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Rachel Pereda

Rachel Pereda

Periodista y mamá, o al menos eso intento. Sabinera hasta la médula. Amante de la literatura, las causas imposibles, la fotografía, el café y la aventura. Géminis y soñadora. Creo en la magia y en la historia detrás de la historia. Sigo en espera de mi carta a Hogwarts.

En medio de la abundancia de fotografías y videos del 11 de julio, Ronald Vill filtra y sintetiza protagonistas y escenas; los iconiza. «Cada dibujo es, además de una representación de lo sucedido, una representación de lo que sentimos ese día».
Ellas encontraron en la crisis una oportunidad para emprender y en medio de la adversidad han logrado consolidar un negocio propio.
El proyecto Cuenta conmigo tiene el objetivo de establecer un espacio solidario para que jóvenes con Síndrome de Down puedan compartir, destacarse y dar rienda a su imaginación guiadas por los familiares y los profesores que imparten talleres de danza, artes plásticas y más. Es un espacio para ellas y su familia.
Con la llegada del aislamiento físico y la escasez durante la pandemia, cada vez más grupos en las redes sociales, sea Facebook, WhatsApp o Telegram, se convierten en verdaderos mercados en línea.
Esta celebración llegó muy temprano a Cuba y a Santiago de las Vegas, pueblo situado al sur de la capital, que es precursor de esta tradición en la Isla.
«Otros tatuadores o clientes cuando llegan a mi casa y ven que soy mujer, dudan de mi capacidad. Me dicen que seguro yo solamente puedo hacer florecitas, delfines, tribales a la cadera o cosas así, sencillas. La verdad es que yo puedo hacer el trabajo de cualquier tatuador, un diablo, una gárgola…».
Annalisa Gallina, mujer y extranjera en Cuba, creó y gestiona Gao, un emprendimiento para promover «algo nuevo, lindo y original».
La pandemia nos han empujado al espacio virtual, al refugio de las redes sociales. Allí se han encontrado madres a quienes el encierro les dibujó un panorama desalentador. En Cuba, se suman las colas y la escasez. En el grupo de Facebook Madres cubanas por un mundo mejor más de 52 mil cubanas comparten y se acompañan.
Me imagino a un Martí con tatuajes, a un Martí negro, a un Martí anciano, a un Martí con nasobuco. Pero lo que no me imagino es a un Martí sumiso, a un Martí callado, a un Martí injusto. Él sufrió en carne propia la censura y la persecución. Él supo de la ingratitud de los hombres y aprendió a perdonar.