Audioslave en La Habana: el concierto que marcó una generación

Audioslave en La Habana: el concierto que marcó una generación

24 / julio / 2023

Hace poco más de 18 años, el 6 de mayo de 2005, la banda estadounidense de rock Audioslave hizo historia. Ofreció un concierto gratuito en la Tribuna Antimperialista «José Martí» de La Habana frente a más de 70 000 personas. Fue el primer y, hasta hoy, único show multitudinario de una agrupación de rock de Estados Unidos en Cuba. El evento se convirtió en un hito cultural, social y político que aún resuena en la memoria colectiva.

Los Beatles vs. el hombre nuevo

La censura y la marginalización del poder estatal hicieron mella entre los roqueros cubanos. El discurso oficial siempre fue violento, alegando una forma de penetración cultural, una influencia de las formas capitalistas, nada acorde con «el hombre nuevo».

Escuchar a los Rolling o Los Beatles era un acto temerario en la década de los sesenta y setenta en Cuba. Las pocas bandas de rock que existían en el país carecían de espacios o de formas de promover su música. Ser roquero, tener el pelo largo o escuchar la música del enemigo eran conductas deplorables y poco consagradas con el concepto de joven revolucionario cubano que se promocionaba por parte de las entidades gubernamentales.

Muchos de los que pasaron tiempo en los campamentos de trabajo de las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP) coincidían con estos «agravantes». Todavía existe el recuerdo del término «elvispresliano», usado por Fidel Castro de forma despectiva y burlesca para referirse a muchos de estos jóvenes.

En junio de 1961, en una reunión con intelectuales cubanos en la Biblioteca Nacional «José Martí», el expresidente cubano se refería a la necesidad de apreciar la creación a través del prisma del cristal revolucionario y al derecho del Gobierno revolucionario a fiscalizar esos medios de divulgación que tanta influencia tienen en el pueblo.

Apoyados en ese criterio, los censores olvidaron que Los Beatles no eran estadounidenses, sino ingleses. Omitieron también que Los Beatles pensaban en 1964 que el comunismo se iba a imponer y que, como muchos cubanos, soñaban con los cambios sociales profundos que prometía el sistema político.

La censura, espada de Damocles

Las formas de censura cambiaron con los años. A finales de los setenta y principios de los ochenta no se impedía crear bandas o ensayar; tampoco se reprimía como a inicios del período revolucionario. Incluso se crearon espacios para la divulgación del género en la isla; aunque la Agencia Cubana del Rock vio la luz tardíamente en 2007. Las nuevas maneras de censurar radicaban en dar poca o ninguna promoción a las agrupaciones y poner muchas trabas burocráticas a las agrupaciones (demoras en los pagos, negativa de poder cobrar antes de recibir un certificado de banda profesional, procesos rigurosos para recibir el aval). El Ministerio de Cultura y las instituciones relacionadas con la música y el espectáculo, además, priorizaban recursos para los artistas de otros géneros más tradicionales o folclóricos.

Zeus es una de las bandas metaleras más importantes en Cuba. La agrupación ha afirmado que muchas veces llegaban a sitios donde tenían agendada una participación en un festival y no se había hecho promoción alguna o los fanáticos se enteraban el mismo día del concierto.

Esto aún les sucede a muchas bandas; sobre todo a los grupos de metal y variantes igual de fuertes. Posiblemente los casos de censura más crudos sean los vividos por la agrupación punk Porno para Ricardo. Como la mayoría de los grupos punk en el mundo, su discurso es contestatario y sus letras son incisivas. El grupo no solo ha tenido nula promoción en los medios de comunicación, sino que no han tenido libertad para tocar en espacios públicos. Muchos de sus ensayos han sido boicoteados por la Policía o por los vecinos de Gorki Águila, líder y vocalista.

El día esperado

Conociendo la historia de marginalización y censura del rock en la isla, cuando se anunció que Audioslave, banda estadounidense de gran prestigio, iba a ser la primera de ese país en dar un concierto en Cuba, la expectativa fue enorme. 

