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Vacunas anti COVID-19

Foto: Yandry Fernández.

¿Cuánto debe esperar una persona recuperada de COVID-19 para vacunarse?

Desde que comenzó la vacunación contra la COVID-19 han existido dudas y opiniones encontradas en cuanto al tiempo que debe esperar una persona recuperada de la enfermedad para que le inoculen el fármaco; incluso hay quien se ha preguntado si esto es siquiera necesario, teniendo en cuenta la inmunidad generada de manera natural. 

Si bien es cierto que una vez superada la COVID-19 el organismo genera una respuesta inmunitaria, no en todas las personas se comporta del mismo modo. Para la comunidad científica resulta complicado predecir el tipo de inmunidad en cada individuo, ya que esta varía de acuerdo con la intensidad de la infección. A esto se suman las mutaciones que puede presentar el virus, así como el surgimiento de cepas más transmisibles que pueden afectar la inmunidad natural.

«Sabemos por muchos estudios que si se ha tenido una infección muy leve o asintomática, las personas pueden presentar niveles muy bajos de anticuerpos. Por eso recomendamos que, incluso si ha tenido una infección por COVID-19, se vacune cuando esté disponible para usted, porque la vacuna sirve como un refuerzo para el sistema inmunológico», explica la doctora Soumya Swaminathan, jefa científica de la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

David Goldberg, internista y especialista en enfermedades infecciosas de New York-Presbyterian Medical Group Westchester, resalta la importancia de vacunarse luego del contagio con COVID-19 para garantizar mejor protección ante el virus en sus diversas variantes. 

En cuanto al tiempo de espera para recibir la vacuna una vez que se ha padecido la enfermedad, existen diferencias entre los protocolos de distintos países. Como norma, debe esperarse algunas semanas a partir de la recuperación y la desaparición de síntomas.

El doctor Golberg comparte el criterio de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos, que sugieren dejar pasar al menos diez días desde el inicio de la enfermedad para vacunarse, ya que este es el período en el cual la mayoría de las personas dejan de estar infectadas. 

«Si bien no se conoce ningún riesgo por recibir la vacuna demasiado pronto después de tener COVID-19, hacerlo mientras cursa la infección puede hacer que la vacuna sea menos efectiva porque el sistema inmunológico podría estar inhibido por COVID-19. Algunos síntomas de la COVID-19, como pérdida de los sentidos del olfato y el gusto, fatiga o dolores corporales, pueden durar más de diez días, pero lo importante es dejar pasar ese plazo», apunta el también profesor asistente de Medicina en Columbia University Vagelos College of Physicians and Surgeons.

Por otro lado, algunos países proponen esperar entre tres y seis meses después de la infección, según comenta la jefa científica de la OMS. Existen dos razones fundamentales: la primera es que se ha comprobado la generación de anticuerpos naturales que ofrecen protección durante ese rango de tiempo; la segunda es que muchas naciones han tenido dificultades para adquirir las vacunas e inmunizar a su población, sobre todo en África. Estas razones combinadas también hacen que las vacunas disponibles en general se destinen a la población desprovista de inmunidad natural pos contagio.

El Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia, por ejemplo, al indicar la vacunación de todas las personas que han tenido un diagnóstico positivo del coronavirus, procede así: los pacientes sintomáticos podrán recibir la vacuna contra la COVID-19 noventa días después del inicio de los síntomas, y en el caso de los asintomáticos, noventa días a partir del resultado de la prueba confirmatoria. 

El virólogo cubano Amílcar Pérez Riverol explica que «los procesos que llevan a generar inmunidad específica (adaptativa) y de memoria requieren tiempo y en la infección natural se producen simultáneamente con la batalla del organismo contra el virus y la enfermedad». 

Las vacunas, continúa, preparan al organismo para ganar esa batalla y «para que esa preparación se complete, es necesario que pase el tiempo correcto y –casi siempre– varias dosis». 

Pérez Riverol advierte que si se inocula un refuerzo muy rápido, «nuestro sistema se confunde y funciona como si aún estuviera lidiando con la dosis anterior» o con el virus. «En cambio, si permitimos que esa primera respuesta madure, se perfeccione, dándole tiempo a nuestro sistema inmunológico para refinarla, cuando llega la segunda dosis, la reacción / respuesta es muy superior. Mejora significativamente».

En Alemania los médicos recomiendan inocular a quienes se hayan recuperado, como mínimo, seis meses después del contagio. Alegan tanto el propósito de no desencadenar reacciones inmunes excesivas a corto plazo, como la escasez de las vacunas.

