto consideraba indispensable llevarlo a Miami y que el carácter académico del Lowe permitía desarrollar narrativas poco habituales dentro de un museo. La versión actual pudo, además, incorporar obras pertenecientes a colecciones de la ciudad.
El diálogo, por tanto, no ocurre únicamente entre dos salas. También ocurre entre una investigación iniciada en Harvard, obras creadas dentro y fuera de Cuba, colecciones privadas asentadas en Miami y una comunidad cubana que continúa discutiendo desde el exilio cuestiones relacionadas con raza, nación, memoria e identidad.
Casi 200 años después de que algunos de los primeros artistas afrodescendientes identificados produjeran sus obras en Cuba, las dos exposiciones vuelven sobre una pregunta aparentemente sencilla: ¿quién cuenta la historia?
La respuesta que ofrecen las salas del Lowe es menos sencilla. Porque reconstruir la presencia afrodescendiente en el arte cubano no consiste únicamente en encontrar nombres olvidados y colocarlos nuevamente en una pared. Implica revisar por qué fueron olvidados.
Cómo visitar las exposiciones
El Pasado Mío / My Own Past: Afrodescendant Contributions to Cuban Art y Afrocubanismo: Highlights from the Ramón and Nercys Cernuda Collection permanecerán abiertas hasta el 12 de septiembre de 2026 en el Lowe Art Museum de la University of Miami.
Dirección: 1301 Stanford Drive, Coral Gables, Florida 33146.
Horario: miércoles a sábado, de 10:00 a. m. a 4:00 p. m.
Entrada: gratuita.




