Estafadores usan datos reales de envíos de Cubamax para engañar a familias en Cuba

17 de junio de 2026 a las 01:05 p. m.

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Una de las oficinas de Cubamax en Florida y paquetes de envíos a Cuba. Fotos de referencia/Archivo.

Una de las oficinas de Cubamax en Florida y paquetes de envíos a Cuba. Fotos de referencia/Archivo.

El 23 de mayo de 2026, Diana Benítez, una cubana residente en Estados Unidos, realizó una compra a través de Cubamax para enviarla a su madre en La Habana. No era la primera vez que utilizaba la agencia: según explicó a elTOQUE, era una clienta habitual y los envíos anteriores habían sido entregados sin contratiempos en la vivienda de su familia.

Sin embargo, esta vez, ocurrió algo inusual antes de que el paquete llegara a su destino. 

La estafa 

La madre de Benítez recibió una llamada en el teléfono fijo de su casa desde un número privado en la noche del 31 de mayo, alrededor de las 11:00 p. m. Quien la contactó se presentó como empleado de Cubamax y le aseguró que debía realizar un pago para poder recibir el envío, según el testimonio de su hija a nuestro medio.

Cuando la mujer respondió que en ocasiones anteriores no había tenido que pagar nada porque su hija asumía los costos desde Estados Unidos, le explicaron que la situación había cambiado debido a la crisis de combustible. De acuerdo con el relato de Benítez, le dijeron a su mamá que existía una gran acumulación de paquetes y que la única forma de garantizar la entrega era abonando una suma adicional.

Lo que terminó de convencer a la señora fue que los interlocutores conocían detalles precisos de la compra. «Le dijeron que se trataba de un envío hecho por mí (Diana Benítez) desde Estados Unidos, que tenía tal código de factura (y le dijeron el número), así como otro para el seguimiento de la entrega», relató.

A continuación, le indicaron que abriera la aplicación Transfermóvil y que realizara una serie de transferencias. Según explica Benítez, su mamá preguntó varias veces si estaba enviando dinero o saldo y que le respondieron que no se trataba de una transferencia convencional, sino de una modalidad de cobro vinculada a la plataforma de Cubamax.

«Ella apenas entendía. Hizo la transacción, consultó el saldo y vio que le habían descontado dinero de la cuenta. Entonces, empezaron a decirle que el dinero no les entraba, que la operación estaba mal y le fueron indicando nuevos códigos y pasos», explicó la hija.

Las solicitudes se repitieron una y otra vez tras pedidos de poner en su aplicación de Transfermóvil diferentes «códigos» que en realidad eran montos de extracción. Cuando ya había transferido alrededor de 40 000 CUP y comprobó que los descuentos sí aparecían reflejados en su cuenta, exigió que le devolvieran el dinero.

Benítez explica que los supuestos empleados le dijeron a su mamá que consultarían con un gerente y un informático para resolver el problema. Tras mantenerla en línea a su mamá durante cerca de una hora y prometerle una devolución, le pidieron realizar nuevas operaciones, que terminaron aumentando las pérdidas.

Luego, le aseguraron que una supuesta trabajadora identificada como Rosario Pérez González acudiría a visitarla para resolver el problema. Antes, la persona que realizó la llamada se había presentado como Alberto Quesada López. Además, para las operaciones le facilitaron el número 53534011. Posteriormente, la afectada intentó comunicarse repetidas veces con ese contacto, pero siempre lo encontró apagado.

El resultado fue una pérdida superior a los 104 000 CUP.

¿De dónde salieron los datos?

Tras conocer lo sucedido, Diana Benítez acudió a las oficinas de Cubamax en Kendall y Hialeah. Según su testimonio, esperaba obtener alguna explicación sobre cómo terceros habían accedido a información tan específica sobre el envío. Sin embargo, asegura que fue tratada de forma despectiva y que ningún empleado mostró interés en investigar lo ocurrido.

Posteriormente, presentó una reclamación formal por correo electrónico a la gerencia de la empresa. En la comunicación, cuya copia fue revisada por elTOQUE, afirmó que interponía «una queja formal y urgente por un hecho grave de estafa y negligencia en el manejo de los datos personales que involucra a su agencia».

Benítez sostiene que lo sucedido «demuestra una falla de seguridad inaceptable en el manejo de la base de datos» de los clientes de Cubamax y que «la filtración de información privada ha sido utilizada para extorsionar» a su madre. En su reclamación, añade, que «la vulneración de datos privados y la extorsión son asuntos de gravedad legal».

La respuesta a su queja llegó por correo electrónico firmada por Giraldo Acosta, en representación de la gerencia de la agencia de envío. «Cubamax no ha sufrido ninguna vulnerabilidad, filtración de datos ni incidente de seguridad relacionado con la información de nuestros clientes», afirmó.

Acosta señaló, además, que la empresa ha advertido en redes sociales sobre intentos recientes de estafa dirigidos a destinatarios de envíos en Cuba y compartió como referencia un artículo publicado por elTOQUE sobre este tipo de fraudes.

«Tomamos muy en serio cualquier reporte así; sin embargo, con la información disponible no existe evidencia de que los datos hayan sido obtenidos a través de nuestros sistemas o bases de datos. Dado que se trata de una posible actividad delictiva ocurrida en Cuba, recomendamos presentar una denuncia formal ante las autoridades competentes para que puedan investigar a los responsables», concluyó.