Existen casos excepcionales en los que sí se sugiere de manera general esperar a los noventa días para recibir la vacuna. Se trata de aquellas personas que, mientras duró la enfermedad, recibieron anticuerpos monoclonales (empleados en los pacientes de alto riesgo para evitar su hospitalización) o plasma de convalecencia (tratamiento con sangre de pacientes recuperados de COVID-19 autorizado para personas que están hospitalizadas).

Esto se debe a que la respuesta inmune de las vacunas está basada en exponer al organismo a la proteína de pico, la cual se halla en la superficie del virus que causa la COVID-19. «Los anticuerpos monoclonales pueden permanecer en su sistema hasta noventa días y pueden neutralizar la proteína de pico en la vacuna y prevenir que ocurra la respuesta inmune», explica el doctor Goldberg.

En relación con la cantidad de dosis, José Manuel Bautista, catedrático del departamento de Bioquímica de la Universidad Complutense de Madrid, opina que una alternativa podría ser administrar una sola dosis del fármaco a los pacientes recuperados de COVID-19 como refuerzo a la inmunidad natural que habrán desarrollado. Esta posición es compartida por el virólogo Julian Tang, de la Universidad de Leicester en el Reino Unido, puesto que, en el caso de las vacunas cuyo protocolo implica dos dosis, la primera sirve para generar la protección y la segunda para reforzarla y aumentar su duración, según explicó a BBC. 

El protocolo médico en Cuba establece que un convaleciente de COVID-19 a más de dos meses de su alta como caso leve o moderado puede recibir una dosis de Soberana Plus, vacuna concebida como refuerzo para reactivar la respuesta inmune preexistente y con potencial protección frente a las nuevas cepas, tanto en pacientes previamente expuestos al virus SARS-CoV-2 como en personas inmunizadas con otra vacuna. 

El Instituto Robert Koch (RKI) y la Comisión de Vacunación Permanente (STIKO) de Alemania coinciden en aplicar una dosis única de refuerzo para potenciar la inmunidad a las personas recuperadas de COVID-19. Francia, Italia e Israel también administran solo una dosis en estos casos. 

Estados Unidos, por su parte, recomienda la inoculación completa para todos. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, a diferencia de otras naciones, no han sufrido escasez de vacunas. Al producir tres de los fármacos validados por la Organización Mundial de la Salud (Pfizer, Moderna y Janssen), cuentan con recursos suficientes para inmunizar a toda su población.

Inmunidad natural vs. inmunidad por vacunas

En cuanto al nivel de inmunidad generado de forma natural y el inducido por las vacunas, debido a cómo varía el primero en cada persona según el estado de gravedad de la enfermedad en su organismo, resulta difícil hacer una comparación exacta entre uno y otro. Con las vacunas es posible predecir el tipo de respuesta inmune que presentará en la mayoría de los inoculados, puesto que la dosis del antígeno es la misma para todos. 

En el caso de la variante delta, un estudio comprobó en Israel que la protección inmunológica natural desarrollada luego de una infección por SARS-CoV-2 ofrece un escudo mayor que dos dosis de Pfizer-BioNTech. Sin embargo, los científicos alertan que la infección entre personas no vacunadas es en extremo riesgosa, puede ser letal y debe evitarse a toda costa. Las vacunas son altamente protectoras contra la enfermedad grave y la muerte, por lo que continúan siendo lo recomendable. 

Otra investigación publicada por los CDC en junio de 2021, realizada entre los residentes de Kentucky, mostró que alcanzaron mayor protección quienes habían cumplido el ciclo completo de vacunación en comparación con quienes contrajeron COVID-19. El informe señala que las personas no vacunadas que pasaron la enfermedad tienen más del doble de probabilidades de volver a contraer COVID-19 que aquellas vacunadas. 

Si bien se requieren análisis adicionales con otras poblaciones para confirmar estas evidencias, el resultado del estudio ratifica las opiniones de la comunidad científica internacional acerca de la necesidad de que todas las personas sean vacunadas, incluidas aquellas con infección previa por SARS-CoV-2. 

La respuesta inmunitaria de quienes se han vacunado luego de haber contraído COVID-19 parece ser mucho más fuerte que la que se produce únicamente a través de la inmunidad natural o la vacuna sola. Para la viróloga Sandra Ciesek, directora del Instituto de Virología Médica de la Clínica Universitaria de Frankfurt, esto no es algo sorprendente: «El sistema inmunitario es capaz de aprender. Y en aquellos que se han recuperado, el cuerpo ya ha tenido contacto con el patógeno. Después de una vacuna, el sistema inmunitario de estas personas se activa mucho más rápido y con más fuerza», refiere la experta. 

Ello no implica que sea más ventajoso contagiarse, por el contrario. La opción de cumplir el ciclo de vacunación completo sin haberse enfermado previamente se mantiene como alternativa óptima, sobre todo si se tiene en cuenta que el SARS-CoV-2 no solo puede agravar el estado de salud de una persona e incluso causarle la muerte, sino además dejar secuelas a corto y largo plazos o manifestarse por tiempo indeterminado, el denominado long Covid.

