El combustible privado que llegó desde Estados Unidos a Cuba y el acuerdo que pudiera multiplicarlo

10 de junio de 2026 a las 04:00 p. m.

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Imagen de referencia / El atardecer detrás de una bomba de petróleo, el 8 de abril de 2020, en Karnes City, Estados Unidos. (AP Foto/Eric Gay, Archivo)

Imagen de referencia / El atardecer detrás de una bomba de petróleo, el 8 de abril de 2020, en Karnes City, Estados Unidos. (AP Foto/Eric Gay, Archivo)

A inicios de marzo trascendió que en el primer trimestre de 2026 el sector privado de Cuba había adquirido en Estados Unidos combustibles por valor de unos 6.8 millones de dólares (Tabla 1), luego de que en febrero de este año el Bureau of Industry and Security emitiera una autorización permitiendo a micros, pequeñas y medianas empresas (mipymes) de emprendedores cubanos comprar petróleo y sus derivados en el mercado estadounidense.

Esa cifra estaría a punto de dispararse ahora que Vanguard Energy, una empresa con sede en Coral Gables, cerró un acuerdo histórico en mayo de 2026 para arrendar instalaciones de almacenamiento al Gobierno cubano y suministrar buques petroleros —de hasta 25 000 barriles— al sector privado de la isla y a organizaciones religiosas y humanitarias. Así lo dio a conocer Miami Herald el 9 de junio de 2026.

Según el diario, la empresa conservará la titularidad del combustible en la isla, lo que posibilitará que un ciudadano estadounidense tenga derecho a inspeccionar el petróleo en Cuba para que no se desvíe al régimen ni a empresas estatales sancionadas, a aprobar clientes, supervisar la distribución y transparentar la trazabilidad de las ventas —cuyos pagos no pasarían por el sistema bancario cubano—. Matthew Klann, el presidente de Vanguard Energy, dijo que este sería un paso para demostrar que la privatización del mercado de combustible es la forma correcta de gestión.

El 6 de marzo de 2026, el viceprimer ministro cubano Oscar Pérez-Oliva Fraga había comunicado que el régimen de La Habana descentralizaría la importación de combustible. «Estamos facilitando y autorizando que cualquier empresa que tenga posibilidad de adquirir combustible, lo compre», dijo. Se otorgaba así el permiso para que las mipymes —previa autorización estatal— trasladaran combustible a la isla en isotanques que pueden contener hasta 46 000 litros de líquido o gas.

Dichas operaciones iniciaron en medio de un agravamiento de la crisis diplomática entre Cuba y Estados Unidos. Las cosas han llegado al punto de que el 13 de mayo de 2026 el gobernante Miguel Díaz-Canel Bermúdez se quejaba en un post publicado en su perfil de Facebook de que «la crisis que nos atenaza es fruto de la severa guerra económica que nos imponen y de la persecución energética».

No obstante, en abril elTOQUE publicó un análisis evidenciando que el período de mayores problemas del sistema eléctrico cubano no correspondió a enero de 2026, inicio del cerco energético, sino a diciembre de 2025.

Veamos cómo se han comportado hasta ahora las importaciones de combustible por privados hacia la isla para sostener un patrón de comparación futura luego de la entrada al escenario de Vanguard Energy.

De enero a marzo de 2026 las importaciones de combustible hacia Cuba se multiplicaron 47 veces

Hay varios datos que saltan a la vista al analizar las cifras de estas importaciones (Tablas 1 y 2). Las adquisiciones se concentraron en tres sitios (Miami, Houston y New Orleans), están desglosadas en seis tipos de combustibles muy específicos, con un incremento exponencial en los tres meses evaluados; pero en cantidades bastante bajas (unas 6 000 toneladas según estimaciones de este redactor).

De acuerdo con la información recopilada, Houston-Galveston se perfiló como la base principal de las importaciones con un 78.6 % de la compra; Florida está más diversificada, pero con montos menores; mientras New Orleans solo exportó en febrero y luego desapareció en marzo.

Llaman la atención las cifras invertidas en el Light Fuel Oil Lt=15 Sulfur (diésel ligero con bajas cantidades de azufre), con alrededor del 82 % de las compras en dólares; seguido muy de lejos por la Unleaded Gasoline (gasolina sin plomo) con alrededor del 8 % y, en tercer lugar, el Motor Fuel (casi el 6 %). Los valores de la Leaded Gasoline (gasolina con plomo), el Light Fuel Oil Api 15 to 500 ppm Sulfur (diésel con contenido medio de azufre) y el Kerosene Motor Fuel Ex Jet Fuel (queroseno) rondan entre el 1-2 % de las importaciones.

