En un altar en la sala de su casa, Óscar Delgado tiene una muñeca de tez negra, pelo rizado largo y un vestido azul y blanco. Es su espíritu guardián, de la religión que practica: Palo Mayombe. Alrededor de ella hay cuatro vasos de agua, un rosario, un par de caracoles. Encima, hay una repisa con otra copa de agua, unas tijeras medio oxidadas de la marca «Filarmónica» y una fotografía de un hombre con un corte de pelo cuadrado, bien cuidado. Es su abuelo materno, el difunto Paul Ibargoyen. Era barbero en Sitiecito, un pequeño pueblo al sur de Sagua la Grande, en Villa Clara, Cuba.
Los hermanos Óscar y Osvel Delgado me enseñan el altar; está en la casa del primero donde también se ubica la barbería. Colonia Piedra de Agua, municipio Umán, Yucatán, en México, a 800 kilómetros de La Habana.
«Si Cuba hubiera sido como Mérida, yo no me hubiera ido», dice Osvel. Su madre llegó a Yucatán a mediados de la década de los 2010. Ella les enviaba imágenes de la ciudad, de los edificios coloniales similares a los de La Habana, y los hermanos reconocían en Mérida «una Cuba libre».
Históricamente, Mérida ha sido más que un refugio para los cubanos. La cercanía geográfica, la accesibilidad y el intercambio comercial y social entre Cuba y Yucatán han hecho que ambos lugares estén unidos por las migraciones. Desde las élites, con familias gobernantes en Mérida y La Habana; las empresas con dueños de fincas y haciendas a uno y otro lado del canal de Yucatán —Cuba fue el refugio para la Iglesia y las familias ricas durante la Revolución mexicana—; hasta la cultural con decenas de escritores y músicos que han ido y venido de aquí para allá desde la Colonia. Con la Revolución cubana, los papeles se invirtieron y la península de Yucatán ha recibido a incontables exiliados de la isla durante casi siete décadas.

Foto: Paul.
La barbería Los Ibargoyen es parte de un fenómeno en el que se combina la migración cubana hacia Yucatán y su incorporación al mercado laboral, en específico a las estéticas —como se le conoce en varias partes de México a las peluquerías—. Se desconoce el número exacto de barberías que ha abierto la diáspora cubana. Al menos, hay seis en Mérida y se han identificado en otros lugares de la península de Yucatán: Hecelchakán, Campeche, y en Cancún, Quintana Roo.
Aunque se ubica en otro municipio, la colonia Piedra de Agua es un apéndice de Mérida. Es una ciudad dormitorio en la que habitan y duermen miles de obreros y otros trabajadores. La barbería Los Ibargoyen ofrece servicio de citas para cortes de cabello a sus vecinos.
En La Habana, Óscar y Osvel trabajaban en el sector del turismo, en hostales, empresas de seguridad y de bartenders en el VIP LeBlanc, un alojamiento de lujo en Miramar a donde, afirman ellos, acudía el sobrino de Joaquín «El Chapo» Guzmán. También emprendieron con la venta de misceláneas que les llegaban desde México a través de su madre.
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«Mi mamá había salido de Cuba y ya yo había visto las fotos de [Puerto] Progreso. Eso me tenía un poco acelerado y yo quería irme para cualquier lugar», dice Óscar. Dejó de ir a discotecas y divertirse para ahorrar y poder viajar. Se encomendó a «Ta' Julián, que desbarata y compone» —el espíritu de su padrino— y en 2018 emigró a la Guyana inglesa y cruzó la frontera amazónica para establecerse unos meses en Brasil.
Durante casi un año, trabajó como recolector de basura por las madrugadas, mesero por las noches, lavaba carros, asaba carnes, barría pisos en estéticas y comenzó en el negocio de la barbería, inspirado por su abuelo Paul Ibargoyen. Otros cubanos le contaron que tendría que quedarse cuatro años en Brasil antes de poder viajar a Cuba. Por ese motivo, decidió mudarse a Paraguay; allí —le dijeron—, en un año obtendría la residencia y podría viajar. La pandemia lo sorprendió en ese país, donde también consiguió trabajo de barbero, oficio que perfeccionó a través de videos en redes sociales.
«Me gustaba mucho Paraguay, pero yo sabía que mi mamá no iba a vivir allí; tampoco mi hermano. Yo estaba demasiado lejos», cuenta. Además, a su padrastro le había dado cáncer de próstata en México por lo que en 2022 realizó la travesía desde el Cono sur hasta el paíz azteca con el objetivo de reunirse con su familia.