Lograr la presentación fue un proceso engorroso. Después de varios meses de coordinación, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y el Ministerio de Cultura de Cuba aprobaron el espectáculo. 

Miles de jóvenes de toda la isla viajaron a la capital para presenciar el evento. Algunos acamparon desde la noche anterior en la Tribuna Antiimperialista, el icónico espacio construido por el Gobierno cubano para protestar contra las políticas de los Estados Unidos.

El concierto duró más de dos horas y media. La música combinaba la potencia y la técnica de Morello, el bajista Tim Commerford y el baterista Brad Wilk, con la voz y la sensibilidad de Cornell. Las letras se referían a la guerra, la injusticia social, el amor y la espiritualidad. Contó con un repertorio de 26 canciones que incluyó los éxitos de la banda “Cochise”, “Like a Stone” o “Show Me How to Live”; así como versiones de clásicos de Rage Against the Machine (“Killing in the Name”, “Bulls on Parade”) y Soundgarden (“Black Hole Sun”, “Spoonman”). La agrupación también interpretó temas del álbum Out of Exile, que ni siquiera había salido al mercado internacional.

La respuesta del público fue eufórica. Los asistentes cantaron, saltaron, hicieron las famosas ruedas de hardcore o moshing y corearon los estribillos con pasión. Muchos lucieron banderas de varios países, pulóveres, carteles con el logo de Audioslave o con mensajes alusivos al rock. Algunos subieron al escenario para abrazar o besar a los músicos. Otros lloraron de emoción o incredulidad. Fue una catarsis colectiva que expresó el amor por la música y la sed de libertad de una generación.

Cornell en una entrevista para Diario de Cuba, años después del evento, decía: «Particularmente pienso en bandas británicas, en grupos australianos que han vendido millones y millones de discos y pueden darse el lujo de ir a tocar para el público que quieran. ¿Cómo es que nadie ha ido? En cierto modo creí que, como nosotros lo hicimos, probablemente de la manera más difícil posible, otros nos seguirían los pasos. Me sorprende un poco que haya pasado tanto tiempo hasta que otra banda se decidió a hacerlo. Estoy superfeliz de que The Rolling Stones vaya a dar un concierto en Cuba».

Repercusión política

El concierto de Audioslave también tuvo repercusión política. Dentro de la isla fue visto como una señal de apertura y tolerancia por parte del Gobierno de Fidel Castro, que en ese momento todavía enfrentaba la crisis económica y social que dejó el colapso de la Unión Soviética, conocida como Período Especial. 

Sin embargo, el concierto también generó críticas y controversias entre varios sectores de la sociedad cubana. Algunos acusaron al Gobierno de usar a Audioslave como un instrumento propagandístico para mejorar su imagen internacional y distraer a la población de los problemas internos. Otros cuestionaron la coherencia de la banda, que había sido conocida por su postura crítica contra el capitalismo y el imperialismo, pero que aceptó tocar en un país donde se violaban los derechos humanos y se reprimía a la disidencia.

Fuera de Cuba, el concierto también provocó reacciones encontradas, aunque varios medios y personalidades aplaudieron el gesto de Audioslave como un acto de valentía y solidaridad, que demostraba que la música podía ser un puente para erradicar diferencias. 

Más que un concierto

A pesar de la controversia, fue un evento único que logró abrir un espacio para el rock y sus seguidores en la isla. El concierto también impulsó la explosión y el desarrollo de bandas locales que se inspiraron en Audioslave para crear su propia música. Fue un precedente para que otros artistas internacionales visitaran Cuba, como Manu Chao en 2008, el concierto Paz sin Fronteras (al que asistieron reconocidos artistas extranjeros) en 2009, Calle 13 en 2010, The Dead Daisies en 2015 y The Rolling Stones en 2016.

La presentación de Audioslave fue una forma de reivindicar el valor del rock como un género musical legítimo y diverso. Demostró el poder de la música para unir a las personas más allá de las diferencias políticas y culturales. También fue un golpe contra la censura y la mala reputación que habían difundido durante décadas las autoridades de la isla sobre el rock.

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