La red de apoyo al régimen cubano en España se moviliza por el centenario de Fidel Castro

28 de julio de 2026 a las 01:00 p. m.

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Foto: Arnaldo García/ El Comercio

Foto: Arnaldo García/ El Comercio

Había pocos espacios más apropiados para presentar un libro sobre Fidel Castro que la Semana Negra de Gijón, que se celebró del 3 al 12 de julio de 2026. En el festival de novela policíaca, dirigido antaño por un viejo fanático de la Revolución —el escritor Paco Ignacio Taibo II—, no solo caben los autores del género detectivesco sino también los que se dedican a la ciencia ficción, la distopía y el espionaje. Solo ese grado de apertura podría justificar la presencia, a orillas del mar Cantábrico, de invitados como Elián González, Fidel Antonio Castro Smirnov y Fernando González Llort. 

La enumeración da para chiste. El «niño» Elián, un físico nieto de Fidel y un exespía entran a un salón y presentan un libro. El libro se llama Voces con Fidel y por veinte euros (más gastos de envío) lo puede obtener cualquiera dentro de España, previo correo electrónico a [email protected]. No cito el correo con ánimo promocional —cualquiera puede hacerse una idea del libro gratuitamente, sin desembolsar sus euros, en el sitio de propaganda Cubainformación— sino por lo misterioso que resulta ese destinatario, «brigadas.cuba». 

Se trata de un grupo de asociaciones que defiende al régimen cubano en España. Llevan tiempo operando modestamente —no son The People’s Forum ni están tan bien financiadas— pero también forman parte de la extensa red que apoya al autoritarismo de La Habana. 

Los veinte euros de Voces con Fidel los recibirán MediCuba Europa, Euskadi Cuba, la Asociación Hispano-Cubana de Madrid, la Asociación Ernesto Guevara de Torrejón y la Asociación Valenciana de Amistad con Cuba José Martí. Son solo cinco de las 46 organizaciones españolas que militan en el Movimiento Estatal de Solidaridad con Cuba. 

Estos grupos prometen dedicar el dinero a la campaña Energía para Cuba, «concretamente para apoyar la electrificación del Hospital Pediátrico Cardiológico William Soler de La Habana». Quien decida dar su dinero debería preguntar, al menos, qué entienden estas organizaciones por «electrificación», dado que el William Soler estaba perfectamente «electrificado» en fecha tan reciente como 2022, cuando dejaron de publicar en sus redes sociales. 

Pero vamos al libro. Voces con Fidel es una recopilación de testimonios sobre el caudillo cubano, «desde la mirada de la militancia y la solidaridad europea». El inventario es demasiado largo, pero incluye a las viejas glorias del castrismo (Silvio Rodríguez, Aleida Guevara, Abel Prieto, Israel Rojas) y a sus jóvenes promesas (Michel Torres, Marxlenin Pérez), además de a los nostálgicos de siempre (Ignacio Ramonet, Vijay Prashad, Manolo de los Santos, Atilio Borón, Evo Morales). No faltan familiares, como Alex Castro que aportó «retratos íntimos» de su padre, y Fidel Antonio Castro Smirnov, autor de una lacrimógena y perturbadora evocación de su abuelo. 

El libro —editado por los activistas y escritores Pascual Serrano y David Rodríguez— está patrocinado, según su contracubierta, por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, el Centro Fidel Castro, la Asociación Valenciana de Amistad con Cuba y la editorial valenciana L’Encobert. Voces con Fidel no es solo un libro, es una profesión de fe y en cierto modo una declaración de guerra. ¿Pero contra qué?

UNA REUNIÓN DE AMIGOS

La apretada agenda del XVIII Encuentro Estatal de Solidaridad con Cuba, del 3 al 5 de julio de 2026 en Gijón, incluyó un taller sobre el dinero que se ha mandado de España a Cuba desde 2024, cuando se celebró en Málaga el último de esos eventos. Se trata nada menos que de 4.43 millones de euros, con los que se compró —afirman— «material de salud, educativo, alimentos y otros insumos». 

Según los organizadores del encuentro, estos materiales se han distribuido en 62 envíos «por contenedor y vía aérea» a La Habana. A ellos se suman una campaña especial para comprar paneles solares, supuestamente enviados a consultorios y centros de salud, que recaudó 849 000 euros. 

Al final del evento —que se hizo coincidir con la Semana Negra— los 161 militantes del Movimiento Estatal de Solidaridad con Cuba presentes en Asturias firmaron una larga declaración de fidelidad al régimen. 

Además del infinito listado de consignas, diatribas contra la «amenaza de agresión militar» de Estados Unidos y su «cerco petrolero», el Movimiento pactó varias decisiones importantes. Suscribieron las 176 medidas económicas del nuevo Programa Económico y Social impuesto por el Partido Comunista, pero mintieron a sus militantes afirmando que dichas medidas habían sido «validadas por el Pueblo en diferentes formas de consulta popular». 

