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Los miedos

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Los miedos

Sin duda alguna, el legado más importante en política exterior del presidente cubano Raúl Castro ha sido el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Ha pasado tanto entre los dos países: peligros de cataclismo nuclear, invasiones, bombas, y luego, la más fría de las guerras instaurando un sistema de sanciones sin parangón.

Yo crecí en un país así, donde era el enemigo más grande del mundo, pero a la vez, en el barrio, era una gran novedad cuando venía un familiar de ese mismo país, que de pronto se tornaba en algo distinto, el país de origen de regalos. Era un mismo lugar, con dos caras completamente opuestas.

De pronto amanecimos el 17 de diciembre de 2014 y mucho cambió. A mí me tocó estar, por esas casualidades de la vida, del otro lado del estrecho, y allí vi pesar de algunos, pero sobre todo alegría. Y lloramos de emoción por ver a tres hombres volver a su país, y también de sorpresa, como quien vive un sueño imposible, al ver al presidente Obama diciendo que lo anterior no funcionaba, y ahora borrón y cuenta nueva, si es que eso es posible.

Dicen que los americanos vienen, y me pregunto si ya no están aquí, y no fueron parte de mi infancia, y de mí misma

Ha pasado un año y medio con titulares que nosotros disfrutamos presenciar, aunque después de ellos la vida fue igual. Ondea la bandera cubana en Washington; los estadounidenses pueden viajar siempre que digan que no son turistas; podemos utilizar dólares –pero no–; el presidente Obama visita La Habana.

Se ha dicho tanto de todo esto –incluyéndome a mí– que no atiborro con más. La verdad, para la mayoría de los cubanos, el cuartico está igualito, porque el cambio que se espera ha de ser endógeno, y ese lleva tiempo, pero, por suerte, no viene con el Air Force 1.

Sin embargo, ahora algunos que compraron el pescado le cogieron miedo a los ojos. Y no contamos demasiado de Obama, o construimos una realidad en la que pensamos que podemos darle bajo perfil a la maquinaria de marketing político más poderosa del mundo.

Tener vínculos diplomáticos con Rusia, Arabia Saudita, o Perú no nos hace rusos, ni saudíes, ni peruanos.  Ya sé que hay una larga historia de dominación que hubo que romper de raíz, y ahora empezamos a construir desde cero, y anunciamos, con bombos y platillos, que podemos enviarnos cartas de manera directa, en tiempos de Internet.

Pero hay unos miedos hiperbolizados, excesivos, que aunque tengan muchas razones históricas para fundamentarlos, en el fondo dan cuenta de la asunción de una debilidad, que yo no creo que exista.

Yo nací en 1987. Por suerte no me acuerdo de la bonanza de los años dorados de la relación con el bloque comunista. Desde que tengo memoria ya no hay muchas cosas. Crecí viendo muñequitos rusos, polacos y muchos, aprendidos de memoria, americanos. Aprendí del medio ambiente con El Capitán Planeta –¿se acuerdan?– y mi aprendizaje del inglés se convirtió en un motivo de entretenimiento con los Backstreet Boys. Veía todas las películas estadounidenses del mundo. Y no por eso fui menos cubana, ni lloré menos cuando regresó Elián, o cuando murió Hugo Chávez. Ah! También tenía a Elpidio Valdés, Matojo, Moneda Dura y Carlos Varela.

Capitan-Planeta.jpg

Dicen que los americanos vienen, y me pregunto si ya no están aquí, y no fueron parte de mi infancia, y de mí misma.

Ahora nos visitan, y nos ofrecen cuanto tienen. Ellos coinciden con algunos que por esta esquina tienen miedo al creer que somos así de débiles, que porque Shaquille O´Neal venga y juegue con niños en el parque de 23 y B nos debilita. ¿Sí? Yo entrevisté a Juantorena, y me pareció el tipo más espectacular del mundo. Como lo es el gigante de la NBA, pero creer que su presencia es una estrategia para deteriorar nuestros símbolos es botar el sofá por la ventana.

El problema no es Robert de Niro en La Guarida, ni Rápido y Furioso –aunque ahí hay tela por dónde cortar–, ni los Rolling Stones llenando la Ciudad Deportiva, ni siquiera Chanel en La Habana.

