Las tres mayores cadenas hoteleras con gestión en Cuba han reducido o terminado sus operaciones en la isla. Blue Diamond, Meliá e Iberostar hicieron sus anuncios oficiales a finales de mayo e inicios de junio de 2026, ante el ultimátum establecido por la Casa Blanca para que compañías extranjeras abandonaran los activos asociados con el conglomerado militar Gaesa, bajo amenaza de sanciones.
Los gigantes hoteleros que dominaban el turismo cubano
Iberostar Cuba Hotels & Resorts retiró su marca de 12 hoteles asociados a Gaviota, empresa turística controlada por Gaesa. La hotelera española continuará operando los otros cuatro establecimientos de su cartera asociados con Cubanacán y Gran Caribe.
La también española Meliá informó el cese inmediato en 15 de sus 34 hoteles, en específico los vinculados a Gaviota. Entre los afectados se incluyen varios establecimientos de las marcas Meliá, Paradisus y Sol, en polos turísticos como Varadero, Cayo Santa María y La Habana Vieja.
La compañía suavizó la salida señalando que la mayoría de estos hoteles «ya estaban cerrados» por los cortes energéticos y la caída del turismo; y puntualizó que «procederá a una desafiliación gradual de sus marcas en esos establecimientos».
Aunque Meliá es descrita en varias ocasiones como la cadena con «mayor presencia hotelera extranjera en la isla», elTOQUE identificó que la canadiense Blue Diamond —que también anunció su salida del país — se habría consolidado en los últimos años como la cadena con más alcance dentro del sector turístico en la isla.
Blue Diamond funcionaba como una administradora que agrupaba establecimientos bajo diferentes marcas, entre ellas: Royalton, Mystique, Memories, Starfish y Sanctuary.
En varios reportes se indica que la compañía contaba con «62 hoteles y más de 13 000 habitaciones». Los datos coinciden con otros ofrecidos por directivos de Blue Diamond sobre su gestión, pero en el Caribe, no solo en Cuba (ver 1 y 2).
No obstante, aunque no hemos podido acceder hasta el momento a información oficial y verificada del total exacto de establecimientos operados por la empresa canadiense en la isla, sí pudimos corroborar que en su cartera pública se incluyen, al menos, 50 propiedades entre hoteles y villas. Un número que, de igual manera, da la dimensión de sus operaciones en el país y a la vez el impacto de su salida simultánea con Meliá, Iberostar y Archipelago International —el mayor grupo hotelero privado del sudeste asiático que retiró su marca Aston de varios hoteles, entre ellos algunos de los más modernos y lujosos de La Habana—.
Economistas consultados por elTOQUE advierten que la retirada de Meliá, Iberostar y Blue Diamond reducirá ingresos, afectará empleos y agravará la crisis de un sector que ya acumulaba fuertes caídas de visitantes.
Las marcas se van, los problemas se quedan
El economista cubano Ricardo Torres, profesor de la American University de Washington, señala que «el impacto será muy significativo, casi decisivo». «Las tres hoteleras que han anunciado su salida administraban en conjunto los mejores hoteles del país», subraya.
Torres puntualiza que «el turismo es clave para Cuba no solo por sus cifras agregadas, sino también por sus efectos indirectos sobre las familias —empleo y propinas— y sobre el sector privado que le vende bienes y servicios». «Incluso en medio de su deterioro, el turismo representó en 2024-2025 alrededor del 14 % de las exportaciones totales de Cuba y cerca del 8 % del producto interno bruto (PIB)», agrega.
El especialista también resalta que «el declive del sector viene desde hace años, pero que en 2026 se ha acentuado. Hasta abril, los arribos habían caído un 56 % respecto a 2025, que ya había sido un mal año. La salida de las hoteleras va a acentuar esa tendencia, que puede llevar a caídas de ingresos superiores al 60 % en un solo año».
La salida de las principales hoteleras extranjeras llega en plena debacle del sector turístico de Cuba, que nunca logró regresar a los niveles previos a la pandemia de 2020, cuando solían llegar al país entre 4 y 5 millones de visitantes anuales.
Cuba recibió apenas 328 608 turistas internacionales entre enero y abril de 2026, un 55.8 % menos que en igual período del año anterior, según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).
Sin embargo, el economista cubano Miguel Alejandro Hayes considera que el impacto debe analizarse también a partir del peso que tiene actualmente el turismo dentro de la economía nacional.
