La solución para Cuba parece estar en una encrucijada. Se debate entre aristas, actores, capacidades y prioridades. La cuestión de quién resuelve el problema, los cubanos o Estados Unidos con una acción de fuerza, se ha vuelto relevante. Su trasfondo es la desesperación por la crisis sistémica extrema, la sensación de indefensión y la percepción de oportunidad con la Administración republicana actual.
He sostenido que una intervención en Cuba no resiste el análisis costo-beneficio para Estados Unidos y que ambos Gobiernos lo saben. Sin embargo, usan el «peligro», de un lado para presionar y que ocurran cambios deseados que puedan aceptar los cubanos, y del otro para profundizar el miedo en la ciudadanía, atraer solidaridad y articular consensos y, por tanto, ganar tiempo.
Sin embargo, la postura de los Gobiernos, aunque cuenta, no es lo más importante aquí. Es reflexionar sobre los argumentos que se esgrimen para defender la intervención extranjera, especialmente por el efecto que tiene en la movilización ciudadana para lograr el fin de la dictadura y transitar a la democracia.
I
Cuba y Estados Unidos han transitado un camino largo de interinfluencias y una relación complicada desde 1898, especialmente conflictiva desde 1959. De tanto sembrar la visión y odio al «enemigo» en la isla, hoy la gente lo admira, huye hacia él y no pocos consideran que dependemos de él para ser libres.
Propongo una lectura crítica de algunos argumentos de la intervención difundidos en medios, redes sociales y un dossier publicado recientemente.
1. Paralelismos históricos (1898-hoy)
Se afirma que la crisis institucional y humanitaria actual es igual o de mayor envergadura que aquella, y que el factor de confianza y garantía que fue la Resolución Conjunta (RC, 1898) está hoy en el Título II de la Ley Helms-Burton (1996).
Conviene considerar que en 1898 Cuba era colonia de España, los cubanos sostenían una guerra por la independencia y la isla era territorio arrasado. El conflicto armado, junto a la Reconcentración de Weyler, había cobrado entre 228 000 y 400 000 vidas. También, que la RC reconoció la independencia y dispuso la intervención de Estados Unidos para vencer a España, pacificar y dejar el país a los cubanos, mientras el Título II de la Helms-Burton establece compromiso de asistir económicamente a un Gobierno de transición en Cuba. No son iguales y según la experiencia de 1898-1902, no son garantías absolutas.
Tampoco debería obviarse que:
a) Estados Unidos nunca reconoció —desde la Guerra Grande, 1868-1878— la beligerancia ni las instituciones cubanas. En los mensajes presidenciales de 1897 y 1898, y el discurso de McKinley días antes de aprobarse la RC, se reiteró y argumentó la conveniencia de desconocerlas. Las consecuencias serían funestas.
b) La RC no incluía el ajuste de las relaciones bilaterales. Ocurriría, según el presidente, una vez reconocido un Gobierno cubano. Sin embargo, sucedió seis meses antes de las elecciones presidenciales cubanas, al imponer la Enmienda Platt a la Constitución (1901), so pena de no retirarse de Cuba ni permitir que naciera la República.
2. Se exhorta a considerar que a fines del siglo XIX la intervención fue promovida y aceptada por patriotas como Máximo Gómez y Antonio Maceo
· A Maceo se le atribuye «alegría» con la nueva Administración estadounidense; rumores y hasta una Circular a la tropa que oficializaba esa eventualidad a fines de noviembre de 1896. Sin embargo, argumenté recientemente que sobran evidencias de su rechazo a la intervención hasta el 22 de noviembre de 1896: 19 días después de las elecciones estadounidenses y 15 antes de su muerte.
· A Gómez se le endilga «responsabilidad directa», en base a dos cartas al Gobierno de Estados Unidos (1897) y una al capitán general en Cuba, Ramón Blanco, el 20 de abril de 1898. En ninguna se confirma solicitud de intervención. Sí que pidió presionar a España para que «paralice la matanza» y que —cuando la intervención era inminente y estaba aprobada la RC— rechazó la alianza ofrecida por los españoles y expresó agradecimiento por ese acto de EE. UU. Una postura comprensible a esa altura.
