Piruetas para vivir

Luis Franco y su compañía. Foto: Carlos Durán de la Cruz

Piruetas para vivir

Luis Franco lleva más de tres años sudando bajo carpas. El circo, que ahora le enamora, es la segunda oportunidad de triunfo en la vida. Antes lo fue, como sueño de niño, la gimnasia deportiva, pero otras urgencias lo llevaron por nuevos derroteros.

Licenciado en Cultura Física y parte del elenco actual de la Compañía Habana, Franco hizo emigrar sus aspiraciones hacia una vida que le propiciara menos estrés y frustraciones. “No fueron razones económicas las que me revolvieron las neuronas, aunque influyeron mucho en mi decisión de abandonar el deporte, ese al que le dediqué dos décadas de mi vida”.

Desde el año 2008 al 2011 Franco acumuló varias medallas en eventos nacionales de todo tipo, incluidas coronas en Anillas, su principal especialidad. “Entrenaba mucho junto a mis compañeros, sin apenas contar con eventos competitivos a nivel internacional, y eso lo va desgastando a uno”.

La tormenta que cambiaría su vida comenzó a azotar cuando Cuba no asistió a los Juegos Centroamericanos de 2010, en Mayagüez, Puerto Rico. “En esa cita teníamos muchas opciones, pero entendimos cuando dijeron que por razones políticas (de no darle visas a toda la delegación) no asistiríamos. Lo que nunca acepté fue lo que nos sucedió al año siguiente en el clasificatorio panamericano. Nos llevaron hasta Guadalajara, México, horas antes del inicio de la competencia. Eso nos descompensó, era un clima distinto, no tuvimos adaptación de ningún tipo y eso propició que la mayoría de los resultados del grupo fueran decepcionantes”.

“Para todos los miembros del equipo aquello significó una especie de burla a nuestra preparación y las capacidades que poseíamos. Éramos un grupo con mucho talento, y si bien resultados a nivel mundial eran un sueño, en la región pudimos haber hecho historia”, confiesa con una nostalgia evidente y una pizca de enojo en sus palabras.

“Por suerte, acá en el circo sigo haciendo lo que más me gusta y mejor sé hacer, gozar de la adrenalina y del esfuerzo, sentir diversión y compromiso mientras estoy trabajando. Pero me dolieron esas barreras que sufrí en la gimnasia”.

El cambio no fue fácil. Necesitó de la comprensión de sus padres, alejados en su natal Manzanillo (a más de 750 km de La Habana). “Imagina todos los argumentos necesarios para llegar a la casa de la que pasas meses alejado, y tener que sentarte a la mesa y decirle a tus padres que todo el sacrificio no fue en vano, que es hora de cambiar porque la realidad que vives solo te indica que estás perdiendo tiempo de tu vida”.

“No todos entienden el vacío cuando se abandona por lo que has peleado y soñado toda tu vida. Pero las personas que más valen para mí (y no fueron pocas) constituyeron mi sostén, si no el cambio hubiera dejado más momentos amargos”.

Aunque Luis Franco no lo diga, ese paso suyo no es un hecho aislado, sino el síntoma de que algo más profundo ocurre en la gimnasia cubana. La falta de perspectivas en la práctica deportiva desinfla los sueños de muchos jóvenes como él. “No es fácil tirar por la borda todo un ciclo de preparación, por eso fue el último golpe. Apenas regresé, sabía de la opción de venir al circo y no lo pensé dos veces”.

Franco confiesa que esta función de artista también implica mucho esfuerzo, que el salario es insuficiente, pero “al menos tenemos la opción de salir contratados al exterior, que es el objetivo de todos acá. Allí ganamos un dinerito con el que podemos encarrilar nuestras vidas”, y ejemplifica con los 900 euros mensuales que ganó durante 8 meses del 2015 en una compañía de Dinamarca. “Ya estamos en un nuevo número de trampolín, El Vuelo, que seguro nos abre puertas”.

