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Foto: Sadiel Mederos.

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“Llegar a vieja” en Cuba: ¿la última carta de la baraja?

A mi madre

Estás lavando la ropa con tus manos,
los trapos sucios,
el día.
Estás lavando la vida de tu madre,
de tus hijas.
Un país, una mancha.
Te vas a morir
y vas a seguir lavando
para que yo me doble con vergüenza
y tu cabeza salte como un niño
sobre mis piernas,
Mamá.

(Damaris Calderón, “Y qué”)

Mi madre solía repetir este dicho, muy común en Cuba, “llegar a viejo es la última carta de la baraja”. Se lamentaba así de una etapa de la vida indeseada, percibida negativamente por quienes arriban a ella y por el resto de la sociedad. Ya sea por los crecientes achaques de salud, por la pérdida de autonomía económica, por la soledad o el abandono, muchas personas mayores se representan la vejez como pérdida o mayor dependencia. Es una etapa en la cual se intensifican las necesidades de cuidado que, aunque son vistas como un recurso para proteger a las personas mayores, pueden ser consideradas como una forma de desvalorizar a estas personas por su edad.

Mi madre ha pasado su vida cuidando de otros. Cuidó primero de su padre enfermo, mientras se afanaba con la crianza de sus tres hijos. La recuerdo, desesperada, buscando un asilo —como se le llama en Cuba a las instituciones de cuidado de larga duración— para mi abuelo. En mi memoria me veo acompañándola de pequeña en alguno de esos trámites. Mi madre tenía que seguir trabajando fuera de casa y no hallaba la forma de poder conciliar todas aquellas obligaciones de cuidado con los horarios, responsabilidades laborales y deficitarias condiciones materiales. La salud de mi abuelo empeoraba y era un peligro dejarlo solo en casa, se escapaba en ocasiones; después apenas podía caminar. Nunca llegó el cupo para el asilo y mi abuelo falleció en casa. Parecía superada la etapa más difícil para mi madre. Los hijos más grandes, los padres fallecidos. En sus últimos años laborales y ya entrando en la jubilación le tocó cuidar de su hermano mayor enfermo. Cuidó de mi tío hasta el fin de sus días en su casa, sin apoyos de programas gubernamentales que aliviaran su carga.

Foto: Sadiel Mederos.

Foto: Sadiel Mederos.

Pero estas letras no van de la historia de mi madre. Solo la esbozo como referencia cercana de lo que hoy constituyen muchas de las trayectorias de vida de mujeres cubanas al llegar a la vejez. Muchas de ellas han tenido que abandonar o interrumpir su vida laboral para hacerse cargo del cuidado de sus hijos, esposos o familiares y una vez que llegan a la vejez deben continuar ocupándose del cuidado de otros. Sabemos que el cuidado ha sido asignado cultural e históricamente a las mujeres, al naturalizarse esta responsabilidad social como algo consustancial a lo femenino. El asunto está en que uno de los tantos problemas que se derivan de esta naturalización es que genera ciertas desventajas para las mujeres, acumuladas a lo largo de los ciclos de la vida y que se manifiestan con más fuerza en la vejez. ¿Qué implica entonces envejecer como mujer en Cuba? ¿Por qué es relevante que hablemos de la vejez y las mujeres? ¿Cuánto importan los cuidados en esta etapa de la vida?

Cuba es un país envejecido, uno de los más envejecidos de América Latina (el 20 % de su población tiene más de 65 años) y las mujeres son mayoría entre las personas mayores (53,4 % de mujeres frente a 46,6 % de hombres). El proceso de envejecimiento en Cuba está feminizado (Acosta, 2021).(1)

Las mujeres en Cuba viven más, sí, pero generalmente en peores condiciones. Esta mayor sobrevivencia no significa mejor calidad de vida, ni en términos económicos ni de salud. Están más expuestas a situaciones de exclusión, pues las brechas de ingresos entre géneros aumentan con la vejez.

La siguiente reflexión se propone mostrar algunas de estas desigualdades y desventajas que experimentan las mujeres cubanas en la vejez, usando para ello los datos de la última Encuesta Nacional de Envejecimiento Poblacional 2017, publicados por la ONEI en 2019.

Foto: Sadiel Mederos.

Foto: Sadiel Mederos.

