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Ilustración: María Esther Lemus.

Ilustración: María Esther Lemus.

Hablar de orgasmo femenino sigue siendo un tabú

Hace poco conversaba con mis amigas sobre el orgasmo femenino pero muy rápido percibí que me sentía cohibida. He notado que ese tema no es muy común en nuestras conversaciones o simplemente lo dejamos en el punto en el cual se toma como broma.

Yo me atreví a empezar la charla hablando de la experiencia de masturbarse y de lo bien que una la puede pasar en el encuentro con su propio cuerpo. De repente todas me miraron estupefactas, como si hubiese cometido uno de los siete pecados capitales. Fue tan graciosa la reacción de sorpresa de mis amigas que solo atiné a reír y a callarme.

Es tan fácil hablar de sexo entre nosotras y, sin embargo, cuando el tema pasa a ser la masturbación o el orgasmo, normalmente se enrarece e interrumpe el diálogo. Eso me hizo recordar que ninguna ha reconocido masturbarse alguna vez.

Cuando hablamos de sexo sí que nos extendemos, contándonos lo que para alguna han sido nuevos descubrimientos de posturas o simplemente burlándonos de nosotras mismas al recordar nuestros primeros pasos en la materia.

Sexo, amor y política son temas de conversación a los que siempre volvemos. Sin embargo, casi nunca llega el momento propicio para hablar de orgasmos. Mi propia experiencia me ha demostrado que la idea del placer vinculado a la autocomplacencia que puede proveerse una misma sobre su cuerpo, es una cuestión aún vedada, incluso entre mis amigas.

Pero si miramos al pasado, encontramos que las cuestiones sexuales de las mujeres han constituido un tabú social desde tiempos remotos. A través de la historia, se han asociado esencialmente a la posibilidad de ser madre y a la satisfacción de la pareja. De ese momento de éxtasis que dura entre 13 y 25 segundos como promedio y de la acción que lo antecede, se menciona poco.

Investigaciones históricas hablan de la masturbación como tratamiento médico contra la histeria. El masaje hasta el orgasmo, en el caso de las mujeres, era una práctica médica muy frecuente entre algunos doctores occidentales, grupos de hombres que tenían exclusivo control sobre sus vidas y se beneficiaban de las ganancias económicas de la actividad.

En ese entonces se definía como inmoral la masturbación femenina. Del sexo se concebían tres momentos esenciales: preparación para la penetración (estimulación erótica), la penetración y el orgasmo masculino. Se esperaba que la mujer alcanzara el orgasmo durante el coito pero si esto no sucedía, ello no disminuía la legitimidad del acto como “sexo genuino”[1].

Muchas personas todavía confían y siguen este paradigma. Otros estamos convencidos de que llegar al orgasmo por medio de la penetración es una vía, pero no es la única.

Recuerdo las primeras ocasiones de intimidad con el que fuera mi primera pareja y relación sexual. Yo era muy joven y al principio no disfrutaba tanto ni tenía sentido para mí eso que escuchaba sobre el sexo como una de las mejores cosas de la vida.

El descubrimiento fue llegando poco a poco. Pero aun cuando el disfrute era mínimo no se me ocurría hablar de insatisfacciones sexuales o de la posibilidad de la masturbación para llegar al orgasmo o conocer mejor mi cuerpo. En mi cabeza eso era cosa exclusiva de hombres.

Con el paso del tiempo fui aprendiendo a mostrarle a mi pareja qué me ocasionaba mayor placer o excitación, y también fui conociendo sus gustos.

Fui comprendiendo que el sexo es más disfrutable cuando conocemos nuestro mapa corporal y el del otrx. Saber cuáles son esas zonas eróticas que nos llevan al punto de ebullición, en muchos casos, depende de cada persona. Y cada quien conoce mejor que nadie la mejor forma de llegar a estas, la masturbación para algunos puede ser uno de los mecanismos para hallarlas.

Los seres humanos pueden experimentar la satisfacción de distintas formas y no debería ser difícil hablar de ese tema con la pareja, incluso con los amigos. Por el tiempo que me tomó a mí misma encontrarle sentido, supongo que quizás a una buena parte de las mujeres nos cuesta expresarnos al respecto porque nos sentimos culpables de buscar el placer más allá del acto sexual.

Quizás no hemos entendido totalmente que llegar al clímax puede ser tanto un trabajo de equipo como un esfuerzo individual.