Oscar atravesó de forma irregular Bolivia, Perú, Colombia, el Darién, la mayoría de los países Centroamericanos hasta cruzar la frontera entre Guatemala y Chiapas. Su hermano Ósvel lo guió a la distancia durante su travesía, mediante mensajes instantáneos e información en mapas de Google. Sintió el calor del «infierno verde» en la frontera con Paraguay, admiró a las «jirafas chiquititas», las llamas de los Andes, y probó la hoja de coca con temor para quitarse el frío de las montañas bolivianas. Vio «lo más hermoso» de su vida: las montañas de hielo y una laguna.

Los hermanos Óscar y Osvel Delgado / Foto: Paul.
En Perú, cruzó por un río en una lancha que traficaba arroz, y luego cruzó a Ecuador en una moto a través de un platanal «que tiene más chismes que un periódico porque se ven violaciones, le meten la mano a los hombres e incluso a las mujeres para dentro de sus partes para sacarles su dinero» y hasta la Policía estaba involucrada en el tráfico de personas. En Colombia, entonces un país detenido por la guerrilla, le robaron y tuvo que realizar diversas gestiones para conseguir más dinero vía Western Union antes de adentrarse a la selva del Darién acompañado por indígenas locales. El agua costaba más que unos tenis Nike.
«En la selva no hay redes sociales, tú vives por tu propia cuenta, no hay amigos, no hay confianza. En el Darién tienes que luchar literalmente por tu vida y ser muy fuerte, muy fuerte para subir las montañas, muy fuerte para para aguantar las cosas que vas a vivir ahí. Si una culebra te pica, te quedaste en el Darién. Las personas que hemos tenido que pasar por el Darién tenemos que tener un corazón bien frío, una mentalidad bien fría, porque vemos niños que están cruzando, tirados en el medio de la selva, con miedo bajo una mata. De ver a los muertos. Le ves el terror a las personas en los ojos. En el Darién, te das cuenta que eres humano, te enseña a ser humano».
Llegó hasta Panamá, pasó por Costa Rica, entró a Nicaragua. Allí, otro grupo de cubanos con sus coyotes le impidieron subir a un autobús. En la frontera entre Nicaragua y Honduras, viajó con los maras en motocicletas. En El Salvador, encontraron la manera de saltarse los salvoconductos y el punto de control de la Policía, pero el autobús era detenido y otros policías les exigían 50 USD. Se enfrentó a un oficial y le dijo: «yo estoy intentando violar la seguridad de tu país para llegar con mi mamá, yo en tu país no me voy a quedar y no te voy a dar ni un peso». En el cruce entre Guatemala y México, recuerda, que fue la primera vez que vio que la mafia le ganaba a la Policía, porque Migración buscaba a los migrantes y los coyotes los rodearon para que los soltaran. Finalmente, tras dos meses de travesía y casi 6 000 kilómetros desde Sudamérica, llegó a México.
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Un par de años después, en 2023, Osvel se unió a su hermano, aunque su travesía fue más ágil: llegó a Nicaragua vía aérea desde La Habana y cruzó irregularmente varios países hasta llegar a México.
Ambos trabajaron en diversas barberías en Mérida y tenían otros trabajos en discotecas. En aquel momento, la esposa de Óscar adquirió la casa en Piedra de Agua que estaba prácticamente vacía, excepto por un refrigerador que usaban como clóset y frigorífico. Aprendieron de mercadotecnia a través de Internet y YouTube. Imprimieron volantes y los entregaron en supermercados. Hubo días en los que no hacían ningún corte y otros en los que había hasta siete clientes; luego tenían cinco o seis a la semana.

Barbería Los Ibargoyen / Foto: Paul.
Piedra de Agua está en el sur de Mérida, una zona que es menospreciada por ciertos sectores sociales de la capital. Temían que implementar la barbería por citas pudiera perjudicarles, pero han logrado que sea valorado, cuenta Osvel. «Aunque sea parte del sur, a la gente le gustan las citas, organizarse, ¿por qué no creamos un norte en el sur?», pensaron, un trabajo que le ha tomado años para generar clientes fieles y crecer.
La barbería Los Ibargoyen se encuentra en la última calle de Piedra de Agua. Para llegar, tuve que dar varias vueltas por el fraccionamiento en una tranquila tarde de domingo. Había algunas tienditas con productos varios (frituras, galletas, refrescos), un par de parques y algunos negocios locales para los vecinos, como la barbería. Invierten en ella. Han ampliado el espacio que era la sala, han adquirido ventiladores, asientos de peluquería, espejos. Quieren expandir el negocio más allá de la barbería, bajo el apellido Ibargoyen, hacia otras áreas como renta de karaoke, de piscinas y videojuegos.