María Carla Gárciga
Licenciada en Periodismo por la Universidad de La Habana (2012). Máster en Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México (2019). Colaboradora de elToque.
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Si bien es cierto que una vez superada la COVID-19 el organismo genera una respuesta inmunitaria, no en todas las personas se comporta del mismo modo. Para la comunidad científica resulta complicado predecir el tipo de inmunidad en cada individuo, ya que esta varía de acuerdo con la intensidad de la infección. A esto se suman las mutaciones que puede presentar el virus, así como el surgimiento de cepas más transmisibles que pueden afectar la inmunidad natural.

«Sabemos por muchos estudios que si se ha tenido una infección muy leve o asintomática, las personas pueden presentar niveles muy bajos de anticuerpos. Por eso recomendamos que, incluso si ha tenido una infección por COVID-19, se vacune cuando esté disponible para usted, porque la vacuna sirve como un refuerzo para el sistema inmunológico», explica la doctora Soumya Swaminathan, jefa científica de la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

David Goldberg, internista y especialista en enfermedades infecciosas de New York-Presbyterian Medical Group Westchester, resalta la importancia de vacunarse luego del contagio con COVID-19 para garantizar mejor protección ante el virus en sus diversas variantes. 

En cuanto al tiempo de espera para recibir la vacuna una vez que se ha padecido la enfermedad, existen diferencias entre los protocolos de distintos países. Como norma, debe esperarse algunas semanas a partir de la recuperación y la desaparición de síntomas.

El doctor Golberg comparte el criterio de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos, que sugieren dejar pasar al menos diez días desde el inicio de la enfermedad para vacunarse, ya que este es el período en el cual la mayoría de las personas dejan de estar infectadas. 

«Si bien no se conoce ningún riesgo por recibir la vacuna demasiado pronto después de tener COVID-19, hacerlo mientras cursa la infección puede hacer que la vacuna sea menos efectiva porque el sistema inmunológico podría estar inhibido por COVID-19. Algunos síntomas de la COVID-19, como pérdida de los sentidos del olfato y el gusto, fatiga o dolores corporales, pueden durar más de diez días, pero lo importante es dejar pasar ese plazo», apunta el también profesor asistente de Medicina en Columbia University Vagelos College of Physicians and Surgeons.

Por otro lado, algunos países proponen esperar entre tres y seis meses después de la infección, según comenta la jefa científica de la OMS. Existen dos razones fundamentales: la primera es que se ha comprobado la generación de anticuerpos naturales que ofrecen protección durante ese rango de tiempo; la segunda es que muchas naciones han tenido dificultades para adquirir las vacunas e inmunizar a su población, sobre todo en África. Estas razones combinadas también hacen que las vacunas disponibles en general se destinen a la población desprovista de inmunidad natural pos contagio.

El Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia, por ejemplo, al indicar la vacunación de todas las personas que han tenido un diagnóstico positivo del coronavirus, procede así: los pacientes sintomáticos podrán recibir la vacuna contra la COVID-19 noventa días después del inicio de los síntomas, y en el caso de los asintomáticos, noventa días a partir del resultado de la prueba confirmatoria. 

El virólogo cubano Amílcar Pérez Riverol explica que «los procesos que llevan a generar inmunidad específica (adaptativa) y de memoria requieren tiempo y en la infección natural se producen simultáneamente con la batalla del organismo contra el virus y la enfermedad». 

Las vacunas, continúa, preparan al organismo para ganar esa batalla y «para que esa preparación se complete, es necesario que pase el tiempo correcto y –casi siempre– varias dosis». 

Pérez Riverol advierte que si se inocula un refuerzo muy rápido, «nuestro sistema se confunde y funciona como si aún estuviera lidiando con la dosis anterior» o con el virus. «En cambio, si permitimos que esa primera respuesta madure, se perfeccione, dándole tiempo a nuestro sistema inmunológico para refinarla, cuando llega la segunda dosis, la reacción / respuesta es muy superior. Mejora significativamente».

En Alemania los médicos recomiendan inocular a quienes se hayan recuperado, como mínimo, seis meses después del contagio. Alegan tanto el propósito de no desencadenar reacciones inmunes excesivas a corto plazo, como la escasez de las vacunas.

Existen casos excepcionales en los que sí se sugiere de manera general esperar a los noventa días para recibir la vacuna. Se trata de aquellas personas que, mientras duró la enfermedad, recibieron anticuerpos monoclonales (empleados en los pacientes de alto riesgo para evitar su hospitalización) o plasma de convalecencia (tratamiento con sangre de pacientes recuperados de COVID-19 autorizado para personas que están hospitalizadas).

