En medio de una coyuntura marcada por la presión estadounidense y por la profunda crisis económica y energética de Cuba, el régimen cubano mantuvo durante julio y agosto una considerable capacidad para proyectar influencia fuera de sus fronteras. El monitoreo realizado por Gobierno y Análisis Político A. C. (Gapac) muestra que esa influencia no depende únicamente de la diplomacia tradicional: descansa sobre una infraestructura transnacional de gobiernos aliados, organizaciones de solidaridad, sindicatos, partidos, asociaciones de graduados en Cuba, comunidades de residentes, espacios académicos y organizaciones sociales.
Los eventos registrados durante estos dos meses muestran, además, una característica importante: la frontera entre solidaridad simbólica y respaldo material resulta cada vez más difusa. Las redes vinculadas a Cuba no solamente reproducen mensajes contra las sanciones estadounidenses o reivindican el legado revolucionario. También recolectan medicamentos, financian sistemas solares, organizan brigadas, movilizan actores políticos y presionan a gobiernos extranjeros para preservar o profundizar sus relaciones con La Habana.
Dentro de este entramado, México sobresale nuevamente como uno de los principales nodos internacionales de apoyo al régimen cubano, tanto por la cercanía política entre ambos gobiernos como por la densidad de actores sociales, sindicales, académicos y políticos movilizados alrededor de Cuba.
México: del respaldo político a una relación cada vez más transversal
Durante julio, la influencia cubana en México se manifestó simultáneamente en las calles, organizaciones sindicales y relaciones gubernamentales. El 26 de julio, miles de personas marcharon en Ciudad de México, convocadas por el Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba y una red de más de 90 organizaciones. La movilización no se limitó al tradicional rechazo de las sanciones estadounidenses: los participantes reclamaron explícitamente al Gobierno mexicano mantener el suministro de petróleo a Cuba.
Días después, la dimensión estatal del vínculo quedó nuevamente expuesta. El 30 de julio, la presidenta Claudia Sheinbaum ratificó públicamente el respaldo mexicano a Cuba y la continuidad de la ayuda material, fortaleciendo la posición de México como uno de los principales soportes externos de La Habana en el hemisferio.
Las redes sindicales complementaron esta relación. El Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (STUNAM) reafirmó su respaldo a Cuba durante su 43 Congreso, introduciendo nuevamente las demandas contra el embargo estadounidense en un espacio de representación gremial de gran alcance.
Pero agosto incorporó otra dimensión particularmente significativa: la profundización de la cooperación institucional. El 25 de agosto, el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, se reunió con el ministro cubano de Educación Superior, Walter Baluja García, y con el embajador Eugenio Martínez Enríquez. La SEP informó que la cooperación contempla intercambio de docentes, investigadores y estudiantes, intercambio de “buenas prácticas” y proyectos conjuntos de formación.
El centenario de Fidel: México como espacio de legitimación simbólica
El segundo gran componente mexicano del periodo fue la conmemoración del centenario del nacimiento de Fidel Castro. La efeméride permitió convertir la memoria del fundador del régimen en un instrumento contemporáneo de diplomacia pública, articulación política y legitimación.
El 13 de agosto, la Embajada de Cuba en México realizó una conmemoración que reunió a políticos, diplomáticos, académicos, investigadores y organizaciones mexicanas. Bajo la reivindicación explícita del legado de Castro, el acto proyectó la continuidad de la Revolución y la defensa del régimen frente a la presión estadounidense.
No se trató de un fenómeno exclusivamente mexicano. El monitoreo de Gapac encontró homenajes y movilizaciones alrededor del centenario en Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Perú, Guatemala, Francia, España, Italia y otros países, además de declaraciones de organizaciones multilaterales aliadas.
En Chile, por ejemplo, movimientos de solidaridad, juventudes políticas y egresados de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) participaron en acciones públicas por el centenario. En Uruguay, militantes del Frente Amplio participaron posteriormente en un homenaje celebrado en la sede del Partido Socialista con presencia de la representación diplomática cubana.
La conmemoración funcionó así como algo más que memoria histórica. Permitió reactivar simultáneamente redes políticas construidas durante décadas y situarlas alrededor de las necesidades presentes de La Habana.