Viven más pero peor

Las mujeres cubanas tienen una mayor esperanza de vida que los hombres (80,45 años frente a 76,50 de los hombres) (ONEI, 2017). La mayor esperanza de vida femenina explica la alta presencia de mujeres viudas en el grupo de edad más avanzada. Otro indicador relevante es el estado conyugal que también presenta un importante diferencial por sexo. Aunque la mayoría de las personas mayores se encuentra casada o unida (58,1 %), las mujeres son mayoría (69,7 %) en quienes se encuentran sin pareja (ONEI, 2019).

En cuanto a los patrones de residencia, las mujeres son mayoría (57 %) dentro del grupo de personas mayores que viven solas. Este grupo ha ido creciendo en la última década, lo cual constata un preocupante aumento de los hogares unipersonales de personas mayores, pasando de representar el 12,6 % en 2012, según el Censo, a un 17,4 % en la última encuesta ENEP (ONEI, 2019). Este grupo presenta condiciones de mayor vulnerabilidad, en la medida en que la gran mayoría (82,3 %) cuenta solo con ingresos personales devenidos del trabajo o la jubilación, sin otra fuente de ingreso adicional. Un porcentaje significativo requiere de apoyos, al considerar que además de las necesidades económicas derivadas de los ingresos insuficientes, se toma en cuenta que el 21,1 % nunca tuvo hijos, el 6,5 % tiene necesidades especiales (requieren el auxilio de otra persona para realizar actividades) y el 1,8 % requiere cuidado continuo.

Entre quienes tuvieron hijos, cerca de la mitad no convive con ellos (47,8 %) (ONEI, 2011). Estos datos debieran poner en alerta sobre el posible incremento de los sentimientos de soledad y tristeza para este grupo, puesto que se sabe que la pérdida o carencia de vínculos afectivos y de cuidado, tan importantes durante la vejez, está de algún modo vinculado a ellos. La situación, de no atenderse adecuadamente, termina por afectar la salud mental y el bienestar emocional de las personas mayores. Existe además un importante diferencial de género en cuanto a la jefatura de hogar. Si bien la mayoría de las personas mayores son jefes de hogar (65,8 %), se registra una tasa de jefatura femenina de 57,5 %.

Foto: Sadiel Mederos.

Foto: Sadiel Mederos.

Malestar económico y deficitaria protección social

Al llegar a la vejez, las mujeres que continúan en el mercado laboral lo siguen haciendo en condiciones desiguales. Los datos muestran que los hombres mayores doblan la participación laboral de las mujeres (60,3 % vs. 29,9 %). Si miramos la trayectoria laboral, se repiten las diferencias significativas por sexos, al quedar representadas las mujeres que alguna vez trabajaron remuneradamente en proporciones muy inferiores (ONEI, 2011).

En Cuba, la mayoría de las personas mayores salió del empleo antes de cumplir con los requisitos para acceder a los beneficios de la seguridad social (64,5 %) y esto constituye una práctica más frecuente entre mujeres. Por su parte, existe un porcentaje significativo del total de mujeres que están fuera de la edad laboral y que alguna vez aportaron económicamente (21,6 %), que no figuran en el mercado laboral ni cuentan con jubilación.

Por otro lado, una parte de las personas, que sale de la edad laboral y obtiene el beneficio de la jubilación, decide reincorporarse al trabajo. Esta decisión es tomada fundamentalmente por los hombres, quienes manifiestan mayor tendencia a trabajar fuera del hogar hasta edades más avanzadas (16,1 % del total de hombres jubilados se encontraba trabajando en el momento de la encuesta frente al 7,5 % de las mujeres jubiladas). Encontrarse en la categoría Jubilado que trabaja, según la legislación laboral vigente, implica un beneficio en términos de ingreso para la mayoría de los adultos mayores con esta condición. No quiere decir que las mujeres no sigan trabajando, pero fundamentalmente ello ocurre en el ámbito doméstico familiar, donde realizan labores de cuidado no formalmente reconocidas como trabajo, ni remuneradas.