«Yo en dos años acá he realizado más que mi padre», dice Osvel.
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El 13 de abril de 2019, a los pocos días de cumplirse el primer aniversario de su llegada a Mérida, Carlos Luis Ferrán Ríos inauguró una barbería. Tomó su nombre para fundar en la colonia García Ginerés —un barrio tradicional y céntrico en la capital de Yucatán— la Barbería y Peluquería Carlos Luis.
La barbería se encuentra a unas cuadras de mi hogar. Cuando he ido a cortarme el cabello, escucho la música cubana que siempre suena en las bocinas, canciones que hablan sobre cómo se extraña la isla, letras de gente que sueña con regresar.
Un año antes, en abril de 2018, Carlos Luis había llegado a Mérida con una visa de turismo para acompañar durante la recuperación de un tío, entrenador deportivo, quien sufrió un accidente. Tras algunos meses, se casó con Ana María Jiménez González, yucateca, lo que le permitió quedarse a vivir en México legalmente. Comenzó a trabajar en diversas barberías de Mérida: Barrio Macho, Fígaro, Don Juan…, hasta que estableció la suya.
Carlos Luis aprendió del oficio en prisión en Cuba. Cuenta que a finales de la década de los 2000, el Gobierno cubano embargó el negocio familiar de reparaciones navales. Fueron acusados de malversación. Su madre –de visita en Mérida– regresó a Cuba para gestionar su salida de prisión, porque no hubo pruebas, cuenta Carlos Luis. A él le dieron nueve años, pero salió tras cuatro. En 2010, estudió en la Escuela Internacional Bella Caribe para aprender más del oficio y se incorporó al barrio barbero de La Habana Vieja, el Callejón de los peluqueros, donde también trabajaba Gilberto «Papito» Valladares, famoso por haber conversado con el expresidente de Estados Unidos Barack Obama durante su visita a la isla. Luego, Carlos Luis montó una barbería en su casa.
Cortar el cabello, dice Carlos Luis, es «una gracia del cubano, del puertoriqueño, del dominicano, un arte propio» que se replica en Mérida, donde el espacio deviene «consulta de psicología», con música, alegría y café cubano para hacer amistades. Su barbería se ha convertido en un lugar de encuentro para sus paisanos. «Los mandan pa acá los cubanos, en lo que se pueda los ayudo: trabajo, departamento, dónde pueden rentar, apoyamos a todo el que venga». Carlos Luis lo hace por amor y amistad, porque sabe que para emigrar muchos tienen que vender su patrimonio en Cuba; con lo que les queda, una vez en el exilio, rentan una vivienda y se ponen a trabajar.

Carlos Luis / Foto: Paul.
Una tarde cualquiera, es posible encontrar a sus paisanos charlando sobre la situación en Cuba que, en estos meses, orbita sobre las carencias y la crisis de combustible agravada. Casi todos coinciden en que algo tiene que cambiar en la isla, que no se puede seguir así.
Carlos Luis explica que los cubanos «vienen a México buscando estabilidad, un sueño que en Cuba no es posible. Aquí se siente la libertad». Además, en Mérida encuentran la atípica seguridad, incluso confiesa que puede confiar en la Policía estatal. El comandante del sector en la García Ginerés es cliente asiduo de su barbería.
No solo los cubanos que emigran de Cuba le dicen que Mérida es un paraíso para hacer una vida, también quienes han sido deportados en los últimos meses desde Estados Unidos, reconoce. «Si llegan a saber que esto es lo que estarían viviendo, no hubieran ido jamás a Estados Unidos; el que viene de Cuba y el que viene de Estados Unidos vive feliz aquí».
A Carlos Luis, Mérida le recuerda a Cuba, por sus calles pero también porque las personas son muy arraigadas, territoriales. «Mérida es la Cuba que quisiera para mi país: hay libertad, disciplina, respeto, posibilidades, seguridad, en todos los sentidos es una bendición».
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Danil Ojeda Pérez conduce un Fórmula Uno en el interior de Mexcub’s barbershop en el norte de Mérida. Descalifican a Danil de la carrera virtual. Son las seis de la tarde de un martes de abril de 2026 y no hay clientes en la barbería. En lo que llegan, Danil pasa el tiempo jugando videojuegos con su socio y otro barbero, quienes abandonan el monoplaza y ponen un juego de fútbol. Aprovecho su disponibilidad, porque más tarde un cliente vendrá para que le retoquen la barba.
