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Foto: Yandry Fernández.

Crisis de combustible en Cuba: otro efecto del incendio en Matanzas

20 / septiembre / 2022

El incendio en la Base de Supertanqueros de Matanzas dejó a decenas de familias con el sufrimiento por la pérdida de alguno de sus seres queridos o por las lesiones que otros enfrentarán de por vida. Además de los daños ambientales y económicos todavía por evaluar. Pero las consecuencias del desastre no se limitan a lo inmediato. En los próximos meses, Cuba deberá lidiar con dificultades adicionales en la gestión de los suministros de combustible, tanto importado como nacional.

La Empresa Comercializadora de Combustibles de Matanzas —nombre oficial de la Base— se inauguró en 1990. Desde entonces se convirtió en el principal centro operativo de hidrocarburos en Cuba. Al punto de manipular el 80 % del combustible consumido en el archipiélago. Sus muelles de aguas profundas, de mayor calado (profundidad máxima bajo el mar) que los de Mariel, han sido por décadas el «puerto de primer arribo» para los buques que trasladan el carburante. Un daño en una instalación de estas dimensiones supone tensiones tremendas para cualquier país. Mucho más para uno sumido en una crisis energética de la magnitud de la que atraviesa Cuba.

En el enclave matancero las primeras cuantificaciones mueven a la preocupación: el incendio destruyó 200 mil metros cúbicos de capacidad de almacenamiento —una cuarta parte de su volumen total de diseño— y consumió, al menos, 50 mil metros cúbicos de fueloil y una cantidad similar de petróleo crudo cubano. La pérdida del primero de los productos, importado, equivale a 45 días del consumo de la isla; del segundo, a una semana de toda la producción nacional.

El fueloil y el crudo constituyen la base de la industria eléctrica cubana. Las plantas que los emplean —centrales térmicas y emplazamientos de grupos electrógenos— generaron en 2021 el 80 % de la electricidad producida en el país.

El siniestro no solo dañó la batería de grandes tanques, sino también tuberías y otras redes de servicio esenciales para la importación y la manipulación del petróleo que se extrae en la costa norte de Mayabeque y Matanzas. Restablecer el suministro de crudo hacia las termoeléctricas y la llegada de derivados desde el exterior se ha convertido en una prioridad para el Gobierno, que ha ordenado concentrar en Matanzas a especialistas y constructores de varias provincias.

Cuba dispone de otras cinco terminales marítimas de combustible, ubicadas en Nuevitas, Antilla, Moa, Santiago de Cuba y Cienfuegos. Sin embargo, ninguna de esas instalaciones se acerca a las capacidades de operación de la base matancera. Ni en almacenamiento ni en la posibilidad de recibir tanqueros de gran porte (de hasta 170 mil toneladas de desplazamiento, que alcanzan a transportar más de 700 mil barriles de petróleo).

La primera de las carencias podría solventarse con el almacenaje en buques arrendados, explicaron especialistas consultados por la agencia Reuters durante los días del incendio. Sin embargo, las dificultades en cuanto al calado se aventuran más difíciles de superar.

En Matanzas, el mayor de los espigones está diseñado para recibir naves de 295 metros de eslora (largo) y 18.5 metros de calado. En Cienfuegos, se encuentra el segundo puerto en cuanto a capacidad para la recepción de hidrocarburos. Pero el muelle de la refinería dispone de un solo atraque para barcos de hasta 228 x 11.9 metros y 52 mil toneladas de desplazamiento. Antes del incendio, en la Base de Supertanqueros podían amarrar simultáneamente tres buques, con un desplazamiento conjunto de más de 300 mil toneladas. La cifra representa el doble de las capacidades sumadas del resto de las terminales de combustible del país.

Una alternativa posible estaría en el puerto de Felton, nominalmente habilitado en la década de 1990 para recibir cargueros de hasta 135 mil toneladas de desplazamiento. Sin embargo, las instalaciones de almacenaje allí son limitadas. Se han reducido por la falta de inversiones y las roturas constantes de la Termoeléctrica «Lidio Ramón Pérez» (Felton), la industria que en principio debería consumir ese combustible. La infraestructura local no garantiza los estándares de la terminal de supertanqueros; un problema de peso a la hora de realizar negocios con navieras internacionales.

Facilitar la llegada de combustible importado es un asunto vital para Cuba. La producción nacional casi se limita a petróleo pesado y gas acompañante. Por lo que el crudo con destino a la refinación y los derivados listos para uso deben adquirirse en el exterior, en volúmenes que durante el último lustro se mantuvieron por encima de los tres millones de toneladas anuales (unos 60 mil barriles diarios).