 

[1] Maines, R. (2010): La tecnología del orgasmo. La histeria, los vibradores y la satisfacción sexual de las mujeres. Editorial Mil razones, Barcelona.

 

Puedes leer otros textos de elTOQUE en la aplicación móvil Qbolá?! Búscala en su sitio web y conoce noticias de Cuba y el mundo, utilizando internet (Wifi o Red de Datos) o a través del correo Nauta.

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Regla Ismaray Cabreja Piedra
Estudió Comunicación Social en la Universidad de La Habana y un Máster en Comunicación en la Universidad de Sevilla. Trabajó como editora en la revista digital Cubahora y ha colaborado con otras publicaciones como Esquife, de la Asociación Hermanos Saíz. Creó su blog Reflejos para tratar temas como el racismo y la discriminación por género.
isma

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Valentina

Nuestra sociedad está llena de tabúes, aunque las hay peores. Hablar del orgasmo femenino será siempre un tema que genere polémica, a pesar de sentirnos más liberadas que antes. El pudor es señal de protección de la privacidad, no debería ser puritanismo, ni falta de información. Una buena charla, siempre ayuda. Y el autoconocimento, aún más.
Regla Ismaray Cabreja Piedra

Así es Valentina, nuestra sociedad está llena de tabúes. Tomará tiempo su deconstrucción, pero creo que lo importante es el camino. En otra época sacar el tema era casi un sacrificio humano, ahora todavía luchamos contra las barreras pero hay cambios notables que nos hacen ver la luz.
El pudor siempre existirá en algunas personas más que en otras, somos seres humanos distintos y diversos, algunos más tímidos, otros menos y está bien repetar las diferencias que nos caracterizan, pero tantos estigmas sociales hacen que muchxs se escondan tras el pudor para reprimir lo que pensamos o queremos decir en voz alta. Son muy pesadas las miradas prejuiciosas y el temor al “qué dirán”.
Yo creo que no será de hoy para mañana pero si espero que en algún momento podamos hablar de orgasmos con la misma espontaneidad con la que hablamos de deporte, por ejemplo.
isma
Valentina

Fernando

Me encantó leer el artículo, creo que es primera vez que veo tratar el tema en un blog cubano. Si lo he visto en otras publicaciones extranjeras.

Estoy seguro de que muchas se interesan en el asunto, así que animense mujeres y aborden lo sin prejuicios. Saludos.

Regla Ismaray Cabreja Piedra

Muchas gracias Fernando.
isma
Fernando

Alex

No creas, los hombres tampoco hablan sobre eso…
Regla Ismaray Cabreja Piedra

Si Alex, estoy de acuerdo. Aunque el artículo se refiera al orgasmo femenino, no dejo de reconocer que a los hombres también les toca chocar con tabúes sociales en este y otros temas. Sobre ellos también influye, aunque de distinta manera, la carga de la sociedad patriarcal.
isma
Alex

Dariel

Mucha maleza queda por desbrozar, pero sin dudas trabajos tan buenos como este ayudan a desmantelar tabúes. Muy bueno!
Regla Ismaray Cabreja Piedra

Gracias Dariel.
isma
Dariel

Lulu

No hay necesidad de escribir “otrx” pues esta palabra no existe en el idioma español, sea un poco mas profesional.
Regla Ismaray Cabreja Piedra

Hola Lulu. Ante todo creo que el respeto debe ser la base de todo diálogo. No pretendo que estés de acuerdo conmigo en la utilización del lenguaje inclusivo, cada persona tendrá una opinión distinta sobre este tema, pero ello no te da derecho a ofender. Yo respeto tu posición, y así espero que respetes la mía.
Considero que tu comentario debe partir del por qué utilizo la “x” cuando me quiero referir tanto a hombres como a mujeres.
Soy partidaria del lenguaje inclusivo ya que utilizar el género masculino cuando se está hablando de todos los géneros es una forma de perpetuar la superioridad de uno sobre otro y por ende, de afianzar la desigualdad. Lo que no se escucha no se nombra, por lo que la no visibilización de todos y todas en el lenguaje provoca omisiones y negaciones de carácter intencional. Hay varias formas de expresarlo, en mi caso, ecurro a la “x”.
Está muy lejos de ser un mecanismo “artificioso e innecesario” como afirma la RAE. Desde el lenguaje se reproduce y transforma la sociedad, es una vía hacia la emancipación y el camino necesario hacia sociedades más igualitarias para todxs.
isma

