La Marvel ha unido en sus películas a dioses, héroes, monstruos, alienígenas, mitos, leyendas, robots, fantasía bucólica y hechos históricos, en un solo sopón espeso que hace que nos dé lo mismo ponerle una vela al hombre que se convierte en gigante verde, enfermo de los nervios, que pedirle un milagro a Thor, que solo sabe dar martillazos.

Hoy se puede creer en cualquier cosa, le han perdido respeto a Dios y más aun a los panteones de divinidades que parecen ahora personajes de dibujos animados, cuando fueron durante siglos los que guiaron la espiritualidad de pueblos milenarios.

Por suerte a ningún artista cubano, animador, dibujante, guionista, cineasta, escritor, se le ha ocurrido crear una serie llamada La Virgen contra Changó o Los siete güijes vengadores o La Luz de Yara, el apagón final.

En cambio, el sistema político cubano, sostenido hasta 1992 en un Estado ateo y desde 1965 en un Partido Comunista único, marxista-leninista y, por lo tanto, materialista dialéctico e histórico, ha producido imágenes, frases, dichos, lemas y leyendas históricas, propias de libros sagrados o de cantos ancestrales de pueblos perdidos en el tiempo.

Para el marxismo la materia no es eterna, ni los procesos históricos, ni las estructuras políticas, mas en Cuba los CDR “han nacido para ser eternos”, “los nacidos y los que están por nacer hemos sabido que nacimos para vencer y no para ser vencidos”, el líder histórico ha sido llamado “invencible” e “invicto” y el partido ha sido elevado al rango de “inmortal” y de “acero”.

También hemos hecho aportes a la física y a la química, con aquella frase de “solo los cristales se rajan”, y a la magia negra, con la desaparición del comunismo del articulado del Proyecto de Constitución de la República de Cuba que, para nuestro pueblo, que conoce la historia de los últimos 50 años, debe ser como si una mano divina hubiera quitado de nuestra vista el horizonte hacia el que avanzábamos.

Si alguien lee el Proyecto Constitucional con paciencia y a la misma vez lee la Constitución vigente y a la misma vez deja hablar al televisor como si fuera un viejo loco, puede perder la razón y la calma, porque mientras el trabajo voluntario ha sido borrado del magno texto, como forma comunista y altruista de aportar a la sociedad, los spots televisivos sobre el legado del Che citan su fe por este tipo de labor y sus ideas sobre la formación del hombre nuevo.

El lema que los pioneros y pioneras de Cuba dicen en las escuelas cada día antes de entrar a las aulas y mientras saludan a la bandera, ha quedado en entredicho. Si la comunista ya no se propone como el tipo de sociedad a conseguir y las ideas del Che salen en puntilla de pie del Proyecto de Constitución, no sabemos si será lógico que los niños digan ¡pioneros por el comunismo, seremos como el Che!, pero debe quedar registrado para la historia que ningún ciudadano del pueblo de Cuba pidió públicamente jamás que las alusiones al comunismo desaparecieran de nuestra vida.

Ningún partido político ni ninguna organización social son eternas ni lo han sido en la historia, y es un hecho que no son de acero, esta metáfora es comprensible cuando se vive una situación de guerra, de emulación, de competencia, de fricción electoral, de riesgo político, pero el PCC es partido único, dirigente, gobernante y oficial, desde 1965, y desde 1976, fuerza dirigente de la sociedad y el Estado, así como se oye, fuerza, como si estuviéramos en la Guerra de las Galaxias.

Hemos aprendido a vivir primero como ateos, algunos negaron a dios, no tres, sino cien veces, guardaron sus crucifijos y collares debajo de altos cuellos de camisa o en el fondo de gavetas oscuras, otros abrazaron de veras el ateísmo militante y detestaron a las iglesias y a los santos correspondientes.

Después se pudo creer, en todo, en los Beatles, en los dioses africanos, en Cristo resucitado y se bailó hasta el cansancio con canciones sobre Orishas y vinieron los Papas y se transmitieron por televisión misas y fiestas religiosas.

Cuando ninguna religión estuvo bien vista, el Estado y el Partido se ocuparon de mantener vivos los conceptos de lo divino, inmortal y eterno. Ahora no sabemos si nos habla Dios o Iron Man.