En la calle Segunda, esquina con Gonzalo Moreno, en el reparto Garrido, la basura no es ya un problema puntual, es parte del paisaje. Bolsas rotas, restos en descomposición, cartones húmedos y moscas cubren la acera desde hace más de cinco semanas. El camión no llega. Los vecinos dejaron de esperarlo.
La escena se repite en Vigía, Santa Rosa, el Callejón Vásquez —entre 20 de Mayo y San Rafael— y en las inmediaciones del Hospital Pediátrico, donde familias con niños enfermos deben atravesar montañas de desechos antes de entrar al centro de Camagüey, una ciudad históricamente asociada a la limpieza y el patrimonio, que ahora enfrenta un deterioro visible que se extiende por barrios enteros.
El problema no comenzó ahora
Vecinos y trabajadores coinciden en que la recogida de basura lleva años deteriorándose, con interrupciones cada vez más prolongadas y una capacidad operativa en descenso. Lo que hoy se observa es el resultado de un sistema que, en su opinión, lejos de recuperarse, ha acumulado fallas sin corregir.
Según el Anuario Estadístico de Cuba 2022, publicado por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), el municipio cabecera cuenta con 306 183 habitantes. A partir de esa cifra, y ante la falta de datos oficiales actualizados sobre generación de residuos, elTOQUE realizó una estimación basada en parámetros técnicos utilizados en América Latina.
De acuerdo con el Centro Panamericano de Ingeniería Sanitaria (CEPIS), las ciudades intermedias generan entre 0,5 y 0,7 kilogramos de residuos por habitante al día. Aplicando un valor conservador de 0,55 kg, Camagüey produce aproximadamente 168 toneladas diarias de desechos domiciliarios. Si se suman los residuos de comercios e instituciones —estimados en torno al 30 % adicional—, la cifra asciende a unas 220 toneladas diarias.
Sin embargo, fuentes vinculadas a la Empresa de Servicios Comunales aseguran que actualmente solo se recoge entre el 35 % y el 40 % de esos residuos. El resto, según sus estimaciones, permanece en las calles.
«Hoy están saliendo dos camiones, a veces tres. Eso no cubre ni la mitad de la ciudad», afirma un trabajador con más de diez años en el sector. «Esto no es nuevo. Lleva años empeorando. Cada vez hay menos equipos funcionando y más zonas sin servicio», dice.
El deterioro, según describe, no es solo material. «Los camiones están viejos, muchos sin mantenimiento real. Cuando aparecen piezas, no siempre llegan donde tienen que llegar. Y hay rutas que llevan semanas perdidas», comenta.
Sobre el combustible, su versión introduce una grieta en la narrativa oficial de escasez: «Se dice que no hay diésel, pero el combustible entra. El problema es que después no se ve en la calle. Eso lo sabe todo el mundo dentro de la empresa, pero nadie lo dice abiertamente», sostiene.
Un directivo de la Empresa de Servicios Comunales de Camagüey, consultado por este medio y quien habló bajo condición de anonimato, reconoce parte de ese diagnóstico, aunque desde una perspectiva institucional.
«El sistema arrastra problemas estructurales desde hace años. Tenemos un parque de equipos muy envejecido, dificultades con el mantenimiento y fallas en la organización del servicio», admite.
Sin embargo, al ser consultado sobre la diferencia entre el combustible recibido y el realmente utilizado en la recogida, el funcionario evita una respuesta directa y se limita a señalar que «existen limitaciones reales y también la necesidad de perfeccionar los mecanismos de control».
La falta de correspondencia entre lo que entra al sistema y lo que se traduce en servicio en la calle es uno de los puntos que trabajadores y directivos mencionan desde ángulos distintos, pero sin una explicación pública clara.
Las consecuencias del colapso del sistema no son solo estéticas, también son sanitarias.
Una epidemióloga del sistema de salud en Camagüey advierte que la acumulación de basura está incidiendo directamente en el comportamiento de enfermedades transmisibles.
«Cada vertedero que se forma en la calle es un criadero del mosquito Aedes aegypti. Sin control de los residuos, no hay fumigación que funcione», explica. «Estamos viendo más casos de dengue y chikungunya, además de cuadros febriles que requieren vigilancia constante», agrega.
La especialista también alerta sobre otros riesgos menos visibles. «La basura acumulada atrae roedores, y eso aumenta el riesgo de leptospirosis. También estamos viendo más enfermedades diarreicas en zonas donde los vertederos llevan semanas frente a las viviendas», señala.
elTOQUE intentó comunicarse con directivos de Salud Pública y de Servicios Comunales en Camagüey, pero no obtuvo respuesta.
Datos oficiales refuerzan ese escenario.
Entre octubre y noviembre de 2025, autoridades sanitarias situaban a Camagüey entre las provincias más afectadas por arbovirosis en el país, junto a La Habana, Santiago de Cuba y Sancti Spíritus.
En noviembre, se reportaron picos de hasta 450 pacientes diarios con síntomas febriles en el municipio cabecera, así como un índice de infestación del mosquito Aedes aegypti de 2,16 (considerado elevado).
Para un especialista de higiene y epidemiología en la provincia, el problema tiene un componente de urgencia que no ha sido asumido como tal.
«En condiciones tropicales, con calor y lluvias, una ciudad puede pasar de acumulación de basura a una emergencia sanitaria en pocas semanas. Camagüey lleva meses en ese punto», advierte.
Mientras tanto, en la vida cotidiana, la crisis se traduce en calles bloqueadas, humo tóxico por la quema de desechos y redes de alcantarillado bajo presión.
«Tú limpias tu casa, pero sales y es lo mismo todos los días. Llega un momento en que uno se cansa», dice un residente.
Entre cifras, testimonios y reconocimientos parciales, el cuadro es claro: Camagüey produce cada día más basura de la que su sistema es capaz de recoger. Y mientras las causas se explican entre escasez, fallas organizativas y silencios administrativos, las más de 220 toneladas diarias de desechos siguen acumulándose en las calles.