Oscar

Exacto, con decir “la otra persona” basta. A propósito, no se puede decir “el otro persono”.
Oscar
Lulu

Rube

Me gustó el profesionalismo con que se editó y público el articulo, tabúes siempre van a existir en nuestra sociedad y en otras hasta quizás más,no obstante yo como hombre y adulto considero que el llevar a la mujer al orgasmo y la complacencia como parte de una relación es nesesario para que funcione la esencia de pareja,la información es necesaria sobre todo para [email protected] más jóvenes,una vez más gracias a el toque.
Rube

Roberto Ruiz

Yo particularmente creo que sería muy importante en el tratmiento de las cosas sexuales una mayor comunicación de las dos partes con respecto al tema sexualidad , en conversaciones con personas mayores he escuchado de la boca de féminas , no haber experimentado nunca un orgasmo en una relación con su pareja , también lo mismo he escuchado decir a mujeres que han estado largo tiempo casadas , y soy , sí , de la opinión que no sólo en Cuba es el tema un Tabú , hay otros muchos países donde hablar de ello pudiera traer a la persona consecuencias muy serias , creo que se está haciendo hora para saltar un poco sobre esa barrera de silencio que al final sólo ayuda a vivir en el sinsabor . Disfrúta , que es bello ..! , hacer el sexo es algo bellísimo , y saberlo comunicar tendrá que ser divino !!
Roberto Ruiz

Lis

Hola , muy buen artículo ya es hora d pensar un poco en nosotras las mujeres y no es feminismo , es solo q durante años hemos complacido s los hombre sin pensar en nosotras
Lis

Antillano al cuadrado

Gracias Ismaray. Muy interesante tus reflexiones y también muy sugerente la ilustración. ¿Tabú entre quiénes y dónde? Es verdad que el sustantivo orgasmo ha sido tabú y si lo adjetivamos: femenino, pues lo particularizamos y lo complejizamos más. Hablamos del problema de la cultura, de sociedades más o menos abiertas, donde el papel de la religión y/o de la política han impedido miradas más cercanas y avanzadas sobre nuestras relaciones humanas, incluidas aquellas que establecemos de modo natural con nuestro propio cuerpo. Nos encontremos en Sevilla o en La Habana, en la península o en la ínsula. En mi generación, la generación de tus padres, el libro “Piensas ya en el amor?” (1989)y las peripecias de su autora, la doctora alemana Monika Krause, causaron no poco revuelo insular. A propósito en la red está su libro: “¿Machismo? No, gracias: Cuba, sexualidad en la Revolución” de 2007. Tal vez para ver en qué avanzamos y en qué no deberíamos incluir también la problemática que imponen las nuevas tecnologías de la comunicación, y los desfasajes en lo educativo dentro de los ámbitos de la familia y de la escuela.
Antillano al cuadrado

Gilgamesh

Un artículo necesario. Gracias.
Gilgamesh

Valentina

Si Regla, de acuerdo contigo en todo lo que has expuesto. Quizás como sociedad, nos falte profundizar en temas tan importantes como por desgracia, estigmatizados. Éste es uno de ellos. Mientras existan personas como tu, que pongan su granito de arena para acercar a la opinión pública, y lograr el debate que pueda cambiar en algo la percepción de ciertos temas, se habrán dado grandes pasos en pos de la apertura mental de muchos. Gracias por tus palabras. Muy buen artículo.
Valentina

Oscuro Cruz

Gracias por el articulo ..dios te bendiga
Oscuro Cruz

Narya

Hola Regla Ismaray, me encantó el artículo,solo algo no me gustó, el famoso lenguaje inclusivo. Ahora esta muy de moda, pero el hecho de que se use el género masculino para generalizar no tiene nada que ver con discriminación (soy mujer, te hablo desde la lingüística que es mi profesión) y sí con la evolución del lenguaje. Un poco de estudio de historia de la lengua te muestra como del latín al español las terminaciones fueron acercándose a lo que son hoy y si se usa la “o” final es por un proceso normal del desarrollo de la lengua, por comodidad de los hablantes, en ningún momento por cuestiones discriminatorias.
Por suerte o por desgracia, en ese mismo desarrollo del idioma los hablantes decidieron que el género neutro del latín ya no hacía falta y desapareció casi por completo del español (salvo algunas excepciones) y no de otros romances como el italiano, por ejemplo.
Es lo único que desvirtúa un poco el tema que tratas, por lo demás, excelente.
Narya

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Ilustración: María Esther Lemus.