En este sentido, Food Monitor Program advierte que «aunque la mayoría de estas estafas pueden ser perseguidas penalmente bajo la ley cubana, la Policía replica que las transferencias realizadas mediante aplicaciones oficiales se consideran válidas, ya que se confirmaron mediante el PIN personal del usuario y bajo sus capacidades reales. Aunque para el engaño se utilizan números telefónicos y cuentas bancarias fáciles de rastrear, ni el monopolio de telecomunicaciones Etecsa ni el Banco Popular de Ahorro asumen la responsabilidad, bajo la excusa de la protección de datos de los ciudadanos —en este caso, de los delincuentes—. La única manera de liberar la información es mediante una orden judicial que debe tramitar el afectado». 

La política de privacidad publicada por Cubamax indica que la empresa recopila y almacena información de contacto, historial de transacciones y otros datos asociados a los envíos de sus clientes. También asegura que utiliza mecanismos de cifrado, controles de acceso y pruebas periódicas de seguridad, y que solo el personal autorizado puede acceder a esa información para procesar las operaciones. 

Una persona que conoce el negocio de envíos de paquetes a la isla desde Florida declaró a elTOQUE, en condición de anonimato, que han ocurrido otros casos similares y que «posiblemente la vulneración de datos donde ocurra sea en las llamadas “transitarias” en Cuba, donde se reúnen los paquetes al llegar al país y luego se distribuyen». 

Para esclarecer cómo se gestionan los datos personales vinculados a los envíos, elTOQUE consultó a Cubamax sobre los procedimientos aplicados para investigar este caso, la existencia de antecedentes similares y las entidades que tienen acceso a la información de remitentes y destinatarios cuando los paquetes llegan a Cuba. Además, solicitó detalles sobre las medidas de control y protección de esos datos, así como sobre los canales disponibles para presentar reclamaciones durante la entrega. También preguntó si la empresa considera posible que una eventual exposición de datos ocurra fuera de sus sistemas en alguna de las etapas logísticas que se desarrollan en la isla. Al cierre de este reportaje, Cubamax no había respondido a las preguntas. 

Aunque la empresa negó en su respuesta a Benítez que exista evidencia de una filtración en sus sistemas, especialistas en protección de datos señalan que, ante reportes de este tipo, las compañías suelen realizar investigaciones internas para determinar si la información pudo haber sido expuesta en cualquier punto de la cadena de tratamiento de los datos, ya sea dentro de la empresa, mediante proveedores externos o a través de terceros con acceso autorizado.

El paquete, finalmente, fue entregado a la madre de Benítez el 14 de junio. 

Otra estafa en Cienfuegos

Al cierre de este texto, otra familia comunicó a elTOQUE haber sido víctima de una estafa similar.

Desde Florida enviaron a través de Cubamax un paquete a Cienfuegos. Horas después los destinatarios en la isla recibieron una llamada al teléfono fijo de la casa y una persona que simuló acento extranjero se presentó como empleado de la agencia.

«Sabían mi nombre (algo que no pueden conocer por la guía telefónica porque está a nombre de mi mamá), preguntaron por mí directamente. Luego, me dijeron que un familiar del extranjero (no detallaron nombre) me había hecho una compra por Cubamax y debía hacerle en ese momento una transferencia para poder entregarme el paquete en la casa», explica la persona a nuestro medio en condición de anonimato.

Según relata la fuente, al inicio de la llamada cuestionó que el paquete hubiera llegado tan rápido, pero le aseguraron que sí, solo que debía pagar «9 902» CUP adicionales. «Cuando escuché ese número presentí que algo estaba raro y le dije que debían ser 99.02 CUP, yo ni siquiera tenía 9 000 CUP para transferir. Mientras, la persona me seguía diciendo que se trataba de un código y que enviara el dinero. Al final, lo hice, pero solo 99.02 CUP, que fue lo que perdí. Para esa operación me dieron un número de tarjeta y un número de celular para confirmar. Mi error fue no hacer una captura en ese momento», detalló. 

«Cuando me comuniqué con mi familia me di cuenta de que se trataba de una estafa. Llamamos de vuelta al número que se comunicó al fijo y nos dijeron que era una prisión en Granma», añadió. 

La familia en Florida había pagado por el envío marítimo a Cuba de un paquete que demora aproximadamente en llegar 21 días. En la isla los destinatarios debían recogerlo en un punto. Los estafadores lo que prometían era llevarlo casi de forma inmediata después del envío hasta el mismo domicilio y para concretar eso exigían un pago adicional.  

Cuando los datos se convierten en una herramienta de engaño

Especialistas en ciberseguridad y entidades financieras como la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC) suelen advertir que los estafadores buscan generar sensación de urgencia y autoridad para que las víctimas actúen sin verificar la información. En muchos casos, utilizan datos reales —como nombres, direcciones, números de teléfono— para ganar credibilidad y convencer a las personas de realizar pagos o transferencias mientras la persona permanece en línea.

Expertos recomiendan no compartir información personal o financiera por teléfono, no ejecutar transferencias a petición de terceros sin verificar previamente la autenticidad de la solicitud y contactar directamente a la empresa involucrada a través de sus canales oficiales antes de efectuar cualquier pago.

Los adultos mayores suelen figurar entre los grupos más vulnerables frente a este tipo de fraude debido a la presión emocional que ejercen los estafadores, quienes a menudo se presentan como empleados de empresas, bancos o instituciones de confianza.

En el caso de la madre de Diana Benítez, la combinación de información real sobre el envío, la aparente autoridad de quienes llamaron y la presión para actuar de inmediato terminó convirtiendo una compra habitual en una estafa. La pregunta que sigue sin respuesta es cómo los estafadores obtuvieron los datos que les permitieron construir el engaño como decir exactamente quienes habían hecho la compra, enviado el paquete o quién lo recibiría en la isla. 

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