«El impacto va a ser mucho menor de lo que se podría entender desde la grandilocuencia política, porque hay que recordar el papel que juegan los ingresos del turismo ahora mismo en la economía cubana. De las principales fuentes de ingresos, está en el último lugar», explica.
Según Hayes, por delante del turismo se encuentran la exportación de servicios médicos, las remesas y la exportación de bienes, entre ellos el tabaco. Aun así, aclara que el efecto práctico de la salida de las cadenas será importante debido al estado de fragilidad de la economía cubana.
«Desde el punto de vista macroeconómico, no es la fuente de mayor impacto, pero desde el punto de vista práctico es grande por la precariedad en que se encuentra la economía cubana», afirma.
De acuerdo con sus estimaciones, si las tendencias del sector se hubieran mantenido sin cambios, Cuba habría generado este año alrededor de 500 millones de dólares en ingresos. La cifra permite dimensionar el volumen de recursos que podría verse comprometido este año.
Hayes coincide, además, en que la retirada de las cadenas afectará un mercado en el que esas empresas habían construido prestigio, redes de comercialización y una cuota de clientes.
El economista también prevé consecuencias para el empleo y para las actividades económicas vinculadas al sector. Estima que entre 5 000 y 25 000 personas podrían verse afectadas de manera directa o indirecta por la salida de los operadores internacionales.
«Habrá un impacto en los encadenamientos productivos que giran directa e indirectamente alrededor del mercado que llega a través de esos operadores. Pienso, sobre todo, en la economía asociada a polos turísticos como La Habana, Trinidad o Varadero. La economía de localidades o zonas económicas cuyo sostenimiento depende en buena medida del turismo. Ahí es donde se va a concentrar el mayor impacto», advierte.
Aunque el turismo ya no ocupa el lugar central que tuvo en la economía cubana hace una década, los economistas consultados coinciden en que la salida de estas cadenas agravará la caída de ingresos, afectará el empleo y profundizará la crisis de un sector estratégico.
Sin operadores internacionales, sin clientes y sin reemplazo a la vista
Más allá de las pérdidas inmediatas, otros especialistas advierten que la salida de estas cadenas supone la pérdida de capacidades que el Estado cubano difícilmente podrá sustituir en el corto plazo.
El doctor en Economía, Pavel Vidal, explica que «la salida de cadenas internacionales como Meliá, Blue Diamond e Iberostar debe entenderse como un golpe adicional a un sector turístico que ya venía muy deteriorado». «Las nuevas sanciones estadounidenses, especialmente por su alcance extraterritorial y por el riesgo de sanciones secundarias, elevan considerablemente el costo de operar en Cuba para empresas extranjeras».
El investigador principal de OMFi especifica que «en el caso del turismo, el impacto es significativo porque estas cadenas no solo administraban hoteles, también aportaban marca, reputación internacional, canales de comercialización, relaciones con turoperadores, estándares de gestión y capacidad para atraer visitantes (aunque este flujo ya estaba altamente afectado, con una caída del 80 % en el último mes)».
«El turismo cubano parece quedar cada vez más dependiente de un piso mínimo de actividad vinculado a los viajes de cubanoamericanos, visitas familiares, algunos flujos regionales y operaciones de menor escala. Sin embargo, la retirada de empresas extranjeras y la pérdida de posiciones de inversionistas tradicionales también podría aumentar los incentivos económicos para una negociación entre Estados Unidos y Cuba. En la medida en que se abren espacios en sectores antes ocupados por capitales europeos, canadienses u otros socios, podrían crecer las oportunidades potenciales para capitales norteamericanos en un eventual escenario de acuerdo», añade el también profesor de la Universidad Javeriana de Cali en Colombia.
Sobre si el Estado cubano podría sustituir rápidamente y de forma efectiva la gestión directa de los hoteles que han dejado las marcas internacionales, Ricardo Torres señala: «la parte cubana depende de esos contratos para la administración de los hoteles, el mercadeo, el posicionamiento de marca y los suministros». «Además, un socio cubano debilitado tendrá que asumir los costos fijos de esas instalaciones, prácticamente sin ingresos. Los costos fijos son los que no dependen del volumen de actividad: personal mínimo, seguridad, mantenimiento, electricidad, agua, seguros y deterioro del activo, entre otros. Es improbable encontrar socios dispuestos a asumir los riesgos que quienes se van intentan evitar. Además, el problema es que más allá de la instalación, la industria se ha quedado sin clientes». «¿Quién va a querer administrar instalaciones que no tienen clientes, sin horizonte claro de recuperación?».