Ilustración: María Esther Lemus.

Hablar de orgasmo femenino sigue siendo un tabú

Hace poco conversaba con mis amigas sobre el orgasmo femenino pero muy rápido percibí que me sentía cohibida. He notado que ese tema no es muy común en nuestras conversaciones o simplemente lo dejamos en el punto en el cual se toma como broma.

Yo me atreví a empezar la charla hablando de la experiencia de masturbarse y de lo bien que una la puede pasar en el encuentro con su propio cuerpo. De repente todas me miraron estupefactas, como si hubiese cometido uno de los siete pecados capitales. Fue tan graciosa la reacción de sorpresa de mis amigas que solo atiné a reír y a callarme.

Es tan fácil hablar de sexo entre nosotras y, sin embargo, cuando el tema pasa a ser la masturbación o el orgasmo, normalmente se enrarece e interrumpe el diálogo. Eso me hizo recordar que ninguna ha reconocido masturbarse alguna vez.

Cuando hablamos de sexo sí que nos extendemos, contándonos lo que para alguna han sido nuevos descubrimientos de posturas o simplemente burlándonos de nosotras mismas al recordar nuestros primeros pasos en la materia.

Sexo, amor y política son temas de conversación a los que siempre volvemos. Sin embargo, casi nunca llega el momento propicio para hablar de orgasmos. Mi propia experiencia me ha demostrado que la idea del placer vinculado a la autocomplacencia que puede proveerse una misma sobre su cuerpo, es una cuestión aún vedada, incluso entre mis amigas.

Pero si miramos al pasado, encontramos que las cuestiones sexuales de las mujeres han constituido un tabú social desde tiempos remotos. A través de la historia, se han asociado esencialmente a la posibilidad de ser madre y a la satisfacción de la pareja. De ese momento de éxtasis que dura entre 13 y 25 segundos como promedio y de la acción que lo antecede, se menciona poco.

Investigaciones históricas hablan de la masturbación como tratamiento médico contra la histeria. El masaje hasta el orgasmo, en el caso de las mujeres, era una práctica médica muy frecuente entre algunos doctores occidentales, grupos de hombres que tenían exclusivo control sobre sus vidas y se beneficiaban de las ganancias económicas de la actividad.

En ese entonces se definía como inmoral la masturbación femenina. Del sexo se concebían tres momentos esenciales: preparación para la penetración (estimulación erótica), la penetración y el orgasmo masculino. Se esperaba que la mujer alcanzara el orgasmo durante el coito pero si esto no sucedía, ello no disminuía la legitimidad del acto como “sexo genuino”[1].

Muchas personas todavía confían y siguen este paradigma. Otros estamos convencidos de que llegar al orgasmo por medio de la penetración es una vía, pero no es la única.

Recuerdo las primeras ocasiones de intimidad con el que fuera mi primera pareja y relación sexual. Yo era muy joven y al principio no disfrutaba tanto ni tenía sentido para mí eso que escuchaba sobre el sexo como una de las mejores cosas de la vida.

El descubrimiento fue llegando poco a poco. Pero aun cuando el disfrute era mínimo no se me ocurría hablar de insatisfacciones sexuales o de la posibilidad de la masturbación para llegar al orgasmo o conocer mejor mi cuerpo. En mi cabeza eso era cosa exclusiva de hombres.

Con el paso del tiempo fui aprendiendo a mostrarle a mi pareja qué me ocasionaba mayor placer o excitación, y también fui conociendo sus gustos.

Fui comprendiendo que el sexo es más disfrutable cuando conocemos nuestro mapa corporal y el del otrx. Saber cuáles son esas zonas eróticas que nos llevan al punto de ebullición, en muchos casos, depende de cada persona. Y cada quien conoce mejor que nadie la mejor forma de llegar a estas, la masturbación para algunos puede ser uno de los mecanismos para hallarlas.

Los seres humanos pueden experimentar la satisfacción de distintas formas y no debería ser difícil hablar de ese tema con la pareja, incluso con los amigos. Por el tiempo que me tomó a mí misma encontrarle sentido, supongo que quizás a una buena parte de las mujeres nos cuesta expresarnos al respecto porque nos sentimos culpables de buscar el placer más allá del acto sexual.

