Gobierno estadounidense buscaría activamente cambio de régimen en Cuba para finales de 2026

Foto: Cubahora
La Administración de Donald Trump ha comenzado a trazar una estrategia para provocar un cambio de régimen en Cuba antes de que finalice el año, reportó The Wall Street Journal. El ejecutivo estadounidense estaría convencido de que la isla atraviesa su momento de mayor fragilidad económica en décadas y estaría alentado por el precedente reciente de la captura de Nicolás Maduro.
Según el reporte, altos funcionarios estadounidenses consideran que la economía cubana se acerca al colapso, en gran parte por la pérdida progresiva del petróleo subsidiado que durante más de dos décadas recibió desde Caracas y que ha sostenido la economía del país. Sin ese respaldo, Washington busca ahora identificar figuras dentro del propio aparato estatal cubano que puedan servir como interlocutores para una «salida negociada» del régimen que gobierna la isla desde hace casi 70 años.
La Casa Blanca, de acuerdo con el diario, no dispone todavía de un plan detallado para una transición política, pero sí observa la operación venezolana como un modelo y, al mismo tiempo, como una advertencia. Aunque hasta el momento no existe una amenaza pública de intervención o ataque militar contra la isla.
En público, Trump ha adoptado un tono directo. En un mensaje publicado en enero en Truth Social, el presidente escribió que no se permitiría «ni más petróleo ni más dinero» para Cuba y exhortó a los líderes del país a llegar a un acuerdo «antes de que sea demasiado tarde». El presidente designado de Cuba, Miguel Díaz-Canel afirmó que ambos gobiernos no han tenido contacto para negociar.
Lo cierto es que, desde que asumió el cargo en enero de 2025, la política de Trump hacia el régimen cubano ha sido más agresiva que la de sus predecesores: sanciones, restricciones de visado y medidas dirigidas contra las misiones médicas cubanas en el extranjero, una de las principales fuentes de divisas del país.
Los informes de inteligencia citados por el Journal describen un panorama sombrío: escasez crónica de combustible, alimentos y medicamentos, apagones frecuentes y un sistema productivo al límite. Funcionarios estadounidenses sostienen que, si se logra cortar completamente el flujo restante de petróleo venezolano, la economía cubana podría paralizarse en cuestión de semanas.
Sin embargo, el caso cubano presenta desafíos distintos a los de Venezuela. Analistas advierten que, a diferencia de Caracas, La Habana carece de una oposición estructurada, de elecciones o de una sociedad civil amplia y organizada que pueda servir como base para una transición. Esa ausencia plantea interrogantes fundamentales: ¿quién asumiría el poder tras un colapso del liderazgo actual?, ¿cómo se gestionaría la estabilidad institucional?, ¿qué mecanismos evitarían un vacío político con consecuencias humanitarias?
Incluso dentro del entorno de Trump, algunos aliados reconocen en privado esos riesgos. Un derrumbe abrupto del régimen podría generar flujos migratorios masivos, crisis humanitarias y desorden interno, escenarios que la propia administración trató de evitar en el caso venezolano. Aun así, la percepción dominante en Washington es que la debilidad económica de Cuba ofrece una ventana de oportunidad sin precedentes.
El Journal reveló que funcionarios estadounidenses han intensificado reuniones con exiliados cubanos y grupos cívicos en Miami y Washington, en un intento por identificar figuras dentro del aparato estatal dispuestas a hablar. El objetivo sería diseñar una salida negociada para algunos de los líderes del régimen.
Para Ricardo Zúñiga, exfuncionario de la administración del presidente estadounidense Barack Obama, que ayudó a negociar el breve deshielo entre La Habana y Washington entre 2014 y 2017, el liderazgo cubano sería «un hueso mucho más duro de roer» que el de Venezuela.
«No hay nadie que se sienta tentado a trabajar del lado de Estados Unidos», dijo Zúñiga al sitio web.
La incógnita, subraya el diario estadounidense, no es tanto si Washington puede aumentar la presión, sino qué tipo de país emergería si esa presión tiene éxito. En un contexto de crisis prolongada, sin estructuras claras de transición, el fin del régimen no garantiza automáticamente estabilidad ni democracia.










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