En términos de ingresos, según la ENEP-2017, un alto porcentaje de las personas mayores de 60 años en Cuba perciben algún tipo de ingresos (89,4 %). Las fuentes de ingreso principales son el salario y las pensiones de la seguridad y asistencia social, básicamente la jubilación. Pero las mujeres, aun al encontrarse dentro de la edad laboral, cuentan con menos ingresos monetarios. Son los hombres mayores los que tienden a disponer de mayor cantidad y diversidad de fuentes de ingreso mensuales. Sin embargo, los ingresos que se reciben por concepto de “ayuda de familiares residentes en Cuba o en el exterior” (2) —que constituyen la tercera fuente de ingresos que reciben alrededor de 10 de cada 100 personas mayores en la isla— benefician más a las mujeres mayores que a los hombres. Para las mujeres, la jubilación o pensión y la ayuda de familiares residentes dentro o fuera del país son las principales fuentes de ingreso, mientras que para los hombres el ingreso proviene fundamentalmente de la Jubilación o pensión, del salario y estímulo y del trabajo por cuenta propia (TCP).

Foto: Sadiel Mederos.

Foto: Sadiel Mederos.

La situación de desventaja económica que presentan las mujeres al llegar a la vejez está fuertemente asociada al tipo de trabajo al que accedieron a lo largo de toda su vida, muchas veces caracterizado por ser un trabajo no pagado, como el de cuidados, o mal pagado, de tiempo parcial, frecuentemente interrumpido o desempeñado en la economía informal. El efecto acumulativo de la discriminación de género incide directamente en que muchas mujeres mayores pasan sus últimos años de vida con dificultades para cubrir sus necesidades básicas.

La protección social en Cuba alcanza al 68,5 % de las personas de 60 años y más y al 78,7 % entre los de 65 y más, quienes reciben pensiones a través de los regímenes de seguridad y asistencia social. Sin embargo, cerca de la mitad de las personas mayores encuestadas en la última medición de la ENEP manifiesta temor sobre la disponibilidad de recursos económicos en el futuro o por el hecho de que únicamente podrán disponer de la jubilación/pensión (66,2 %) (ONEI, 2019). La mayoría considera que sus ingresos no alcanzan para cubrir sus necesidades principales, siendo las mujeres las más afectadas (40 % de las mujeres y el 37,3 % de los hombres) y aquellos que solo disponen de la jubilación o pensión para cubrir sus necesidades básicas. Una abrumadora mayoría (70 %) percibe que tiene privaciones y carencias.

Foto: Sadiel Mederos.

Foto: Sadiel Mederos.

Seguir cuidando en la vejez

Muchas mujeres mayores durante su vejez son un significativo sustento de sus núcleos familiares, en términos de cuidados materiales y emocionales, y también monetarios. No es de extrañar que los dos pilares en la provisión de cuidados sean el trabajo no remunerado de las mujeres y el empleo de hogar. Los datos evidencian las persistentes desigualdades de género en la provisión y recepción de cuidados por parte de personas mayores en Cuba.

Las mujeres mayores cubanas destacan ayudando en el cuidado de los niños, de personas enfermas o en los quehaceres del hogar, mientras que los hombres que participan lo hacen ayudando fundamentalmente con la obtención de la comida. Existe, no obstante, un 20 % de personas mayores que declara no recibir ayuda de familiares o corresidentes. En este porcentaje tiene una gran influencia el fenómeno migratorio en Cuba. Téngase en cuenta que el 7 % de las de las personas mayores en Cuba tiene a todos sus hijos viviendo fuera de Cuba y el 3 % —unas 70.300 personas de 60 y más— tiene a todos sus hijos y a todos sus nietos residiendo fuera del país (ONEI, 2019).

Seguir cuidando en la vejez no tiene las mismas repercusiones en términos de salud para hombres y mujeres. A medida que las poblaciones envejecen, se produce un aumento en la proporción de enfermedades crónicas que padece la población, lo que afecta particularmente a las mujeres. Registran más enfermedades degenerativas, como la demencia, el Alzheimer y la osteoporosis, y otras crónicas, como la diabetes y los padecimientos isquémicos y cardiovasculares (Fleitas, 2014).

Estas peores condiciones de salud están relacionadas con la mayor carga de cuidado que las mujeres cubanas sostienen a lo largo de su vida, en condiciones materiales bastante precarias y sin mayores apoyos del Estado o la familia. En otras palabras, la falta de tiempo y la sobrecarga de roles que padecen las mujeres cuidadoras en las edades de 50 años y más son determinantes directas de los problemas de salud que experimentan (Fleitas, 2014).

