En el actual curso escolar (2025-2026), asistir a la escuela se ha convertido para muchas familias cubanas en un desafío cotidiano. A los problemas estructurales del sistema educativo se suman los efectos de la crisis energética. Esto ha obligado a reorganizar horarios escolares, suspender actividades docentes y modificar rutinas familiares en todo el país.
Desde 2024, Cuba atraviesa una etapa de apagones recurrentes provocados por la escasez de combustible y el deterioro del sistema electroenergético nacional (SEN), una situación que repercute en la vida social y económica del país. La situación empeoró desde que —a finales de enero— el Gobierno de Estados Unidos impuso un cerco a los escasos suministros de combustible que recibe la Isla.
Un curso escolar condicionado por la electricidad
Las autoridades educativas han tenido que aplicar medidas de contingencia para mantener el funcionamiento de las escuelas. El 6 de febrero la ministra de Educación, Naima Trujillo Barreto, informó durante el programa informativo Mesa Redonda las principales medidas que se aplicarían como parte de la estrategia del Gobierno para enfrentar el cerco petrolero de los Estados Unidos.
Entre las acciones aprobadas destacan la reducción de la jornada escolar según la capacidad de los territorios, la reorganización de horarios —regularmente hasta el mediodía— y el aseguramiento de la cobertura docente en la enseñanza primaria para mantener, en lo posible, la presencialidad.
Sin embargo, en circunstancias específicas, las actividades docentes han debido ser suspendidas. Por ejemplo, tras el apagón masivo asociado a la salida de servicio de la termoeléctrica Antonio Guiteras, lo que provocó la caída parcial del SEN el 4 de marzo.
Asistencia irregular y dificultades para las familias
En ese contexto, la asistencia escolar se ha visto afectada por múltiples factores. Los apagones prolongados alteran los horarios de descanso de los estudiantes, mientras que la crisis del transporte público dificulta el traslado diario hacia los centros educativos.
Una madre consultada por elTOQUE, cuyo hijo cursa la enseñanza secundaria en el municipio habanero de San Miguel del Padrón, dice que «los niños están yendo a la escuela cada vez que hay pruebas; el resto de los días apenas va la mitad del aula o menos».
La entrevistada agrega que muchas orientaciones escolares se realizan vía WhatsApp, pero también se queja de que, para apoyar el proceso educativo, organizan tareas grupales y trabajos prácticos que, en las actuales circunstancias, también son difíciles de realizar.
«De un día para otro quieren que entreguemos fotos y esquemas que no son fáciles de conseguir o imprimir, y cuando se trata de reunir a varios niños en una casa hay que tener en cuenta la situación que tiene esa familia para darles aunque sea una merienda», expresó.
Déficit docente y reorganización de las escuelas
A estos problemas se suma la persistente escasez de docentes. Datos oficiales reconocen que, durante el curso 2024-2025, el sistema educativo enfrentó un déficit cercano al 12.5 % de la plantilla docente, equivalente a unos 24 000 maestros necesarios para cubrir plazas vacantes.
En otra secundaria de la capital, un grupo de padres se queja de la situación con los maestros. «Al profesor de Matemática lo botaron sin justificación y aún los estudiantes están esperando a que llegue uno nuevo para realizar un examen que es del año pasado», nos dicen. «Ahora solo tienen una profesora para todo octavo grado y es evidente que ella sola no puede con todos los alumnos», finalizan.
Esta situación obliga a reorganizar grupos, combinar asignaturas o recurrir a soluciones temporales para cubrir la enseñanza, lo que añade presión a las instituciones escolares. Mientras el país busca estabilizar el sistema eléctrico, estudiantes, maestros y familias continúan adaptándose a una realidad marcada por fallas —y cortes— en los servicios básicos.









