Desde su humilde vivienda en Guane, Pinar del Río, Evelyn Vargas Rodríguez revisa una y otra vez dibujos infantiles, fotografías y mensajes de voz que le enviaron desde Europa. Son algunos de los pocos recuerdos y vínculos que mantiene con sus nietos, Tayron (diez años) y Kelya (seis años), dos niños que actualmente viven bajo tutela institucional en Mallorca y a quienes no ve desde hace cuatro años.
«Cada vez que les cambian una maestra, ellos se apegan como si fuera su madre. Y eso me duele porque ellos tienen familia aquí en Cuba, tienen personas que los quieren, que quisieran que tuvieran la felicidad que no han tenido hasta ahora», cuenta a elTOQUE.
A sus 57 años, Evelyn lleva buena parte de su vida intentando mantener unida a su familia a pesar de las distancias geográficas. Pero en los últimos tiempos, el eje de esa lucha es una carrera burocrática y emocional para recuperar la custodia de los pequeños.
El comienzo de la ruptura
La hija de Evelyn, Yésica G.V., salió de Cuba en 2013 y vivía en Ginebra, Suiza, junto al padre de los niños, también cubano. Según relata la abuela, la familia mantenía una vida estable y ella viajaba con frecuencia para visitarlos.
«Era una familia muy linda, muy unida», recuerda.
Todo comenzó a deteriorarse durante la pandemia. Según su testimonio, el consumo de alcohol y drogas fue ganando espacio dentro del hogar hasta desembocar en una situación de profunda inestabilidad familiar.
Alarmada por lo que estaba ocurriendo, Evelyn viajó a Suiza después de que el padre de los menores le pidiera ayuda.
«Yo quería salvar a mis nietos y tratar de ayudar a mi hija», resume.
La abuela asegura que encontró a su hija atravesando una situación muy complicada y a los niños expuestos a constantes conflictos entre los adultos.
«Cuando ella se ponía así, yo me los llevaba para la calle, a caminar, para que no se asustaran», recuerda. Con el tiempo, afirma, la situación terminó por escapar a cualquier posibilidad de control familiar.
Tayron aún recuerda, le ha contado su psicóloga, una fuerte pelea entre sus padres. «Comenzaron a agredirse, y ese niño lo vio todo», asegura Evelyn.

Niños atrapados entre varios países
Tras el deterioro de la situación familiar, su padre los llevó a España, y según la información facilitada por la familia, él perdió posteriormente la custodia por problemas de violencia y adicciones. Los niños, que poseen ciudadanía suiza y española, ingresaron en un centro de acogida en Mallorca hace más de dos años.
La situación de Yésica es cada vez más incierta. Evelyn asegura que lleva casi un año sin tener noticias de ella.
«Ella se alteró mucho cuando se llevaron a sus hijos y perdí el contacto. He llamado a amistades en Suiza, he pedido ayuda, he buscado por todas partes y nadie sabe dónde está».
Según su madre, Yésica residía desde 2013 en Satigny, en el cantón suizo de Ginebra, y la última comunicación con ella tuvo lugar el 7 de agosto de 2025. Desde entonces, la familia asegura no haber vuelto a tener noticias sobre su paradero. Tiene 35 años, es delgada y mide 1.70 metros. Cualquier persona que disponga de información puede ponerse en contacto con la redacción de elTOQUE.
La batalla de una abuela
Desde Cuba, Evelyn solicitó el acogimiento familiar de sus nietos hace dos años. Según explica, reunió certificados, presentó la documentación, se sometió a evaluaciones sociales y permitió inspecciones de las autoridades cubanas en su domicilio.
«Comencé a hacer todos mis trámites, todos mis papeles para poder acoger a los niños», afirma.
La abuela sostiene que los documentos fueron remitidos a las autoridades competentes en Mallorca y que durante meses ha intentado conocer el estado de su solicitud sin éxito.
«He hecho tantas cosas... le he escrito al rey de España, a obispos, al consulado, al Consejo de Estado aquí en Cuba. Vivo para eso, pero por ellos hago cualquier cosa».
