En Macondo, esta vez, no se habló de mariposas amarillas ni de cien años de soledad. Se habló de taxes, del valor de las casas y de una decisión que los floridanos tendrán frente a ellos en las elecciones de noviembre.
El domingo 16 de agosto de 2026, entre tazas de café en Macondo Coffee Roasters, en Kendall, propietarios, inquilinos y residentes se reunieron para intentar entender juntos en qué consiste la Enmienda 3 sobre el aumento de la exención de impuestos a las propiedades principales y, sobre todo, qué podrían significar su aprobación o rechazo en la vida cotidiana.
elTOQUE USA, con el apoyo de Factchequeado, convocó al encuentro «¿Quién decide nuestros taxes?», concebido como una conversación alrededor de un asunto que puede resultar de difícil comprensión incluso para quienes llevan años viviendo en Florida. Las organizaciones Miami Freedom Project for Democracy y League of Women Voters Miami-Dade se unieron a la iniciativa.
Quizá para algunos la primera sorpresa fue descubrir que en los avisos de impuestos de una propiedad (TRIM Notice) no existe una sola partida detrás del número final.
Para el condado, ciudad, junta escolar, distritos especiales y otras autoridades se destinan diferentes montos de la cuenta total. Incluso aparecen cargos que no son impuestos ad valorem, o sea, no están basados en el valor tasado de la propiedad, sino que son cobros asociados a servicios como el mantenimiento y la recogida de desechos sólidos. Una factura que parece un solo número es, en realidad, la suma de muchas decisiones.
Sobre las mesas circularon ejemplos de TRIM Notices, esos documentos que cada año reciben los propietarios y que no siempre resultan sencillos de descifrar.
Entonces apareció una pregunta mucho más cercana: ¿cómo es posible que dos casas con un mismo valor de mercado terminen pagando cantidades muy diferentes?
Para explicarlo se utilizaron dos propiedades de Kendall valoradas en aproximadamente $382 000. Una contaba con Homestead Exemption (exención de impuestos para propiedades principales) y con los beneficios acumulados de Save Our Homes (una exención anterior aprobada); la otra, no, por ser una propiedad de inversión. La diferencia entre ambas permitía poner números a conceptos que, explicados solamente desde una ley, pueden parecer abstractos.
Actualmente, la Homestead Exemption puede reducir hasta en $50 000 el valor sujeto a determinados impuestos de la vivienda principal. A eso se suma Save Our Homes, que limita cuánto puede aumentar anualmente el valor tasado de una propiedad que mantiene esa protección.
Pero la conversación inevitablemente llegó a lo que se votará en noviembre de 2026. La Enmienda 3, que estará en las boletas de las elecciones de medio término en Florida, propone modificar de manera sustancial ese sistema y aumentar progresivamente la parte del valor de una vivienda principal que quedaría fuera de determinados impuestos a la propiedad. De aprobarse, los primeros $250 000 de una vivienda que califique podrían quedar exentos de gravámenes distintos de los correspondientes al distrito escolar.
Ahí las cuentas dejaron de ser solamente cuentas. Porque reducir lo que paga un propietario significa también reducir una fuente de ingresos de los gobiernos locales. Las estimaciones estatales han proyectado pérdidas de miles de millones de dólares en ingresos por impuestos a la propiedad durante los primeros años de implementación.
Y alrededor de las mesas comenzaron otras preguntas. ¿Qué ocurre con los servicios que hoy se financian con esos ingresos? ¿Qué margen tendrían los gobiernos locales para compensar el dinero que dejen de recaudar? ¿Qué podría ocurrir con parques, bibliotecas y otros servicios? ¿Podrían aumentar determinados cargos no asociados al valor de las propiedades y que no están protegidos por la enmienda? ¿Qué significa la propuesta para alguien que alquila y no recibe directamente una Homestead Exemption?
Entre las preocupaciones que surgieron estuvo la de los adultos mayores. Algunos asistentes señalaron que viven con ingresos más reducidos o fijos, mientras sienten que los costos asociados a sus propiedades continúan aumentando. Para ellos, entender qué podría cambiar con la Enmienda 3 —y qué no— no es una discusión abstracta: tiene un impacto directo en el presupuesto de cada mes.
También surgió una cuestión especialmente importante en una comunidad como Miami-Dade, donde continuamente llegan nuevos residentes. La propuesta establece un período de cinco años para acceder al aumento de la exención para quienes establezcan su residencia en Florida después del 1 de enero de 2027.
Las preguntas no tuvieron siempre respuestas sencillas. Y esa era, en parte, la intención.
Marisol Zenteno, de League of Women Voters Miami-Dade, llevó la conversación hasta la propia boleta: qué encontrará el elector cuando llegue el momento de votar, qué significa marcar «sí» o «no» y cuánto puede esconderse detrás de unas pocas líneas de lenguaje constitucional.
Ana Sofía Peláez, de Miami Freedom Project for Democracy, se refirió a algunas de las implicaciones de la propuesta para distintos grupos de residentes.
Después ocurrió algo curioso: los teléfonos volvieron a aparecer sobre las mesas. Esta vez no para calcular impuestos.
Factchequeado, representado en el encuentro por Ana María Carrano, propuso un ejercicio: preguntar a una herramienta de inteligencia artificial cuáles serían las consecuencias de la aprobación de la Enmienda 3: ChatGPT, Gemini, Claude o cualquier otro agente de IA que cada participante tuviera disponible.
Las respuestas comenzaron a aparecer en las pantallas y entonces la pregunta dejó de ser solamente qué decía la inteligencia artificial. Había que preguntarse también qué no decía.
¿Había mencionado todos los elementos que acabábamos de discutir? ¿Explicaba las consecuencias para los nuevos residentes? ¿Distinguía entre impuestos a la propiedad y determinados cargos por servicios? ¿Presentaba como certeza algo que todavía dependía de decisiones posteriores?
El ejercicio formaba parte de Fact-Desafía, un curso gratuito de Factchequeado para enseñar herramientas de verificación a través de WhatsApp.
La dinámica terminó convirtiéndose en otra discusión dentro de la discusión: en tiempos en los que una respuesta puede aparecer en segundos en la pantalla de un teléfono, saber formular una pregunta ya no basta. También hay que aprender a desconfiar de las respuestas demasiado fáciles y comprobar de dónde sale la información.
Al final de la tarde quedaron vasos y tazas vacíos, papeles sobre las mesas y probablemente más preguntas que al principio, pero quizá esa era precisamente la idea.
Porque una enmienda constitucional puede resumirse en unas líneas dentro de una boleta. Sus consecuencias, no necesariamente.
En noviembre, cada elector decidirá su voto frente a esa pregunta. El domingo, en Macondo, durante un par de horas, la decisión comenzó de una manera mucho más sencilla: sentándose alrededor de una mesa, tomando café y preguntando qué significa realmente todo lo que se propone, cuando llegue el momento de votar.