La producción doméstica lleva más de una década decreciendo. Si bien el año pasado fue de 2.35 millones de toneladas (46 mil barriles diarios), un 1.3 % más que 2020, para determinar la tendencia es necesario abrir la horquilla hasta comienzos de 2010. Por entonces, Cupet cerraba sus balances estadísticos con producciones que oscilaban en torno a los tres millones de toneladas anuales, difíciles de igualar en las circunstancias actuales.

La inestabilidad en el suministro de petróleo venezolano ha obligado a la isla a incrementar sus compras a proveedores como Argelia y Rusia. Esto implica el uso de buques de gran porte, los únicos que hacen rentable el traslado a largas distancias. Pero en Cuba solo la Base de Supertanqueros puede operar con eficiencia ese tipo de naves.

El 13 de agosto habría llegado a Antilla el buque NS Laguna, de bandera liberiana, con una carga de 700 mil barriles de fueloil fletada desde Rusia. Y el 18, según CNN, lo hizo el Suvorovsky Prospect con una carga similar también de origen ruso. Ambos buques en principio tenían como destino Matanzas y fueron desviados hacia la rada holguinera a causa del incendio.

La medida revela lo desesperado de la situación: las características técnicas del puerto de Antilla están lejos de las requeridas para recibir naves de esa magnitud. De acuerdo con Patrick Oppmann, el corresponsal de CNN en La Habana, el combustible se tuvo que trasbordar a embarcaciones menores que luego lo trasladaron a tierra. Difícilmente esa será una alternativa sostenible en el tiempo, sobre todo por las exigencias de las compañías de seguros, el costo del doble trasiego del carburante y los alquileres de las embarcaciones empleadas en tal operación.

Para el Palacio de la Revolución y sus aliados geopolíticos, los planes inmediatos pasan por restablecer las capacidades de la terminal matancera. El 17 de agosto el presidente venezolano Nicolás Maduro ordenó a su ministro del Petróleo «ponerse en contacto con las autoridades cubanas para iniciar el diseño de reconstrucción del patio de Supertanqueros». La intención de Caracas sería recuperar de manera integral el complejo, llevado a su versión definitiva diez años atrás con financiamiento venezolano. También a mediados de agosto llegó a Cuba un grupo de expertos iraníes. Entre ellos se cuenta el director de Seguridad y Medio Ambiente de su Ministerio de Petróleo, con la anunciada misión de asesorar en temas de seguridad energética. Su campo de experticia y el momento del viaje hacen suponer que pudieran implicarse en la remodelación de la Base de Supertanqueros.

El incendio abrió un debate sobre la efectividad de los sistemas de protección contra incendios empleados en la Base. Uno de los puntos de discusión[1] de la ciudadanía ha sido la necesidad de emprender una investigación independiente del siniestro y las circunstancias en que murieron los rescatistas.

Un primer indicio de probables fallas en la gestión de la Base se hizo público en 2018, durante un recorrido del presidente Miguel Díaz-Canel. Al mandatario se le informó acerca de la «fluctuación laboral, sobre todo en puestos claves». Salarios insuficientes, mala alimentación y quejas en cuanto a los medios de trabajo eran los principales motivos de inconformidad.

Los reportes de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) no detallan las inversiones que en los últimos años se realizaron en Supertanqueros. Las partidas correspondientes a «suministro de electricidad, gas y agua» y «transporte, almacenamiento y comunicaciones», en que pudieran enmarcarse las obras que se emprendieran en la Base, tuvieron un comportamiento disímil de 2020 a 2021: la primera se redujo dos puntos porcentuales hasta un 7.2 % del presupuesto estatal; la segunda casi se triplicó, para representar el 13.1 % de las asignaciones. En fechas recientes, el ministro de Energía y Minas, Liván Arronte, no hizo referencia a trabajos en el enclave matancero al rendir cuentas a la Asamblea Nacional del Poder Popular. En cuanto a la gestión de hidrocarburos, las acciones de mayor peso ejecutadas por la cartera a su cargo se habían concentrado en las cuatro refinerías y los yacimientos de petróleo.

Ante la falta de datos, es imposible conocer más detalles sobre cómo funcionaban los ciclos de mantenimiento a los sistemas de protección contra incendios, o si estos incumplían los parámetros internacionales. Tampoco es esperable mayor claridad en cuanto al avance de los trabajos de recuperación que se desarrollan en la zona afectada por el fuego. Algo está claro, para Cuba constituye un asunto de máxima prioridad que la Base de Supertanqueros reinicie operaciones.



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