El diésel ligero con bajas cantidades de azufre se utiliza por lo general para abastecer generadores de electricidad de pequeña y mediana potencia, en la transportación de carga marítima y terrestre, y en el funcionamiento de hornos comerciales —como los usados en las panaderías privadas cubanas—. La Unleaded Gasoline (gasolina sin plomo) está relacionada fundamentalmente con el funcionamiento de automóviles ligeros, motocicletas y otros medios de transporte de uso cotidiano, en especial en el sector privado y en los servicios de movilidad urbana. Por otra parte, el Motor Fuel se emplea principalmente en la transportación automotor y en determinadas maquinarias de trabajo agrícola, industrial y de construcción. 

La Leaded Gasoline (gasolina con plomo) está vetada en muchos países del mundo por su alto efecto contaminante. Sin embargo, aún se utiliza en vehículos y motores antiguos que permanecen en circulación dentro del parque cubano, como los conocidos «almendrones». El Light Fuel Oil Api 15 to 500 ppm Sulfur (diésel con contenido medio de azufre) suele emplearse en generadores de mayor capacidad, calderas y hornos industriales vinculados a procesos fabriles y productivos. Y, finalmente, el Kerosene Motor Fuel Ex Jet Fuel (queroseno) se utiliza en menor medida para cocinas, lámparas y determinados equipos de combustión, sobre todo en zonas donde persisten dificultades de acceso estable a otras fuentes de energía.

Según la Tabla 1, las adquisiciones fueron relativamente bajas en enero, con una única compra en Texas. Se multiplicaron por 29 en febrero y luego crecieron un 60 % en marzo, indicando por un lado una demanda-confianza creciente y, por el otro, el incremento de los precios debido a la guerra en el Medio Oriente. En total, de enero a marzo el gasto por importaciones se multiplicó 47 veces.

¿A quién afecta el cerco energético?

El 13 de mayo de 2026, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, compareció en la televisión cubana para decir que en el país no quedaba una gota de combustible y que no había ninguna otra reserva. Dos días más tarde, el 15 de mayo, el régimen anunció que en las gasolineras cubanas el precio minorista de los combustibles se cotizaría según una tasa flotante en dependencia del «proveedor, el costo de los fletes, la ruta de suministro, los seguros, los riesgos y la fluctuación del mercado internacional», según explicó el sitio web oficialista Cubadebate.

El 16 de mayo, el sitio web marketscreener.com informó que, aunque las gasolineras de La Habana se encontraban cerradas, algunas de ellas ya anunciaban que la gasolina premium se cotizaría a 2 USD el litro (precio anterior: 1.3 USD), la gasolina regular a 1.8 USD (antes a 0.95 USD) y el diésel saltó de 1.1 a 2 USD por litro.

La primera pregunta aquí sería: en medio de un panorama tan caótico y de colapso estructural, ¿qué significó el combustible adquirido en Estados Unidos con esos 6.8 millones de dólares?

Dado su monto, es probable que fuera casi imposible que este resolviera las necesidades urgentes de la población, tales como generación de energía, alimentación o servicios públicos, sino intereses muy específicos dentro de la isla debido al control que el régimen cubano ejerce sobre las empresas que operan en su territorio y la criba exhaustiva por la que deben haber pasado las entidades con autorización para importar desde Estados Unidos.

Contra y más si las compras, que presuntamente tienen como destino el sector privado, llegan a Cuba usando como intermediarios empresas estatales, según informó a finales de marzo pasado El País en una nota titulada: «Los envíos de combustible desde Estados Unidos a las empresas privadas cubanas, una gota en el desierto que enoja al exilio».

Entonces habría que hacer la segunda pregunta: ¿a quién o quiénes se refiere la nota de Cubadebate al hablar de los «múltiples actores en condiciones de importar y comercializar combustibles en moneda extranjera», si tomamos en cuenta que desde enero último solo un barco de crudo —el tanquero procedente de Rusia— ha podido arribar a la isla y, según las declaraciones del ministro de Energía y Minas, dicho crudo se agotó a inicios de mayo?

Tomando en cuenta que el cerco energético limita el aprovisionamiento de combustible vía marítima, que buena parte de las capacidades de los aeropuertos cubanos están inutilizadas porque los aviones no pueden repostar y a no ser que se vaya a comercializar algún remanente del buque ruso, hay muy pocas alternativas para reabastecer las gasolineras cubanas.

Ello pone directamente en la mira en esas micro, pequeñas y medianas empresas que importan combustible desde Estados Unidos y que comparten con el régimen cubano el espacio geográfico, los intermediarios que ingresan el producto en Cuba y, al parecer, el secretismo con que estos siempre han llevado a cabo sus operaciones. 

Falta por ver cómo jugará en ese escenario Vanguard Energy y cuan efectivo será en garantizar que el régimen de La Habana no pueda utilizar a su favor los miles de barriles de combustible que importarían los privados cubanos; también, si será posible que las mipymes de la isla consigan pagar los millones de dólares que cuesta un buque petrolero.

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