El cuidado de personas dependientes y las razones familiares siguen siendo un impedimento para la participación de las mujeres mayores en otras actividades. Esto se mezcla con una autopercepción negativa de la vejez. La frase que solía repetir mi madre: llegar a viejo como la última carta de la baraja. No sentirse con fuerza o pensar que no hay nada que se pueda o sepa hacer, junto con la falta de interés o deseos, parecen actuar como inhibidores de nuevos proyectos de vida entre las mujeres mayores cubanas.

Foto: Sadiel Mederos.

Foto: Sadiel Mederos.

Notas:

(1) Parte de las reflexiones y datos de este texto están basados en un capítulo de la autora titulado: “Radiografía del envejecimiento poblacional en Cuba: desigualdades acumuladas y nuevas vulnerabilidades”, a publicarse en 2021 en el libro Crisis de cuidados y políticas de bienestar en Cuba, Editorial Universidad Sergio Arboleda y Cuban Research Institute, FIU.

(2) Este dato requiere ser tomado con cautela puesto que, si se captara con una frecuencia de tiempo más amplia, las proporciones cambiarían, ya que las remesas y otras ayudas no necesariamente tienen un carácter mensual.

***

Referencias bibliográficas:

Acosta, E. (2021, en edición). Radiografía del envejecimiento poblacional en Cuba: desigualdades acumuladas y nuevas vulnerabilidades. En E. Acosta (Ed.), Crisis de cuidados y políticas de bienestar en Cuba. Editorial Universidad Sergio Arboleda y Cuban Research Institute, FIU.

Fleitas, R. (2014). El discurso invisible del envejecimiento: El dilema de género. Revista electrónica “Antropológicas”, Universidad de La Habana.

ONEI. (2017). El envejecimiento de la población cubana 2016. Centro de Estudios de Población y Desarrollo, La Habana.

ONEI. (2019). Encuesta Nacional de Envejecimiento de la Población (ENEP-2017). Informe de Resultados, La Habana.

***

 

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Sigue este link para ver más en MATRIA.

Elaine Acosta
Socióloga, investigadora asociada al Cuban Research Institute de Florida International University. Doctora en Estudios Internacionales e Interculturales por la Universidad de Deusto, Bilbao, España. Investigo sobre el trabajo de cuidado, el envejecimiento, las migraciones internacionales y las políticas de bienestar.
elaineacosta

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José Román

En Cuba nada más ? Ve a un asilo en USA. O a Africa. O a Amèrica Latina. Arriba.
José Román

Elaine

Hay muchas situaciones en torno a la vejez que Cuba comparte con otros países, especialmente de la región. Tengo un libro que analiza el problema comparativamente con 2 países de América Latina. Pero en este artículo estamos analizando concretamente la situación de las mujeres en Cuba. Creo que no hace falta ir a ningún otro lado para dar cuenta de ello.

José Román

Si, si te hace falta ir a unos cuantos lados. Para empezar, a un asilo en Cuba y escriba. Arriba. Y de paso trate de que Periodismo de B. levante que anda muy decaìdo.
José Román
Elaine

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Te vas a morir
y vas a seguir lavando
para que yo me doble con vergüenza
y tu cabeza salte como un niño
sobre mis piernas,
Mamá.

(Damaris Calderón, “Y qué”)

Mi madre solía repetir este dicho, muy común en Cuba, “llegar a viejo es la última carta de la baraja”. Se lamentaba así de una etapa de la vida indeseada, percibida negativamente por quienes arriban a ella y por el resto de la sociedad. Ya sea por los crecientes achaques de salud, por la pérdida de autonomía económica, por la soledad o el abandono, muchas personas mayores se representan la vejez como pérdida o mayor dependencia. Es una etapa en la cual se intensifican las necesidades de cuidado que, aunque son vistas como un recurso para proteger a las personas mayores, pueden ser consideradas como una forma de desvalorizar a estas personas por su edad.