De la narrativa a los recursos: las redes también sostienen materialmente a Cuba
Uno de los hallazgos más relevantes del monitoreo es precisamente la capacidad de estas estructuras para convertir afinidades políticas acumuladas durante décadas en recursos concretos.
El caso argentino resulta ilustrativo. La campaña “Estamos con Cuba”, articulada por organizaciones de solidaridad, extendió actividades por diferentes provincias para recaudar recursos destinados a sistemas fotovoltaicos. A finales de julio, 45 sistemas solares financiados en Argentina llegaron efectivamente a Cuba, mostrando el paso desde la movilización política hasta la cooperación material.
Una dinámica semejante apareció en España. El movimiento de solidaridad reportó 62 cargamentos enviados a Cuba por un valor de 4.43 millones de euros, junto con campañas para financiar paneles solares. En agosto, las 27 comparsas de Bilboko Konpartsak impulsaron durante la Semana Grande de Bilbao otra campaña para financiar instalaciones solares destinadas a hospitales cubanos.
También las redes creadas mediante décadas de cooperación educativa demostraron su utilidad. El 13 de agosto, profesionales chilenos graduados en la ELAM enviaron 17 maletas con medicamentos, equipos e insumos médicos a hospitales cubanos. Cuatro días después, médicos argentinos formados en Cuba impulsaron su propia colecta de medicamentos.
Estos casos muestran el rendimiento de largo plazo de instrumentos históricos de proyección cubana: quienes estudiaron en la isla pueden convertirse años después en nodos externos de movilización, legitimación y asistencia material.
Brigadas, sindicatos y gobiernos: una infraestructura internacional adaptable
Durante agosto también se produjo una intensa movilización de brigadas internacionales. Más de 150 chilenos viajaron a Cuba por las actividades del centenario; el III Convoy Nuestra América llevó a más de 50 activistas internacionales; y la 53 Brigada Europea José Martí reunió a 112 participantes procedentes de 14 países, quienes recorrieron instituciones científicas y empresariales cubanas.
El régimen dispone, por tanto, de una infraestructura internacional heterogénea. Algunas redes proporcionan recursos; otras amplifican narrativas, organizan manifestaciones o trasladan demandas cubanas hacia instituciones políticas extranjeras.
El Consejo Municipal de Savona, Italia, aprobó el 31 de julio una moción contra el embargo y pidió al gobierno italiano llevar el asunto ante Estados Unidos. En Colombia, la Asociación de Cubanos Residentes solicitó al nuevo gobierno mantener las relaciones y la cooperación con La Habana. Incluso en Estados Unidos, activistas realizaron acciones públicas contra una eventual intervención en Cuba.
Una influencia que sobrevive a la crisis
El monitoreo de Gapac de julio y agosto permite identificar una paradoja central: la creciente fragilidad doméstica del régimen cubano no ha eliminado su capacidad de influencia internacional. Al contrario, frente a un escenario de mayor presión, La Habana puede recurrir a un capital político transnacional acumulado durante décadas.
El centenario de Fidel Castro hizo especialmente visible esta infraestructura. Pero debajo de las conmemoraciones aparece una estructura más profunda: misiones diplomáticas que articulan organizaciones locales; antiguos estudiantes que canalizan ayuda; sindicatos y partidos que reproducen narrativas; brigadas que socializan políticamente a nuevos activistas; gobiernos aliados que proporcionan legitimidad y cooperación; y campañas capaces de transformar solidaridad ideológica en medicamentos, energía y otros recursos.
México representa el caso más relevante del periodo por la convergencia de estas dimensiones. En un mismo bimestre coexistieron movilizaciones multitudinarias en defensa de Cuba, respaldo presidencial, articulación sindical, homenajes políticos a Fidel Castro y una cooperación institucional que continúa expandiéndose desde la salud hacia la educación.
Para Gapac, esta densidad de relaciones obliga a observar la influencia cubana más allá de la diplomacia convencional. La capacidad internacional del régimen no reside solamente en lo que hace el Estado cubano, sino en las redes que puede activar fuera de Cuba y en los espacios institucionales, políticos y sociales que esas redes consiguen ocupar. Esa infraestructura constituye uno de sus principales activos para resistir el aislamiento, obtener recursos y preservar legitimidad internacional en un momento particularmente crítico para su supervivencia.
Nota: Este informe se reproduce con la autorización de Gapac, de quien elTOQUE es aliado.