No lo dude nadie: son la industria cultural más poderosa del mundo, y también han estado aquí, y han formado parte de las nuevas generaciones. Pero no ahora, han estado siempre, y por eso, yo, una más de esta generación, presencio todo esto como una paranoia exagerada.

No es que no esté preocupada, me preocupan otras cosas. Me preocupa que el debilitamiento de nuestros símbolos no proviene de la superposición de otros, sino de que nosotros mismos los dejamos debilitar. Hay innumerables causas para ello, y aquí no los atormentaré con ellas.

Extraño a los Papaloteros, la mejor manera de explicar que la sociedad que teníamos antes de 1959 ha de evitarse de todas las formas posibles; extraño al Tavo, cuando los policías hablaban y actuaban como todos los cubanos; extraño las historias de nuestros líderes, las de todos los que hacen bien, conocidas públicamente.

El problema es cómo contamos la historia de nosotros mismos, la de todos. Y también sobre cómo la dejamos de contar. De eso se trata.

Cristina Escobar
Periodista de la Televisión Cubana.
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Jorge

Cuba jamas se recupero de la crisis economica de los 90’s al punto que actualmente se refieren a la carencia en la que se vivio antes de la caida del Comunismo de Europa Oriental “bonanza de los años dorados de la relación con el bloque comunista.”
Jorge

Julio parra

Tiene muy Buena facilidad para escribri..y lo haces muy buen,yo soy amigo de Alina y la ultima vez que te vi eras una Nina…Como pasa El tiempo
Julio parra

Mil.t

Tambien deberias escribir que como periodista cambiaste de palo para rumba, antes tenias el discurso mas extremista y ahora escribes esto, deberias revisar tus videos de hace años para aca
Mil.t

Eliécer Ávila

Primero los saludo a todos, en especial a Cristina, que no me ha querido aceptar en FB 😉

Considero que es muy válido su punto, al margen de algunas líneas con las que seguramente tendremos distintos criterios, creo que la interacción con otras culturas no debilita sino fortalece, actualiza y potencia lo propio. Por ejemplo, en Cuba muchos intelectuales afines al gobierno (porque existen otros) hablan de una “aplanadora cultural” que viene desde EEUU a pasarnos por arriba, pero yo he tratado de indagar a cerca de cuál es la cultura “americana” y me cuesta mucho trabajo identificarla o aislarla de otras como para darle un carácter “original y demoledor”. Digo esto porque los propios Estados Unidos son una mezcla bastante nutrida de emigrantes. En sus ciudades (y esto Cristina lo sabe) te puedes encontrar con barrios, negocios, clubes culturales, ferias, comidas y representaciones de todo tipo de culturas, americanas, asiáticas, europeas, árabes, africanas etc… No me puedo imaginar qué fueran los EEUU sin toda esa mezcla, o mas bien, toda esa presencia (pues no todos son dados a mezclarse). En el caso de Cuba ni siquiera estamos hablando de recibir una inmigración masiva de Americanos, ni de ninguna otra parte del mundo (que por cierto, si para relaciones y visitantes estamos tan blindados, quisiera ver que pasa si llegan 10 000 haitianos, cuantos Trump?? ;-)) Volviendo al tema, aquí no va a venir ningún americano a buscar McDonals, al contrario, se abrirá un amplio mercado para nuestros productos autóctonos de todo tipo, y eso representará una verdadera oportunidad para reparar patrimonios, hacer investigaciones, rescatar bailes y tradiciones etc… en fin, el 95% de “El miedo”, no es verdaderamente a “la otra cultura” sino a que se descubra que a nosotros también nos gusta disfrutar de avances, derechos y libertades que los americanos, para algunos, “representan”. No para mi, porque yo las necesitaba antes de conocerlos…

Mis mas sinceros respetos.
E.

