—Doctor, no puedo conciliar el sueño desde que leí en Granma que «La guerra cognitiva no es un epifenómeno, sino el motor principal de una estrategia diseñada para fracturar el alma de la nación».
—¿Hace mucho que lo sufre?
—Desde que lo leí. «La ecuación del caos: guerra cognitiva y asfixia económica» es el título.
—No me refiero al artículo en sí, sino al propio periódico. Por mi consulta han pasado personas que se suscribieron a él y hoy tienen alteraciones profundas de la percepción y la conducta, además de una pérdida de contacto con la realidad. Alucinan pensando en que el país llegará a ser próspero y sostenible en el 2030, tal y como nos prometieron nuestros dirigentes. A estos últimos he tratado, pero no he logrado, traerlos a consulta.
—Le confieso que si no me explica ahora mismo que es un «epifenómeno», el alma se me fracturará.
—Según el diccionario, es un «fenómeno secundario que aparece junto al fenómeno esencial».
—Sigo en las mismas.
—A ver si le hago entender: el fenómeno esencial es que se puede ser pedante, pero no a tal extremo. El periodista de marras padece de delirios, de creencias arraigadas, controladas por fuerzas externas, casi siempre provenientes del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido. Esto le lleva a un aplanamiento afectivo y a un tono de voz monótono que hace que sus lectores se retraigan socialmente y pierdan interés por el entorno.
—¿Lo esencial entonces viene dado cuando expresa: «La estrategia de guerra cognitiva contra Cuba se trata de diseñar narrativas específicas para el ama de casa en La Habana, el joven trabajador del turismo en Varadero o el ingeniero en Holguín»? Quizás mi error fue llegar a ese párrafo, pero me pregunté si Raúl Antonio Capote no se habrá obsesionado en diseñar una narrativa específica para mí, que no hago nada en casa, no soy ingeniero y mucho menos tengo la dicha de trabajar en el turismo.
—Mientras usted se exorciza de esos demonios, buscaré el trabajo en su versión digital. Créame que se me hace interesante como material de estudio para mi doctorado.
—Hágalo, y lea lo siguiente: «Washington, a todo motor, busca sincronizar el intento de colapso energético con la desinformación y la siembra de la duda, en un escenario inédito de presión multidimensional». A mí no hay que sembrarme duda alguna para atisbar en el horizonte el colapso energético. Si estoy informado o desinformado, el apagón me llega de todas formas.
—«Es en esos momentos de máxima fragilidad, mientras el bloqueo energético golpea con cortes eléctricos prolongados y la falta de combustible paraliza el transporte, cuando se activan las campañas de amplificación, entonces la IA convierte la situación en una experiencia sicológica insoportable, multiplicando la percepción del caos». Lo dice el Granma, no yo.
—Ya: cuando la empresa eléctrica amplifica su campaña de apagones y me mete uno de treinta y cinco horas; cuando no puedo dormir porque mi ventilador Órbita no puede con los desorbitados mosquitos; cuando constato que el refrigerador, en su máxima fragilidad, no mantiene ligeramente comible el pedacito de carne que conseguí, todo eso no es el caos en sí y para sí, sino una «percepción» mía.
—Exacto. El problema es usted, que se preocupa demasiado por asuntos como ese. Yo prefiero distraerme con la noticia de que «Un equipo de investigadores de Singapur ha desarrollado un innovador traje de buceo en miniatura que permite a las cucarachas respirar bajo el agua durante tres horas».
—Perdone, doctor, pero eso es intrascendente.
—Si lo publica Juventud Rebelde no. Quizás los del periódico estén pensando en cómo librar a Centro Habana de semejantes bichos, embullándoles a que se sumerjan en el litoral habanero con la confianza de que el equipo de científicos de la Escuela de Ingeniería Mecánica y Aeroespacial de la Universidad Tecnológica de Nanyang no ha trabajado por gusto.
—Raúl Torres menos. Dice el Guille Vilar, para explicar en Granma que el trovador ha hecho composiciones con descomposición, que «Su plena identificación con la historia reciente de las raíces de esta nación no le permite olvidar qué éramos los cubanos antes del triunfo del proceso revolucionario, cuánta sangre ha sido derramada en la lucha contra los tiranos de turno; además de que, durante su estancia por años en el extranjero, pudo conocer de primera mano la falsedad de los cantos de sirena que nos han querido vender». Poco faltó para que concluyera: «Raúl es Raúl».
—Son, como dice Raúl Antonio Capote en el órgano central del Partido, «las municiones de una narrativa que busca la desesperación colectiva». Ambos la estamos padeciendo. Definitivamente nos están epifenomeneando.