3. Otras apelaciones para defender la intervención, aunque tienen algo de verdad, son incompletas e intencionadas políticamente
Entre ellas: «Intervención o solos», fórmula binaria que excluye alternativas y el recurso de la «fatalidad necesaria en situación extrema», al sugerir que, aunque EE. UU. es un vecino poderoso con sus intereses, Cuba está sola y la ciudadanía no puede vencer, mientras está en juego la viabilidad de la nación.
Igualmente, funciona la equivalencia que se establece entre Cuba-Gobierno-Soberanía. Alude a que no hay soberanía que defender porque Cuba ha sido injerencista y la cedió a la URSS durante décadas. Así se desconoce al soberano, que es el pueblo, y no ha sido responsable de tales decisiones. Similar sucede al considerar que el Gobierno podría enredar a los opositores en negociaciones, con lo cual se subestima a la oposición y también en general a los ciudadanos capaces que defienden la ruptura.
II
Volver a 1898 debería servir también para extraer lecciones. Menciono algunas:
1- EE. UU. aplicó dos rutas en su política respecto a Cuba: ignorar las estructuras políticas cubanas y a la vez conseguir apoyo del Ejército Libertador (EL) para sus objetivos.
2- Desde inicios de 1896, hubo esfuerzos de los cubanos en EE. UU. para pactar una solución rápida con ese país, en detrimento del envío de recursos para la guerra en Cuba.
3- Al frente del Partido Revolucionario Cubano (PRC), Estrada Palma enlenteció el trabajo de la diplomacia insurgente y la desmanteló tempranamente junto con el Partido.
4- La delegación cubana en New York consideró la RC un éxito absoluto y sin consultar con el Consejo de Gobierno declaró que el EL se pondría a las órdenes del estadounidense.
5- Una vez acordada la intervención, hubo vejaciones y violaciones que estimularon divisiones internas y obligaron a los líderes cubanos a improvisar y protestar. Por ejemplo, cambios de ruta, desembarco, suministros y prohibición a los mambises de entrar en Santiago cuando fue liberada la ciudad. La carta-protesta de Calixto García al general Shafter describe aquellas circunstancias. Los cubanos no contaron tampoco para el Armisticio (agosto) ni para el Tratado de París (diciembre). La ciudadanía y la oposición quedaron, exprofeso, al margen de todo.
6- Provocó una situación irregular e impidió a las fuerzas revolucionarias coronar la liberación. Para los cubanos seguía siendo guerra por la independencia, pero superpuesta corría la de EE. UU. contra España. Resultados: las instituciones cubanas salieron del tablero político; España perdió sus posesiones en el Caribe y el Pacífico, y Estados Unidos emergió como potencia adquiriendo —por posesión o control— los territorios españoles (Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam).
7- EE. UU. no reconoció oficialmente —en diciembre de 1898— a la comisión designada por la Asamblea (máximo órgano de la Revolución) que intentaba precisar por el futuro de Cuba y en el ínterin murió Calixto García.
8- La ocupación del país (1899-1902) no era parte de la RC. Se derivó del pacto entre potencias y contra la voluntad de los cubanos. Los objetivos de finalizar la guerra, expulsar a España y pacificar el país, se habían cumplido en 1898.
III
Al cabo de 128 años del 98 cubano, el caos avergüenza. Su primer responsable es el régimen de La Habana, también de que ciudadanos cubanos opten por una intervención. Culpable por su intolerancia al disenso, su irrespeto a la soberanía popular, su incapacidad para lidiar con el conflicto nacional y evitar el hundimiento del país.
La intervención militar extranjera vuelve a ser una opción ante la desesperación y la urgencia de vencer, por eso se la idealiza. Sin embargo, entraña riesgos imprevisibles para la nación y no es imprescindible para que Cuba transite a la democracia. Mucho puede hacerse por los cubanos capaces y dispuestos a través de un movimiento cívico para sacar al país del pantano y refundar la República.
Por supuesto, hay limitaciones y obstáculos, siempre los hay, pero ¿por qué estimar loable una estrategia que confía la solución del conflicto nacional a un Gobierno extranjero? El real conflicto de Cuba es del régimen con sus ciudadanos dentro y fuera del país. Resolverlo está dentro de nuestro control: con la participación de los cubanos de la isla y el exilio y la solidaridad internacional, la ganada y la que se puede conseguir. Es una altísima responsabilidad de las generaciones actuales. Y es posible.
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