La producción agrícola en Cuba se desplomó entre 2014 y 2023 hasta dejar al país en el penúltimo puesto de América Latina y el Caribe, por detrás de Haití y superando solo a Surinam, según un informe de cuatro organismos internacionales publicado el 2 de junio de 2026.
El colapso productivo del campo cubano quedó plasmado en el estudio Perspectivas de la Agricultura y del Desarrollo Rural en las Américas 2025–2026, elaborado en conjunto por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).
El documento compara los niveles de producción agropecuaria de 2023 con el promedio del período 2014–2016. A escala global, el índice creció un 14.1 %. Sudamérica y Centroamérica lo superaron con creces —un 15.7 % y 17.3 %, respectivamente—. El Caribe, en cambio, apenas llegó al 4.4 %, y algunos de sus países registraron caídas absolutas. Cuba está entre las tres economías que más retrocedió en la producción agrícola.
El economista Pedro Monreal señaló en sus redes sociales que «el mayor crecimiento [del continente] lo registró otro país vecino: República Dominicana».

Fuente: FAOSTAT (2025)
El problema no es solo de cantidad. En materia de productividad laboral — cuánto valor genera cada trabajador del campo—, Cuba también figura entre los peores indicadores de la región, en igual rango que Haití, Honduras y Ecuador. La brecha con países como Argentina, Uruguay o Chile, donde la mecanización y el acceso a tecnología transformaron el agro, sigue ensanchándose.
Cuba responsabiliza a Estados Unidos y su sistema de sanciones por la crisis en la agricultura. Sin embargo, en 2024 el régimen de La Habana invirtió aproximadamente 14 veces más en turismo —incluida la construcción de hoteles— que en agricultura: un 37.4 % frente al 2.7 % del total del presupuesto del Estado.
El país caribeño importa alrededor del 80 % de los alimentos que consume, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Katia Hernández Torres, presidenta de la Federación Latinoamericana de Mujeres Rurales (Flamur) en Cuba, denunció en marzo de 2026 las «graves limitaciones que enfrentan los campesinos cubanos»: «la falta de insumos», «trabas legales» y «la ausencia total de apoyo gubernamental a quienes producen los alimentos del país».
La organización independiente pide desde 2019 «libertad de producción y comercialización directa»; «que los campesinos puedan fijar sus propios precios, de acuerdo con el mercado y el costo real de producción» y «derecho a importar y exportar directamente sin depender del Estado», entre otros cambios sistémicos que, aseguran, pueden provocar un vuelco a la situación del campesinado y la producción agropecuaria.
La crisis cubana no solo se expresa en los datos de producción agrícola. Mientras la Cepal proyecta un crecimiento promedio de 2.2 % para la región en 2026, la mayor de las Antillas aparece en la evaluación publicada en abril como la economía con la peor previsión del continente, con una contracción estimada de -6.5 % del producto interno bruto (PIB).




