De Cuba a Barcelona: el surfskater que convirtió la escasez en estilo 

20 de abril de 2026 a las 06:00 a. m.

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Foto: Facebook del entrevistado

Foto: Facebook del entrevistado

En abril de 2026, la marca internacional de surfskate YOW anunció la incorporación de un nuevo rider a su equipo global. 

La noticia, habitual dentro del circuito profesional de esta disciplina que replica en tierra los movimientos del surf, destacó por un detalle: el fichaje era un cubano de 37 años.

«Yojany Pérez ha estado llevando el surfskate a nuevos límites durante los últimos cuatro años. Su estilo, energía y dedicación llamaron nuestra atención, y estamos orgullosos de tenerlo ahora rodando con nosotros», aseguran desde YOW

En conversación con elTOQUE, el fotógrafo, surfista y skater cubano explicó que su historia empezó con 12 años en La Habana, «donde el mar está ahí, pero no siempre está disponible». 

«Crecí con esa contradicción: rodeado de agua, pero sin acceso real a la cultura del surf como en otros países. No hay escuelas ni acceso fácil a material, así que te formas de manera autodidacta. Las olas están, pero todo lo que rodea a este deporte es complicado. No había tablas de surf ni de skate disponibles. No tenía el equipo ideal ni las condiciones perfectas, tenía ganas. Y eso, al final, pesa más», recuerda. 

En una entrevista de 2024, al canal de YouTube La Playa TV, el habanero contó que en los primeros años del surf en Cuba lo que hacían los surfistas, de manera independiente, era utilizar la madera de las mesas de las escuelas y darles forma para que se parecieran a una tabla de surf. 

«Eso se fue convirtiendo en una especie de herencia: quien conseguía una tabla se la pasaba al siguiente, y así sucesivamente. Luego, los surfistas fabricaban las tablas usando refrigeradores viejos, sobre todo neveras rusas. Cuando se rompían, dentro tenían un material que aprovechaban y mejoraban con resina», contó. 

Cazadores de olas al margen de la oficialidad 

A pesar de contar con más de 5 700 kilómetros de litoral entre sus costas norte y sur, Cuba no figura en el mapa oficial del surf. La paradoja es evidente: la isla supera en extensión costera a países con tradición surfera consolidada, como Perú, pero la práctica sigue fuera del reconocimiento estatal. 

En ese vacío creció el surf cubano. No surgió desde políticas públicas ni programas deportivos, sino desde la improvisación y la insistencia. 

Desde los años ochenta, pequeños grupos empezaron a deslizarse sobre olas con lo que tenían a mano. Sin tiendas, sin materiales especializados y sin industria, todo se resolvía con ingenio. El aprendizaje también siguió esa lógica: de persona a persona, en la playa, sin entrenadores ni estructuras, como un conocimiento que circula y se adapta.

A medida que su práctica crecía en Cuba, la llegada de surfistas extranjeros y la creación de contenido para canales de YouTube para visibilizar la práctica impulsaron iniciativas de apoyo, como el envío de tablas desde el exterior. 

«El tema del surf en Cuba es bastante diferente a lo que se vive fuera. No hay una estructura como tal, ni asociaciones oficiales fuertes como en otros países. Es algo muy underground, muy de buscarse la vida. No hay escuelas ni acceso fácil a material. Las olas están, pero todo lo que rodea al deporte es complicado. Los atletas dependen de donaciones o de personas que viajan y llevan tablas y otros materiales. Esas tablas que entran se van repartiendo entre las comunidades de surfistas, y actualmente se mantiene de la misma forma», dice Pérez a elTOQUE. 

Tras la inclusión del surf en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, el Instituto de Deporte y Recreación cubano (Inder) dio algunos pasos, como intercambios de información con la Asociación Internacional de Surf, para institucionalizar este deporte en la isla, pero su práctica sigue siendo principalmente autogestionada. No existe una federación cubana de surf formalmente constituida. 

«Somos poquitos, pero sí tenemos una comunidad. A veces nosotros decimos que no es solo una comunidad, sino que somos familia», contó la surfista cubana, Yaliagni Guerrero a la revista Coolt, en 2021. 

Algo similar ocurre con el skate, que subsiste gracias a donaciones desde el extranjero, a través de iniciativas como Amigo Skate Cuba, y a la reutilización de equipos. Tampoco existen tiendas donde adquirir material especializado para su práctica. En 2025, una tabla básica costaba alrededor de 10 000 CUP, mientras que una más profesional podía alcanzar los 20 000.

Para Pérez esas condiciones no lo limitaron; mientras otros atletas en estos deportes empiezan con «todo», los cubanos «empezamos con hambre. Y el hambre bien canalizada, se convierte en estilo».

«Nuestra historia no es una desventaja, es una identidad. Venimos de un lugar que nos obliga a ser fuertes, creativos y constantes. Eso, bien usado, te lleva lejos», añade.  

Yojany salió de Cuba en 2021 y se instaló en Barcelona, donde conoció el surfskate. 

«El surfskate fue como cerrar un círculo. El surf me dio la conexión con el mar. El skate me dio la calle. Pero el surfskate, me dio la libertad total. Libertad de practicar sin depender de las olas, libertad de repetir movimientos, de entender la técnica de verdad. Es como tener el mar portátil. Ahí vi una oportunidad no solo para mí, sino para crear algo más grande: enseñar, construir una comunidad de amigos, vivir de esto», puntualiza.

En el surfskate, Pérez ha desarrollado una forma de moverse muy ligada a lo natural, donde su identidad también juega un papel clave. 

«Mi estilo es muy conectado con el cuerpo. No me gusta forzar los movimientos, prefiero que todo se sienta orgánico, como si estuviera bailando sobre la tabla. El cubano tiene ritmo, adaptación y resistencia. Estamos acostumbrados a resolver, a crear desde la escasez. Eso te da una ventaja brutal», asegura. 

Su incorporación este año a la marca YOW Surf también lo convierte en uno de los pocos riders cubanos profesionales y con un apoyo económico que le permitirá seguir desarrollándose en esta disciplina, como atleta y entrenador.

«No corran detrás de ser “los mejores”, corran detrás de sentirlo de verdad. Porque cuando lo sientes, se nota. Lo importante no es la tabla ni el spot, eres tú», asegura.

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