María, residente en el reparto La Caridad, en la ciudad de Camagüey, lleva más de un año sin recibir agua de forma estable por la tubería en su vivienda. Para abastecer a su familia, debe salir a buscarla a varias cuadras.
«No es un problema de días. Es algo constante. Aquí no puedes confiar en que el agua va a llegar. Hay que estar resolviendo todo el tiempo», explica.
La situación se repite en otros barrios de la ciudad como Montecarlo, La Mosca y Previsora, donde los residentes describen ciclos prolongados sin acceso al agua.
«Aquí hemos estado más de 20 días sin agua. Y cuando llega, no tiene presión o dura muy poco», cuenta a elTOQUE Luis Alberto, vecino de Montecarlo.
«Se habla de arreglos, de inversiones, de que están mejorando el sistema, pero tú vas a la realidad y no hay agua en la casa. Han pasado años y seguimos dependiendo de lo mismo: esperar o salir a buscarla», agrega Alberto.
El Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) reconoció en 2025 que más de 3,1 millones de cubanos ―cerca del 30 % de la población― tenían problemas de desabastecimiento, en un año que se ubicó entre los más secos desde 1901.
Los datos oficiales disponibles también indican que los embalses cerraron ese año al 64 % de su capacidad total, con unos 5 868 hectómetros cúbicos almacenados, aunque por debajo del promedio histórico. Ese volumen equivale aproximadamente al consumo anual de más de 130 000 personas, lo que permite dimensionar el impacto real de la sequía en la disponibilidad de agua.
Camagüey es una de las provincias con mayor infraestructura hidráulica del país, con una capacidad de almacenamiento superior a 1200 millones de metros cúbicos de agua en sus embalses.
En los últimos años, los volúmenes almacenados han superado los 500 millones de metros cúbicos, incluidos alrededor de 232 millones destinados al abasto de agua a la población.
A pesar de esa disponibilidad, el servicio continúa siendo irregular en amplias zonas de la ciudad.
«El problema no es que no haya agua. Es que el agua no llega a las casas como debería», afirma Pedro, residente en Previsora. «Se habla de reservas, de niveles en las presas, pero en el día a día eso no se refleja», dice.
En enero de 2026, directivos del sector hidráulico en Camagüey informaron en medios oficiales que las inversiones en infraestructura «mantienen su curso» con el propósito de mejorar el abasto de agua en comunidades con afectaciones históricas, en medio de «limitaciones económicas».
Betsy Rodríguez Cardoso, directora de Inversiones en la Delegación Provincial de Recursos Hidráulicos, explicó que se trabaja en la rehabilitación de la estación de bombeo de agua cruda que abastece a la planta potabilizadora para el suministro a la ciudad de Nuevitas, junto con mejoras en las redes de distribución; acciones que, según indicó, benefician tanto a la economía como al sector residencial.
Sin embargo, ese discurso técnico choca de frente con la realidad de miles de hogares que siguen sin recibir agua durante semanas.
En diciembre de 2021, el régimen cubano firmó un acuerdo con el Fondo Saudita para el Desarrollo por 40 millones de dólares destinados a la rehabilitación del sistema de abastecimiento de agua en la provincia.
En 2023, las autoridades informaron la continuidad de ese programa mediante nuevos financiamientos para ampliar las obras hidráulicas, incluidas la rehabilitación de redes de distribución de agua y mejoras en el saneamiento.
A más de tres años del inicio de esos proyectos, el servicio continúa siendo irregular en distintos barrios de la ciudad.
«Aquí no se ve ese avance del que hablan. Seguimos esperando que llegue el agua o saliendo a buscarla», comenta un residente de La Mosca.
«Puedes pasar semanas sin agua. Y cuando llega, no alcanza. No hay estabilidad».
Un ingeniero hidráulico de Camagüey, que solicitó hablar en condición de anonimato, señala que las dificultades van más allá de la disponibilidad de agua: «Aquí no es solo un problema de sequía. El sistema pierde una parte importante del agua en las redes y depende totalmente de condiciones como la electricidad y el combustible. Mientras eso no se resuelva de forma estructural, las inversiones no se van a traducir en estabilidad del servicio».
elTOQUE intentó contactar a funcionarios de la Dirección Hidráulica de Camagüey, pero no obtuvo respuesta.
Las alternativas no garantizan estabilidad
«Antes, las pipas (carros cisterna) venían más seguido. Ahora no aparecen», explica Maritza, residente en La Mosca. «Y cuando aparecen, no es para todo el mundo. Hay que pagar, y no todo el mundo puede».
Según testimonios recogidos por elTOQUE en la ciudad de Camagüey, el costo de un viaje de agua puede oscilar entre 7000 y 10 000 CUP, una cifra elevada para muchas familias.
A estos factores se suman limitaciones operativas. La inestabilidad eléctrica afecta el bombeo de agua y la disponibilidad de combustible limita la distribución mediante camiones cisterna.
«Es un sistema que depende de muchas cosas. Y cuando fallan varias al mismo tiempo, el servicio se cae», comenta Pedro.
Un servicio imprevisible
«No hay un día fijo. No hay garantía. Tú no sabes cuándo va a venir el agua ni cuánto va a durar», dice María.
Entre 2021 y 2023, el sistema hidráulico de Camagüey recibió financiamiento internacional y programas de rehabilitación destinados a mejorar el abasto de agua.
En 2026, las autoridades sostienen que las inversiones continúan y que las obras siguen en ejecución. Sin embargo, en barrios como La Caridad, Montecarlo, La Mosca y Previsora, el servicio permanece inestable.
Hay agua almacenada, hay recursos destinados al sistema y hay proyectos en marcha. Pero en los hogares, el problema persiste. Y muchos, como María, tienen que seguir cargando sus cubos.