Mi madre ha pasado su vida cuidando de otros. Cuidó primero de su padre enfermo, mientras se afanaba con la crianza de sus tres hijos. La recuerdo, desesperada, buscando un asilo —como se le llama en Cuba a las instituciones de cuidado de larga duración— para mi abuelo. En mi memoria me veo acompañándola de pequeña en alguno de esos trámites. Mi madre tenía que seguir trabajando fuera de casa y no hallaba la forma de poder conciliar todas aquellas obligaciones de cuidado con los horarios, responsabilidades laborales y deficitarias condiciones materiales. La salud de mi abuelo empeoraba y era un peligro dejarlo solo en casa, se escapaba en ocasiones; después apenas podía caminar. Nunca llegó el cupo para el asilo y mi abuelo falleció en casa. Parecía superada la etapa más difícil para mi madre. Los hijos más grandes, los padres fallecidos. En sus últimos años laborales y ya entrando en la jubilación le tocó cuidar de su hermano mayor enfermo. Cuidó de mi tío hasta el fin de sus días en su casa, sin apoyos de programas gubernamentales que aliviaran su carga.

Foto: Sadiel Mederos.

Foto: Sadiel Mederos.

Pero estas letras no van de la historia de mi madre. Solo la esbozo como referencia cercana de lo que hoy constituyen muchas de las trayectorias de vida de mujeres cubanas al llegar a la vejez. Muchas de ellas han tenido que abandonar o interrumpir su vida laboral para hacerse cargo del cuidado de sus hijos, esposos o familiares y una vez que llegan a la vejez deben continuar ocupándose del cuidado de otros. Sabemos que el cuidado ha sido asignado cultural e históricamente a las mujeres, al naturalizarse esta responsabilidad social como algo consustancial a lo femenino. El asunto está en que uno de los tantos problemas que se derivan de esta naturalización es que genera ciertas desventajas para las mujeres, acumuladas a lo largo de los ciclos de la vida y que se manifiestan con más fuerza en la vejez. ¿Qué implica entonces envejecer como mujer en Cuba? ¿Por qué es relevante que hablemos de la vejez y las mujeres? ¿Cuánto importan los cuidados en esta etapa de la vida?

Cuba es un país envejecido, uno de los más envejecidos de América Latina (el 20 % de su población tiene más de 65 años) y las mujeres son mayoría entre las personas mayores (53,4 % de mujeres frente a 46,6 % de hombres). El proceso de envejecimiento en Cuba está feminizado (Acosta, 2021).(1)

Las mujeres en Cuba viven más, sí, pero generalmente en peores condiciones. Esta mayor sobrevivencia no significa mejor calidad de vida, ni en términos económicos ni de salud. Están más expuestas a situaciones de exclusión, pues las brechas de ingresos entre géneros aumentan con la vejez.

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En cuanto a los patrones de residencia, las mujeres son mayoría (57 %) dentro del grupo de personas mayores que viven solas. Este grupo ha ido creciendo en la última década, lo cual constata un preocupante aumento de los hogares unipersonales de personas mayores, pasando de representar el 12,6 % en 2012, según el Censo, a un 17,4 % en la última encuesta ENEP (ONEI, 2019). Este grupo presenta condiciones de mayor vulnerabilidad, en la medida en que la gran mayoría (82,3 %) cuenta solo con ingresos personales devenidos del trabajo o la jubilación, sin otra fuente de ingreso adicional. Un porcentaje significativo requiere de apoyos, al considerar que además de las necesidades económicas derivadas de los ingresos insuficientes, se toma en cuenta que el 21,1 % nunca tuvo hijos, el 6,5 % tiene necesidades especiales (requieren el auxilio de otra persona para realizar actividades) y el 1,8 % requiere cuidado continuo.

Entre quienes tuvieron hijos, cerca de la mitad no convive con ellos (47,8 %) (ONEI, 2011). Estos datos debieran poner en alerta sobre el posible incremento de los sentimientos de soledad y tristeza para este grupo, puesto que se sabe que la pérdida o carencia de vínculos afectivos y de cuidado, tan importantes durante la vejez, está de algún modo vinculado a ellos. La situación, de no atenderse adecuadamente, termina por afectar la salud mental y el bienestar emocional de las personas mayores. Existe además un importante diferencial de género en cuanto a la jefatura de hogar. Si bien la mayoría de las personas mayores son jefes de hogar (65,8 %), se registra una tasa de jefatura femenina de 57,5 %.

Foto: Sadiel Mederos.

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Malestar económico y deficitaria protección social

Al llegar a la vejez, las mujeres que continúan en el mercado laboral lo siguen haciendo en condiciones desiguales. Los datos muestran que los hombres mayores doblan la participación laboral de las mujeres (60,3 % vs. 29,9 %). Si miramos la trayectoria laboral, se repiten las diferencias significativas por sexos, al quedar representadas las mujeres que alguna vez trabajaron remuneradamente en proporciones muy inferiores (ONEI, 2011).

