—No sé qué hacer. El jefe de redacción me exige mi columna de humor de esta semana, y en estos últimos días mis actos han estado signados por el dolor de la partida física de Ramiro.
—Qué Día de los Padres más mustio. Sabes cuánto me divierto con tus viñetas humorísticas, pero no habrá manera de que la gente no crea que te burlas de su legado, marcado «por la convicción, el sacrificio, el deber, la disciplina, la coherencia y la entrega total al Partido, a la Patria y su independencia».
—El Partido le hizo una entrega total de varias dependencias, y él se las traspasó a gente «querida». Citarlas me hace recordar lo que dijo Arleen Rodríguez Derivet en el espacio «En Persona» de la Mesa Redonda: que el Comandante de la Revolución, cuando era pequeño, dormía completamente desnudo porque su madre lavaba de noche la única muda de ropa que tenía.
—Humilde el hombre.
—Nadie imagina la modestia con que amplió su casa de Jaimanitas, hasta convertirla en un recatado búnker.
—Venía de «encarar las dificultades del sistema capitalista»… Ahora resulta que se hizo una Revolución para acabar con ciertas «dificultades». Ya el capitalismo no es el sistema que «genera desigualdad porque una minoría acumula riqueza mientras la mayoría trabaja para beneficio de otros».
—No puede serlo si alguien, nacido en 1932 «con la guía de su madre», logra acumular materiales para darle impulso a la mansión de Jaimanitas. A propósito de Ofelia, su progenitora, «decía que los políticos sencillamente utilizaban a los demás para tomarnos de escalón y subir, y después se olvidaban de todas las promesas». Es una suerte que Ramirito nunca se metiera en política.
—No sé a ti, pero a mí me conmovió el tuit de Canel sobre Ramiro donde recalca: «Así lo quise y respeté siempre». Recuerda «su apoyo y consejos, su discreta colaboración y ejemplar consagración al servicio de la patria». ¿A qué se referirá exactamente al hablar de «discreción»?
—A aquella vez ante las cámaras de la televisión, en un programa especial sobre la contingencia energética, en que Ramiro lo calló discretamente, como para que nunca dejara de quererlo, y sobre todo respetarlo.
—Hay gente que solo lo asocia a la represión, a la fundación del Ministerio del Interior y a la creación del Departamento de la Seguridad del Estado, pero, aunque no tengo muy claro qué cosa es el SIME, la nota informativa sobre el deceso del Comandante de la Revolución menciona que fue presidente del Grupo Industrial para la Electrónica de dicho organismo.
—Fue un grupo vinculado al Ministerio del Interior. Fíjate en las siglas: SIME (SIME molestas…).
—«Ramiro nunca concedió mayor importancia a los números de teléfonos, las direcciones y las fechas. Siempre se esforzó por grabar esos datos tan solo mientras fueran necesarios y luego borrarlos definitivamente. Pensaba (y piensa) que es la manera más eficaz de prepararse para soportar un interrogatorio».
—Eso habrá sido en México cuando los preparativos del Granma, porque tras el triunfo, ya «Comandante de la Guerra Silenciosa», sí que le concedió mayor importancia a números, direcciones y fechas en los interrogatorios de Villa Marista.
—«El Alto Oriente y Ramiro parecía que cruzaban miradas cómplices, a la usanza de padre e hijos en horas difíciles, en uno de esos rituales de respetuoso silencio, cuando las palabras no son necesarias, porque unos ojos dicen: “Gracias por tu vida, te seré fiel”, y los otros: “Lo sé; me voy tranquilo por eso”».
—«De Alto Oriente voy para Marcané, guataqueo, voy para Mayarí».
—«Ramiro no solo supervisaba desde la altura. Se ensuciaba las manos en la obra».
—Qué arrojo para decir que un Comandante de la Revolución se ensució las manos.
—«La utopía pierde a su escribano de hierro. ¿Cómo se dice adiós a quien es parte de la médula de Cuba?, obsesionado con lo de hacer parir la era, sin falsas equidistancias ni neutralidades, solo haciendo y haciendo, sin más garantía que el siguiente hacer, mirando al mañana grande y con los pies y las manos puestas en la tierra del hoy más cotidiano. Ante su partida comprendemos que hay hombres que envejecen hacia la melancolía y otros hacia la permanencia. No se ha ido; se queda como la luz de un atardecer que se niega a disiparse»… Qué esmero el de nuestra prensa.
—Me arrepiento haberle dedicado al invicto artemiseño una versión de la zarzuela de Gonzalo Roig: «Hierve la sangre en mis venas, / soy mestizo y no lo soy. / Yo no conozco las penas, / yo siempre cantando voy. / Siento en mi alma cubana / la alegría de vivir. / Soy cascabel, soy campana… / ¡Yo no sé lo que es sufrir! // Del barrio de Jaimanitas el alma es. / Ramiro es mi nombre… / Yo soy Ramiro, ¡Ramiro Valdés!