Eliécer Ávila

Carlos

Coincido en varios aspectos con Cristina. Pero creo que la debilidad de nuestra cultura no tanta como dice, ni creo que por entrar en Cuba la McDonald se deje de comer cerdo asado. El problema es el como se hace. En ese punto la responsabilidad recae en el que tiene el poder de decidir, el gobierno. Ellos son los que dictan las leyes y las aplican, incluso, los que las dejan de aplicar cuando asi le dicta la conveniencia. Me explico, si quieren que la cultura cubana sobresalga ante la inversion extranjera deberian dar paso a la iniciativa privada, que el pregonero siga con su carretilla vendiendo aguacate, que el taxista siga poniendo sus reglas, que las paladares se fortalezcan para cuando llegue la mayor inversion extranjera puedan competir, imponiendo impuestos mas altos a la inversion extranjera que a los cubanos. Siempre ha sifo el impuesto la herramienta fundamental para gobernar. Ahora, la forma en que se gobierna en Cuba da prioridad al extranjero e impone reglas que asfixia al emprendedor nacional. Eso es en mi modesta opinion algo muy incorrecto. No se quiere que el cubano tenga poder economico, dicho por el propio Raúl en un discurso donde manifesto que lo que gane el privado este acorde al salario promedio del pais. Eso es absurdo, el privado trabaja mucho mas y elimina las perdidas monumentales de las empresas estatales, pues si, la mayor parte de la micrieconomia es perdida, pero desde que lo convierten en privado como arte de magia da ganancias pues pagan impuestos. Asi que defender la cultura nacional no es ahogar al cubano, todo lo contrario, es darle un ambiente donde pueda desarrollarse. Eso no se hace en el socialismo pues va en contra de sus principios, asi solo les queda de una, acabar de darle las riendas al pueblo que sera capaz de levantar lo que se ha perdido en tantos años de politicas erroneas y malas administraciones.
Carlos

Iva

Pues yo que nací y vivi por 40 años en el mismo país que el suyo, considero que los EEUU no eran los enemigos que nos pintaron. Por tanto no hay nada que temer, mientras el gobierno cubano se abra a la Democracia.
Iva

Julio

Saludos a la escritora de esre articulo. Yo tambien naci en esa sociedad de la que hablas. Precisamente elos años 90′. Conoci cada uno de los personajes de la television, tanto infatiles como para jovenes, de los que mencionas anteriormente. Cuando comence el 5to grado me converti en un lector apasionado de la historia Antigua de Cuba y tambien de la del “dia a dia”. Lamento mucho haber creido todo cuanto leia, aclaro todo en cuanto a Cuba me apasiona. Creia que los lideres del pais sabian lo que decian. Tambien creia en que el pais iba en la direccion que los lideres del mismo decian. Triste realidad, para un joven, chocar con una realidad totalmente opuesta. Ciertos gobernates, todos sabemos quienes, dañaron la propia historia de Cuba. Cuando las olas de chinos y Caribeños llegaron a Cuba en tiempos pasados, Cuba no dejo ni perdio sus valores, tradiciones, en fin su cultura. Ese nunca ha sido el verdadero temor. El temor mas grande es ver como la Revolucion dirigida en principio por Fidel Castro, poco a poco iria, como es en la actualidad, perdiendo su valor e importancia antes los jovenes, “pinos nuevos”, y ese relevo al partido (PCC) que nunca llegaria. Mis mas sinceros respetos. Gracias por este articulo.
Julio

Heydel

El problema lo mencionas desde el principio: compraron pescado y le cogieron miedo a la cabeza. Alguien “por allá arriba” se ha repetido tanto el cuento de la invencibilidad e inmortalidad de la “revolución” que nunca, hasta ahora, se habían puesto a pensar en la fragilidad de ese cuento que solo se sustenta en la retórica. No tiene bases solidas,y de ahí el miedo, el miedo a que todo se les desmorone de un plumazo. Rápido, rápido!! Debemos inventarnos un lobo nuevo, pues sin el miedo a este, cómo mantendremos el poder?

Todos crecimos con la película del sábado, la música “extranjerizante” y los tíos con regalos “del norte”, mientras la TV gritaba a todas horas “Ahí viene el lobo!”. Ahora que ya no hay lobo, solo nos queda la película del sábado, la música “extranjerizante” y un sin número de tíos “del norte”, que están locos por llenarnos de regalos. Por qué y a quién le asusta tanto la cabeza del pescado que mando a comprar? A Fidel nunca le gusto el tema de reanudar relaciones, eso siempre lo dejo claro. Sin el enemigo ese cuento no se sustenta, el genio ya no va a volver a la botella.

