«Cuba no se rinde, como dice la canción, fuego vamos a dar». Con esa épica de resistencia volvió a comparecer Miguel Díaz-Canel en un momento en que la crisis económica, social y política del país se profundiza en todos los niveles. El mensaje incluyó llamados al sacrificio como base de la supervivencia del sistema, una narrativa que insiste en trasladar el costo de la crisis a la población.
En su discurso por los 65 años de la proclamación del carácter socialista de la llamada Revolución cubana, el gobernante apeló a una lógica de confrontación que encontró eco en otras voces del oficialismo. La diputada Mariela Castro, hija de Raúl Castro, reforzó la idea de amenaza externa y elevó el tono hacia un terreno abiertamente beligerante: «Les salió mal y les va a salir mal porque Cuba está dispuesta, el pueblo cubano, a resistir», dijo en una entrevista reciente.
Sin embargo, en paralelo emergen señales distintas. Un reporte del medio estadounidense Axios reveló que funcionarios de Estados Unidos viajaron a La Habana y sostuvieron reuniones con representantes del Gobierno cubano. Se trata de un hecho singular: es la primera vez en más de una década que un avión oficial estadounidense aterriza en la isla para contactos directos desde el deshielo impulsado por Barack Obama.
El 20 de abril de 2026 la información fue confirmada por el subdirector general a cargo de EE. UU. en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, Alejandro García del Toro. Por su parte, el diario USA Today reportó que, en las reuniones, Washington habría dado un ultimátum de dos semanas para que el régimen cubano libere a presos políticos de alta prioridad.
Según el informe periodístico, la Administración Trump habría puesto sobre la mesa otras demandas como una apertura económica real, compensaciones por propiedades nacionalizadas y ciertos avances en libertades políticas. También dijeron que se discutió sobre el acceso a Internet mediante tecnologías como Starlink.
En ese contexto, la periodista Reagan Reese le preguntó a Trump si el Pentágono estaba preparando una posible acción militar en Cuba y si la isla sería el próximo objetivo. Tras una breve pausa, Trump respondió con ambigüedad: «Depende de cuál sea tu definición de acción militar», evitando confirmar o descartar cualquier plan concreto.
A la par, un sondeo realizado en el sur de Florida entre el 6 y el 10 de abril de 2026 registró una posición cada vez más dura dentro del exilio cubano. El 78 % de los encuestados para el Miami Herald rechaza un acuerdo que implique reformas económicas sin cambio de sistema en Cuba, y un 79 % apoya algún tipo de operación militar de Estados Unidos para provocar una transición política en la isla.
Los aliados del Gobierno caribeño también han salido a replicar las consignas del oficialismo. Durante un evento en España, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum propuso una declaración contra cualquier intervención militar en Cuba, apelando al diálogo. En esa línea, el presidente colombiano Gustavo Petro atribuyó la crisis cubana al embargo estadounidense con el mismo discurso justificativo de La Habana.
Puertas adentro, el Ejecutivo cubano intenta reactivar la economía mirando nuevamente hacia la emigración como salvavidas. El Consejo de Estado aprobó una «condición migratoria de inversores» para cubanos residentes en el exterior. Sin embargo, la falta de garantías jurídicas y la discrecionalidad del sistema mantienen intactas las dudas sobre su alcance real.
Estos anuncios de acercamiento a la emigración forman parte de una estrategia orientada a captar recursos sin alterar las bases del control político que el Estado mantiene sobre los derechos de los cubanos residentes fuera del país. Más evidente aún es que, cada vez que el régimen enfrenta una crisis, recurre a su diáspora o impulsa reformas que difícilmente adoptaría en condiciones normales. Se repite así una misma lógica: la de «cambiar para permanecer».
De modo paralelo, Díaz-Canel vuelve a responsabilizar a factores externos del éxodo masivo de jóvenes, sin mencionar el impacto de la gestión gubernamental en esa crisis: «Una [herida] muy dolorosa ha sido la emigración de prometedores jóvenes educados gratuitamente en nuestras escuelas y universidades, a la que el capitalismo le compra capacidad y talento, en el que no invirtieron, mientras acusan a la sociedad que los formó de no garantizarles lo que el mercado depredador les ofrece», dijo en el discurso del 17 de abril.
Lo que no mencionó es que la falta de libertades individuales y colectivas, las limitaciones para emprender y los errores constantes de política económica empujan a muchos jóvenes a salir del país por cualquier vía. El fenómeno migratorio cubano es el resultado de problemas estructurales internos y no únicamente de incentivos foráneos.
Por otro lado, en medio de una crisis económica profunda y contactos discretos con funcionarios de Estados Unidos, el discurso oficial insiste en «la resistencia creativa» y la inmolación popular para sostener el poder a cualquier precio. El deterioro cotidiano, la emigración masiva de millones de cubanos y la creciente presión social —a base de protestas y cacerolazos—, contrastan con una narrativa que intenta mantener la imagen de control en un escenario cada vez más frágil.
*Estos temas son parte del nuevo episodio de Radiografía de Cuba, disponible en las plataformas de el TOQUE.
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