Pelota cubana en modo supervivencia: robos, improvisaciones y caos

Foto: Jit / Facebook.
Si alguna vez alguien se preguntó qué más podía pasar en la Serie Nacional, la respuesta llegó puntual: siempre puede pasar algo peor. Aquí la adrenalina viene gratis, cortesía del caos.
Con dos incidentes recientes —uno digno de un thriller mediocre y otro propio de una tragicomedia deportiva— la liguilla volvió a recordarnos que, en ese país, el béisbol compite diariamente contra un rival muy duro: la realidad. Y casi siempre la realidad la saca del parque.
El primer capítulo de esta novela por entregas se escribió en el estadio matancero «Victoria de Girón». Un parque histórico, con mucha mística, tradición y… al parecer, muy poca vigilancia esta semana.
Durante los preparativos del duelo entre los Cocodrilos de Matanzas y los Toros de Camagüey, un grupo de individuos decidió que entrar a los vestuarios era una excelente oportunidad para «reforzar sus equipos» sin pasar por el draft ni la taquilla.
El saqueo fue tan completo que solo faltó que se llevaran el home plate. Los peloteros de Matanzas terminaron no solo indignados, sino despojados de casi todo lo que tenían: guantes personalizados, bates de años, protectores, zapatos, teléfonos, billeteras y cualquier cosa que tuviera forma y valor.
Lo que siguió fue evidente: el partido tuvo que suspenderse. Y no por capricho, sino porque nadie juega al béisbol en ese estado.
Pero más allá del robo material —grave de por sí—, queda un agujero más profundo: la sensación de vulnerabilidad de los peloteros cubanos, en medio de un campeonato mediocre y ahora peligroso.
Porque si en pleno estadio, en un área teóricamente controlada, se puede entrar, registrar y vaciar un dugout: ¿qué queda para la confianza? Lo más lamentable es que ni sorprende; en la Serie Nacional, a veces lo meramente deportivo es lo único que no ocupa titulares.
Del occidente pasamos al oriente, donde el terremoto no fue silencioso. La destitución de Eddy Cajigal como director de las Avispas de Santiago de Cuba marcó un antes y un después.
Nunca, en la historia del béisbol indómito, un mánager había sido removido antes de terminar la temporada beisbolera. Y sí, Santiago ha visto finales tensos, discusiones épicas, protestas apasionadas… pero esto fue nuevo incluso para su estándar de intensidad.
El episodio que terminó de dinamitar la paciencia de todos fue la jugada de Carlos Monier: llamado como emergente en pleno partido sin estar inscrito como jugador de cambio. Una genialidad estratégica que, si no fuera real, uno juraría que es guion de comedia. Porque, además, no era el primer desliz de Cajigal en el tema de los jugadores impropios.
Y como siempre pasa, la culpa dio más vueltas que un rolling de frente: nadie fue responsable, todos fueron «sorprendidos», y la Dirección Provincial de Deportes junto a la Comisión de Béisbol actuaron como si el desorden fuera una visita inesperada, no un residente permanente.
De más está decir que este tipo de episodios desgasta a la afición. El santiaguero promedio ya no pide títulos todos los años —aunque tampoco se quejaría—, pero sí exige respeto. Y cuando la gestión falla una y otra vez, es lógico que la fanaticada explote y pida que las cabezas rueden.
El béisbol es pasión, pero también es estructura. Y cuando la estructura cruje, la pasión termina convertida en frustración.
Mientras en Cuba se roban guantes y se improvisan jugadas y directores, llega desde Japón una noticia que parece escrita para herir y sanar al mismo tiempo.
Liván Moinelo, desde un entorno en el cual el béisbol se respeta como industria y como ciencia, fue elegido Jugador Más Valioso de la Liga del Pacífico. Sus números —1.46 de efectividad, 172 ponches y récord de 12-3— son la prueba viviente de lo que un pelotero cubano puede lograr cuando tiene condiciones reales para rendir.
Es irónico, sí, pero también revelador: mientras en Cuba se suspenden juegos por robos y se hacen malabares administrativos, en tierra nipona un cubano domina una de las ligas más exigentes del planeta. Moinelo es el recordatorio doloroso de que talento hay. Falta lo demás.
La Serie Nacional continúa, porque no hay pan ni seguridad ni vigilancia ni preparación técnica en la pelota nacional, pero el «circo» debe seguir.
ELTOQUE ES UN ESPACIO DE CREACIÓN ABIERTO A DIFERENTES PUNTOS DE VISTA. ESTE MATERIAL RESPONDE A LA OPINIÓN DE SU AUTOR, LA CUAL NO NECESARIAMENTE REFLEJA LA POSTURA EDITORIAL DEL MEDIO.











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