Heydel

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Sin duda alguna, el legado más importante en política exterior del presidente cubano Raúl Castro ha sido el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Ha pasado tanto entre los dos países: peligros de cataclismo nuclear, invasiones, bombas, y luego, la más fría de las guerras instaurando un sistema de sanciones sin parangón.

Yo crecí en un país así, donde era el enemigo más grande del mundo, pero a la vez, en el barrio, era una gran novedad cuando venía un familiar de ese mismo país, que de pronto se tornaba en algo distinto, el país de origen de regalos. Era un mismo lugar, con dos caras completamente opuestas.

De pronto amanecimos el 17 de diciembre de 2014 y mucho cambió. A mí me tocó estar, por esas casualidades de la vida, del otro lado del estrecho, y allí vi pesar de algunos, pero sobre todo alegría. Y lloramos de emoción por ver a tres hombres volver a su país, y también de sorpresa, como quien vive un sueño imposible, al ver al presidente Obama diciendo que lo anterior no funcionaba, y ahora borrón y cuenta nueva, si es que eso es posible.

Dicen que los americanos vienen, y me pregunto si ya no están aquí, y no fueron parte de mi infancia, y de mí misma

Ha pasado un año y medio con titulares que nosotros disfrutamos presenciar, aunque después de ellos la vida fue igual. Ondea la bandera cubana en Washington; los estadounidenses pueden viajar siempre que digan que no son turistas; podemos utilizar dólares –pero no–; el presidente Obama visita La Habana.

Se ha dicho tanto de todo esto –incluyéndome a mí– que no atiborro con más. La verdad, para la mayoría de los cubanos, el cuartico está igualito, porque el cambio que se espera ha de ser endógeno, y ese lleva tiempo, pero, por suerte, no viene con el Air Force 1.

Sin embargo, ahora algunos que compraron el pescado le cogieron miedo a los ojos. Y no contamos demasiado de Obama, o construimos una realidad en la que pensamos que podemos darle bajo perfil a la maquinaria de marketing político más poderosa del mundo.

Tener vínculos diplomáticos con Rusia, Arabia Saudita, o Perú no nos hace rusos, ni saudíes, ni peruanos.  Ya sé que hay una larga historia de dominación que hubo que romper de raíz, y ahora empezamos a construir desde cero, y anunciamos, con bombos y platillos, que podemos enviarnos cartas de manera directa, en tiempos de Internet.

Pero hay unos miedos hiperbolizados, excesivos, que aunque tengan muchas razones históricas para fundamentarlos, en el fondo dan cuenta de la asunción de una debilidad, que yo no creo que exista.

Yo nací en 1987. Por suerte no me acuerdo de la bonanza de los años dorados de la relación con el bloque comunista. Desde que tengo memoria ya no hay muchas cosas. Crecí viendo muñequitos rusos, polacos y muchos, aprendidos de memoria, americanos. Aprendí del medio ambiente con El Capitán Planeta –¿se acuerdan?– y mi aprendizaje del inglés se convirtió en un motivo de entretenimiento con los Backstreet Boys. Veía todas las películas estadounidenses del mundo. Y no por eso fui menos cubana, ni lloré menos cuando regresó Elián, o cuando murió Hugo Chávez. Ah! También tenía a Elpidio Valdés, Matojo, Moneda Dura y Carlos Varela.

Capitan-Planeta.jpg

Dicen que los americanos vienen, y me pregunto si ya no están aquí, y no fueron parte de mi infancia, y de mí misma.

Ahora nos visitan, y nos ofrecen cuanto tienen. Ellos coinciden con algunos que por esta esquina tienen miedo al creer que somos así de débiles, que porque Shaquille O´Neal venga y juegue con niños en el parque de 23 y B nos debilita. ¿Sí? Yo entrevisté a Juantorena, y me pareció el tipo más espectacular del mundo. Como lo es el gigante de la NBA, pero creer que su presencia es una estrategia para deteriorar nuestros símbolos es botar el sofá por la ventana.