En Cuba, la mayoría de las personas mayores salió del empleo antes de cumplir con los requisitos para acceder a los beneficios de la seguridad social (64,5 %) y esto constituye una práctica más frecuente entre mujeres. Por su parte, existe un porcentaje significativo del total de mujeres que están fuera de la edad laboral y que alguna vez aportaron económicamente (21,6 %), que no figuran en el mercado laboral ni cuentan con jubilación.

Por otro lado, una parte de las personas, que sale de la edad laboral y obtiene el beneficio de la jubilación, decide reincorporarse al trabajo. Esta decisión es tomada fundamentalmente por los hombres, quienes manifiestan mayor tendencia a trabajar fuera del hogar hasta edades más avanzadas (16,1 % del total de hombres jubilados se encontraba trabajando en el momento de la encuesta frente al 7,5 % de las mujeres jubiladas). Encontrarse en la categoría Jubilado que trabaja, según la legislación laboral vigente, implica un beneficio en términos de ingreso para la mayoría de los adultos mayores con esta condición. No quiere decir que las mujeres no sigan trabajando, pero fundamentalmente ello ocurre en el ámbito doméstico familiar, donde realizan labores de cuidado no formalmente reconocidas como trabajo, ni remuneradas.

En términos de ingresos, según la ENEP-2017, un alto porcentaje de las personas mayores de 60 años en Cuba perciben algún tipo de ingresos (89,4 %). Las fuentes de ingreso principales son el salario y las pensiones de la seguridad y asistencia social, básicamente la jubilación. Pero las mujeres, aun al encontrarse dentro de la edad laboral, cuentan con menos ingresos monetarios. Son los hombres mayores los que tienden a disponer de mayor cantidad y diversidad de fuentes de ingreso mensuales. Sin embargo, los ingresos que se reciben por concepto de “ayuda de familiares residentes en Cuba o en el exterior” (2) —que constituyen la tercera fuente de ingresos que reciben alrededor de 10 de cada 100 personas mayores en la isla— benefician más a las mujeres mayores que a los hombres. Para las mujeres, la jubilación o pensión y la ayuda de familiares residentes dentro o fuera del país son las principales fuentes de ingreso, mientras que para los hombres el ingreso proviene fundamentalmente de la Jubilación o pensión, del salario y estímulo y del trabajo por cuenta propia (TCP).

Foto: Sadiel Mederos.

Foto: Sadiel Mederos.

La situación de desventaja económica que presentan las mujeres al llegar a la vejez está fuertemente asociada al tipo de trabajo al que accedieron a lo largo de toda su vida, muchas veces caracterizado por ser un trabajo no pagado, como el de cuidados, o mal pagado, de tiempo parcial, frecuentemente interrumpido o desempeñado en la economía informal. El efecto acumulativo de la discriminación de género incide directamente en que muchas mujeres mayores pasan sus últimos años de vida con dificultades para cubrir sus necesidades básicas.

La protección social en Cuba alcanza al 68,5 % de las personas de 60 años y más y al 78,7 % entre los de 65 y más, quienes reciben pensiones a través de los regímenes de seguridad y asistencia social. Sin embargo, cerca de la mitad de las personas mayores encuestadas en la última medición de la ENEP manifiesta temor sobre la disponibilidad de recursos económicos en el futuro o por el hecho de que únicamente podrán disponer de la jubilación/pensión (66,2 %) (ONEI, 2019). La mayoría considera que sus ingresos no alcanzan para cubrir sus necesidades principales, siendo las mujeres las más afectadas (40 % de las mujeres y el 37,3 % de los hombres) y aquellos que solo disponen de la jubilación o pensión para cubrir sus necesidades básicas. Una abrumadora mayoría (70 %) percibe que tiene privaciones y carencias.

Foto: Sadiel Mederos.

Foto: Sadiel Mederos.

Seguir cuidando en la vejez

Muchas mujeres mayores durante su vejez son un significativo sustento de sus núcleos familiares, en términos de cuidados materiales y emocionales, y también monetarios. No es de extrañar que los dos pilares en la provisión de cuidados sean el trabajo no remunerado de las mujeres y el empleo de hogar. Los datos evidencian las persistentes desigualdades de género en la provisión y recepción de cuidados por parte de personas mayores en Cuba.