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Luis Franco y su compañía. Foto: Carlos Durán de la Cruz

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Luis Franco lleva más de tres años sudando bajo carpas. El circo, que ahora le enamora, es la segunda oportunidad de triunfo en la vida. Antes lo fue, como sueño de niño, la gimnasia deportiva, pero otras urgencias lo llevaron por nuevos derroteros.

Licenciado en Cultura Física y parte del elenco actual de la Compañía Habana, Franco hizo emigrar sus aspiraciones hacia una vida que le propiciara menos estrés y frustraciones. “No fueron razones económicas las que me revolvieron las neuronas, aunque influyeron mucho en mi decisión de abandonar el deporte, ese al que le dediqué dos décadas de mi vida”.

Desde el año 2008 al 2011 Franco acumuló varias medallas en eventos nacionales de todo tipo, incluidas coronas en Anillas, su principal especialidad. “Entrenaba mucho junto a mis compañeros, sin apenas contar con eventos competitivos a nivel internacional, y eso lo va desgastando a uno”.

La tormenta que cambiaría su vida comenzó a azotar cuando Cuba no asistió a los Juegos Centroamericanos de 2010, en Mayagüez, Puerto Rico. “En esa cita teníamos muchas opciones, pero entendimos cuando dijeron que por razones políticas (de no darle visas a toda la delegación) no asistiríamos. Lo que nunca acepté fue lo que nos sucedió al año siguiente en el clasificatorio panamericano. Nos llevaron hasta Guadalajara, México, horas antes del inicio de la competencia. Eso nos descompensó, era un clima distinto, no tuvimos adaptación de ningún tipo y eso propició que la mayoría de los resultados del grupo fueran decepcionantes”.

“Para todos los miembros del equipo aquello significó una especie de burla a nuestra preparación y las capacidades que poseíamos. Éramos un grupo con mucho talento, y si bien resultados a nivel mundial eran un sueño, en la región pudimos haber hecho historia”, confiesa con una nostalgia evidente y una pizca de enojo en sus palabras.

“Por suerte, acá en el circo sigo haciendo lo que más me gusta y mejor sé hacer, gozar de la adrenalina y del esfuerzo, sentir diversión y compromiso mientras estoy trabajando. Pero me dolieron esas barreras que sufrí en la gimnasia”.

El cambio no fue fácil. Necesitó de la comprensión de sus padres, alejados en su natal Manzanillo (a más de 750 km de La Habana). “Imagina todos los argumentos necesarios para llegar a la casa de la que pasas meses alejado, y tener que sentarte a la mesa y decirle a tus padres que todo el sacrificio no fue en vano, que es hora de cambiar porque la realidad que vives solo te indica que estás perdiendo tiempo de tu vida”.

“No todos entienden el vacío cuando se abandona por lo que has peleado y soñado toda tu vida. Pero las personas que más valen para mí (y no fueron pocas) constituyeron mi sostén, si no el cambio hubiera dejado más momentos amargos”.

Aunque Luis Franco no lo diga, ese paso suyo no es un hecho aislado, sino el síntoma de que algo más profundo ocurre en la gimnasia cubana. La falta de perspectivas en la práctica deportiva desinfla los sueños de muchos jóvenes como él. “No es fácil tirar por la borda todo un ciclo de preparación, por eso fue el último golpe. Apenas regresé, sabía de la opción de venir al circo y no lo pensé dos veces”.

Franco confiesa que esta función de artista también implica mucho esfuerzo, que el salario es insuficiente, pero “al menos tenemos la opción de salir contratados al exterior, que es el objetivo de todos acá. Allí ganamos un dinerito con el que podemos encarrilar nuestras vidas”, y ejemplifica con los 900 euros mensuales que ganó durante 8 meses del 2015 en una compañía de Dinamarca. “Ya estamos en un nuevo número de trampolín, El Vuelo, que seguro nos abre puertas”.

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