En el reglamento de la IV Liga Élite del Béisbol Cubano (LEBC), el Artículo 11 sobre las relaciones con los medios de comunicación, establece un marco que condiciona lo que los peloteros pueden decir en entrevistas y declaraciones públicas vinculadas a este torneo.
El documento establece que todo contacto con la prensa y la presencia en plataformas digitales debe regirse por «un alto grado de responsabilidad» y orienta el discurso hacia mensajes favorables al sistema político y deportivo cubano.
A partir de ahí, la norma no solo orienta: también fija ciertos límites sobre lo que puede decirse, cómo expresarlo y en qué contextos.
Un filtro antes de hablar
El contacto con periodistas no aparece como un ejercicio libre o espontáneo. El reglamento pide identificar quién pregunta, qué medio representa y cuál será el tema antes de responder, una secuencia que convierte la entrevista en un proceso filtrado desde el inicio.
Ese mecanismo permite «escoger el discurso a emplear» e incluso cortar la conversación si el entrevistado considera que el diálogo se desvía o resulta incómodo. Así, la relación entre atletas y prensa queda condicionada por un esquema en el que la comunicación no solo cumple una función informativa, sino también de supervisión.
El artículo 11 del reglamento prohíbe cualquier manifestación pública, oral o escrita, que pueda interpretarse como perjudicial para el prestigio de la Revolución Cubana, del movimiento deportivo o de los equipos participantes en la Liga Élite.
También se restringe el uso de redes sociales, blogs o correos personales para difundir contenidos que no estén alineados con los valores oficiales del sistema deportivo cubano.
«Se prohíbe emplear las redes sociales como Facebook, Twitter, YouTube, Flickr y otras para socializar contenidos que no se avengan a los valores enarbolados por la Revolución Cubana», se lee.
Además, los jugadores no pueden divulgar información del equipo ni situaciones personales sin coordinación previa con la dirección. Incluso el llamado off the record queda desaconsejado, salvo en relaciones periodísticas «sólidas y probadas».
En paralelo, cualquier acción de publicidad o promoción externa por parte de los atletas requiere autorización institucional.
Bajo vigilancia ideológica
El Artículo 11 del documento de la LEBC no funciona solo. Se articula con el Artículo 10 del reglamento, que define el Programa político-ideológico y de formación de valores del béisbol cubano.
Los comisarios técnicos —figuras clave en las sedes— tendrán la función de garantizar el cumplimiento de ese programa ideológico, actuando como supervisores no solo del juego, sino también del comportamiento y discurso de los peloteros, entrenadores y árbitros.
La Liga Élite no sería únicamente una competencia deportiva, sino también espacio de formación y vigilancia ideológica.
En conversación con elTOQUE, el periodista deportivo Andy Lans, recordó que la censura en el béisbol cubano no es nueva; desde hace años se le niega a los periodistas independientes el acceso a los peloteros tras los partidos y a las ruedas de prensa.
Lans advirtió además que la trampa está en que solo los medios acreditados tienen acceso al evento, pero esa acreditación depende de la postura política del medio, algo que en otros países no condiciona el ejercicio periodístico.
El periodista deportivo del Noticiero Nacional, Pavel Otero, criticó en Facebook la exclusión de proyectos independientes, como páginas de fans en redes sociales, de la cobertura del béisbol cubano. Según expresó, se opone a esa censura y considera que «la solución no puede ser excluirlos», sino incorporarlos a la prensa deportiva nacional y fomentar el diálogo con esos proyectos para mejorar la cobertura de la pelota.
A diferencia del reglamento de la Liga Élite cubana, que vincula el discurso del pelotero con la defensa de valores políticos e institucionales, códigos como el de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional, se concentran en la conducta, el juego limpio y las expresiones ofensivas o burlescas. El foco está en la disciplina y el respeto a la liga, no en imponer una orientación ideológica al mensaje del atleta.
De hecho, según el código beisbolero en Venezuela, el pelotero, árbitro o entrenador que censure o discrimine por razones políticas podrá ser sancionado con una suspensión de 5 a 20 juegos.
Caso Leandro Martínez: Cuando hablar tiene consecuencias
Uno de los episodios que reavivó el debate sobre estas normas fue el caso del pitcher Leandro Martínez, de 45 años, quien jugó por varios años con los Alazanes de Granma en la Serie Nacional e incluso formó parte del equipo Cuba en eventos internacionales.
A finales de enero de 2025, el entonces director del equipo granmense, Ángel Ortega, declaró a medios locales que el jugador no se había presentado a los entrenamientos para la III Liga Élite y no contaba con justificación.
Sin embargo, el propio atleta contradijo en redes sociales esa versión, afirmando que sí había comunicado su situación al metodólogo provincial.
El conflicto escaló cuando el jugador decidió explicar su situación a través de un espacio no oficial, el grupo de Facebook «Desde las Gradas con Andino», espacio no oficial que luego replicó sus audios en otras redes sociales. Ese paso —salirse del circuito autorizado— terminó con una sanción de un año en la pelota cubana.
El caso generó críticas dentro del propio ámbito beisbolero. El entrenador pinareño José Manuel Cortina cuestionó la tendencia a sancionar jugadores por declaraciones públicas y defendió el derecho del atleta a explicar su versión sin que eso se convirtiera en castigo.
«En los últimos años he visto una tendencia superficial sobre el tema. No es la primera vez que oigo que se sanciona a alguien por dar entrevistas. Creo que hay que revisar bien, porque esto afecta al béisbol (...) Lo que no puede suceder es que esté sancionado por dar una entrevista», señaló en Facebook.
El actual reglamento de la IV Liga Élite configura un sistema en el que el deportista queda sometido a control institucional para hablar con los medios o expresarse en redes sociales. En ese marco, la pelota cubana no solo regula el rendimiento deportivo: también disciplina la palabra.