Las mujeres mayores cubanas destacan ayudando en el cuidado de los niños, de personas enfermas o en los quehaceres del hogar, mientras que los hombres que participan lo hacen ayudando fundamentalmente con la obtención de la comida. Existe, no obstante, un 20 % de personas mayores que declara no recibir ayuda de familiares o corresidentes. En este porcentaje tiene una gran influencia el fenómeno migratorio en Cuba. Téngase en cuenta que el 7 % de las de las personas mayores en Cuba tiene a todos sus hijos viviendo fuera de Cuba y el 3 % —unas 70.300 personas de 60 y más— tiene a todos sus hijos y a todos sus nietos residiendo fuera del país (ONEI, 2019).

Seguir cuidando en la vejez no tiene las mismas repercusiones en términos de salud para hombres y mujeres. A medida que las poblaciones envejecen, se produce un aumento en la proporción de enfermedades crónicas que padece la población, lo que afecta particularmente a las mujeres. Registran más enfermedades degenerativas, como la demencia, el Alzheimer y la osteoporosis, y otras crónicas, como la diabetes y los padecimientos isquémicos y cardiovasculares (Fleitas, 2014).

Estas peores condiciones de salud están relacionadas con la mayor carga de cuidado que las mujeres cubanas sostienen a lo largo de su vida, en condiciones materiales bastante precarias y sin mayores apoyos del Estado o la familia. En otras palabras, la falta de tiempo y la sobrecarga de roles que padecen las mujeres cuidadoras en las edades de 50 años y más son determinantes directas de los problemas de salud que experimentan (Fleitas, 2014).

El cuidado de personas dependientes y las razones familiares siguen siendo un impedimento para la participación de las mujeres mayores en otras actividades. Esto se mezcla con una autopercepción negativa de la vejez. La frase que solía repetir mi madre: llegar a viejo como la última carta de la baraja. No sentirse con fuerza o pensar que no hay nada que se pueda o sepa hacer, junto con la falta de interés o deseos, parecen actuar como inhibidores de nuevos proyectos de vida entre las mujeres mayores cubanas.

Foto: Sadiel Mederos.

Foto: Sadiel Mederos.

Notas:

(1) Parte de las reflexiones y datos de este texto están basados en un capítulo de la autora titulado: “Radiografía del envejecimiento poblacional en Cuba: desigualdades acumuladas y nuevas vulnerabilidades”, a publicarse en 2021 en el libro Crisis de cuidados y políticas de bienestar en Cuba, Editorial Universidad Sergio Arboleda y Cuban Research Institute, FIU.

(2) Este dato requiere ser tomado con cautela puesto que, si se captara con una frecuencia de tiempo más amplia, las proporciones cambiarían, ya que las remesas y otras ayudas no necesariamente tienen un carácter mensual.

***

Referencias bibliográficas:

Acosta, E. (2021, en edición). Radiografía del envejecimiento poblacional en Cuba: desigualdades acumuladas y nuevas vulnerabilidades. En E. Acosta (Ed.), Crisis de cuidados y políticas de bienestar en Cuba. Editorial Universidad Sergio Arboleda y Cuban Research Institute, FIU.

Fleitas, R. (2014). El discurso invisible del envejecimiento: El dilema de género. Revista electrónica “Antropológicas”, Universidad de La Habana.

ONEI. (2017). El envejecimiento de la población cubana 2016. Centro de Estudios de Población y Desarrollo, La Habana.

ONEI. (2019). Encuesta Nacional de Envejecimiento de la Población (ENEP-2017). Informe de Resultados, La Habana.

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José Román

En Cuba nada más ? Ve a un asilo en USA. O a Africa. O a Amèrica Latina. Arriba.
José Román

Elaine

Hay muchas situaciones en torno a la vejez que Cuba comparte con otros países, especialmente de la región. Tengo un libro que analiza el problema comparativamente con 2 países de América Latina. Pero en este artículo estamos analizando concretamente la situación de las mujeres en Cuba. Creo que no hace falta ir a ningún otro lado para dar cuenta de ello.

José Román

Si, si te hace falta ir a unos cuantos lados. Para empezar, a un asilo en Cuba y escriba. Arriba. Y de paso trate de que Periodismo de B. levante que anda muy decaìdo.
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