La capital yucateca tiene divisiones sociales claras: el sur es considerada la zona más rezagada económicamente, mientras que el norte está lleno de plazas comerciales, restaurantes y supermercados de alta gama. Es donde habitan los dueños de varios de los negocios más importantes del estado y la mayoría de los políticos de carrera, custodiados por cámaras de seguridad y, si el dinero lo permite, por vigilantes privados.
Es el caso de Mexcub’s barbershop, ubicada sobre la avenida Cámara del Comercio, en la colonia Sol Campestre, la zona de alta plusvalía de Mérida. Danil cuenta que ha aprendido de sus clientes sobre estrategias de negocio para que la barbería crezca.
Danil nació en Madruga, en Mayabeque, en 1989. Creció en ese pequeño pueblo, rodeado de monte. Aunque su futuro estaba lejos de Yucatán, en los alrededores de Madruga existe un grupo de personas a las que les llaman «los yucatecos», descendientes de los migrantes mayas que llegaron a Cuba en el siglo XIX y principios del siglo XX. Lejos estaba de imaginarse que en 2019 él llegaría a Mérida. En Madruga, trabajaba en el rancho de su padre, criaba cerdos, tuvo un negocio de yogurt y queso, un taller de bicicletas y cortaba pelo. «Aprendes a hacer de todo».
Danil vive en un barrio residencial en la zona céntrica de Mérida. «En el barrio, la gente se conoce, el vecino pasa y te saluda. Me gusta mucho Mérida y me siento como si estuviera en Cuba, pero con mejores condiciones económicas».

Danil Ojeda Pérez / Foto: Paul.
Al igual que los Delgado, eligió Mérida por la seguridad. A principios de los 2010, su hermana había viajado a Yucatán, se casó con un local, tuvo un hijo y su madre también emigró a México para acompañarla. Aunque tenía planeado acceder con una visa de reunificación familiar, Danil finalmente entró con una visa turística. Se casó con una mujer cubanoyucateca con quien charlaba a distancia y de quien se había enamorado durante un viaje de ella a Cuba.
Su esposa, Sugely Evelyn Albornoz, tiene raíces cubanas: su madre es yucateca, pero su padre era cubano. El suegro de Danil llegó muy joven a México, hace más de 50 años. No lo conoció, pues había fallecido hacía varios años. «Cuba y Yucatán tienen mucho en común: la trova yucateca, el lechón, la guayabera», enumera.
Durante el Servicio Militar Obligatorio, Danil se ofreció como voluntario para cortar el cabello previo al desfile del aniversario 52 del triunfo de la Revolución. Aprovechó la salida para ver a su familia, pedirle la máquina de pelar a su padre y dormir en su casa. En una tarde, entre otro compañero y él cortaron el cabello a casi 300 soldados, pero al día siguiente no tuvo que marchar la mañana del desfile, una ventaja extra. Así se forjó como barbero en Cuba.
De vuelta en la vida civil, un amigo suyo le pidió un corte de cabello. Durante casi un año y medio, realizó los cortes gratis hasta que una persona le pagó. Ahorraba el dinero de las ganancias para mejorar su equipo.
En 2019, decidió emigrar a Mérida, donde su madre y hermana vivían. «En Cuba no se vive, se sobrevive. Te corta las alas, te corta las aspiraciones, te corta los sueños». En un breve vuelo, cruzó el Canal de Yucatán para aterrizar en Mérida; la mayor parte de su dinero se fue en pagar el pasaje y la visa. «Yo llegué aquí con tres mudas de ropa y 60 USD en el bolsillo».
Se incorporó al negocio de las barberías, en la cadena mexicana Wall’s Barbershop. Para él, fue aprender de cero porque «el cabello del yucateco es muy lacio y no se comporta como el cabello del cubano, que es más ondulado. Aquí un tijerazo de más y el pelo se hace para arriba y eso no lo baja nadie. Tuve que aprender que la fisonomía del cráneo del yucateco es diferente».
En 2025, él y un socio mexicano abrieron Mexcub’s barbershop en la zona norte de Mérida, cerca de donde antes trabajaban. Al emprender un negocio propio ha tenido que aprender sobre el pago fiscal en México, sobre inversión, incluso a usar una tarjeta de crédito que en Cuba no conocía.
Es de noche en Mérida y su socio deja de jugar videojuegos cuando entran los clientes que salen de la jornada laboral para darle un retoque a su corte o a su barba.