Aseguraron que seguirán dando ayuda «política y económica» a Cubainformación —en especial su rama televisiva—, «instrumento estratégico» del Movimiento. 

El Movimiento decidió también «solicitar al Gobierno Español el apoyo a Cuba» en Naciones Unidas y denunciar la «censura» que los medios de comunicación españoles practican sobre las actividades de las organizaciones miembro. Condenan «el financiamiento millonario de los programas de injerencia política y desestabilización en la isla, así como de todo tipo de grupos que son legitimados mediáticamente como “disidencia”», y aspiran a que Estados Unidos le pague a Cuba por los «daños económicos y humanos» del embargo. 

Firmaron también un Plan de Acción que enumera múltiples actividades, sobre todo en el terreno de la propaganda (conferencias, recogida de firmas, invitación a personalidades del régimen, producción de videos y trabajo en redes). Aseguran que presionarán no solo al Estado español, sino también al Parlamento Europeo y Naciones Unidas, con tal de llevar «el mensaje de la Revolución cubana» a «un público más numeroso». 

Prometen reunirse el 13 de agosto de 2026 en Láncara, Galicia, pueblo del cual salieron los antepasados de Fidel Castro, para celebrar su centenario con un «coloquio internacional». El Movimiento se reunirá de nuevo en Estambul, en 2027, para un encuentro continental, y en Cataluña en 2028, para otro «encuentro estatal». 

BRAZOS ABIERTOS AL TOTALITARISMO

Las organizaciones que integran el Movimiento no son las únicas que organizan paquetes de ayuda «pagada por el pueblo español». El 19 de julio de 2026, el velero El Astral echó anclas en el puerto de La Habana. Los tripulantes pertenecían a la organización Open Arms. El Astral salió en mayo de Barcelona y recaló en varios puertos de España y México antes de llegar a la rada habanera. El barco ha estado también en Palestina y el fundador de Open Arms, Óscar Camps, no cree que La Habana sea tan distinta de Gaza. 

Para Camps, el bloqueo petrolero de Donald Trump a la isla es «tan brutal como bombardear un hospital, que es lo que hace Israel en Gaza». Se enorgullece de que los muchachos de El Astral sean «los primeros» en cruzar el Atlántico en barco para llegar a Cuba con ayuda humanitaria. La frase no carece de ironía. A inicios de 2026, un grupo de activistas y políticos españoles —entre ellos el exvicepresidente Pablo Iglesias— prometió organizar una flotilla para llevar insumos a La Habana. Se arrepintieron: fueron en avión, zarparon desde México y se hospedaron en hoteles de lujo. 

«Si somos los primeros, que no seamos los únicos y mucho menos los últimos», insistió Camps. 

Open Arms no se propone, como el Movimiento Estatal de Solidaridad con Cuba, la «electrificación» del William Soler sino de otro hospital, el pediátrico habanero Juan Manuel Márquez. Llevan medicamentos, material médico y paneles solares para una unidad de cuidados intensivos en ese centro. 

Las organizaciones procastristas no paran de movilizar recursos y dinero. Semana tras semana, dan cuenta de sus actividades en sus páginas web y en redes sociales. Las sanciones de Donald Trump contra Cuba han reactivado muchos de sus esfuerzos por dar oxígeno a La Habana, cuya causa no logra atraer tanta simpatía internacional como Palestina o Ucrania, país, este último, al cual critican por «apoyar en la ONU el bloqueo genocida». 

Fervientes anticapitalistas, los procastristas españoles se preguntan «¿dónde están los patriotas, defendiendo a las empresas españolas y europeas frente a las amenazas de EE. UU., que las han hecho salir de Cuba y abandonar sus inversiones en la isla, como Meliá o Iberostar?». 

Nadie querría afirmar que las 400 personas que se reunieron en Gijón para comprar Voces con Fidel, o los que llegaron el 19 de julio de 2026 a La Habana en El Astral actúan de mala fe o apoyan irreflexivamente al totalitarismo. Para ellos, Cuba es «una pequeña isla asfixiada», que cuenta con un Gobierno legítimo y no con una dictadura, que resiste al imperio de Donald Trump y es, por tanto, un bastión de la libertad. Como ocurre con los millones recaudados durante los Festivales del Habano, lo que se recauda en Europa se promete al sistema de Salud, cada vez más deteriorado pese a esas formidables inyecciones de fondos. Cuando hay fe todo se cree. 

El aparato de propaganda del castrismo sigue siendo poderoso, efectivo e internacional, y cuando se entibian los esfuerzos o falta dinero, basta con enviar a los «niños» predilectos de Fidel, como Elián o Castro Smirnov. Como por arte de magia, los euros vuelven a fluir hacia el trópico. 



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