A pesar de sus esfuerzos, asegura que sigue sin tener respuestas claras sobre el futuro de sus nietos.
La solicitud formal de acogimiento familiar fue presentada por Evelyn en septiembre de 2024, según pudimos comprobar en documentos a los que elTOQUE tuvo acceso.
En esa información consta que los menores son nietos biológicos de la solicitante y que la petición fue formulada dentro de los procedimientos previstos para el acogimiento por familiares.
Después de ese paso, la relación con su yerno se enfrió bastante y en la actualidad está completamente cortada por parte de él.
Este medio no ha podido verificar de manera independiente varias de las acusaciones formuladas por la abuela contra los progenitores, por lo que dichas afirmaciones se presentan exclusivamente como parte de su testimonio.
En busca de la versión oficial
Durante la elaboración de este reportaje, elTOQUE intentó contactar con responsables del sistema de protección de menores en Mallorca para conocer la versión oficial y obtener información general sobre este tipo de procedimientos.
Se realizaron consultas dirigidas al Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales (IMAS), organismo responsable de la protección de menores en la isla, y a otras instituciones relacionadas. En nuestra comunicación incluimos preguntas sobre la valoración de solicitudes de acogimiento presentadas por familiares residentes fuera de España y sobre la duración habitual de este tipo de procedimientos. Hasta el cierre de esta publicación no había respuesta.
Qué dice la ley española sobre el acogimiento familiar
La legislación española establece que el interés superior del menor debe guiar cualquier decisión relacionada con niños y adolescentes en situación de desprotección.
Tanto el Gobierno de España como las comunidades autónomas sostienen que, siempre que sea posible, debe priorizarse el crecimiento de los menores en entornos familiares frente a la permanencia prolongada en centros residenciales.
El Ministerio de Juventud e Infancia señala expresamente que las medidas familiares deben prevalecer sobre las residenciales cuando existan condiciones adecuadas para ello.
La normativa también contempla el acogimiento por familia extensa, una figura que permite que abuelos, tíos u otros familiares cercanos puedan asumir el cuidado de menores cuando los padres no están en condiciones de hacerlo.
Sin embargo, cada caso requiere evaluaciones sociales, psicológicas y jurídicas específicas. Cuando intervienen varios países, como ocurre en esta historia, los procedimientos suelen volverse más complejos debido a la necesidad de coordinar informes y actuaciones entre distintas administraciones.
El peso de la espera
En el portal de su casa, Evelyn hojea de vez en cuando un ejemplar de Cuentos de Guane, de Nersys Felipe, que guarda para sus nietos. En sus páginas, la escritora cubana convirtió ese rincón de Pinar del Río en escenario de una infancia marcada por el amor de los abuelos, la memoria familiar y el sentido de pertenencia. Evelyn espera que algún día los niños puedan leerlo junto a ella.
Mientras tanto, se refugia en los dibujos que le enviaba la niña y en los videos que recibía cuando todavía podía hablar con ellos con frecuencia. Ahora, hace meses que no consigue comunicarse con sus nietos y no sabe cuánto tiempo más tendrá que esperar ni cuál será la decisión final de las autoridades.
El deterioro de la situación en Cuba, especialmente los prolongados apagones que afectan las comunicaciones, ha complicado aún más el contacto con los pequeños y con las autoridades españolas.
«Las investigaciones que me hicieron llegaron a la conclusión de que tengo condiciones para acogerlos en mi país. No es fácil en el momento actual, pero yo sé que mis niños necesitan el amor de sus abuelos y voy a seguir luchando por ellos», asegura.
Evelyn está también dispuesta a dejar todo atrás, su casa y el resto de su familia, si las autoridades españolas así lo requieren. «No importa si allá o aquí. Donde sea. Lo que quiero es poder estar con ellos para cuidarlos».
La respuesta a su petición sigue dependiendo de las instituciones encargadas de velar por el bienestar y el futuro de los dos niños. Pero, tras años de separación y espera, el tiempo empieza a pesar, mientras Tayron y Kelya siguen creciendo lejos de la familia que los reclama.