Quizás no hemos entendido totalmente que llegar al clímax puede ser tanto un trabajo de equipo como un esfuerzo individual.

 

[1] Maines, R. (2010): La tecnología del orgasmo. La histeria, los vibradores y la satisfacción sexual de las mujeres. Editorial Mil razones, Barcelona.

 

Puedes leer otros textos de elTOQUE en la aplicación móvil Qbolá?! Búscala en su sitio web y conoce noticias de Cuba y el mundo, utilizando internet (Wifi o Red de Datos) o a través del correo Nauta.

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Valentina

Nuestra sociedad está llena de tabúes, aunque las hay peores. Hablar del orgasmo femenino será siempre un tema que genere polémica, a pesar de sentirnos más liberadas que antes. El pudor es señal de protección de la privacidad, no debería ser puritanismo, ni falta de información. Una buena charla, siempre ayuda. Y el autoconocimento, aún más.
Regla Ismaray Cabreja Piedra

Así es Valentina, nuestra sociedad está llena de tabúes. Tomará tiempo su deconstrucción, pero creo que lo importante es el camino. En otra época sacar el tema era casi un sacrificio humano, ahora todavía luchamos contra las barreras pero hay cambios notables que nos hacen ver la luz.
El pudor siempre existirá en algunas personas más que en otras, somos seres humanos distintos y diversos, algunos más tímidos, otros menos y está bien repetar las diferencias que nos caracterizan, pero tantos estigmas sociales hacen que muchxs se escondan tras el pudor para reprimir lo que pensamos o queremos decir en voz alta. Son muy pesadas las miradas prejuiciosas y el temor al “qué dirán”.
Yo creo que no será de hoy para mañana pero si espero que en algún momento podamos hablar de orgasmos con la misma espontaneidad con la que hablamos de deporte, por ejemplo.
isma
Valentina

Fernando

Me encantó leer el artículo, creo que es primera vez que veo tratar el tema en un blog cubano. Si lo he visto en otras publicaciones extranjeras.

Estoy seguro de que muchas se interesan en el asunto, así que animense mujeres y aborden lo sin prejuicios. Saludos.

Regla Ismaray Cabreja Piedra

Muchas gracias Fernando.
isma
Fernando

Alex

No creas, los hombres tampoco hablan sobre eso…
Regla Ismaray Cabreja Piedra

Si Alex, estoy de acuerdo. Aunque el artículo se refiera al orgasmo femenino, no dejo de reconocer que a los hombres también les toca chocar con tabúes sociales en este y otros temas. Sobre ellos también influye, aunque de distinta manera, la carga de la sociedad patriarcal.
isma
Alex

Dariel

Mucha maleza queda por desbrozar, pero sin dudas trabajos tan buenos como este ayudan a desmantelar tabúes. Muy bueno!
Regla Ismaray Cabreja Piedra

Gracias Dariel.
isma
Dariel

Lulu

No hay necesidad de escribir “otrx” pues esta palabra no existe en el idioma español, sea un poco mas profesional.
Regla Ismaray Cabreja Piedra

Hola Lulu. Ante todo creo que el respeto debe ser la base de todo diálogo. No pretendo que estés de acuerdo conmigo en la utilización del lenguaje inclusivo, cada persona tendrá una opinión distinta sobre este tema, pero ello no te da derecho a ofender. Yo respeto tu posición, y así espero que respetes la mía.
Considero que tu comentario debe partir del por qué utilizo la “x” cuando me quiero referir tanto a hombres como a mujeres.
Soy partidaria del lenguaje inclusivo ya que utilizar el género masculino cuando se está hablando de todos los géneros es una forma de perpetuar la superioridad de uno sobre otro y por ende, de afianzar la desigualdad. Lo que no se escucha no se nombra, por lo que la no visibilización de todos y todas en el lenguaje provoca omisiones y negaciones de carácter intencional. Hay varias formas de expresarlo, en mi caso, ecurro a la “x”.
Está muy lejos de ser un mecanismo “artificioso e innecesario” como afirma la RAE. Desde el lenguaje se reproduce y transforma la sociedad, es una vía hacia la emancipación y el camino necesario hacia sociedades más igualitarias para todxs.
isma