El problema no es Robert de Niro en La Guarida, ni Rápido y Furioso –aunque ahí hay tela por dónde cortar–, ni los Rolling Stones llenando la Ciudad Deportiva, ni siquiera Chanel en La Habana.

No lo dude nadie: son la industria cultural más poderosa del mundo, y también han estado aquí, y han formado parte de las nuevas generaciones. Pero no ahora, han estado siempre, y por eso, yo, una más de esta generación, presencio todo esto como una paranoia exagerada.

No es que no esté preocupada, me preocupan otras cosas. Me preocupa que el debilitamiento de nuestros símbolos no proviene de la superposición de otros, sino de que nosotros mismos los dejamos debilitar. Hay innumerables causas para ello, y aquí no los atormentaré con ellas.

Extraño a los Papaloteros, la mejor manera de explicar que la sociedad que teníamos antes de 1959 ha de evitarse de todas las formas posibles; extraño al Tavo, cuando los policías hablaban y actuaban como todos los cubanos; extraño las historias de nuestros líderes, las de todos los que hacen bien, conocidas públicamente.

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Jorge

Julio parra

Tiene muy Buena facilidad para escribri..y lo haces muy buen,yo soy amigo de Alina y la ultima vez que te vi eras una Nina…Como pasa El tiempo
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Tambien deberias escribir que como periodista cambiaste de palo para rumba, antes tenias el discurso mas extremista y ahora escribes esto, deberias revisar tus videos de hace años para aca
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Eliécer Ávila

Primero los saludo a todos, en especial a Cristina, que no me ha querido aceptar en FB 😉

Considero que es muy válido su punto, al margen de algunas líneas con las que seguramente tendremos distintos criterios, creo que la interacción con otras culturas no debilita sino fortalece, actualiza y potencia lo propio. Por ejemplo, en Cuba muchos intelectuales afines al gobierno (porque existen otros) hablan de una “aplanadora cultural” que viene desde EEUU a pasarnos por arriba, pero yo he tratado de indagar a cerca de cuál es la cultura “americana” y me cuesta mucho trabajo identificarla o aislarla de otras como para darle un carácter “original y demoledor”. Digo esto porque los propios Estados Unidos son una mezcla bastante nutrida de emigrantes. En sus ciudades (y esto Cristina lo sabe) te puedes encontrar con barrios, negocios, clubes culturales, ferias, comidas y representaciones de todo tipo de culturas, americanas, asiáticas, europeas, árabes, africanas etc… No me puedo imaginar qué fueran los EEUU sin toda esa mezcla, o mas bien, toda esa presencia (pues no todos son dados a mezclarse). En el caso de Cuba ni siquiera estamos hablando de recibir una inmigración masiva de Americanos, ni de ninguna otra parte del mundo (que por cierto, si para relaciones y visitantes estamos tan blindados, quisiera ver que pasa si llegan 10 000 haitianos, cuantos Trump?? ;-)) Volviendo al tema, aquí no va a venir ningún americano a buscar McDonals, al contrario, se abrirá un amplio mercado para nuestros productos autóctonos de todo tipo, y eso representará una verdadera oportunidad para reparar patrimonios, hacer investigaciones, rescatar bailes y tradiciones etc… en fin, el 95% de “El miedo”, no es verdaderamente a “la otra cultura” sino a que se descubra que a nosotros también nos gusta disfrutar de avances, derechos y libertades que los americanos, para algunos, “representan”. No para mi, porque yo las necesitaba antes de conocerlos…

Mis mas sinceros respetos.
E.

