El team Asere se desinfla y la postemporada se enciende

Foto: Collage de la autora
Hay semanas en las que el béisbol cubano parece escrito por un guionista con sentido del humor negro. De esas en las que la épica y el absurdo se dan la mano, se toman un café amargo y deciden que nada va a ser sencillo. Esta ha sido una de ellas.
Mientras el llamado team Asere al Clásico Mundial pierde aire como balón de playa olvidado al sol, la Serie Nacional —esa vieja telenovela interminable— se empeña en recordarnos que todavía, pese a todo, puede ofrecer capítulos dignos de horario estelar.
Empecemos por el Clásico Mundial, ese evento que la Federación Cubana de Béisbol y Sóftbol (FCBS) presenta como vitrina del consenso nacional, aunque cada año se parezca más a una reunión familiar en la que siempre falta alguien… y casi nunca se explica por qué.
Esta semana se supo que los ligamayoristas Andy Ibáñez, Daysbel Hernández y Andy Pagés decidieron bajarse del tren antes de que este saliera de la estación. No hubo escándalo público ni portazos ni comunicados oficiales con tono solemne. Bastó una filtración en Facebook y la confirmación de medios independientes para que la realidad, otra vez, se impusiera a la narrativa.
La revista beisbolera Swing Completo lo resumió con una pregunta que vale como titular y como diagnóstico: «¿Se desinfla el team Asere?». La respuesta, aunque incómoda, parece obvia. Cuando tres peloteros de Grandes Ligas dicen «no», cada uno por sus razones, el problema deja de ser individual y empieza a oler a sistema.
Pagés, bicampeón de Serie Mundial con los Dodgers —dato que duele más cuando se dice en voz alta— fue el más claro: necesita prepararse para una temporada larga, trabajar en lo importante. Traducido al cubano: su carrera profesional está primero. Nada nuevo, pero siempre sorprende que aún sorprenda.
Mientras tanto, la FCBS guarda silencio o ensaya explicaciones que nunca llegan al público correcto. La lista de 35 jugadores «presuntamente entregada» es ya un concepto literario: presuntamente existe, presuntamente se filtró, presuntamente representaba a todos.
En la práctica, vuelve a confirmarse que el equipo Cuba (el de aquí y el de allá) sigue siendo una idea en la mente de los aficionados más que una realidad compartida. Claro, como en toda tragicomedia, aparece una buena noticia para equilibrar el guion. Yariel Rodríguez dijo que sí.
Según el reportero Francys Romero, el lanzador derecho se unirá al equipo tras recibir la aprobación de los Blue Jays y se reportará el primero de marzo en Arizona. Eso sí, con letra pequeña: solo bullpen, máximo dos entradas por juego. El béisbol moderno es así, milimétrico, calculado, y muy poco dado a los gestos románticos.
Aun así, su incorporación sirve para que alguien en la Federación respire aliviado y pueda decir que no todo está perdido. Al menos no todavía.
Y cuando el foco parecía monopolizado por el Clásico Mundial y sus ausencias, la 64.ª Serie Nacional volvió a hacer lo que mejor sabe: irrumpir sin pedir permiso. Pues parece que lo de Villa Clara frente a Las Tunas ya no es solo béisbol; es literatura épica con spikes.
Dos victorias en el mismísimo estadio Julio Antonio Mella de la capital tunera, incluida una remontada agónica de 5-4 en el noveno episodio, suena a herejía en tiempos recientes. 11 victorias consecutivas para los Leopardos de Ramón Moré, que juegan como si no hubieran leído el pronóstico ni les importara.
Derrotar dos veces al campeón nacional en su casa es un acto de fe, pero también de carácter. Villa Clara ya no está ganando por accidente: está convencida. Y en un campeonato donde la lógica suele ser frágil, esa convicción puede ser letal.
Mientras tanto, Matanzas hace lo suyo con una ofensiva demoledora y también se coloca 2-0 en la postemporada contra los Gallos espirituanos, dejando a sus rivales con el margen de error reducido a la mínima expresión.
Hasta el minuto en que escribo, no todas las series eran tan disparejas. Artemisa y Holguín estaban igualados, al igual que Industriales y Mayabeque. Al final, el contraste es inevitable. El béisbol cubano vive partido en dos: entre un equipo nacional que se anuncia más de lo que se construye y un campeonato doméstico que, contra todo pronóstico, sigue produciendo historias que merecen ser contadas.
Quizá ahí esté la ironía mayor. El Clásico Mundial, pensado para mostrar lo mejor, vuelve a exhibir carencias. Y la Serie Nacional, muy demacrada en lo material, insiste en recordarnos que aún sabe rugir. Aunque sea, como casi todo en este país, a contracorriente.












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