Oscar

Exacto, con decir “la otra persona” basta. A propósito, no se puede decir “el otro persono”.
Oscar
Lulu

Rube

Me gustó el profesionalismo con que se editó y público el articulo, tabúes siempre van a existir en nuestra sociedad y en otras hasta quizás más,no obstante yo como hombre y adulto considero que el llevar a la mujer al orgasmo y la complacencia como parte de una relación es nesesario para que funcione la esencia de pareja,la información es necesaria sobre todo para [email protected] más jóvenes,una vez más gracias a el toque.
Rube

Roberto Ruiz

Yo particularmente creo que sería muy importante en el tratmiento de las cosas sexuales una mayor comunicación de las dos partes con respecto al tema sexualidad , en conversaciones con personas mayores he escuchado de la boca de féminas , no haber experimentado nunca un orgasmo en una relación con su pareja , también lo mismo he escuchado decir a mujeres que han estado largo tiempo casadas , y soy , sí , de la opinión que no sólo en Cuba es el tema un Tabú , hay otros muchos países donde hablar de ello pudiera traer a la persona consecuencias muy serias , creo que se está haciendo hora para saltar un poco sobre esa barrera de silencio que al final sólo ayuda a vivir en el sinsabor . Disfrúta , que es bello ..! , hacer el sexo es algo bellísimo , y saberlo comunicar tendrá que ser divino !!
Roberto Ruiz

Lis

Hola , muy buen artículo ya es hora d pensar un poco en nosotras las mujeres y no es feminismo , es solo q durante años hemos complacido s los hombre sin pensar en nosotras
Lis

Antillano al cuadrado

Gracias Ismaray. Muy interesante tus reflexiones y también muy sugerente la ilustración. ¿Tabú entre quiénes y dónde? Es verdad que el sustantivo orgasmo ha sido tabú y si lo adjetivamos: femenino, pues lo particularizamos y lo complejizamos más. Hablamos del problema de la cultura, de sociedades más o menos abiertas, donde el papel de la religión y/o de la política han impedido miradas más cercanas y avanzadas sobre nuestras relaciones humanas, incluidas aquellas que establecemos de modo natural con nuestro propio cuerpo. Nos encontremos en Sevilla o en La Habana, en la península o en la ínsula. En mi generación, la generación de tus padres, el libro “Piensas ya en el amor?” (1989)y las peripecias de su autora, la doctora alemana Monika Krause, causaron no poco revuelo insular. A propósito en la red está su libro: “¿Machismo? No, gracias: Cuba, sexualidad en la Revolución” de 2007. Tal vez para ver en qué avanzamos y en qué no deberíamos incluir también la problemática que imponen las nuevas tecnologías de la comunicación, y los desfasajes en lo educativo dentro de los ámbitos de la familia y de la escuela.
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Gilgamesh

Un artículo necesario. Gracias.
Gilgamesh

Valentina

Si Regla, de acuerdo contigo en todo lo que has expuesto. Quizás como sociedad, nos falte profundizar en temas tan importantes como por desgracia, estigmatizados. Éste es uno de ellos. Mientras existan personas como tu, que pongan su granito de arena para acercar a la opinión pública, y lograr el debate que pueda cambiar en algo la percepción de ciertos temas, se habrán dado grandes pasos en pos de la apertura mental de muchos. Gracias por tus palabras. Muy buen artículo.
Valentina

Oscuro Cruz

Gracias por el articulo ..dios te bendiga
Oscuro Cruz

Narya

Hola Regla Ismaray, me encantó el artículo,solo algo no me gustó, el famoso lenguaje inclusivo. Ahora esta muy de moda, pero el hecho de que se use el género masculino para generalizar no tiene nada que ver con discriminación (soy mujer, te hablo desde la lingüística que es mi profesión) y sí con la evolución del lenguaje. Un poco de estudio de historia de la lengua te muestra como del latín al español las terminaciones fueron acercándose a lo que son hoy y si se usa la “o” final es por un proceso normal del desarrollo de la lengua, por comodidad de los hablantes, en ningún momento por cuestiones discriminatorias.
Por suerte o por desgracia, en ese mismo desarrollo del idioma los hablantes decidieron que el género neutro del latín ya no hacía falta y desapareció casi por completo del español (salvo algunas excepciones) y no de otros romances como el italiano, por ejemplo.
Es lo único que desvirtúa un poco el tema que tratas, por lo demás, excelente.
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