Eliécer Ávila

Carlos

Coincido en varios aspectos con Cristina. Pero creo que la debilidad de nuestra cultura no tanta como dice, ni creo que por entrar en Cuba la McDonald se deje de comer cerdo asado. El problema es el como se hace. En ese punto la responsabilidad recae en el que tiene el poder de decidir, el gobierno. Ellos son los que dictan las leyes y las aplican, incluso, los que las dejan de aplicar cuando asi le dicta la conveniencia. Me explico, si quieren que la cultura cubana sobresalga ante la inversion extranjera deberian dar paso a la iniciativa privada, que el pregonero siga con su carretilla vendiendo aguacate, que el taxista siga poniendo sus reglas, que las paladares se fortalezcan para cuando llegue la mayor inversion extranjera puedan competir, imponiendo impuestos mas altos a la inversion extranjera que a los cubanos. Siempre ha sifo el impuesto la herramienta fundamental para gobernar. Ahora, la forma en que se gobierna en Cuba da prioridad al extranjero e impone reglas que asfixia al emprendedor nacional. Eso es en mi modesta opinion algo muy incorrecto. No se quiere que el cubano tenga poder economico, dicho por el propio Raúl en un discurso donde manifesto que lo que gane el privado este acorde al salario promedio del pais. Eso es absurdo, el privado trabaja mucho mas y elimina las perdidas monumentales de las empresas estatales, pues si, la mayor parte de la micrieconomia es perdida, pero desde que lo convierten en privado como arte de magia da ganancias pues pagan impuestos. Asi que defender la cultura nacional no es ahogar al cubano, todo lo contrario, es darle un ambiente donde pueda desarrollarse. Eso no se hace en el socialismo pues va en contra de sus principios, asi solo les queda de una, acabar de darle las riendas al pueblo que sera capaz de levantar lo que se ha perdido en tantos años de politicas erroneas y malas administraciones.
Carlos

Iva

Pues yo que nací y vivi por 40 años en el mismo país que el suyo, considero que los EEUU no eran los enemigos que nos pintaron. Por tanto no hay nada que temer, mientras el gobierno cubano se abra a la Democracia.
Iva

Julio

Saludos a la escritora de esre articulo. Yo tambien naci en esa sociedad de la que hablas. Precisamente elos años 90′. Conoci cada uno de los personajes de la television, tanto infatiles como para jovenes, de los que mencionas anteriormente. Cuando comence el 5to grado me converti en un lector apasionado de la historia Antigua de Cuba y tambien de la del “dia a dia”. Lamento mucho haber creido todo cuanto leia, aclaro todo en cuanto a Cuba me apasiona. Creia que los lideres del pais sabian lo que decian. Tambien creia en que el pais iba en la direccion que los lideres del mismo decian. Triste realidad, para un joven, chocar con una realidad totalmente opuesta. Ciertos gobernates, todos sabemos quienes, dañaron la propia historia de Cuba. Cuando las olas de chinos y Caribeños llegaron a Cuba en tiempos pasados, Cuba no dejo ni perdio sus valores, tradiciones, en fin su cultura. Ese nunca ha sido el verdadero temor. El temor mas grande es ver como la Revolucion dirigida en principio por Fidel Castro, poco a poco iria, como es en la actualidad, perdiendo su valor e importancia antes los jovenes, “pinos nuevos”, y ese relevo al partido (PCC) que nunca llegaria. Mis mas sinceros respetos. Gracias por este articulo.
Julio

Heydel

El problema lo mencionas desde el principio: compraron pescado y le cogieron miedo a la cabeza. Alguien “por allá arriba” se ha repetido tanto el cuento de la invencibilidad e inmortalidad de la “revolución” que nunca, hasta ahora, se habían puesto a pensar en la fragilidad de ese cuento que solo se sustenta en la retórica. No tiene bases solidas,y de ahí el miedo, el miedo a que todo se les desmorone de un plumazo. Rápido, rápido!! Debemos inventarnos un lobo nuevo, pues sin el miedo a este, cómo mantendremos el poder?

Todos crecimos con la película del sábado, la música “extranjerizante” y los tíos con regalos “del norte”, mientras la TV gritaba a todas horas “Ahí viene el lobo!”. Ahora que ya no hay lobo, solo nos queda la película del sábado, la música “extranjerizante” y un sin número de tíos “del norte”, que están locos por llenarnos de regalos. Por qué y a quién le asusta tanto la cabeza del pescado que mando a comprar? A Fidel nunca le gusto el tema de reanudar relaciones, eso siempre lo dejo claro. Sin el enemigo ese cuento no se sustenta, el genio ya no va a volver a la botella.

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