Esto se debe a que la respuesta inmune de las vacunas está basada en exponer al organismo a la proteína de pico, la cual se halla en la superficie del virus que causa la COVID-19. «Los anticuerpos monoclonales pueden permanecer en su sistema hasta noventa días y pueden neutralizar la proteína de pico en la vacuna y prevenir que ocurra la respuesta inmune», explica el doctor Goldberg.

En relación con la cantidad de dosis, José Manuel Bautista, catedrático del departamento de Bioquímica de la Universidad Complutense de Madrid, opina que una alternativa podría ser administrar una sola dosis del fármaco a los pacientes recuperados de COVID-19 como refuerzo a la inmunidad natural que habrán desarrollado. Esta posición es compartida por el virólogo Julian Tang, de la Universidad de Leicester en el Reino Unido, puesto que, en el caso de las vacunas cuyo protocolo implica dos dosis, la primera sirve para generar la protección y la segunda para reforzarla y aumentar su duración, según explicó a BBC. 

El protocolo médico en Cuba establece que un convaleciente de COVID-19 a más de dos meses de su alta como caso leve o moderado puede recibir una dosis de Soberana Plus, vacuna concebida como refuerzo para reactivar la respuesta inmune preexistente y con potencial protección frente a las nuevas cepas, tanto en pacientes previamente expuestos al virus SARS-CoV-2 como en personas inmunizadas con otra vacuna. 

El Instituto Robert Koch (RKI) y la Comisión de Vacunación Permanente (STIKO) de Alemania coinciden en aplicar una dosis única de refuerzo para potenciar la inmunidad a las personas recuperadas de COVID-19. Francia, Italia e Israel también administran solo una dosis en estos casos. 

Estados Unidos, por su parte, recomienda la inoculación completa para todos. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, a diferencia de otras naciones, no han sufrido escasez de vacunas. Al producir tres de los fármacos validados por la Organización Mundial de la Salud (Pfizer, Moderna y Janssen), cuentan con recursos suficientes para inmunizar a toda su población.

Inmunidad natural vs. inmunidad por vacunas

En cuanto al nivel de inmunidad generado de forma natural y el inducido por las vacunas, debido a cómo varía el primero en cada persona según el estado de gravedad de la enfermedad en su organismo, resulta difícil hacer una comparación exacta entre uno y otro. Con las vacunas es posible predecir el tipo de respuesta inmune que presentará en la mayoría de los inoculados, puesto que la dosis del antígeno es la misma para todos. 

En el caso de la variante delta, un estudio comprobó en Israel que la protección inmunológica natural desarrollada luego de una infección por SARS-CoV-2 ofrece un escudo mayor que dos dosis de Pfizer-BioNTech. Sin embargo, los científicos alertan que la infección entre personas no vacunadas es en extremo riesgosa, puede ser letal y debe evitarse a toda costa. Las vacunas son altamente protectoras contra la enfermedad grave y la muerte, por lo que continúan siendo lo recomendable. 

Otra investigación publicada por los CDC en junio de 2021, realizada entre los residentes de Kentucky, mostró que alcanzaron mayor protección quienes habían cumplido el ciclo completo de vacunación en comparación con quienes contrajeron COVID-19. El informe señala que las personas no vacunadas que pasaron la enfermedad tienen más del doble de probabilidades de volver a contraer COVID-19 que aquellas vacunadas. 

Si bien se requieren análisis adicionales con otras poblaciones para confirmar estas evidencias, el resultado del estudio ratifica las opiniones de la comunidad científica internacional acerca de la necesidad de que todas las personas sean vacunadas, incluidas aquellas con infección previa por SARS-CoV-2. 

La respuesta inmunitaria de quienes se han vacunado luego de haber contraído COVID-19 parece ser mucho más fuerte que la que se produce únicamente a través de la inmunidad natural o la vacuna sola. Para la viróloga Sandra Ciesek, directora del Instituto de Virología Médica de la Clínica Universitaria de Frankfurt, esto no es algo sorprendente: «El sistema inmunitario es capaz de aprender. Y en aquellos que se han recuperado, el cuerpo ya ha tenido contacto con el patógeno. Después de una vacuna, el sistema inmunitario de estas personas se activa mucho más rápido y con más fuerza», refiere la experta. 

Ello no implica que sea más ventajoso contagiarse, por el contrario. La opción de cumplir el ciclo de vacunación completo sin haberse enfermado previamente se mantiene como alternativa óptima, sobre todo si se tiene en cuenta que el SARS-CoV-2 no solo puede agravar el estado de salud de una persona e incluso causarle la muerte, sino además dejar secuelas a corto y largo plazos o manifestarse por tiempo indeterminado, el denominado long Covid.

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